Pasión por Cádiz

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Cádiz, Andalucía, Spain
"Ab origene one semper fidelis, in perpetuam, semper et ubiquem Gades. Qui poters capere, capiat"

miércoles, 6 de mayo de 2020

La detención del 'Infanta Isabel'

El 18 de marzo de 1918, a ocho meses de que terminase la Primera Guerra Mundial, ocurrió un desagradable incidente en aguas gaditanas.

A unas 300 millas de Cádiz emergió de improviso un submarino alemán,  el U-157, delante del trasatlántico español 'Infanta Isabel' de la empresa gaditana "Naviera Pinillos", que, aparte de pasajeros, llevaba variada carga general. La nave militar alemana, dio orden de detenerse y arriar escaleras para que una inspección abordara el barco español.


El llamado derecho de inspección otorgaba a las naciones beligerantes la potestad de detener y registrar los barcos de pabellón neutral para comprobar su documentación y el destino de la carga que transportaban en sus bodegas.

Subieron a bordo un grupo de oficiales, para comprobar que no había nada considerado sospechoso de contrabando de guerra, o cualquier tipo de material de especial interés para ellos. 

Después, al revisar la lista de pasajeros, detectaron en ella a tres militares uruguayos, que viajaban desde su país para visitar el frente aliado. Fueron invitados a firmar un documento en el que se comprometían a no tomar las armas contra las fuerzas alemanas, así como no aconsejar ni participar de manera directa o indirecta en ningún tipo de conflicto contra Alemania. 

La inspección fue bastante meticulosa y larga, tardaron más de tres horas en realizarla. Provocaron inquietud y molestias en el pasaje y un acusado retraso en la navegación del barco. 


domingo, 5 de abril de 2020

Manuel Pájaro Sancho. Ilustre capataz de la Semana Santa gaditana.

Magnífico día el del Domingo de Ramos para esta nueva entrada dedicada a otro gaditano inmortal como fue D. Manuel Pájaro Sancho. Capataz de capataces de la Semana Santa gaditana. Agradezco la colaboración de su hijo, José Luis Pájaro Llamas que ha ofrecido desinteresadamente esta biografía de su padre.


Manuel Pájaro Sancho nace en Cádiz, en el número 10 de la gaditana Plaza de España, el 1 de septiembre de 1914, a las ocho y media de la noche. Hijo de José Pájaro Blanco y de María de la Concepción Sancho Núñez, naturales de Cádiz, que contrajeron matrimonio en la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario en 1912. Sus abuelos paternos, Manuel y Herminia, eran naturales de Lalín (Pontevedra). Los abuelos maternos, Antonio y Regina, eran naturales de Cádiz.

Manuel recibió el sacramento del Bautismo de manos de D. José Amiguetti Rubiales, presbítero de la citada Parroquia de Nuestra Señora del Rosario el 7 de septiembre de 1914, siendo su madrina Doña María de la Gloria Madriñán y testigos Don Juan Torres y Don Manuel Sevilla, todos vecinos de Cádiz.


Cursó sus primeros estudios en el «Colegio del Centro», sito en la plaza de Jesús Nazareno. 

Ingresa en el ejército en el reemplazo de 1935, incorporándose el 1 de agosto, pasando al Regimiento de Artillería Ligera nº 4, con sede en Granada, con fecha 9 de noviembre de 1935, siendo destinado a la Primera Batería. En el momento de su ingreso en filas tenía la profesión de pintor. El 15 de diciembre de 1935 prestó promesa de fidelidad a la Bandera ante el Estandarte del Regimiento.

Fue herido en la Fábrica de Pólvoras del Fargue (Granada) el 31 de julio de 1936, sufriendo una herida por metralla que le provocó una herida en la región lumbo-sacra derecha y el estallido del riñón del mismo lado. Estuvo ingresado en el Hospital Militar de Granada, donde fue operado, practicándose una nefrectomía total derecha, dándosele el alta con fecha del 17 de septiembre de 1936, para ir con dos meses de permiso de convalecencia a su ciudad natal. El 1 de octubre, por oficio del Juzgado de Instrucción del Hospital Militar de Granada, se recibió testimonio en que consta que ha quedado útil para el servicio y apto para el trabajo.

Una vez de vuelta al Regimiento de Artillería Ligera nº 4 sufrió un reingreso en el Hospital Militar, al no tener curadas las heridas. El 3 de enero de 1937 fue declarado inútil total, por padecer una diabetes mellitus, y fue licenciado dos días después, marchando a Cádiz, fijando su residencia en la calle Arricruz nº 4. El 18 de marzo de 1937 ingresa de nuevo en el Hospital Militar de Cádiz por una insuficiencia renal postnefrectomía y fue dado de alta como curado el 27  del mismo mes.

El 31 de agosto de 1938 se le acredita como definitivo el Título de Caballero Mutilado Útil.

El 18 de agosto de 1939 ingresó en el Excelentísimo Ayuntamiento de Cádiz. El primer destino que tuvo en dicha institución fue como portero en el Colegio conocido entonces como «Grupo José Antonio Primo de Rivera», actual Colegio de Educación Infantil y Primaria «Santa Teresa», sito en la Avda. Duque de Nájera, donde estuvo destinado por un período de tres años. A continuación fue destinado, también como portero, al Colegio de San Severiano, durante otros tres meses. De allí pasó, ya de forma definitiva, a ser destinado como Conserje al por entonces denominado «Museo Histórico Municipal» (actual Museo Iconográfico de las Cortes y Sitio de Cádiz), lugar en que estuvo hasta su jubilación en 1981. Como reconocimiento a la laborefectuada en los años que estuvo al cargo de la conservación de la pieza fundamental de dicho Museo, la Maqueta de Cádiz encargada por Carlos III en el siglo XVIII, fue premiado en varias ocasiones por el Ayuntamiento.

En su despacho en la entrada del museo, Manuel tenía otro pequeño museo, de su propiedad: cuadros, diplomas y recuerdos de su andadura como capataz, además de numerosas fotografías de todos los Titulares de nuestra Semana Santa, presidiéndolo un gran cuadro del Regidor Perpetuo “El Greñúo”. 

Se le concedió la Medalla de Sufrimiento por la Patria por O.C. 18/3/1943 (D.O. núm. 84), sin derecho a pensión por la misma.

El 4 de mayo de 1947 Manuel Pájaro fue el encargado de llevar la cuadrilla que portó a Nuestra Patrona desde la S. I. Catedral hasta la plaza de San Antonio, para ser coronada canónicamente, en una ceremonia presidida por el Cardenal Segura, el Obispo de la Diócesis, D. Tomás Gutiérrez Díaz, el Padre Prior Fray Manuel Crespo y el Alcalde de Cádiz, D. Francisco Sánchez-Cossío y Muñoz.  


Fue nombrado Capataz Perpetuo de Nuestra Patrona, la Virgen del Rosario Coronada, en 1957.

El 9 de mayo de 1974 ingresa en el Benemérito Cuerpo de Caballeros Mutilados Permanentes de la Guerra, con el empleo de Sargento.

El cinco de mayo de 1972, con motivo de las Bodas de Plata de la Coronación Canónica de la Virgen del Rosario, Patrona de Cádiz, se le impuso por el antiguo Obispo de la Diócesis, Monseñor Antonio Añoveros Ataún, que en esa fecha ocupaba el obispado de Bilbao, la Medalla de Oro de la Stma. Virgen del Rosario Coronada, en una ceremonia realizada en la plaza de San Antonio. 

El dos de marzo de 1973, en reunión celebrada por la Junta de Gobierno de la Venerable Cofradía de Penitencia de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y María Stma. del Buen Fin, se acordó por unanimidad nombrarlo Hermano Predilecto de la Hermandad, siéndole entregada dicha distinción y la insignia de la Hermandad en un almuerzo celebrado en el restaurante «El Tablao» el 15 de abril del mismo año. El Hermano Mayor y Alcalde de Cádiz, D. Jerónimo Almagro y Montes de Oca fue el que le entregó la distinción y la insignia.


El 20 de octubre de 1973 le entregaron el nombramiento de Capataz Honorario del paso de la Stma. Virgen del Carmen, aprobado por unanimidad por el Cabildo de la Cofradía. 

El 8 de octubre de 1976 se le nombró Consiliario de la Venerable Cofradía de Penitencia de Nuestro Padre Jesús Nazareno del Amor y Nuestra Señora de la Esperanza.

El 24 de enero de 1991 fue nombrado Capataz Honorario de la Venerable Cofradía de Penitencia de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y María Stma. del Buen Fin, imponiéndosele la Medalla Pectoral el 23 de febrero del mismo año.

En 1989 se abrió un expediente para concederle la Medalla al Trabajo, realizándose una campaña de recogida de firmas, pero que no llegó a buen puerto. 

En marzo de 1990 la comisión del nomenclátor aprobó denominar la calle paralela a Velázquez y Goya con el nombre de Capataz Manuel Pájaro, inaugurándose en 1992.

Manuel Pájaro falleció el 9 de junio de 1996, día de Corpus Christi, cuando pasaba el paso de su querida Virgen del Rosario por las proximidades de la Clínica «Nuestra Señora de la Salud», donde pasó los últimos días de su vida. El sepelio se realizó al día siguiente con una misa en la parroquia del Carmen, presidida por el vicario general de la Diócesis, Enrique Arroyo, que concelebró con los sacerdotes José Antonio Fernández Zubigaray, Feliciano Ruiz y Juan Manuel Benítez. El féretro fue cubierto por la bandera carmelitana. Fue incinerado en el Cementerio Mancomunado de Chiclana de la Frontera.

Muchos y sentidos fueron los recuerdos en su memoria tras el fallecimiento. Una agrupación carnavalesca (Los paraos del 2000 y pico, pero el pico es poco) le rindió un homenaje al año siguiente, con un sentido pasodoble. 

En 1999, en el atrio del convento de Santo Domingo, se celebró una exposición homenaje, denominada Manuel Pájaro Sancho “Capataz de Capataces”.

Una vida dedicada a la Semana Santa.

Manuel Pájaro fue discípulo de Serafín López, más conocido por «El Peluquero», con el que comenzó siendo aguador a la edad de 15 años. Manuel no hizo sino seguir la tradición familiar, puesto que con anterioridad tanto su bisabuelo, como su abuelo, como su padre habían sido capataces. 

Al año siguiente ya estaba en el “pozo” y al palo como “izquierdo”. Así año a año Manuel llegó a conocer el léxico y las expresiones típicas del capataz. De estar en el pozo pasó a ser manigueta. De ahí pasó a ser ayudante y, en 1938, en el paso del Stmo. Cristo de la Misericordia, comenzó su labor como capataz de nuestra Semana Santa.

Manuel Pájaro puso en la calle las cofradías de Humildad y Paciencia, Borriquita, Santa Cena, Las Penas, Nazareno del Amor, Vera+Cruz, Misericordia, Piedad, Caído, Columna, Ecce-Homo, Cigarreras, Sentencia, Las Aguas, Caminito, Nazareno, Medinaceli, Oración en el Huerto, Afligidos, Sanidad, Descendimiento, Perdón, Dolores, Expiración, Siete Palabras, Santo Entierro y Buena Muerte. También cofradías de gloria, como Rosario, La Palma, Carmen, Merced…. 

Fue el primer seglar en dirigir la majestuosa custodia del Corpus. 
Manuel conocía la altura de las cornisas, los gálibos de la calle, el peralte de los bordillos y las distancias entre calzada y aceras; la altura de los anuncios luminosos del comercio, los tendidos eléctricos o telefónicos, las farolas que había que sortear entre varal y varal. 

Manuel no se conformó con ejercer en su capital y provincia; fue conocido y contactó con capataces de otras capitales andaluzas para dar a conocer y defender con serenidad y firmeza, sus técnicas, las técnicas gaditanas arraigadas en una tradición sin par.

Recibió y fomentó la escuela de Serafín López y fueron discípulos suyos Manuel Merello “El Rubio del Aceite”, José Berea, Antonio y José Canales, José Carrasco, Serafín Duarte, Serafín Ferreiro y su hijo, José Luis Pájaro. Manuel prácticamente no tenía ni que hablar para dirigir el paso: bastaba una mirada a sus maniguetas y un gesto para que éste transmitiera la orden al espejo y al resto del “pozo”. Siempre impecablemente vestido y nunca torcía el gesto. 

Tras su retirada, en la Semana Santa de 1977, Manuel, junto a su esposa Consuelo, ocuparon dos sillas en la calle Ancha para ver pasar los distintos pasos y era raro el capataz que no se acercaba y le dejaba el martillo para que Manuel “matara el gusanillo” y diera una buena “tirá”. 

Títulos y nombramientos honoríficos

1.       Capataz perpetuo de Nuestra Patrona, la Stma. Virgen del Rosario Coronada desde el año de 1958.
2.       Capataz honorífico de Nuestra Señora del Carmen Coronada.
3.       Capataz de Ciudad (único seglar que tenía tal honor).
4.       Capataz honorífico de la Archicofradía de la Santísima Resurrección de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna y Azotes y María Santísima de las Lágrimas.
5.       Capataz perpetuo de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo.
6.       Capataz perpetuo de la Hermandad de Nuestra Señora de la Merced, Copatrona de la Ciudad.
7.       Horquillero de Honor de la Santísima Virgen del Rosario, de la Ciudad de Granada.
8.       Cofrade distinguido de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y María Santísima del Buen Fin

Medallas de Cofradías.

1.       Medalla de Oro de la Patrona de Cádiz, la Santísima Virgen del Rosario Coronada.
2.       Medalla de Oro de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores.
3.       Medalla de Oro de la Archicofradía de la Santísima Resurrección de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna y Azotes y María Santísima de las Lágrimas.
4.       Medalla de Plata de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo.
5.       Medalla de Plata de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Piedad y María Santísima de las Lágrimas.
6.       Medalla de Plata de la Cofradía del Santísimo Cristo de las Aguas y Nuestra Señora de la Luz.
7.       Medalla de Plata de la Hermandad de Nuestra Señora de la Merced.


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jueves, 12 de marzo de 2020

El Meridiano de Cádiz

En 1717, además de trasladarse a Cádiz la Casa de Contratación y el Consulado de Indias, se estableció en la ciudad la Escuela de Guardiamarinas de la Armada. Cádiz brillaba cultural y económicamente. Todo lo que iba o venía de América pasaba por aquí. 

Al calor de este auge en 1753 el marino y científico Jorge Juan y Santacilia instaló en el antiguo Castillo de la Villa, en los alrededores del actual Ayuntamiento, un observatorio astronómico para la formación de los futuros marinos. El meridiano que pasaba por éste observatorio, conocido como "Meridiano de Cádiz", se generalizó rápidamente para la navegación de los buques españoles. 


En la época de la Ilustración, tener un meridiano, otorgaba a los países un gran reconocimiento internacional y un gran prestigio científico y marítimo. Todos los países avanzados tuvieron el suyo. 

Desde 1753 casi toda la cartografía naval española se empieza a referenciar al meridiano de Cádiz, que estuvo vigente hasta 1907. En millones de páginas de miles de diarios de navegación de ese largo periodo de tiempo se citaba a Cádiz cada vez que se escribía la posición de un navío.




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lunes, 10 de febrero de 2020

viernes, 17 de enero de 2020

Mis articulistas preferidos: José Mª Caravaca de Coca.

La visita de la fragata francesa 'Iphigènie' en 1888 y 1900.

Penas y alegrías en el Puerto de Cádiz. 

Artículo firmado por José María Caravaca de Coca. 

El año 1888, el 18 de octubre, entró en el puerto de Cádiz la fragata francesa 'Iphigènie', armada con 8 cañones, siendo su comandante Mr. J. Dupont informándose en la Prensa local, que procedía de Vigo, que había hecho la travesía en 3 días y que llevaba a bordo 500 tripulantes. Era este barco, desde 1886, el Buque Escuela de los aspirantes a Oficiales de la Marina de Francia, había sido construido este velero de tres palos en Brest en 1877, desplazando unas 3200 Toneladas y contaba con una máquina auxiliar de 550 CV. Por sus alumnos era conocido  como “la Iphi”.



Desde su llegada a Cádiz quedó fondeada la fragata en la Bahía y la mañana del aciago sábado 20 fue visitada por el Capitán General del Departamento Contralmirante D. Florencio Montojo y Trillo, acompañado por el Comandante de Marina CN D. Santiago Alonso y Franco. El buque, conforme al ceremonial marítimo, hizo los establecidos honores  al cañón produciéndose una desgraciada explosión.

La Prensa informó, al día siguiente, que había ocurrido “ayer a las dos de la tarde una catástrofe”. Y decía que “parece que el condestable o el cabo de cañón que disponía la carga, no cerró bien la recámara del cañón, y al hacerse el disparo fue despedida hacia fuera esa importante pieza…” En el relato se hablaba de los marineros franceses heridos y así informaba que Ives Borgue, quedó con el cráneo fracturado, un tal Vanel Antoinini con graves lesiones en el brazo izquierdo y Durant Durbin con quemaduras en los ojos. Se decía que “estos tres últimos fueron en camillas trasladados al Hospital de San Juan de Dios, adonde llegaron cerca de las cuatro acompañados por el médico del barco, Dr. Couteaud, el Capellán y un practicante”.

En el Hospital, el mismo día 20, falleció Ives Borgue, constando en la documentación que recibió el Santo Óleo.

También se ha podido localizar en dicha documentación que Vanel An-toinini, de 22 años, hijo de Vanel y Constanza, fue hospitalizado en la Sala de San José en la cama nº8 y su compañero Durant Durbin, hijo de Durant y Petra, de 24 años, en la misma Sala en la nº 10 y que estos permanecieron en dicho Hospital hasta recibir el alta médica el día 8 de diciembre de ese año de 1888.

Inmediatamente el doctor Don Cayetano del Toro, quien entonces era el Presidente de la Diputación de Cádiz,  en unión del también médico de la Hermandad de la Santa Caridad Rosendo Lombera. El herido se negó y ante ello se hizo llamar al Cónsul de Francia y este a su vez lo hizo al buque ya que era difícil entenderse con este marinero dado que hablaba en dialecto, patois decía la Prensa, y que expresó que prefería morir a que se le amputase un brazo. 

Al parecer, ante el personal del buque, hizo constar de manera reiterada su negativa continuando así hasta que al día siguiente al recibir la firme promesa de que le sería concedida una pensión de invalidez, consintió en la operación, que fue realizada por los médicos del Hospital junto al del propio buque.

En cuanto al marinero fallecido, también se ha localizado en la documentación del Hospital, la autorización dada por la Capitanía de Puerto de Cádiz firmado por el Teniente de Navío D. Federico López Aldázabal, para que se pudiese enterrar en el Cementerio de la Ciudad, lo que se hizo tras una Misa en la iglesia de San Juan de Dios el lunes día 22 de octubre y organizarse, a continuación, un sentido cortejo a pie por la dotación del buque de la Marina de Francia acompañados por la Armada Española. Se dijo, entonces, en las crónicas del periódico local La Palma que “este acto ha llamado mucho la atención, así como que el Capellán fuera rezando constantemente desde el Hospital al Cementerio sin levantar la vista del suelo. Así se ha honrado la memoria de un soldado francés. Tómese ejemplo”.

Finalizada la estancia en el Hospital de los marineros franceses heridos, el Cónsul de Francia en Cádiz, el Barón de Collongue, hizo dirigir un escrito a la Dirección de ese Hospital, el 12 de Abril de 1889. En donde a su vez decía que había elevado uno en Enero al Ministro de Marina de su nación dando cuenta de los “cuidados solícitos y desinteresados del Hospital de Caridad prestados a dos marineros del Crucero 'Iphigènie' que fueron gravemente heridos en octubre de 1888…”  

Al tiempo que informaba que “queriendo el Gobierno de la República Francesa dar al Hospital una prueba de su viva gratitud” había tomado la decisión de enviar hacia el Consulado de Francia en Cádiz  “un jarrón de las manu-facturas de porcelana de Sèvres, encargándome de ofrecerlo al establecimiento de Caridad…” lo cual, decía, haría en cuanto llegase a sus manos. 

Y así fue; el 26 de abril de ese 1889, junto a una efusiva carta en donde se exponía que era un “obsequio del Gobierno de la República Francesa al Santo Hospital … como prueba de gratitud…” le fue entre-gado al Hospital el jarrón de Sèvres que aún permanece en la Herman-dad de la Santa Caridad de Cádiz. Una bonita pieza de color azul, qui-zás por ser este el color de la Caridad…

Se escribió, con la 'Iphigènie', en esos momentos, una página de la Historia de nuestro Puerto, llena, en parte de tristeza por el accidente y qui-zás, en parte, de la satisfacción de haber podido atender a nuestros hermanos marinos visitantes ante la desgracia.

Pero la fragata 'Iphigènie' parece que contrajo una deuda de honor con la ciudad gaditana y así, cuando en 1900 realizó su último Crucero como Buque Escuela, incluyó a Cádiz entre los puertos para dar su último adiós.

Es interesante que en ese último viaje fuese a bordo el alumno de la Marina de Francia Aspirante a Oficial Charles Millot, quien sería conocido como Gervèse al alcanzar la fama posteriormente de dibujante e ilustrador en el país vecino, de tal manera que en 1921 fue nombrado Pintor de la Marina lo que fue hasta su muerte en 1959.

Recientemente se ha publicado en Francia un libro, cuyo autor es Jacques Schirmann, dedicado a ese último viaje de la 'Iphigènie' en donde se han incluido los dibujos, fotografías y relatos, como una especie de diario, que Charles Millot hizo durante todo el Crucero y en ella figuran los que realizó en su estancia en Cádiz.

El Parte de Vigía del 1º de Mayo de ese año de 1900, informó que el Buque Escuela 'Iphigènie' al mando de Mr. M. Mancaron, había fondeado esa mañana viniendo desde Punta Delgada, Islas Azores, en una navegación de 7 días.

El Aspirante Gervèse, llamémoslo así, incorporó en su Diario un croquis de la Bahía gaditana fijando el punto de fondeo así como en donde hacían, ya en el interior del muelle, los barqueos a tierra y, sobre todo, unas muy interesantes fotografías de la ciudad o de la propia bahía en donde incluso se ve la fragata 'Iphigènie', además de sus comentarios acerca de la ciudad.

Pero esta visita, el adiós definitivo a la Ciudad de Cádiz, tuvo su culmen, podríamos decir, en la fiesta celebrada a bordo que fue descrita con detalle por la Prensa de la época. El día 3 de Mayo se contaba que el Cónsul de Francia en Cádiz, entonces Mr. Gueyraud, había ofrecido una excelente cena a bordo del Buque Escuela “todo rociado con exquisitos Chambertin, Bordeaux y Champagne Cup” y era explícito en detalles acerca de la vajilla, candelabros y demás adornos. El tono festivo se manifestó también en que actuaron en el buque el cantante flamenco Niño de la Isla acompañado a la guitarra por el maestro Juan el Panadero. Pero la cosa no quedó solamente ahí sino que el propio Cónsul, decían las crónicas, “cantó las canciones bretonas más en boga, que fueron aplaudidas …” y que su esposa “acompañó al piano algunas quadrilles y valses bailados por muchas parejas” lo que hizo que se pasase “una no-che verdaderamente deliciosa y agradable”.

El Buque Escuela 'Iphigènie' dejó la Bahía de Cádiz en su última visita el 7 de Mayo de 1900 a las 10:15 con rumbo ONO, decía el Parte de Vigía. Sabemos por información sacada del libro antes mencionado que era Lorient el punto de destino a donde arribó el 12 de ese mes de mayo. Continuó el Buque Escuela su último Crucero de Instrucción hasta el día 21 de julio que finalizó en Brest. El día 4 de diciembre de ese mismo año de 1900 causó baja en la Marina de Francia.


Parece una casualidad que esa última visita de 1900 de la Fragata  Buque Escuela Iphigènie, después de la dolorosamente realizada en 1888, vuelva ahora a cobrar actualidad con la publicación de este libro que nos lleva a constatar lo que siempre ha sido la Ciudad de Cádiz hacia los hombres del Mar vengan de donde vengan, en las alegrías o en las tristezas.


lunes, 16 de diciembre de 2019

Las torres miradores de Cádiz


La torre mirador es un elemento característico y singular de la arquitectura gaditana del siglo XVIII, aunque algunas de ellas fueron construidas un poco antes: El último tercio del XVII. Su función primordial fue la observación del tráfico marítimo, comercial y militar, que entraba y salía de la ciudad por mar.

Eran los comerciantes asentados en Cádiz los que principalmente utilizaban estas atalayas que se hacían construir en las azoteas de sus casas. Desde ellas, controlaban los barcos que esperaban desde las Américas para comerciar con las mercancías que desde allí llegaban. 


De igual forma, las torres se convertían en una seña de identidad de Cádiz, junto a los cañones esquineros, guardacantones y barras de zócalos. Todo ello era lo que más le llamaba la atención a los viajeros que arribaban a la ciudad, cosa que sigue repitiéndose en la actualidad. 

Era la época más próspera de la ciudad, en sus calles se asientan comerciantes de todo tipo y nacionalidad: genoveses, franceses, flamencos, ingleses e irlandeses.

Puede calcularse que, a finales del siglo XVIII, había unas 160 torres de las que en la actualidad, quedan algo más de 130. Aunque, afortunadamente, muchas de ellas están plenamente restauradas y otras aún esperan volver al esplendor de antaño.

Básicamente, hay cuatro tipos de torres miradores, aunque hay excepciones. El tipo "de garita" es la más usual y tiene planta cuadrada. En la parte más alta lleva una pequeña construcción llamada garita, generalmente de planta octogonal. Con pequeños ventanucos y rematada en el techo con una cúpula. En ella se guarecía el vigilante del viento, la lluvia o el sol. 




Otra torre mirador es la llamada "de terraza", la cual era como la anterior descrita pero sin el elemento de la garita. Por lo que la vigilancia se hacía generalmente a la intemperie. Suele estar construida alineada con la esquina de la fachada principal. 





La torre mirador de terraza más conocida es la Torre de Tavira, que era la oficial del puerto de la ciudad desde 1778, sus vigilantes llevaban el registro pormenorizado de todo el tráfico marítimo. 

Esta torre se puede visitar en la actualidad, erigida en el punto más alto de Cádiz (45 m sobre el nivel del mar), dispone de una cámara oscura y una extraordinaria vista de toda la bahía gaditana.

El siguiente estilo a tratar es la "de sillón". Como la anterior, también es de planta cuadrada, con dos o tres alturas, a la que se le suma una más que ocupa la mitad de la superficie de la base de la torre formando una especie de pretil. 

También se vigilaba al descubierto, sin refugio contra el mal tiempo. Era la única que podía tener acceso por una escalera externa. Se llama de sillón porque, de lejos, la figura resultante parecía semejarse a una silla. 

El último diseño de torre mirador más corriente, era la llamada "mixta", que era una mezcla de una garita en la de estilo "de sillón". Así se lograba refugiarse de las inclemencias meteorológicas y a la vez, conseguir algo más de altura. Otras, tenían un cerramiento completo con una montera. 

La excepción a estos estilos está en la llamada "Bella escondida", se trata de una construcción de planta octogonal, alzada en cuatro niveles. Con pilastras, columnas y balcones. Tiene decoración geométrica policromada. Parece tener inspiración mudéjar. Todo ello le da una belleza única, que no puede verse desde ningún punto de la calle. Hay que buscarla en un bonito juego de escondite, entre el resto de edificaciones, a una altura conveniente desde otra torre o azotea.

Otras construcciones curiosas puede ser la llamada "Casa de las cuatro torres", construída por Juan Clat "Fragela", un comerciante nacido en Damasco en 1656, que construyó dicho edificio en la Plaza de Argüelles. Burlando una prohibición que impedía construir una torre mirador por casa, hizo cuatro casas anexas en la misma manzana. Edificando una torre (de garita) en cada esquina.

A su lado, la también espectacular "Casa de las cinco torres", cuya historia está en el enlace de su nombre.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Mis fotos antiguas de Cádiz

Una fotografía antigua de Cádiz, tomada en el comienzo de la Cuesta de las Calesas, junto a las Puertas de Tierra. Mediados de la década de los sesenta del pasado siglo XX.


martes, 22 de octubre de 2019

La Plaza de Candelaria

En la baja Edad Media había en este mismo lugar una ermita, llamada "de los moriscos". En torno a ella, se fundó a finales del siglo XVI el llamado Convento de la Candelaria para la Orden de las Agustinas. 

Durante el gobierno de la Primera República, concretamente en 1873 y siendo alcalde de la ciudad Fermín Salvochea, dicho convento fue derribado no sin polémica ya que el principal motivo que se argumentó era el de su estado ruinoso, aunque parte de la sociedad gaditana de la época, acompañada de los representantes de la iglesia diocesana con el obispo Fray Félix María de Arriate y Llano a la cabeza, lo rebatía incluso con manifestaciones. 

La propiedad del solar, de planta trapezoidal, siguió siendo de la Orden Agustina, hasta que en 1879, siendo alcalde José Morales, el municipio lo adquirió y pasó a ser propiedad pública y destinada a plaza ajardinada. Denominándose Plaza de Castelar en un principio por haber nacido en el número 1 de dicha plaza el político y orador gaditano Emilio Castelar, novelista, escritor y ensayista. Presidió la República Española en septiembre del año 1873. En dicha casa, hay una lápida conmemorativa desde 1904.


Como curiosidad, el Teatro Circo Gaditano tuvo su sede en dicho lugar hasta 1884, año en el que el alcalde José Ramón de Santa Cruz ejecutó su reforma con la planta que conocemos en la actualidad. 

Aunque en el centro de la plaza existía una pequeña fuente ornamental de mármol que fue desplazada a un lateral cuando se erigió en su lugar el monumento a Emilio Castelar. Dicha estatua fue una iniciativa del alcalde de ese momento, Luis José Gómez de Aramburu, realizada por Emilio Barrón y fundida por los Talleres Arias de Madrid en 1905. Fue inaugurado el 5 de octubre de 1906 por otro ilustre político gaditano: Segismundo Moret. 




Bordea la plaza una serie de notables edificios entre los que destacan en el número 6 una muestra única de la llamada "arquitectura del hierro y cristal", actualmente sede de Bienestar Social de la Junta de Andalucía, en sus techos existen frescos al óleo alegóricos a las cuatro estaciones. El edificio que alberga el Café "Royalty", o la llamada "Casa Oviedo" en el número 15, antigua sede del Asilo Gaditano y del Banco de Cádiz, que es un palacete reformado al estilo isabelino por Augusto Pajares en 1875. En la casa que había anteriormente en ese lugar vivió durante años el llamado libertador chileno Bernardo O´Higgins.


Pulsar en las fotos para ampliar. 

miércoles, 11 de septiembre de 2019

El ataque a Cádiz de Nelson y Jervis.

Un ataque menor a Cádiz, que no puede considerarse como asalto, aunque también modificó el tráfico de mercancías en la ciudad, sobre todo el marítimo fue el que la ciudad sufrió, en forma de bloqueo por mar, después de la derrota de la Batalla del Cabo de San Vicente, que fue un combate naval que se desarrolló el 14 de febrero de 1797 frente al cabo de San Vicente, en el extremo occidental de la costa portuguesa del Algarve.

Días después de terminada dicha batalla, el Contraalmirante Horatio Nelson, bombardeó la ciudad, intentando de esta forma obligar a la flota española a salir a enfrentarse nuevamente en combate naval a la escuadra comandada por el Almirante británico John Jervis. Seguidamente, bloquea la Bahía de Cádiz, impidiendo el tráfico marítimo de mercancías y viajeros con el objetivo de ahogar la economía de Cádiz y por ende la del país en una zona de elevada importancia estratégica y económica. 







Bajo el mando del Capitán General del departamento de Cádiz, José de Mazarredo Salazar Muñatones y Gortázar, se organiza la defensa de la ciudad. Contraatacando a las naves británicas con embarcaciones ligeras y lanchas cañoneras, además de la artillería establecida en los diferentes baluartes. 

Fueron capaces de dañar la escuadra que sitiaba la bahía, hasta tal punto que nunca fueron capaces de culminar el asalto de Cádiz tal como ocurrió en 1596 o 1625



A primeros del mes de julio, concretamente del día tres al cinco de julio, la escuadra sitiadora, bombardea la ciudad con el objetivo final de allanar las defensas e intentar un último asalto. 


En un primer bombardeo, se pertrecha el navío británico "Thunder" al mando del Oficial Teniente Gourly, junto a varias cañoneras y navíos ligeros, todos ellos comandados por Horatio Nelson, posicionados frente al Castillo de San Sebastián, comenzaron el cañoneo. Luego se sumaron los navíos "Goliat", "Terpsichore" y el "Fox". Desde la defensa española, se responde con una pequeña flota mandada por el Capitán General Federico Gravina y Nápoli, que es derrotada por los británicos, apresando una lancha al mando del Teniente Juan Tyrason, las víctimas, entre prisioneros y víctimas, superan el centenar. El anochecer y la lucha de la flotilla española impidió la primera tentativa de asalto.

La noche del cinco de julio, Nelson decidió otro ataque a Cádiz, los navíos británicos "Terror", "Strombolo" y de nuevo la nave "Thunder", reforzándolas en segunda línea de fuego los barcos "Terpsichore" y "Emerald", consiguiendo mucho mayor daño en la ciudad y en la escuadra española, sobre todo en aquellos barcos que no consiguieron levar anclas y adentrarse en el saco de la bahía gaditana. 

Las lanchas cañoneras españolas y la artillería de costa, combatieron desigualmente contra la flota de Nelson y mantuvieron a Cádiz libre de otro asalto, logrando también poner fuera de combate varias embarcaciones británicas. 

Pasados estos enfrentamientos, el grueso de la escuadra que sitiaba la ciudad levantó el cerco, "por el viento del este" y partió hacia el Reino Unido. Aunque dejaron barcos bloqueando la bahía con el objetivo de impedir el tráfico marítimo entre España y las colonias de Iberoamérica. 

Los británicos también comenzaron a merodear las plazas americanas españolas con los entonces denominados barcos con patente de corso al servicio de la corona británica.


Bibliografía: "La artillería española en el sitio de Cádiz". Vicente Pérez de Sevilla y Ayala.

lunes, 5 de agosto de 2019

Cádiz desde el aire. Verano de 2019.

Un vídeo de la ciudad de Cádiz, tomado desde un helicóptero de la Armada. A finales del mes de julio o principios de agosto de 2019. 

Desconozco el autor del mismo, me gustaría saberlo para poder nombrarlo. Si lo conoces, coméntalo abajo. 





viernes, 5 de julio de 2019

El secreto mejor guardado del Museo de Cádiz

Como aportación extraordinaria en este blog, debido a la importancia del artículo, copio y pego íntegramente un artículo publicado en el "Diario de Cádiz" el día 5 de julio de 2019.  Dicho escrito está firmado por Virginia León. 

https://www.diariodecadiz.es/cadiz/Dama-Cadiz-hombre-sarcofago-masculino-mujer_0_1369963555.html

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La Dama de Cádiz era un hombre y el sarcófago masculino, una mujer.

Dos exdirectores del Museo de Cádiz confirman esta información que nunca se reveló.
Parece que los enterramientos no representaban a los difuntos, sino que dependía de las posibilidades de su uso en el momento que alguien fallecía.

A un año de cumplirse el 40 aniversario del hallazgo sarcófago fenicio femenino se confirma la leyenda de que la Dama de Cádiz, el espectacular enterramiento que fue descubierto en la calle Ruiz de Alda generando una gran revuelo en todo Cádiz, era de un hombre. Nada hacía presagiar aquel 26 de septiembre de 1980 que bajo el bello y sereno rostro esculpido probablemente en el mismo taller que manufacturó el del sarcófago masculino, yacía el esqueleto de un hombre, a juzgar por la robustez de su estructura ósea. 


Así lo anuncia a este medio Antonio Álvarez, a raíz de las declaraciones vertidas hace unos días en un programa de televisión de Onda Cádiz, Zona Historia, que reunió a algunos de los protagonistas que fueron testigos de aquel momento histórico en nuestra ciudad. Entre ellos el entonces director del museo y director de la excavación, Ramón Corzo y el arqueólogo Francisco Blanco.Según sus propias palabras, “me había dedicado a estudiar los restos óseos y el difunto que se enterró era un hombre, con un esqueleto muy robusto”. “En antropología física hay cosas muy dudosas  –añadió–,  pero recuerdo las apófisis mastoides, una especie de manitas que salen del hueso temporal y que articulan el esternocleidomastoideo, que es el músculo que mantiene el cuello en su sitio”.

Así, Antonio Álvarez, entonces arqueólogo colaborador y posteriormente director del Museo, hizo referencia explícita a que “era un gran cuello, la apófisis mastoides era enorme, muy robusta, y esto se veía en todas las inserciones musculares”. Hizo también referencia al “trocante del fémur, en la pelvis, que es donde se inserta el glúteo medio, que indicaba que esa persona tenía una capacidad física extremadamente fuerte. Ningún antropólogo duda del diagnóstico del sexo si no hubiese sido porque el sarcófago tenía en la tapa labrada una señora”, dijo.

Un informe que él mismo elaboró tras la limpieza del sarcófago –que duró un mes– y que también ha confirmado cuarenta años después el que entonces era director de la excavación y del propio Museo de Cádiz, Ramón Corzo. “El estudio de Antonio era bastante claro y, además, lo avalaban y compartían médicos como el catedrático de Historia de la Medicina Antonio Orozco y, después, el presidente de la Academia de Medicina y de la Hispano Americana”. Era tan claro como que los restos del sarcófago masculino pertenecían a una mujer, lanza Corzo.

La sorprendente declaración  también la suscribe el propio Álvarez, que asumió el estudio del esqueleto del sarcófago masculino, que fue hallado casi un siglo antes y del que dedujo que era una mujer. “Podía tratarse de una personalidad robusta en una mujer en el caso del femenino o un hombre delicado, en el del masculino, pero es que en este caso tenemos los dos extremos”.

De hecho, el masculino respondía a una persona con “el cráneo redondito, la apófisis mastoidea pequeña, de modo que cualquier antropólogo físico diría que es una mujer”. Lo que viene a confirmar que “lo importante no eran los sexos esculpidos en la tapa, sino el viaje a la divinidad” de estas importantes personalidades, cuyos ritos funerarios eran dignos de las más altas esferas de la sociedad fenicia. 

¿Por qué no trascendió?

Aquel minucioso estudio que llevó varios meses se realizó justo tras el hallazgo, pero la verdad es que nunca trascendió ni lo ha hecho de forma oficial a la prensa ni a la opinión pública durante estos cuarenta años, más allá de la leyenda que lo aireaba.


Algo que hoy día sorprende teniendo en cuenta el fundamento científico y de estudiosos que lo respaldaban, pero que brevemente saldrá a la luz al hilo de los estudios que están a punto de realizarse en los restos óseos de ambos sarcófagos. Ante esta cuestión Ramón Corzo responde que “entonces no le dimos importancia a este dato, ni hubo ningún interés en no decirlo”.

Narra el experto, que de los cerca de 200 sarcófagos que se conocen y que fueron descubiertos en Sidón “apenas hay estudios antropológicos que yo conozca, así que me inclino a pensar que tenía más que ver con las posibilidades de utilización del sarcófago en el momento que alguien fallecía”. Es decir, “se encargaban y tardaban en llegar, y si fallecía alguien y había un sarcófago disponible, pues se utilizaba”, señala restando importancia a los sorprendentes datos recién revelados.
Por su parte Antonio Álvarez añade que estos sarcófagos no trataban de representar a los difuntos, “sino a un riquísimo elemento de enterramiento”. “Tú lo pedías a Sidón o a un taller local y te llegaba lo que te llegaba”, explica. Hipótesis que toma más fuerza con los dos sarcófagos de Cádiz, pues en ninguno coinciden los sexos esculpidos en la tapa con los del fallecido, por lo que entiende que eso no era lo importante, “sino el propio viaje a la divinidad”.

En cualquier caso, nunca se difundió a las claras esta noticia, y “la realidad es que no hubo ningún interés en no decirlo, más bien no se creyó que fuera destacable en aquellos tiempos”, asegura Ramón Corzo. De hecho, hace mención a momentos que fueron cruciales para la historia de Cádiz, “pues en aquella época se descubrió la escultura de Trajano en Baelo Claudia, el sarcófago fenicio femenino, el Teatro Romano y muchos enterramientos”.

Puede que la verdad hubiera eclipsado el mágico hallazgo en el solar de Ruiz de Alda, cuando el maquinista que tuvo la suerte de toparse con los sillares que cubrían el sarcófago expresó aquello de: “Esta sí que era una mujer guapa”, según contaba a este diario Ramón Corzo al hilo del 30 aniversario del hallazgo. Un descubrimiento sin precedentes en el siglo XX en Cádiz y de gran relevancia a nivel mundial, sólo comparable al de su compañero de viaje en la tierra, en el propio Museo, el del antropoide masculino, descubierto en Punta de Vaca en 1887, y que venía a cerrar la historia ya convertida en leyenda de la anhelada búsqueda de Pelayo Quintero, que nunca la encontró, y que ‘casualmente’ apareció justo debajo de su chalé.

El ‘cambiazo’ del masculino.

Antonio Álvarez no sólo fue la persona encargada de estudiar el esqueleto del hombre de la Dama de Cádiz, sino de la mujer que contenía el sarcófago masculino. Fue entonces testigo de la pérdida y feliz encuentro del esqueleto perteneciente al sarcófago masculino. Él mismo procedió a su vaciado en los años 80, aunque por aquel entonces extrajo del sarcófago un esqueleto que no pertenecía a su verdadero dueño, contó a este medio en un encuentro mantenido por el 125 aniversario de su descubrimiento. 

El origen de la también inaudita anécdota es que “en uno de sus múltiples traslados se produjo la ruptura del cráneo, lo que llevó al cambiazo del esqueleto allá por los años 20”.

No desveló Álvarez el nombre del impulsor de semejante idea, aunque reconoció que un buen día fue analizado y localizado en el Museo el esqueleto del verdadero fenicio originariamente enterrado. “Francisco de las Barras fue el encargado de realizar el estudio antropológico en 1917”, dijo. Si bien este Diario se hizo eco del primer estudio científico del esqueleto a cargo de Manuel Sánchez Navarro en febrero de 1890. Hablaba entonces de un hombre de aproximadamente 1,65 cm, de poca altura y de las altas esferas. 

Casi un siglo más tarde, Álvarez supo que no era un hombre de poca altura, sino una mujer.