Pasión por Cádiz

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Cádiz, Andalucía, Spain
AB ORIGINE SEMPER FIDELIS. IN PERPETUAM, SEMPER ET UBIQUEM GADES. QUI POTERS CAPERE, CAPIAT.

domingo, 28 de abril de 2013

El monumento a San Juan Bosco en Cádiz.

El monumento a San Juan Bosco se erige en la entrada principal del Colegio Salesiano de Cádiz 'San Ignacio', en la Avenida de María Auxiliadora, para conmemorar la beatificación de Don Bosco el 2 de Junio de 1929.   La estatua fué sufragada por suscripción popular entre las que se contaron antiguos alumnos, devotos, simpatizantes y en definitiva muchos ciudadanos y ciudadanas de Cádiz que de una u otra forma querían expresar su gratitud al fundador de la Orden Salesiana presente en la ciudad desde el último tercio del siglo XIX.

El monumento fué inaugurado el 27 de Diciembre de 1931, se dió la circunstancia de que a esta ceremonia no asistió ninguna autoridad civil de la ciudad ya que al estar instaurada la República, su gobierno era laico.    De todas formas, el acontecimiento fué presenciado por los niños escolarizados en el colegio salesiano, y de otras escuelas de la ciudad, aparte de la ciudadanía que se acercó al evento, calculando la prensa del momento en unas 2.000 personas las asistentes.


La escultura, fiel al estilo de la época en la que se elaboró, iba destinada a un país iberoamericano pero por algún motivo no muy bien definido -unos dicen que fué por una revolución política en el país de destino, otro por falta de medios económicos- lo cierto es que, afortunadamente, se quedó en Cádiz gracias a las gestiones de los salesianos de la ciudad.   Es un grupo de tres imágenes, representa a San Juan Bosco en el centro vestido con hábito sacerdotal, a su derecha un estudiante vestido con chaqueta y pantalón sujeta un libro entre sus manos mientras que a su izquierda un niño aprendiz de oficios, vestido con bata de trabajo y con un mazo en su mano izquierda, cruza su mirada con la del Santo Salesiano que a su vez sonríe y sujeta la mano del niño llevandosela a la altura del corazón en un claro gesto de afecto y acogida.   

El monumento es de una gran calidad artística, de mármol blanco de Carrara, y los gestos de las tres figuras son bastante expresivos y elocuentes.  En la base de la estatua se leen los datos relativos al escultor: G. CELLINI. TORINO. MCMXXXI

El basamento es de piedra gris, donde se puede leer su inscripción original en la que reza: "CÁDIZ AL BEATO JUAN BOSCO.  AÑO 1931", no obstante, se colocó en 2004 una placa de bronce escalonada en la que dice: "AGRADECIMIENTO DE LOS JÓVENES A SAN JUAN BOSCO EN EL AÑO DE SU CENTENARIO.  CÁDIZ, MAYO 2004

lunes, 1 de abril de 2013

Mis articulistas preferidos: Moisés Camacho

Memoria gaditana.  La matanza del 10 de Marzo de 1820.

Pasado un año de haberse celebrado el bicentenario de la Constitución de 1812 en Cádiz, donde todos aquellos históricos constitucionalistas fueron colmados con los más altos honores, creo que es justo que se hable de aquellos que murieron por la implantación de dicha Constitución, prestando especial interés en lo que ocurrió en Cádiz el 10 de Marzo de 1820, tras el sexenio absolutista de Fernando VII.


Debemos ponernos en situación; el 1 de Enero de 1820 Riego había proclamado la Constitución de Cádiz en un pronunciamiento en las cabezas de San Juan, hecho que se recuerda como el principio del Trienio Liberal, pero la aceptación por parte del monarca no llegó hasta precisamente el día 10 de marzo de 1820, cuando Fernando VII proclamó la célebre frase de "Marchemos todos juntos, y yo el primero, por la senda Constitucional".
 
Existía en Cádiz un ejército profundamente realista, que contrastaba con el más abierto a la Constitución que se encontraba en San Fernando, sin embargo, la población gaditana era constitucionalista en su mayoría. Se corrieron los rumores los días previos al 10 de Marzo de que pronto el rey juraría la constitución, y así llegamos al día de actos.

Amanecía un día gris en la ciudad, pero el pueblo se lanzó a la calle como ya hizo en 1812, en pro de la Constitución y sus libertades, mancilladas durante los seis años anteriores. Las noticias de las victorias de Riego y del constitucionalismo habían llegado a la capital, y nadie dudó en lanzarse a la calle para celebrar la victoria.       Llegaron a Cádiz representantes de la Real Marina de San Fernando, entre ellos Alcalá Galiano, que fueron aclamados por el pueblo en su entrada por las Puertas de Tierra y por todo el recorrido. Estos iban a reunirse con Freire Andrade, realista, pero que no quería el enfrentamiento armado, sino una solución pacífica frente a los sublevados.

 
El pueblo de Cádiz llenaba sus plazas, mientras desde los cuarteles se escuchaban voces contrarias a la constitución.   En San Antonio para más señas, se había realizado un cartel de madera para emular el letrero anterior de la plaza en 1812, con el nombre de Plaza de la Constitución. La plaza se encontraba atestada de gente que una y otra vez lanzaba vitores de "Viva la Constitución".
 
Freire se negó a encabezar el acto de proclamación de la Constitución, tal como le pidieron algunos oficiales. Sin embargo al ver que la población parecía favorable a tal acto, se mostró de acuerdo en realizarlo, siempre que no se alterase el orden. En esa mañana se reunió con tres representantes de los sublevados (Arco Agüero, López Baños y Alcalá Galiano).
 
En este ambiente de júbilo, que debió ser recordado para Cádiz como un día glorioso, y mientras estaban reunidos Freire y los representantes de los sublevados como hemos dicho, el ejército realista de Cádiz cometió uno de los actos más violentos que jamás recuerdan nuestras calles.  Salieron a las calles primero el batallón de Guías y después el de Leales, y asomaron a la Plaza de San Antonio por varias de las calles que en ella desembocan, atacando con una brutal descarga a los gaditanos que allí proclamaban la Constitución.
 
En un primer momento algunos manifestantes de población se acerca a donde estaba Freire a pedir explicaciones, a los que pide calma, sin conocer ni creerse los hechos que estaban acaeciendo en la cercana San Antonio.
 

Parece, por lo tanto, que no tuvo responsabilidad en la masacre, realizada por tropas realistas que no reconocieron su autoridad, pero Freire, vacilante, presionado por sus tropas, grita vivas al Rey, ordenando a los asistentes el acatamiento del absolutismo. 61 hombres y 10 mujeres sucumbirán víctimas inocentes de la brutal actitud militar.
La ciudad se conmueve, desaloja las calles, se encierra en sus casas; la pesadumbre la acompaña.
 
Muchos son cargados con bayonetas, el ejército al caer la noche marcha vacilante y desorganizado por la desolada ciudad con gritos ebríos de Viva el Rey, mientras la población permanece en sus casas encerradas por el miedo de la descompensada actitud de los que debían de protegerlos. La estampa de Cádiz durante varios días es de desesperación, de miedo y de inquietud. Decía el Diario Mercantil ;

«Hacen fuego las tropas matando, hiriendo y robando a cuantas personas encuentran, sin distinción de sexos, ni edad, haciendo fuego a las casas y saqueando todas las que se hallaban abiertas...».  
Muchos de los sublevados, entre ellos Alcalá Galiano son hechos prisioneros en el cuartel de Santa Catalina.

No será hasta el día 15 cuando se recibieron en Cádiz las Gacetas de Oficio de Madrid donde se informaba de lo ocurrido en Madrid y del acatamiento de la Constitución por parte de Fernando VII, ante lo cual las tropas realistas ya no tenían nada que hacer.
 
Tendrían que esperar los gaditanos al 19 de marzo para que los militares juraran la Constitución, y el 22 de marzo se realizó un solemne funeral por los caídos del 10 de Marzo, empezando también en Cádiz el Trienio Liberal.

Se esperaba justicia sobre los que cometieron tales actos de barbarie contra la población, pero una vez más, la injusticia pudo a la justicia y muchos quedaron impunes.  Sería en 1843 cuando se depositaron en una urna las víctimas del 10 de marzo de 1820, en la sublevación militar acaecida en Cádiz, llevadas luego a la cripta de San Felipe Neri.
 
En los bancos de San Antonio, todavía se pueden escuchar los gritos de miedo y dolor de una población azotada injustamente por quien los dominaba, como siempre pagó el pueblo los platos rotos de un Rey y un ejército fueras de lugar.
 
Vaya este artículo en memoria de aquellos y aquellas que en Cádiz, un día gris, el 10 de marzo de 1820, murieron por aclamar sus libertades y derechos, que fueron silenciados a golpe de bayesta. Descansen para siempre en paz esos héroes sin nombre, y sea recordado este hecho por todos los gaditanos que siempre soñamos por un mundo mejor.
 
 
Bibliografía:
Galiano, Alcalá. Recuerdos de un Anciano. Biblioteca de Autores Andaluces. 2004
Mira Gutierrez, Vicente. La Reconquista de la libertad.
 





viernes, 15 de marzo de 2013

Cádiz según el grabado del archivo de Simancas.

La ciudad de Cádiz en el siglo XVI es heredera de la estructura romana y medieval (tanto la islámica como de la del siglo XIII).

La vista más antigua que se conoce de Cádiz data de 1513. Se encuentra en el Archivo General de Simancas, que figura como “Dibujo de la ciudad de Cádiz sobre un postigo abierto en la fortaleza y muro”

El dibujo, falto de perspectiva, ofrece una panorámica de la Bahía y de la ciudad, de Norte a Sur. Se aprecia la ciudad medieval, que tiene su origen en la villa erigida por Alfonso X sobre los restos de la ciudad romana (nova urbs) e islámica.
La ciudad, que formaba un cuadrilátero de 25 Has., se hallaba situada entre dos barrancos, protegida en tres de sus frentes por una muralla almenada de mampostería y cal, guarnecida por torres de planta cuadrada.
 
A la ciudadela medieval se accedía por tres puertas (hoy arcos). En el Norte la Puerta del Mar (Arco del Pópulo), hacia la Bahía, lo que evidencia que la ciudad estaba orientada hacia el puerto. En esa portada se colocó en 1587 un lienzo de la Virgen del Pópulo, realizado por Antonio Franco. Sobre ella se construyó una capilla, que a partir de 1614 tendría rango de Capilla Real. En el flanco oriental de la ciudad se hallaba la primitiva Puerta de Tierra (Arco de los Blancos), hacia el istmo, en la que se colocó una imagen de la Virgen de los Remedios. La puerta Oeste se llamaría Arco de la Rosa y daba a un arenal, en cuya explanada se construiría en el siglo XVIII la Catedral Nueva. El frente Sur, hacia el mar abierto, no se amuralló ya que al haber arrecifes se estimaba que era inaccesible.
En el dibujo podemos ver a la izquierda de la Puerta del Mar (Pópulo) el Ayuntamiento, que desde la Edad Media ha estado siempre en el mismo enclave. Consta de una torre almenada de cantería, con cuatro arcos en planta baja. Allí estaba la Audiencia.
También se ven dos grandes edificios: la Catedral gótico-mudéjar, con la advocación de Santa Cruz, que tiene su origen en el siglo XIII y que había experimentado diversas transformaciones. Tenía tres naves, con la torre separada del buque de la iglesia, como ahora.
El otro gran edificio es el Castillo, reconstruido en 1471 por Rodrigo Ponce de León, marqués de Cádiz. La fortaleza protegía el frente de tierra. Delante del Castillo, hacia la plaza de la Corredera, estaba el Hospital de la Misericordia, origen de San Juan de Dios. También se ve que la muralla tenía barbacana.
A finales del siglo XV la ciudad había crecido extramuros con dos arrabales. El de Santa María, frente a la entonces Puerta de Tierra, en torno a una ermita de ese nombre, erigida en 1467, en la que en 1527 se establecerían las franciscanas concepcionistas descalzas. El otro arrabal, hacia el Oeste, frente a la que se llamaría Arco de la Rosa, nació en torno a otra ermita, erigida en 1466, en el solar de la actual iglesia de Santiago, que sería colegio de la Compañía de Jesús desde 1564.
El resto lo ocupaba un retamar y algunas huertas. Entonces la población sería de de unos 1300 habitantes.
 
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martes, 22 de enero de 2013

El monumento a San Francisco Javier.


Por acuerdo de 25 de febrero de 1706, el Ayuntamiento de Cádiz acordó nombrar co-patrono de la ciudad a San Francisco Javier.

El monumento a San Francisco Javier en Cádiz, se erigió por primera vez en 1735, en la antigua Puerta del Mar, luego se derribó y quedó depositado en el Museo de Bellas Artes, quien lo devolvió en 1914 al Ayuntamiento.   

En 1921 fué entregado al Obispo de la ciudad para que fuese ubicado en el patio del Seminario Diocesano, donde estuvo aproximadamente quince años.

El 4 de septiembre de 1928, se recibe el aviso en el Ayuntamiento de que la columna del monumento está a medio enterrar en la zona del Campo del Sur, por lo que se hace cargo de ella llevandola a los depósitos municipales.

A propuesta de la Academia Provincial de Bellas Artes, el Ayuntamiento aprobó el 8 de julio de1942 colocar el monumento en la Alameda de Apodaca, con un presupuesto de 14.564,45 pesetas, quedando emplazado de forma definitiva en la interseción de la Plaza de Argüelles con la Alameda.   La última restauración de la estatua fué realizada en 2006.

La columna jónica del monumento sostiene la estatua del santo, es totalmente de mármol blanco, su base en ambas caras ostenta el escudo de la ciudad y en los laterales idénticas inscripciones: (sic)  "SE ERIGIO POR UOTO DE ESTA CIVDAD DE CADIZ ESTA COLUNA Y ESTATVA A S.N FRAN.CO XAUIER  APOSTOL DE LAS YNDIAS COMO A VNO DE SVS PATRONOS.   AÑO DE 1735 JHS

martes, 18 de diciembre de 2012

La calle Fermín Salvochea, en Cádiz.

¿De donde viene el antiguo y curioso nombre "Calle del Cuartel de Marina y Garita de la Escalerilla" de la actual calle de Fermín Salvochea, en Cádiz?
 

El Cuartel de Marina se encontraba donde hoy está la llamada "Casa de las cinco torres", justo en la esquina de la Calle Fermín Salvochea con la Plaza de España.  El sitio era en parte propiedad del comerciante Don Francisco Vejero, la puerta principal daba a la actual Plaza de Argüelles, frente a la actual "Casa de las cuatro torres", por eso la calle tomó el nombre de "Calle del Cuartel de Marina", dicho acuartelamiento poseía un pequeño cuerpo de guardia con garita en la actual Plaza de Argüelles, justo casi donde ahora se alza el monumento a San Francisco Javier, además de un acceso a la zapata del lienzo defensivo mediante una pequeña escalera, por lo que comienza a conocerse y al final se hace oficial el nombre de "Calle del Cuartel de Marina y Garita de la Escalerilla". 
 

Ya en un manifiesto de la ciudad de Cádiz al Rey Felipe V en 1717 se habla de la 'Garita de la Escalerilla, que por estar frente a esta calle, en la cual, desde el Baluarte de San Felipe hasta este parage se hicieron doscientas y cuarenta varas cuadradas de parapeto para evitar la subida a la plaza por la playa de la bahía'. (Sic)


 
En este cuartel, era donde se alojaban los Batallones de Marina para atender, vigilar y servir a las obras de la nueva Aduana (Actual Diputación) en el baluarte o plataforma de San Antonio y el lienzo de muralla de la batería de San Carlos, para lo que fué construído el antes mencionado cuerpo de guardia, el 23 de Noviembre de 1799 se sacó en pública subasta el terreno que ocupaba el Cuartel de Marina para comenzar a edificar la actual "Casa de las cinco torres" que conocemos en la actualidad.    Hoy en día aún se conservan los antiguos rótulos con el anterior nombre de la calle.
 
 
 

sábado, 8 de diciembre de 2012

Los niños del paraguas, del Parque de Genovés.

La historia de la fuente de los niños del paraguas del Parque de Genovés.

Cuando paseamos por el Parque de Genovés, rara es la ocasión en la que no nos detenemos junto a la fuente de los niños del paraguas ya sea para verla, fotografiarnos junto a ella o para admirar el precioso rincón de inspiración romántica decimonónica donde está ubicada.





Esta fuente de los niños del paraguas, atribuida equivocadamente a Mariano Benlliure, (que sólo dejó en la ciudad la llamada "Fuente de los niños" destruida vandálicamente en la década de los '70 del pasado siglo), tiene su pequeña historia y una proyección internacional que muy pocas personas conocen, fué donada por la ilustre, gaditana y benefactora Familia Aramburu a comienzos del siglo XX, y que anteriormente (hasta 1907 aproximadamente), lució en el patio principal de la casa-palacio de dicha familia sita en la Plaza de San Antonio, por tradición oral sabemos que fué adquirida en París con ocasión de un viaje de negocios.   Cuando pasó al patrimonio ciudadano fué colocada en el Parque de Genovés aunque no en su sitio actual sino justo a la puerta de entrada que existe en el Paseo de Santa Bárbara, para pasar en la década de los 60 del pasado siglo al lugar donde todos la conocemos.



Los niños del paraguas del Parque de Genovés se llaman Pablo y Virginia, están inspirados en la novela del mismo nombre y escrita por Jacques-Henri Bernardin de Saint-Pierre, que fué publicada en 1787.  Los protagonistas son dos amigos de la infancia que se enamoran inocentemente pero terminan muriendo de forma trágica cuando naufraga el barco "Le Saint-Geran" en el que viajaban, todo ello está basado en un hecho real que sucedió en el año 1744.  También, a raíz de esta novela, el compositor italiano Gianandrea Gavazzeni compuso en 1935 una ópera basada en esta obra literaria, que tituló "Paolo e Virginia".

Existe en París, en el llamado 'Jardín des plantes', jardín botánico, un monumento al escritor en cuya base figuran también nuestros niños, Pablo y Virginia, acompañados por un perro y no por un paraguas, y ya como adultos.


viernes, 23 de noviembre de 2012

La Casa de las Cadenas.

¿Sabes cual es el origen del nombre de "Casa de las Cadenas"? ¿te gustaría saber algo más de este singular edificio gaditano?


El día 3 de Junio de 1692 la procesión del Corpus Christi pasaba por la actual calle de Cristobal Colón cuando, justo delante de esta casa, comenzó a llover de manera torrencial.  En ese momento, el dueño del edificio, Don Diego de Barrios de la Rosa y Soto, un rico comerciante de origen portugués, salió a la calle y pidió al Obispo de Cádiz, Don José de Barcia y Zambrana, que refugiara al Santísimo Sacramento en el Oratorio que tenía en su casa, a la espera de que el tiempo mejorara.

Así se hizo.  En ese momento Don Diego Barrios, impresionado por esta extraordinaria visita, que él consideró providencial, concibió el proyecto  de reedificar su casa por completo para lo que compró las fincas laterales, y de las tres levantó el edificio que ha llegado a nuestros días.   En su fachada hizo instalar una soberbia portada de mármoles de Carrara, obra del escultor Don Jacobo Antonio de Pozanelli.   En el frontispicio de la misma, mandó colocar una lápida con un texto latino donde se narra lo sucedido durante la procesión del Corpus Christi de 1692.   El texto fué redactado con bastante probabilidad por el médico sanluqueño y experto latinista Don Diego Tenorio de León.


Como tantas otras casas de comerciantes gaditanos que se dedicaban a la importación de mercancías de ultramar, también tiene una torre mirador, desde donde se divisaban los barcos que venían de América antes de atracar en los muelles, en el basamento de uno de sus pilares, el artista Ponzanelli dejó grabada su firma.
 
Para singularizar más la casa, Don Diego solicitó al rey de España el 'Privilegio de las Cadenas', que consistía en situar en el exterior unas columnas de 130 centímetros de altura, enlazadas por unas cadenas, que señalaban que a partir de ellas se gozaba de inmunidad ante la persecución de la justicia.   Aunque las cadenas desaparecieron en 1730 aproximadamente, todo el mundo en Cádiz sigue llamando a este edificio 'La casa de las cadenas'.
 

Desde la muerte de Don Diego en 1712 la casa ha sufrido múltiples cambios: fué casa de vecinos, hotel, restaurante, tiendas, colegio religioso, convento, residencia sacerdotal, etc.   En 1980 fué adquirida por el estado español a través del Ministerio de Cultura para destinarla a Archivo Histórico Provincial de Cádiz, tras una amplia y profunda remodelación llevada a cabo por los arquitectos Don Antonio Cruz y Don Antonio Ortiz, el archivo se trasladó al edificio en Mayo de 1987.

En la actualidad, el Archivo Histórico Provincial, que recoge la documentación que tiene más de cien años de antigüedad, cuenta con más de 17 kms de estanterías, en la que se depositan los archivos correspondientes a 133 organismos provinciales distintos, lo que supone más de 105.000 unidades entre libros, registros y cajas archivadoras a los que hay que sumar una biblioteca auxiliar con 12.000 títulos y 200 revistas especializadas.   El Archivo recibe otros fondos documentales bien sea por compra, donación, depósito, etc., y cuenta con una sala de lectura y de investigación, salón de actos, taller de restauración y laboratorio de microfilmado.



sábado, 27 de octubre de 2012

Mis articulistas preferidos: Juanjo Ariza Astorga

De calles, nombres y números de la ciudad de Cádiz.



Las distintas denominaciones que a lo largo de la Historia han tenido las calles y plazas de Cádiz están llenas de curiosidades, unas veces motivadas por hechos a veces caprichosos, otras son un intento de dotarlas de un nivel cultural mas alto, para indirectamente culturizar al pueblo, otras son simples manipulaciones según el signo político del que ejerza el poder, pero sobre todo, están llenas de eso, de Historia.

Por ejemplo, resulta curioso ver como no siempre se dedican los nombres de las calles a personajes de renombre, cuya vida u obra resultan tan excelsas como para que se decida dejar constancia de ello para la Historia de una forma tan significativa como es el dedicarles una calle. El callejón de Cardoso ostenta este nombre con alguna que otra interrupción desde el s. XVI por las cererías de Cardoso, que se encontraban por aquella zona, es decir, un simple artesano que en aquella época se dedicaba a la elaboración de velas y cirios.

Gaspar del Pino es otra denominación que desde el s. XVII recuerda a un capitán que en aquellos años tuvo el honor de merecer ser recordado de esta singular manera aunque el paso de los años haya conseguido difuminar quien fue este personaje. Se cree que la calle Enrique de las Marinas toma ese nombre en 1855 de un afamado pintor local de la época.


En otras ocasiones las denominaciones de las vías públicas se toman de alguna referencia que sirva para que la comunidad identifique, sin ningún genero de dudas, a qué lugar se hace referencia. Este es el caso de la calle del Jardinillo (Cervantes en 1830) que recibe el nombre de un jardín situado cerca de la esquina de San José, o de otro similar que dio a la calle en la que se encontraba el nombre de Jardín de Ferrera (Barrocal en 1649), quedando posteriormente solo un árbol que sirvió para denominarla calle del Laurel (Barrocal en 1830). La proximidad de la cárcel y la posible localización en ella de algún establecimiento relacionado con la Justicia, parece ser el origen del nombre de la calle Bajada de Escribanos.


Algunas calles mantienen su denominación, de forma mas o menos ininterrumpida desde hace siglos. No deja de resultar irónico que la calle Nueva aparezca con este nombre en documentos fechados en 1615.   De la calle Cuna vieja se tiene constancia de que en 1651 ya contaba con esta denominación. La calle Goleta también tiene esa denominación desde al menos 1615 con algún que otro cambio que no llegó a durar demasiado.      
En 1610 ya existía la calle del Juego de la Pelota o la plazuela de Puerto Chico que en 1599 ya aparece registrada con ese nombre.
 
Otras calles ya no existen en la actualidad, debido a los cambios de configuración del entramado urbano. En este caso tenemos el callejón Bajo de los Descalzos que hasta 1830 discurría entre Puerto Chico y la plaza de la Cruz verde o la calle Villavicencio que en 1696, al no existir todavía la plaza de Candelaria, discurría entre Santo Cristo y Montañés.
 
La numeración de las calles en Cádiz también tiene su particularidad.

En la mayoría de las ciudades, las calles se comienzan a numerar desde la plaza donde se encuentra el ayuntamiento, que es la  Plaza de San Juan de Dios, por ser la mas importante de la ciudad, pero en Cádiz no es así, aquí las numeración de las vías se asigna según la proximidad a la plaza de San Antonio. Esto se debe a que esta es la plaza de armas y por lo tanto la plaza de mas importancia de la ciudad. Lo mismo sucede con el resto de calles que dan forma al caserío de la ciudad.
 

Otra singularidad que hace que la numeración de las calles de Cádiz sea diferente es por qué acera se asigna el número uno, si por la derecha o por la izquierda, pues bien en la mayoría de las ciudades el numero uno se encuentra a la izquierda, que sería lo lógico, ya que leemos de izquierda a derecha y no al revés, mientras que en Cádiz está a la derecha. Si tomamos como ejemplo la calle Ancha, la numeración empezará por la parte mas próxima a la plaza de San Antonio y no en la confluencia con Novena y José del Toro, además la acera de los impares se encuentra a la derecha, si miramos en dirección a la Plaza del Palillero y no a la izquierda como seria habitual. Este mismo sistema se repite en el resto de calles de Cádiz.


domingo, 16 de septiembre de 2012

La sortija fenicia de Cádiz

La sortija fenicia es uno de los hallazgos más espectaculares que se han encontrado en la excavación del solar de la 'Casa del obispo' y que nos remonta a los orígenes del Cádiz actual.

Fué hallada concretamente en una tumba del siglo V antes de Cristo, a un metro de profundidad y construida con sillares de piedra ostionera y cubierta con una gran losa.

Parece ser que la zona donde estaba ubicada constituyó un área ritual fenicia que por algún motivo los romanos que llegaron posteriormente respetarían en sus propias construcciónes.

Las dimensiones de la sortija, en la parte del chatón es de 0,8 cms de ancho, 1,25 cms de largo y un grosor de 0,25 cms, el diámetro del aro es de 2,4 cms con un grosor de 0,25 cms.

El chatón tiene una decoración incisa, con dos delfines en el frontal que forma el sello y de rosetas con técnicas de granulado en los dos laterales.   El aro es trenzado terminado en dos capiteles enfrentados que engarzan con el chatón.  Las volutas están realizadas con la técnica del granulado.   Aunque encontrada en una tumba datada en el siglo V a.C., la sortija se puede catalogar como anterior, llegando incluso a finales del siglo VII a.C. o principios del VI a.C., todo ello se deduce por el fuerte desgaste de su uso, lo que hace pensar que la sortija fué heredada por varias generaciones.

Debido a las características de soldadura entre chatón y aro, debe haber sufrido un arreglo posterior.   En la zona de unión no visible entre el chatón y los capiteles se observa técnicas de granulado, lo que es posible que sea debido a que el aro y el chatón hayan pertenecido originariamente a dos anillos diferentes.

En la elaboración de la primera copia realizada por el artesano joyero Juan José Rivera y al intentar reproducir el trenzado del aro de manera convencional y ver si copia y original no coincidían, se concluyó que la original había sido realizada en sentido contrario al habitual y que por tanto el artesano o joyero fenicio debió ser zurdo

lunes, 23 de abril de 2012

Mis articulistas preferidos: Manolo Llamas

Pelayo Quintero Atauri y "La dama de Cádiz"

Cuentan que Pelayo Quintero, cuando contempló el sarcófago masculino encontrado en 1887, estaba convencido de la existencia de una pareja del mismo. Durante los años que estuvo excavando en Cádiz fue su sueño el conseguir el hallazgo de este segundo sarcófago. Poseía un chalet en Cádiz, llamado «La Quinta», en el que incluso excavó en su jardín. Todo fue inútil, puesto que no llegó a encontrarlo… ¿O sí lo encontró y lo ocultó al resto del mundo?

A las ocho de la mañana el capataz de la obra, Rafael Gutiérrez Camacho, advirtió que la máquina excavadora que realizaba su labor en el solar correspondiente al chalet de Pelayo Quintero, en la calle Ruiz de Alda (actual Parlamento) , dejaba al descubierto un trozo de mármol, en un gran nivel de arena que se había dado previamente por estéril en material arqueológico. El capataz dio aviso al perito Francisco Mota, que dio aviso rápidamente al director del Museo de Cádiz, Ramón Corzo.

Corzo, junto a un equipo de arqueólogos, se desplazó al lugar y dispuso lo necesario para proseguir la tarea de descubrimiento del sarcófago.

A medida que aparecía el monumento funerario crecía el interés de los técnicos y del numeroso público que se fue congregando en las inmediaciones del lugar, que permaneció vigilado por fuerzas de la Policía Nacional y de la Policía Local, dada la enorme aglomeración de personas.

Al advertirse que la escultura estaba policromada, se procedió a cubrirla con tierra y un plástico negro, para evitar que los rayos solares pudieran afectarla. La pala excavadora había provocado serios desperfectos en el sarcófago, seccionándolo a la altura de media pierna. El día 30 de septiembre se procedió al traslado del conjunto hallado al Museo de Cádiz (Diario de Cádiz, 1980), donde figura con el número de inventario CE09773/1.

Su localización apartada del resto de las tumbas fenicias nos hace suponer la existencia de una zona privada o restringida que junto a su excepcionalidad, compartida con el otro sarcófago, permite aventurar un carácter preeminente del difunto dentro de la sociedad de su época. Las características del sepulcro señalan que fue una persona de alto nivel social, religioso o político. Tal vez fuera la esposa de un dirigente, pero no se descarta que se tratase de una sacerdotisa de Astarté.

 Posteriormente se comprobó que no había ningún otro resto arqueológico en toda la superficie del solar.

martes, 17 de abril de 2012

Semana Santa de Cádiz 2012

Aunque ya ha pasado la Semana Santa, aqui os pongo un video que he elaborado con la desinteresada ayuda de mi amigo y maestro Manolo Llamas que me ha cedido sus fotos para ello.

Se trata de una versión diferente, casi monocroma, de nuestra Semana Mayor, tan desconocida como bella, espero que la disfruteis tanto como yo.

La marcha que suena es "Capataz gaditano" del TCol Abel Moreno.

lunes, 19 de marzo de 2012

La torre del Convento de San Francisco, en Cádiz.

Algún tiempo después de abandonar Cádiz los soldados ingleses que al mando del Conde de Essex saquearon la Ciudad en 1596, se comenzó la restauración y transformación de la iglesia de San Francisco, de acuerdo con el proyecto trazado por el delineante y director de obras de origen genovés José Badaraco. Y entre dichas obras, se acometió la sustitución del modesto y ruinoso campanario que entonces poseía la iglesia, por la airosa y bien concebida torre que tiene en la actualidad.

Su construcción se comenzó en 1665, según puede verse en una inscripción que figura en la misma y se concluyó en 1761, siendo prior de este convento Fray Manuel de Lora. Su construcción es muy sólida, siendo toda ella de cantería, cuyas piedras fueron sacadas de la cantera del Paseo de las Delicias. A tal efecto, el guardián del convento de San Francisco, Fray Antonio Maldonado, elevó un Memorial al Ayuntamiento gaditano en el año 1665, solicitando la gracia de sacar piedra de una cantera de la Ciudad, para la construcción de esta torre, a cuyo Memorial se dio lectura en el Cabildo Municipal celebrado el 27 de junio de 1665, accediéndose a la gracia solicitada.

Esta torre, la que por encontrarse aislada y ser de gran altura, se contemplan desde ella bellísimos paisajes, desempeñó un importante papel en la Guerra de la Independencia y durante el asedio que el ejército francés puso a nuestra Ciudad. Las campanas de las torres de los conventos de San Francisco, la Merced y Santo Domingo, eran las encargadas de avisar al pueblo de los disparos de cañón que el ejército francés hacía sobre le Ciudad. Para tal fin, cada una de estas torres tenía establecido un vigía, él que al divisar el fogonazo en la boca del cañón y mientras el proyectil atravesaba la bahía, mediante un toque de rebato, avisaba al vecindario del peligro inminente para que éste se pusiera a cubierto de los obuses franceses.

Entre estos vigías alcanzó fama por aquel tiempo, por su serenidad y sangre fría nada comunes, el novicio Fray José Fernández, que tenía su misión en esta torre de San Francisco. Ramón Solís, en su obra “El Cádiz de las Cortes”, escribe que un día cuando después de tocar la campana avisando que los franceses habían hecho fuego, recibió un gran susto al comprobar que ésta había vuelto a sonar nuevamente impulsada por una granada que pasó junto a ella. Al instante el novicio no lo duda y con la campana gemela, continuó tocando a rebato de forma imperturbable.


También el escritor y político gaditano Antonio Alcalá Galiano en su obra “Recuerdos de un anciano”, dice que el novicio Fray José Fernández, con su característica sangre fría, cuando desde su puesto de vigía observaba que algunas granadas disparadas por los franceses caían en el mar, hacía un gesto característico de “corte de manga”, congratulándose de que éstos errasen en su puntería. Uno de los obuses franceses que, a pesar de no haber estallado, inutilizó una de las campanas de esta torre, se conserva en el Museo Iconográfico Histórico del Centenario de la Constitución de 1812 y Guerra de la Independencia (hoy Museo Histórico Municipal), ya que en el primer catálogo del mismo, editado en 1912, con motivo de su inauguración, en la página 189, puede leerse:

“Bomba caída el año 1810 en la torre de la iglesia convento de San Francisco. Encontrábase en dicha torre un lego de la Comunidad Franciscana, el que avisaba por medio de campanadas al vecindario las direcciones que llevaban los proyectiles enemigos. Esta bomba inutilizó dicha campana, teniendo que tocarlas señales con otra que existía, prosiguiendo así su humanitaria labor”.

Cuando hace unos años se elevó la fachada del edificio colindante a la iglesia de San Francisco, fue un gran acierto el seguir conservando aislada la torre, como siempre estuvo, porque aparte de conservarse su bella perspectiva, es una de esas pocas cosas que nos van quedando de un esplendoroso pasado histórico, cosas en las que los gaditanos debiéramos poner siempre el mayor interés por conocer y el mayor tesón para conservar.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Ramón Solís Llorente. Escritor gaditano.

Ramón Solís Llorente nace en Cádiz el 1 de marzo de 1923. Inicia sus estudios elementales en el Colegio del Pilar de Madrid. Continúa sus estudios en el Colegio San Felipe Neri de Cádiz. En 1944 abandona sus estudios de marino e inicia los de ingeniero de Montes, que, más tarde, simultánea con los de Ciencias Políticas y Económicas. En 1949 termina la carrera de Ciencias Políticas y Económicas y es nombrado corresponsal en Madrid del semanario La Voz del Sur. En 1953 contrae matrimonio en Cádiz con Rosario Jiménez Alfaro.


Un año más tarde publica su primera novela "La bella sirena". En 1956 presenta su novela "Los que no tienen paz" al premio Planeta y queda finalista. Esta novela ha sido llevada al teatro por José María Pemán con el título "Los monos chillan al amanecer". 


Ramón Solís decidió escribir una novela de la época de las Cortes. Así surgió su libro "El Cádiz de la Cortes" donde revela sus cualidades de historiador, y que Gregorio Marañón, su prologuista, consideró como uno de los libros más importantes sobre España; que ha puesto luz severa, vida humana sobre el gran episodio que Cádiz vivió con una enorme intensidad.


Gracias a él sabemos lo que pasó en Cádiz y lo que realmente realizaron, vivieron y soñaron aquellos liberales españoles. Claro está que Ramón Solís no se ha ocupado sólo de los doceañistas eminentes y todavía sonoros, sino del pueblo y los estamentos de aquella época, haciendo junto a la historia, esa intrahistoria que nos interesa tanto: “ El Cádiz de las Cortes –nos dice Ramón Solís- fue mi tesis doctoral en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de Madrid. Esto quiere decir que este libro surgió de un propósito más erudito que literario y que estaba dirigido a un público de especialistas y estudiosos”. Éste libro, que obtuvo el premio Fastenrath de la Real Academia Española de 1960, pertenece por su estilo al gran ensayismo español.


Es elegido miembro de la Real Academia de la Historia. En 1961 es elegido concejal del Ayuntamiento de Cádiz. Al año siguiente regresa a Madrid.   La bibliografía de Ramón Solís es extensa: "Ajena crece la hierba" (1962), "Un siglo llama a la puerta" (1962), "El canto de la gallina" (1965), "El alijo", "La eliminatoria",  "Mónica, corazón dormido" (1970), "El dueño del miedo" (1971).


Publica también algunos ensayos, "Coros y Chirigotas", "La guerra de la Independencia Española". En 1968 es nombrado director de la revista "La Estafeta Literaria" y en 1970 obtiene el Premio Nacional de Literatura “Miguel de Cervantes”. En "El mar y un soplo de viento" cultiva una veta más lírica.


Falleció en Madrid en 1978.


Lo social, lo psicológico y el ambiente de Cádiz y sus tierras son las características persistentes al correr de su intensa e interesante obra. El crítico Melchor Fernández Almagro veía en "Un siglo llama a la puerta" “Una novela de excelente calidad. Está muy bien compuesto el ambiente histórico y presenta con exactitud el problema del choque de dos generaciones”.


“Lo genial es decir muchas cosas –escribe Solís- y decirlas perfectamente. Ahora bien: esto se logra a través de las ideas. Cuando la idea se piensa con claridad, se escribe con soltura; y, cuando esto se logra, se ha alcanzado el estilo”.


Estamos de acuerdo con estas dos ideas que pone Solís en la mente de unos de sus personajes, y, fiel a ellas, el escritor gaditano interesa y logra excelentes éxitos. Y también fue fiel, a aquel viento generoso que sopló sobre su ciudad natal en el siglo XVIII, y que forjó el espíritu dilecto, universal y políglota de la vida gaditana.

lunes, 12 de diciembre de 2011

El Gran Teatro Falla de Cádiz.

Construido en 1871 enteramente de madera, no tardó en ser pasto de las llamas.  Tras el incendio de 1881 se decidió construir un nuevo teatro en el solar que había dejado el anterior, completamente destruido por el fuego.   Las obras del nuevo teatro se inician en 1884 bajo la dirección del arquitecto sevillano Adolfo Morales de los Rios, que dos años después tiene que paralizar las obras por falta de fondos.

El ayuntamiento reemprende las obras que vuelven a interrumpirse por falta de recursos en 1892.  Finalmente es el arquitecto municipal, Juan Cabrera Latorre quien lo termina, después de diveras modificaciones, en 1905.

El 12 de enero de 1910 se inauguró con la interpretación de una sinfonía de Barbieri. Hasta 1926 se llamaría Gran Teatro, año en el que pasó a llamarse Gran Teatro Falla en honor al hijo predilecto de la ciudad Manuel de Falla. Un año después el Carnaval suena por primera vez en el teatro con el coro Los Pelotaris de Manuel López Cañamaque.  En 1984 los arquitectos Rafael Otero y José Antonio Carvajal acometen una profunda y costosa restauración del edificio que hace que en estas fechas luzca en todo su esplendor.

El edificio es de estilo neomudéjar y ladrillos rojos con forma de herradura prolongada a la que se ajustan los distintos pisos, es único en España en no tener edificios anexos ya que ocupa toda la manzana por lo que se puede admirar su arquitectura desde cualquier angulo posible.

Cada planta está rodeada de una amplia galería a la que comunican las escaleras.  Un gran vestíbulo sirve de sala de espera a la vez que comunica con la galería de la planta baja y constituye el punto de arranque de las señoriales escaleras a ambos lados.

El escenario posee 25,5 metros de profundidad por 18 de anchura, quedando la orquesta a un nivel más bajo que la escena, tiene una superficie de 2570 m2 y un aforo de 2000 localidades repartidas en patio de butacas, palcos, anfiteatro y paraíso, a pesar de sus dimensiones, el teatro ofrece una impresionante acústica y magnifica visión del escenario desde cualquier ángulo.   La pieza que más destaca de toda su exquisita ornamentación es la pintura mural que realizó in situ Felipe Abárzuza titulada "Alegoría del paraíso", donde dioses, ninfas y sátiros danzan desnudos entre nubes, flores y guirnaldas en la bóveda celeste.

Durante el año el Teatro acoge una Temporada de Otoño y una Temporada de Primavera con espectáculos como conciertos, obras de teatro y en menor medida musicales y ópera, durante el mes de enero y febrero se celebra el concurso oficial de agrupaciones de carnaval.

El Gran Teatro Falla también es una de las sedes de los diversos festivales que se celebran en la ciudad, destacando de especial manera el FIT, Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz, y Alcances, festival de cine dedicado en especial al documental.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Plazas de San Antonio, Mina y San Juan de Dios

La cuadratura casi perfecta de sus plazas se nos presentan en Cádiz, sorpresivamente, en el angosto entramado de su urbanismo más histórico.  Entre ellas, son las de San Antonio, Mina y la de Candelaria las que nos ofrecen una arquitectura que ahora contemplaremos, dejando un poco más de lado las no menos históricas y bellas de San Francisco, Mentidero, Fragela, Catedral, Sevilla, San Agustin, España, Palillero, etc.

La Plaza de San Antonio, presidida por las airosas torres que se incorporaron en el siglo XIX a la primitiva traza barroca de la iglesia que le da nombre, ha sido tradicional escenario de fiestas, eventos y acontecimientos históricos, incluso sangrientos, como el acaecido el 10 de marzo de 1820 cuando las tropas absolutistas cargaron contra un público confiado que esperaba el acto de jura de la Constitución.





Lugar de asiento de la floreciente burguesia mercantil, esta plaza conserva construcciones tan interesantes como el palacete eléctico-historicista de la antigua Banca Aramburu, el Casino Gaditano, la casa de Don José Mª Pemán o la casa donde se intauró en 1812 lo que después sería la Lotería Nacional.





La de Mina, donde nació Manuel de Falla, de verdes acogedores que embelesaron a Victor Hugo, es una plaza levantada sobre el huerto del desamortizado Convento de San Francisco, en ella crecen interesantes especies arbóreas que dan lustre a sus jardines, en su centro existió durante años, un templete musical.



En su perímetro cuadrangular se suceden fachadas neoclásicas e isabelinas, entre las que destacan el edificio debido a Juan Daura que hoy es sede del Museo Provincial, con sus secciones de arqueología y pintura, entre cuyos fondos se encuentras los famosos sarcófagos antropoides de época fenicia y la colección del lienzo de Zurbarán procedentes, en su mayor parte, de la Cartuja de Jerez de la Frontera, o las pinturas del retablo del desaparecido Convento de Capuchinos, "Los desposorios de Sta. Catalina", de Bartolomé Esteban Murillo.



La Plaza de Candelaria, también llamada de Castelar por haber nacido este prócer en una de sus casas, fué solar destinado a atracciones teatrales y circenses antes de su reforma en los primeros años del pasado siglo XX.   En su arquitectura existen buenos ejemplos isabelinos y una singular construcción en hierro y cristal levantada en las postrimerías del siglo XIX.



Más abierta que las anteriores es la Plaza de San Juan de Dios, antigua Corredera, enfrentada al trajín de la zona portuaria y la bahía desde su ubicación de acceso al antiguo barrio de El Pópulo.  El ayuntamiento, junto al hospital, la casa Pazos de Miranda, e Iglesia de San Juan de Dios, son los edificios más interesantes en esta plaza gaditana de permanente animación ciudadana.




La casa consistorial fué levantada en 1799, sobre la anterior casa municipal y la antigua cárcel, de acuerdo con el proyecto de Torcuato Benjumeda, un arquitecto a quien Cádiz debe mucho de los logros urbanísticos que fueron diseñados para la ciudad a finales del siglo XVIII.  Su fachada, de tres plantas coronadas por la torre del reloj, presenta una decoración isabelina a base de guirnaldas y reproducciones de monedas que corresponden a la reforma que llevó a cabo Manuel Garcia del Álamo. 

En su interior son interesantes la monumental escalera, asi como la alcaldía y el isabelino salón de plenos, decorado con frescos de los hermanos Cavallini y media docena de lámparas entre las que destaca la de cristal de murano constituida por tres mil piezas en colores rojo y verde, y doce campanillas con los distintos sonidos de la escala musical con la que se dice que Manuel de Falla dió un concierto de agradecimiento por un homenaje recibido de sus paisanos.