Pasión por Cádiz

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Cádiz, Andalucía, Spain
"Ab origene one semper fidelis, in perpetuam, semper et ubiquem Gades. Qui poters capere, capiat"

lunes, 1 de diciembre de 2014

Excmo Sr. don Eduardo Benot Rodríguez. Gaditano eminente.

Don Eduardo Benot Rodríguez nació en Cádiz el 26 de noviembre de 1822 en la calle de la Virreina, que fue demolida para ampliar la plaza de la Catedral, justo en los edificios que en la actualidad se encuentran enfrente a dicho templo.

Se educó en la escuela de don Antonio Hurtado, pasando luego al colegio de don Pedro de 0'Crowley, donde comenzó sus primeros cursos de inglés y francés.

Entró en el mundo del periodismo muy joven, cuando aún no tenía quince años. Escribió 'La defensa del pueblo', con veinte años dirigió el periódico 'La alborada' junto a José MacPherson, cuando cumplió veintiocho años ya tenía escritas trece obras de teatro.

Fue alumno del colegio de San Felipe Neri, en 1840 obtuvo plaza en la Diputación, con despacho en el Hospicio, donde fue nombrado oficial mayor en 1842, cargo al que renunció en 1847.   A su vez, en septiembre de 1843 entró a formar parte de la Milicia Nacional, con el cargo de cabo en la sección de artillería.

Sustituyó a Juan José Arbolí y Acaso en la cátedra de filosofía en 1848 de su colegio, en 1852 fue nombrado director hasta 1869 que adquirió la propiedad de la institución.  En esa época publicó sus célebres 'Gramáticas ollenodorffianas', la francesa en 1851, la inglesa un año después, la italiana en 1853 y acabó con la alemana al año siguiente.   En 1864 compró en París todo el material para montar un gabinete de física para el colegio, que fue considerado entonces como el mejor equipado de España.

Fue catedrático de geodesia y astronomía en el Observatorio de San Fernando, su obra 'Utilización de la fuerza del mar' le valió el título de Correspondiente de la Academia de Ciencias que publicó su trabajo.

Entra en política tras la revolución del general Leopoldo O'Donell en 1854 y fue nombrado concejal del ayuntamiento gaditano a cuyo cargo renunció.  Militó en el Partido Demócrata en 1866 y perteneció a la Junta Revolucionaria Provincial.   En 1869 al estallar el movimiento de los partidos federales de Andalucía, fué detenido por orden telegráfica del general Juan Prim, y estuvo preso en el Castillo de Santa Catalina, tras este suceso, fue elegido Diputado a Cortes por Jerez de la Frontera, venciendo al candidato de Prim por veintitrés mil votos de diferencia.

En 1872 fue elegido senador, pronunció su famoso discurso sobre cuestiones relativas a las colonias de ultramar que fue traducido a diversos idiomas.  Nombrado secretario de la Asamblea Nacional cuando abdicó el rey Amadeo I de Saboya, y proclamada la República, se le nombró ministro de fomento, cuyo cargo ejerció poco tiempo, renunciando a su sueldo de ex-ministro.  A su iniciativa se debe la ley del trabajo de los niños, donde se penalizaba el empleo infantil en la nación, además de la fundación del Instituto Geográfico y Estadístico.

Después del golpe de estado del general Manuel Pavía el tres de enero de 1854, se exilió a Portugal y trabajó en el periódico 'La Europa', hasta que Cánovas del Castillo consiguió que lo expulsaran de Lisboa, estableciéndose de nuevo en Madrid.

Entre sus libros más importantes, además de las citadas gramáticas, se cuentan 'Metrificación española, sinalefa y diptongos', 'Aritmética general', 'Resultante de los movimientos giratorios con aplicación a la astronomía', 'Cuadros sinópticos de Gramática, Psicología y Dialéctica', 'Nueva gramática francesa', 'Estudios sobre Shakespeare', 'Artículos científicos', 'Discursos académicos y parlamentarios', la zarzuela 'El martirio' y la obra dramática 'Mi siglo y mi corazón'.

Entre sus proyectos que no llegó a ultimar figura la fundación de un 'Banco Nacional Agrícola' y varios trabajos sobre cuestiones sociales y económicas.   Desde 1860 ostentaba el título de Correspondiente de la Academia Española, siendo nombrado académico de número en 1885.

Aún enfermo de la vista en sus últimos años, no dejó de producir hasta su muerte a los 85 años de edad, repitiendo siempre "Me he de morir sin acabar de hacer todo el bien que yo deseara".

Murió en Madrid, el 27 de julio de 1907.  En el salón de plenos del ayuntamiento de Cádiz, hay una lápida que le recuerda con un escueto 'Eduardo Benot. Gaditano'

sábado, 15 de noviembre de 2014

Mis fotos antiguas de Cádiz

Tres fotos antiguas de Cádiz, inéditas, realizadas en la plaza de San Antonio, calle Sacramento y Alameda Marqués de Comillas, hechas a primeros de la década de los años cuarenta del pasado siglo XX por miembros de la marina mercante alemana.

Tamaño original 1291 x 1620.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Mis articulistas preferidos: Moisés Camacho

"Hasta aquí y no más, Madre mía" por Moisés Camacho

El maremoto que asoló Cádiz el 1 de noviembre de 1755

Eran las nueve y media de la mañana del día 1 de noviembre de 1755. Cádiz había amanecido con una tensa calma, como un día más de todos los Santos en los que los vivos se acordaban de los muertos. Todo estaba preparado para las sesiones litúrgicas correspondientes. En ese momento la tierra empezó a temblar, cada vez más, hasta el extremo de mover los edificios con vaivenes. El temblor duró unos diez minutos, que se hicieron interminables y que causaron el pánico en la población, creando confusión, llantos y lamentaciones, pero al sosegarse calmó los ánimos de una población, al confirmarse que el temblor de tierra sólo había causado la ruina de casas que ya lo estaban.

El terremoto se había sentido de manera atroz en Lisboa, en Portugal, causando grietas de cinco metros en dicha ciudad, y provocando la muerte en la misma de unas 90.000 personas. La hipótesis más aceptada es que el epicentro estaba en la zona de fractura Azores- Gibraltar, al  norte del banco Gorringe.

Una superficie del fondo marino equivalente a un círculo de 300 km de radio bajó unos 30 metros durante el terremoto.

Se sintió este temblor en casi toda la península, pero el problema no fue sólo el terremoto. Tras la tempestad vino la calma y, luego, otra vez la tempestad. El mar se retiró precipitadamente, y volvió con una fuerza impresionante.

Las furibundas olas alcanzaron en el litoral gaditano los 15 metros de altura según nos cuentan los cronistas frente a los 5 metros que alcanzaron en Portugal.  Arrasó completamente la zona litoral de la Costa de la Luz, adentrándose en la Bahía de Cádiz. Pequeñas poblaciones como Conil desaparecieron literalmente del mapa, mientras otras como Sanlúcar tuvieron gran cantidad de víctimas humanas.

En Cádiz al divisarse las olas parecía que iban a destruir por completo la ciudad. Nos cuenta Adolfo de Castro que el agua entró por la Caleta, e inundó las calles y casas situadas en sus cercanías, tras haber destrozado la muralla que le hacía frente. Dice el mismo que hubo poca mortandad porque la mayoría de las personas subieron a las azoteas. Por la Puerta de Sevilla y por la del mar también entraron las olas, pero no con la fuerza que lo hicieron por la Caleta.

En la salida de Cádiz se juntaron los mares por el arrecife que conectaba con la Isla de León,  pereciendo ahogados todos los que iban huyendo en el camino. Los religiosos del convento de Santo Domingo expusieron al público la imagen de la Virgen del Rosario con el rostro vuelto a la Bahía. Retirada por primera vez el mar, Antonio Azlor, gobernador de la ciudad, dispuso que no se permitiese la salida de la ciudad por Puerta de Tierra por si se repetían las embestidas del mar. Manuel Boneo, capitán de granaderos del regimiento de Soria, que se hallaba de guardia en la Puerta de Tierra, al ver como la multitud en el caos corría a huir de la ciudad y sabiendo que iban a perecer, cerró la Puerta de la ciudad y, además, puso a sus tropas en guardia bayoneta en mano para resistir al pueblo que huyendo de un peligro se podía adentrar en otro peor, la muerte segura en el arrecife de salida de la ciudad.



Se estima que el mar llegó a la ciudad unos 78 minutos después del terremoto, así sobre las 11 y 10 llegó la primera ola, la segunda lo hizo a las 11 y 30, la tercera a las 12, la cuarta a las 12 y 35, y la quinta a la 13 y 15. Más o menos la cantidad de muertos se cifra en unos 200 en la ciudad entre los que salían por el arrecife y los que perecieron en la parte de la Caleta.

El gobernador Antonio Azlor en una carta a su sobrino el Duque de Villahermosa describiría el hecho como el mejor bosquejo que puede hacerse del día del juicio.

Los PP. Dominicos que ya habían puesto a la Virgen del Rosario de cara a la Bahía también expusieron el Santísimo en la Custodia desde las ventanas del convento de Santo Domingo. El obispo Fray Tomás del Valle, publicó un edicto exhortando a los fieles a dar muchas gracias a Dios y a la Virgen.

Las actas capitulares hablarían de la intervención divina de la Virgen del Rosario desde el 4 de noviembre cuando vuelven a establecerse sesiones.


Pero sin duda, el hecho que más llama la atención se produjo en el barrio de la Viña, en los restos de la Capilla que Fray Pablo de Cádiz había fundado en 1691 con la donación de terrenos por parte de María de Peñalva, cuando el fraile estableció quince Rosarios en Cádiz, siendo esta capilla encomendada al primero, el de la Encarnación. La capilla había sido totalmente destruida en 1754 en un incendio y sólo quedaban en pie un horno donde se celebraba de vez en cuando misa, y una sacristía adyacente, donde se guardaban las principales pertenencias de la cofradía que se había fundado en la misma, ya entonces denominada de la Palma.

En 2009, el hermano de la Archicofradía de la Palma, José Luis Ruiz encontró dentro del Archivo de la misma varios documentos en los que se recogen los hechos por escrito tan sólo tres días después del fenómeno, que nunca había sido divulgado con anterioridad y que confirma “la autenticidad” de los hechos. Se puede leer entre los documentos como la Junta se reúne un mes y medio después y decide que la fecha de salida de la Virgen se instaure en cada día 1 de noviembre y no en el 26 de diciembre como se hacía anteriormente.


Desde principios de Agosto del actual 2014, la Asociación para la Difusión e Investigación del Patrimonio Cultural de la Provincia de Cádiz (ADIP) en colaboración con la Archicofradía de la Palma, se está dedicando al estudio de todos los documentos que contiene el archivo, para ubicar históricamente y de manera científica este hecho y llevar a cabo una publicación con la documentación en facsímil y una edición modernizada, contando también con un estudio artístico de la actual iglesia y un estudio  histórico. De momento se encuentran en la labor de catalogación de los documentos, esperando tener para el 260 aniversario de los hechos listo el trabajo, al que intentarán unir una exposición permanente en la sede de la Cofradía con los hechos del maremoto que se titulará “Hasta aquí, Madre Mía”.

Esperemos que pronto vaya dando resultados notorios. De momento, y como avance podemos dejar el descubrimiento de un boceto de una enorme cruz de mármol encargada a los talleres de Andrea Andreoli que se supone estuvo en la entrada de la calle de la Palma (que incluso llegó a tomar el nombre momentáneo de calle de la Cruz) y que cayó víctima del mismo tsunami. También están contando con la documentación de los diferentes archivos, Nacional, Provincial y Municipal para conseguir elaborar un trabajo de investigación lo más correcto posible.

Si la virgen actuó, o si fue fruto de la casualidad, es cuestión de fe, pero seguro que los viñeros que vivieron el hecho en sí, tal y como se recoge en las actas, no tuvieron más remedio que justificarlos por la intervención divina de la misma, a la que Cádiz desde entonces venera, siguiendo los hechos vivos en la memoria colectiva de la ciudad.

Vídeo animación del terremoto de Lisboa de 1755 en el que se aprecia los daños sufridos en las costas de diversos países.







Foto 1: web la hornacina.com
Foto 2: sacristiadelreal.blogspot.com
Foto 3: cadizmascerca.blogspot.com









lunes, 20 de octubre de 2014

"Ecce Homo. Cádiz 1665.."

Libro "Ecce Homo. Cádiz 1665...  la historia de un litigio"

El comienzo de este libro se remonta al verano de 2012 y se debe a la confianza que deposita en nosotros el Dr. don Juan Antonio Ramírez del Río, entonces hermano mayor de la Archicofradía de Nuestro Padre Jesús del Ecce-Homo, María Santísima de las Angustias y San Juan Evangelista, al entregarnos los documentos más antiguos de la Archicofradía en formato digital para su transcripción.

A medida que vamos investigando los sucesos acaecidos, nos cautiva el Cádiz de la segunda mitad del siglo XVII así como sus personajes, sus calles, su historia. Por ello decidimos no sólo transcribir los documentos sino también darle una pincelada de color elaborando un relato para que la lectura no se ciñera a una sucesión de legajos.

Es una pequeña historia, que forma parte de otra mayor y es parte de la ciudad de Cádiz y sus habitantes. Comienza allá por la segunda mitad del siglo XVII, concretamente el 21 de marzo de 1668, cuando un grupo de gaditanos y gaditanas litigan por unas posesiones, un dinero, unos acuerdos. Son un grupo humano miembros de la "Cofradía del Santo Xto. Ecce Homo", contra otros ajenos a ella, personas con nombres y apellidos que vivían en la ciudad, con sus domicilios y sus trabajos, de diferentes edades y condición social. Todos ellos fieles amantes de su devoción cristífera, y por unos y otros motivos, siempre defensores de su fe.

La cofradía, durante estos años, está ubicada en el hospital de mujeres bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen situado en el edificio que se encuentra en la esquina de la calle de la Carne con la calle Comedias (Hoy Columela con Feduchy).

La cárcel real a la que se refiere en estos autos está ubicada por una zona cercana a la Correduría, próxima al actual ayuntamiento.

A lo largo de estos acontecimientos, se nos harán familiares nombres tales como Diego de Solís, su cuñada María Antonia de la Vega, Jacinto de Plata, Juan Ruiz, Juan de Montaño, Jacinto Pimentel y un largo etcétera, así como calles que aún hoy nos suenan familiares como Carne, Cuna vieja, y otras que han desaparecido por ejemplo la Plaza de las Tablas, todo ello lo iremos descubriendo a medida que avanzamos en el pleito.

Sobre este litigio, hemos recreado una pequeño relato adaptado a nuestro lenguaje actual, pero siguiendo fielmente las declaraciones en los autos de todas y cada una de las personas que participan en este pleito para así hacer la lectura más amena.

Para ello se han interpretado las formas de hablar y de escribir de los protagonistas, porque cada uno a su manera describen sentimientos y diferentes formas de pensar.

A la vista de estos autos, queda patente, que la fundación de la cofradía en torno al Santo Cristo del Ecce Homo es anterior a 1665 y figura como fundador Jacinto de Plata.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Cádiz monumental. Breve sumario



¿Necesitas un pequeño resumen del Cádiz monumental?, aquí lo tienes:

El rico patrimonio monumental de la ciudad de Cádiz se entremezcla con el ambiente de cada una de sus calles o lugares donde están ubicados.   El resultado son enclaves singulares, y cada uno de ellos encierra un encanto particular.   Las arquitecturas religiosa, civil y militar se combinan a través de los siglos: Palacios barrocos, baluartes, iglesias, conventos, casas señoriales, arcos medievales.

Podríamos empezar con el Oratorio de San Felipe Neri, edificio barroco que fue sede en 1812 de las Cortes de Cádiz, y donde se encuentra un museo dedicado a tan magno acontecimiento, que acoge una maqueta de la ciudad de Cádiz construida en 1777 por orden de Carlos III con materiales tales como cedro, caoba, ébano, marfil y pino de Flandes y que ocupa una superficie de 12'52 x 6'92 metros.
 
Las casas señoriales de Lasquetty, la de los Lila, ambas en el barrio de Santa María, o sin salir de él: El antiguo edificio de la Cárcel Real, el convento de Santo Domingo, un impresionante templo barroco con retablo de mármol donde tiene su sede canónica la patrona de Cádiz, la Virgen del Rosario.   En este barrio también se encuentra la antigua Fábrica de Tabacos, edificio de hierro y ladrillo que alberga el Palacio de Congresos, perfecto ejemplo de la arquitectura industrial del siglo XIX y justo enfrente, la antigua estación de tren que data aproximadamente de 1862.

En 'El Pópulo', el barrio más antiguo de la ciudad, se conservan las tres puertas de la primitiva ciudad medieval: El arco de los Blanco, el de la Rosa y el del Pópulo, en este lugar se encuentra el teatro romano de Cádiz, de los más completos hallados hasta ahora, también está la iglesia de Santa Cruz, que era la antigua catedral, edificada sobre una antigua mezquita, y a su lado los yacimientos arqueológicos de la llamada "Casa del obispo" o la "Casa de la Contaduría" donde se expone el rico patrimonio histórico y artístico que antes estaba en el museo catedralicio. En esta casa, se encuentra la famosa "Cruz del asalto" que está hecha con dos tablas de madera de los restos del asalto inglés de 1596 y que presidió una misa tras abandonar los ingleses la ciudad en aquella fecha.
 
 
En la plaza de Mina se encuentra el museo arqueológico donde se expone y se conoce la historia de Cádiz, además alberga los dos famosos sarcófagos antropoides fenicios -sólo se han encontrado diez en el mundo- así como importantes hallazgos que abarcan de la prehistoria al siglo XIX, o una pinacoteca donde se exponen obras flamencas, barrocas, góticas y contemporáneas.  A la espalda de este museo está el convento de San Francisco, con su impresionante claustro y una iglesia barroca considerada como una de las mejores de la ciudad.
 
Otro enclave importante es la Torre de Tavira, una antigua torre vigía construida en el punto más alto de la ciudad, a 45 metros sobre el nivel del mar aproximadamente, situada en la casa palacio de los marqueses de Recaño, hoy alberga una cámara oscura que es una importante atracción turística.  El Gran Teatro Falla, construido en el siglo XIX y de estilo neomudéjar, que cada mes de febrero, se convierte en el templo del Carnaval.

Las grandes zonas verdes del casco antiguo de la ciudad son el Parque de Genovés y la Alameda Marqués de Comillas, o de Apodaca, con un entrañable ambiente decimonónico ideal para pasear en tardes otoñales y que albergan interesantes especies vegetales, monumentos y fuentes.
 
Varias iglesias barrocas con un importante patrimonio iconográfico, tales como la del Carmen, San Lorenzo, Divina Pastora, La Palma, San Juan de Dios, San Pablo, San Antonio, del Rosario, San Agustín, con mención muy especial a la catedral, que comenzó a construirse en 1722 y no acabó hasta 1838, visible desde el mar, es un templo único con una cúpula recubierta de azulejos amarillos que hace las veces de faro diurno cuando brilla al sol, el antiguo gobierno militar construido por Silvestre Abarca entre 1758 y 1759 con la finalidad de servir de vivienda a los ingenieros militares.  De estilo neoclásico, con fachada con pilastras, patio de columnas de mármol y una magnífica escalera con vidrieras e imponentes cuadros en los rellanos, hoy acoge salas de exposiciones temporales y permanentes, tales como el legado de Vasallo.

Edificaciones militares como las murallas de San Carlos, el baluarte de la Candelaria, de los mártires, o los de San Roque y Santa Elena que junto a la antigua torre de Mathé, forma las conocidas Puertas de Tierra.  Los castillos de San Lorenzo del Puntal, de Cortadura, de Santa Catalina o de San Sebastián, donde, según los clásicos, en éste último, se ubicaba el templo de Kronos, además, en su interior y sobre la base de una torre-atalaya musulmana se levanta el actual faro, de 1908, el segundo eléctrico de España, de estructura metálica y 41 metros sobre el nivel del mar.

Entre estos castillos, Santa Catalina y San Sebastián (el primero de Juan de Rojas de principios del s XVII y el segundo edificado años más tarde), se encuentra el antiguo Balneario de la Palma, edificio de principios del s. XX, de estilo ecléctico y sede actual del Centro Andaluz de Arqueología Subacuática, justo enfrente está el Antiguo Hospicio de Cádiz, construido en 1763 por Torcuato Cayón y a su lado el antiguo hospital de Mora, también de principios del siglo XX.

Esto es en pocas líneas el Cádiz monumental, aunque siempre se quedan lugares sin nombrar pero que de una u otra forma tienen cabida en otras entradas de este blog.


miércoles, 24 de septiembre de 2014

Mis articulistas preferidos: Mari Carmen García Franconetti


 Cádiz, queridos recuerdos, por Mari Carmen García Franconetti



Cuando mi familia compró la casa en Cádiz, allá por el siglo XIX, todavía teníamos mucho comercio con las últimas colonias. Era de  tres plantas, en la calle José del Toro, 24, (antigua calle de la Verónica), colindante con la calle Rosario. Teníamos cierros y balcones, una amplísima azotea, lugar de especial preferencia por el encanto y serenidad que me reportaba. Un lavadero rectangular con dos lebrillos de barro y refregadores de madera, algo gastados por el uso comprados en el popular Baratillo gaditano hace...¡Uf! (Cuando desembarcaron los fenicios en La Caleta, más o menos).



Las azoteas gaditanas son parecidas a las sevillanas , en tiempos pretéritos,  los "poyetes", son una especie de "muritos" bajos y anchos en que se dividen los tramos de la azotea. Teníamos numerosas variedad de macetas colgadas, preciosas. Mi madre, solía usarlos para "soleá" las ropas, poniendo piedras en las esquinas de las prendas para "blanquearlas" y la levantera no se las llevara y no usar la lejía, (ya estaba inventada la ecología).


Allí teníamos hamacas, búcaro, (botijo en finolis), mesita, etc. donde nos gustaba pasar buenos ratos . Las escaleras de acceso eran de madera, y yo de chica las fregaba todas las semanas con estropajos y jabón verde, el de toda la vida y olía a limpio.

Ahora os contaré cómo era el patio. Por aquellas calendas, al comprar mi antepasado la casa para casarse, el patio tenía diversas puertas, eran accesorias, (especie de almacén para las mercancías, por lo general), ya que debido al comercio de ultramar, allí se depositaban. No eran como los Patios Sevillanos, en aquél entonces. Pero al instalarse mi familia en la casa, modificaron ese uso y lo transformaron en un patio precioso: con dos aljibes de mármol blanco y tapadera gruesa de madera pintadas de color verde, con carruchas, (para sacar agua). La cancela de hierro forjado, muy artísticamente elaborada, con abridor de brillantísimo bronce. Pusieron unos enormes cálices de cerámica trianera y en ellos pilistras, jazmín, gitanillas y una gran palmera en el centro. Con asientos cómodos, mecedoras de rejillas y un gran sofá, una mesita para cuando tomábamos café con Pan de Cádiz, una delicia, 2 columnas por las que mi hermano y yo marineábamos cuando chicos, la cancela desembocaba en una amplia casapuerta, (zanguán en Sevilla). Las puertas de la calle, grandes y pesadas de madera y con un enorme cerrojo para seguridad nocturna.



Al estar en pleno centro de la ciudad, todo está a mano, Cádiz tiene ese encanto, entre otros muchos. Recuerdo que iba con mi madre a la "plasa",(Mercado de Abastos en finolis), por cierto, que se conserva toda la fachada original, que yo alabo la decisión. Desayunábamos los riquísimos tejeringos, (calentitos en Sevilla), de "La Guapa", que ya conocí mayor , pero activa y muy agradable en el trato, con la chispa gaditana que caracteriza a la buena gente de allí. El apelativo, no es casual. En su juventud ganó un concurso de mantones de Manila, celebrado en el Cortijo de los Rosales, (1945), por su belleza y de ahí el mote adecuado. Fue la reina de la masa frita, en sus tres versiones: churros o tejeringos de masa o papa y en tortillitas de camarones, aquella -"Espuma de mar frita"- que le dijo Pemán.



Son vivencias que jamás olvidaré, intensas y plenas de buenos recuerdos. Mi cariño por Cádiz no sorprenderá al seguidor habitual...Y llevo a gala al deciros que es mi segunda Patria Chica por sentimiento, la primera es Sevilla, por nacimiento y sentimientos.

La casa familiar tuvimos que venderla por el enorme costo que resultaba en seguir manteniéndola, con profundo dolor de mi corazón. Pero me dejó llena de recuerdos entrañables y el disfrute de un tipo de vida que no todos tienen la alegría y fortuna de haber conocido en unas de las ciudades más bonitas y con más historia de nuestro país...

miércoles, 3 de septiembre de 2014

La Perla de Cádiz. Cantaora gaditana

Antonia Gilabert Vargas, cuyo nombre artístico era 'La perla de Cádiz', nació el 9 de junio de 1925, en la casa número 28 de la calle Botica, y murió el 14 de septiembre de 1975, era hija del tocaor Juan Gilabert y la cantaora Rosa Vargas Fernández, Rosa la Papera. El 30 de julio de 1948 contrajo matrimonio con Francisco Torres Tejada, Curro la Gamba, en la iglesia de la Merced y de este matrimonio nacieron Francisco y José.

En 1959 después de participar en el Concurso nacional de cantes de Córdoba se le concede el Primer Premio de Bulerías y Alegrías. En 1960 debuta en Madrid, concretamente en el tablao Zambra junto a Manolo Vargas, Pericón, Juan Varea y Rafael Romero.  En 1961, se organiza el primer Concurso-Festival de Arte Flamenco de Cante, Baile y Toque, decide concursar y le conceden el primer premio especial de Bulerías. En 1962 obtiene el primer premio de bulerías del Concurso nacional de cantes de Jerez.

En 1964, su cante sonaba tanto en Madrid que la contrata Pastora Imperio y su yerno, Gitanillo de Triana, para su tablao El Duende y sus primeras actuaciones son publicadas en la prensa madrileña a toda página, los nombres de cuatro ases de oro del flamenco: Perla de Cádiz, Camarón de la Isla, Trini España y El Güito. Ese mismo año graba el disco Mi niño torero, con la casa Fontana.

En esa década de los 60, era una artista reclamada en los festivales más importantes dentro y fuera de Andalucía. Después de tres temporadas en los tablaos madrileños, interrumpe sus vacaciones de verano y actúa en el Cortijo de los Rosales en el verano de 1965, en la Velada de la Prensa y don Antonio Martín de Mora, le concede la Rosa de Oro. En septiembre de ese mismo año comparte cartel con el Brujo del Carnaval, Paco Alba, trío Los Jinetos, Porrina de Cádiz, Farina de Chiclana, Los Hombres del Mar, Guarino, Pablito de Cádiz, Niño de los rizos, en un evento denominado Gran Parada Gaditana.

En 1968, le conceden el Primer Premio del I Certamen de los Cantes de Cádiz. Un galardón que le entregó el gran cantaor Aurelio Sellé.

Dominó ampliamente los secretos del arte flamenco, aunque destacó por los estilos de su tierra (cantiñas, caracoles, alegrías, bulerías) y su excelente compás y maestría interpretativa. Una peña flamenca lleva su nombre en Cádiz.

No grabó una extensa discografía, pero la que dejó es de gran calidad y va ganando en la estimación de los aficionados a medida que pasa el tiempo.  Su voz fue una de las más bellas de mujer que el cante ha dado.

viernes, 6 de junio de 2014

Las azoteas de Cádiz


Las azoteas gaditanas siempre fueron un lugar con encanto, cobijaban tanta vida como las habitaciones que bajo ellas se escondían.  En Cádiz nunca hubo necesidad de construir casas con tejados, ya que no nieva; así que las viviendas de los gaditanos culminan en una azotea encalada y llena de macetas, aprovechando al máximo toda la zona habitable del edificio ya sean privadas o comunes.

Digamos que tenían establecidas dos funciones primordiales, una de ellas era alojar el lavadero, con sus lebrillos de barro o de zinc en lo alto de sus soportales de madera o mampostería, las tablas para restregar la ropa, los jabones, cubos y demás utensilios que se utilizaban para lavar la ropa de la familia.   Era un lugar comunitario, donde cualquier vecino o vecina podía subir y utilizar en el momento que lo necesitase.
  

El lavadero solía estar ubicado en una esquina, y a partir de ahí, por el resto de la azotea, se diseminaban los cordeles atados a las paredes o a algún que otro palo donde se tendía al sol la ropa limpia para que se secase.   Había que estar ojo avizor sobre todo en invierno cuando el cielo apuntaba lluvia, en el momento en que comenzaba a caer agua, se daba la alarma generalizada y toda persona interesada subía rauda las escaleras, generalmente de madera en su último tramo, para recoger la ropa propia y ajena, de forma solidaria.

En muchos lavaderos gaditanos encontraron su lugar de reunión aquellas viejas chirigotas que ensayaban entre sus paredes el repertorio que en tiempo de carnaval ofrecerían a la ciudad. También podían existir en ellas alguna torre mirador desde donde los vigías se esmeraban en ver llegar los barcos de las Américas y poder adelantarse a su atraque y preparar el trabajo de descarga.

Entre sábanas tendidas al sol, las azoteas fueron testigos mudos de niños jugando mientras sus madres se afanaban en la blancura y luminosidad de la ropa, también tendrían muchas cosas que contar acerca de amoríos adolescentes, o confidencias que luego se hacían públicas o no dependiendo de aquella personas que la protagonizaban.

La otra función de las azoteas era recoger el agua de la lluvia y encauzarla hacia los aljibes que había en los patios por medio de canalizaciones y tuberías, para ello, pasado el verano, los vecinos  trabajaban en limpiar y encalar suelos y paredes para que el agua fluyera lo más limpia posible, además, la primera lluvia no se aprovechaba y se dejaba chorrear por los aliviaderos hacia la calle.

Con el paso del tiempo, llegaron las lavadoras, y también el agua corriente a todas las casas, por lo que aquellas funciones dejaron no sólo de ser primordiales sino que desaparecieron, pero no así la azotea que siguió siendo una prolongación de las casas.


Los vecinos tenían ahí un lugar casi paradisíaco en el que se disfrutaba del sol en invierno, de la sombra en verano e incluso de los días nublados mientras que hubiese personas dispuestas a un rato de charla o a compartir en unos platos lo que tuviesen en su casa.

También se utilizaba la azotea para coser en grupo mientras se hablaba por ejemplo de los progresos de los hijos en el colegio, de amoríos conocidos, de discusiones en el mercado, o de lo que se compró en el almacén de ultramarinos a buen precio.  Algunas veces se aprovechaba para rezar el Rosario, o para hacer o ayudar en pequeños arreglos de utensilios caseros, incluso había quien tenía un pequeño palomar, o simplemente la usaban para convivir e incrementar todo lo posible la familiaridad vecinal. 

Ya más adelante alguna que otra muchacha coqueta que de niña jugó en ella,  se adelantaba al sol playero intentando coger algo de color en el rincón más discreto del lugar, mientras un nuevo elemento comenzaba a formar parte de la azotea: la antena de televisión.

Las azoteas no eran un espacio libre al cien por cien, tenían casi un aspecto laberíntico ya que el terreno se dividía con unos pequeños muros de una altura entre 50 y 100 centímetros que eran los remates de los muros de carga del edificio.   A esas pequeñas construcciones en Cádiz se le denominan "poyetes" y aunque físicamente dividían, los vecinos los aprovechaban para unirse aún más si podían, porque eran usados como improvisadas mesas, asientos, o para colocar macetas. Incluso comunicar con azoteas de edificios anexos, por lo que cualquier noticia no sólo corría por la calle sino que también lo hacía de azotea en azotea.  En algunas ocasiones, los patios eran protegidos por una estructura de armazón metálico cuadriculado y paneles de  cristal, llamadas monteras.

Las azoteas solían ofrecer buenas vistas, al mar de forma general, y si no, al cielo, desde ella los vecinos tenían la oportunidad de entrever si habría lluvia o buen tiempo, o de pronosticar el viento que comenzaba a soplar según el movimiento de la ropa tendida.

Hoy día, con la invasión tecnológica, las azoteas conservan mucho de sus orígenes, y siguen a la espera de acoger de nuevo la tradición gaditana forjada por tantos años de existencia.

lunes, 28 de abril de 2014

Mis fotos antiguas de Cádiz

Tres fotos antiguas de Cádiz, inéditas, realizadas en la calle Sacramento, y en las plazas de la Catedral y del Palillero, hechas a primeros de la década de los años cuarenta del pasado siglo XX por miembros de la marina mercante alemana.

Tamaño original 1208 x 1550



sábado, 12 de abril de 2014

Cádiz en Semana Santa.

¡Semana Santa gaditana! ¡que suenen las horquillas! ¡estamos en Cádiz!

domingo, 9 de marzo de 2014

Rosario Cepeda. Gaditana ilustre e inmortal

Rosario Cepeda nació en Cádiz el 10 de Enero de 1756.  Su padre, Francisco Cepeda, fue caballero de la Orden de Calatrava, Alguacil Mayor de la Inquisición y regidor perpetuo de la ciudad.   Su madre se llamaba Isabel Mayo.

Rosario Cepeda fue colaboradora en la prensa gaditana, socia de Honor y Mérito de la Junta de Damas de la Real Sociedad Económica Matritense, de la que también fué secretaria y también de numerosas sociedades culturales de su tiempo; fue regidora honoraria de Cádiz y, por supuesto, escritora y poetisa.  Murió en Madrid en 1816.

A la edad de 12 años, se hizo famosa entre sus contemporáneos por el resultado de un examen público. La preparó durante un año su preceptor, Juan Antonio González Cañaveras y en septiembre de 1768 fue examinada de Geografía, Gramática castellana y latina, Historia, Geometría y Francés.  Rosario disertó en griego, latín, italiano, francés y español, contestando a cuantas preguntas sobre las gramáticas respectivas se le hacían y a más de trescientas cuestiones sobre historia.   Recitó una oda de Anacreonte, tradujo una fábula de Esopo y explicó los Elementos de Euclides, fue la admiración de las personas que presenciaron estas pruebas. Fue la primera mujer nombrada regidora perpetua por el cabildo gaditano.

La demostración de capacidad de Rosario Cepeda en su niñez para aprender disciplinas y diversas materias científicas fue recibida por sus contemporáneos con admiración y su saber se exhibió como si de una rareza se tratara, ya que es un siglo en el que se inicia en España el debate sobre las capacidades intelectuales de las mujeres. También era frecuente que el acceso de las mujeres a la formación intelectual fuera minoritario y privativo a una aristocracia de sangre o de alta economía.   Rosario Cepeda no es una creadora, si no una mujer ilustrada que está presente en los foros culturales de su tiempo.  Como otras mujeres de su entorno social, se formó en música, baile y labores de aguja, pero ella además adquirió conocimientos en lenguas clásicas y modernas, Historia y Geometría, pero estos conocimientos no modificaron sus funciones de ama de casa instruida.

Se casó con el General Gorostiza que la llevó a residir en Madrid. Después de nacer su primer hijo, se trasladan a Madrid. Allí coge fama de mujer culta y Carlos III la elige para formar la Junta de Damas, anexa a la Real Sociedad Económica Matritense.  Cabarrús estaba en contra de la admisión de mujeres en dicha sociedad y Jovellanos a favor.    En 1787 fueron admitidas ella y trece mujeres mas, en un principio se ocupó de la educación, abrió la profesión de maestra a todas las mujeres (hasta entonces sólo podían ser las viudas), les fijó una asignación económica digna, y estableció un examen-oposición para obtener el puesto.

A su marido lo nombran gobernador de Veracruz en 1789, y la familia, desde el puerto de Cádiz marchan a México, allí nació su tercer hijo. Permaneció hasta la muerte de su marido, en 1794.   Rosario vuelve a España con sus tres hijos y se establece en Madrid, continúa en la Junta de Damas, y se encarga, además de la educación, al trabajo en las cárceles de mujeres y en las casas de niños expósitos.    En aquellas cárceles, tanto Rosario como la condesa de Montijo, se emplearon a fondo, por ello han sido calificadas como las precursoras de Concepción Arenal.

Rosario reforma la institución de la casa de los niños expósitos, reduciendo con ello la mortalidad de estos niños del 90 al 50%.   Redactó el Manual de Organización que funcionó en estas casas durante muchos años.

Godoy destierra a la condesa de Montijo y Rosario se pone al frente de la Junta de Damas.  Cuando Napoleón invade España, ella renuncia a su cargo, por lo que el indigno Fernando VII expulsa a los tres hijos de Rosario Cepeda a Francia y ella muere sola el 16 de Octubre de 1816 a la edad de 60 años.

El Ayuntamiento de Cádiz, en uno de los plenos celebrados en 1855 decide dedicarle a Rosario Cepeda una calle en la ciudad, que llega a nuestros días y que espero perdure para siempre.



Quiero con este pequeño artículo, recordar a toda persona que lo lea, la admiración que en su época tuvo Rosario Cepeda, ya que todo su trabajo lo hizo de manera desinteresada, honrada y honesta, también defendió los derechos de todos aquellos que no tenían voz a costa de vivir, ella y su familia, muy por debajo de como vivían otras familias de su estrato social.

lunes, 13 de enero de 2014

Los conventos gaditanos en el siglo XVIII

Los conventos gaditanos alcanzaron una gran actividad hacia la mitad del siglo XVIII debido a que en ellos, aparte de los miembros que formaban la propia comunidad, se alojaban aquellos religiosos que iban a embarcar hacia América.  

De ahí las grandes superficies que estos edificios tenían y que vieron reducidas sus dimensiones en las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX debido al avance urbanístico de la ciudad.

El convento de San Francisco tenía en su propiedad lo que hoy vemos, pero también incluía el actual edificio del museo arqueológico que hay a su espalda y la Plaza de Mina, que era la huerta.  También existía un convento de los franciscanos descalzos donde actualmente está el mercado central de abastos y el edificio de correos.   También han visto mermadas sus posesiones los conventos de los carmelitas, mercedarios, agustinos, etc.

Los frailes que venían destinados a misiones estaban hospedados en los conventos de sus respectivas órdenes a la espera de su formación, o del embarque.   El tiempo solía ser variable ya que hasta no estar los suficientemente preparados, no cruzaban el océano.

En los conventos gaditanos, en especial el de los dominicos, independientemente de la formación religiosa propia de la orden, se impartían clases que iban desde matemáticas, astronomía, agronomía, derecho, geografía, medicina, etc., todo ello a un nivel avanzado con el objetivo de que los frailes saliesen a misión lo más formados posible, aparte de ello, también era habitual que parte de la población pudiera acceder a estos centros religiosos que para los seglares no era más que un lugar de enseñanza.

Independientemente de los frailes y monjas que componían el censo de cada convento, existía en Cádiz a mediados del XVIII  una nutrida representación de la iglesia diocesana encabezada por su obispo, el dominico Tomás del Valle, que ejerció durante 45 años desde 1731 hasta 1776.

Para hacernos una idea de la importancia de los conventos gaditanos en esa fecha, valgan estas tres fotos realizadas a la maqueta de Cádiz (1777) por  mi amigo y maestro Manuel Llamas Baúza.  En la número 1 podemos observar tres conventos, con sus respectivos claustros. A la izquierda el convento de Sto. Domingo, en el centro Ntra. Sra. de la Merced y a la derecha Santa María; en la número 2, el convento de Santo Domingo desde un lateral donde se aprecia su grandiosidad justo al lado de la muralla; en la foto número 3, en el Campo del Sur, llamado entonces Muralla del Vendaval, existía el convento de los Capuchinos y la imagen nos enseña el edificio.


Para finalizar, un cuadro con la distribución de la numerosa comunidad religiosa gaditana a mediados del siglo XVIII.  En caso de no poder leer bien dicho archivo, se puede descargar a tamaño original de 760 x 1023.