Pasión por Cádiz

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Cádiz, Andalucía, Spain
"Ab origene one semper fidelis, in perpetuam, semper et ubiquem Gades. Qui poters capere, capiat"

sábado, 5 de diciembre de 2020

Mis articulistas preferidos: Antonio de los Ríos Ruiz.

 Don Gonzalo. Profesor del Colegio San Rafael, también conocido como "El Grupo".

Don Gonzalo vendía tortas en vez de darlas. A diferencia de otros maestros no utilizaba la violencia para que aprendiéramos. En el 71, en 1.971 (que tampoco estamos hablando de los romanos) lo suyo era que te dieran un bofetón si no sabías, imbécil de ti, que 9x4 eran 36 o 38, que ya ni me acuerdo, ¡me dieron tantas!

Un reglazo en la mano abierta si tampoco sabías quienes eran los Reyes Católicos. ¿Reyes Católicos?, los demás que eran, ¿ateos? Que te humillaran de cara a la pared con los brazos abiertos y con varios libros haciendo contrapeso, era lo habitual.


Don Gonzalo era diferente.  Era persona amable, cercana y didáctica. Era canoso con apenas 50 años, lo que yo intuía como persona sabia.  El paso del tiempo me confirmó que no estaba equivocado. No siempre los sabios han sido reconocidos y las más de las veces las han pasado canutas. 

¿Cuántas veces habremos escuchado aquello de “pasa más hambre que un maestro de escuela”? Yo no sé si en la casa de don Gonzalo pasaba lo que en la mía; que según mi madre no se pasaba hambre, se pasaba “necesidad”.

Don Gonzalo debía tener esa necesidad, y sobre todo debía alimentar, además de a su mujer, al menos a un par de hijos a los que yo luego me fui encontrando por la vida. No le llegaría con el mísero sueldo de un maestro. Así que el buen hombre se hizo representante de tortas. A la hora del recreo los alumnos de las demás clases del “Grupo Escolar Miguel Primo de Rivera”, "El Grupo" para los amigos, acudían a comprarle tortas a don Gonzalo. Y cuando terminaba su jornada escolar iba por las tiendas vendiendo su mercancía.

Mira si era sabio que mató a dos pájaros de un tiro: Inventó una fórmula para que los alumnos aprendiéramos jugando y compitiendo por un premio a base de tortas.

Consistía en que cada alumno diera una cantidad nimia y con el montante se compraban 3 docenas de tortas (de polvorón, de aceite, …) Tres docenas de tortas que don Gonzalo vendía y así obtenía su beneficio. Poco, o casi nada.

Luego se configuraban 4 equipos del total de alumnos de la clase. Iban eligiendo a cada componente los 4 capitanes, que eran los 4 mejores de la clase. Por turnos, como cuando elegíamos en el recreo a los integrantes del equipo de fútbol. 

Una vez hechos los equipos, empezaba el concurso, don Gonzalo iba alternativamente haciendo a cada equipo preguntas diversas. De geografía, de literatura, de matemáticas, etc.  En el equipo se consensuaba la respuesta; y así íbamos puntuando. No era baladí el tema. Los capitanes se lo tomaban muy en serio, de manera que a cada jugador se le asignaba un temario:

- "Fofi, tú te encargas de la historia, que se te da bien; Joaqui, lo tuyo son los quebrados ¡prepáratelos! Manolo, repásate la ortografía que nos estamos jugando tres docenas de tortas". 

El equipo campeón se las llevaba.  Pero don Gonzalo no tenía el don solo por cortesía, lo llevaba porque se lo había ganado; así que a los que perdían, según él a los que no ganaban, les daba una torta a elegir (seguro que al final le costaba el dinero). Era mucho mejor ver a un niño sonreír que a uno llorando. 

De don Gonzalo aprendí a diferenciar hay, ahí y ay, con una regla perfecta dentro de una frase: “Ahí hay un hombre que dice ¡ay!”.  Me enseñó los decasílabos, a los que todavía hoy no les he encontrado la utilidad. Aún no le he encontrado el "queo". Pero bueno, ¡ya se verá! Se agradece, don Gonzalo. También intentó, sin éxito, adiestrarme en el uso de “si no”; de cuándo va junto y de cuándo va separado.  Me equivoco casi la mitad de las veces. La culpa es mía, que no doy más de mí.


Con don Gonzalo mi historia continuó. En 1971 se conmemoraba el bicentenario de la intervención de un niño de San Ildefonso en los juegos de azar, en la lotería primitiva. Luego vendría la moderna que fue creada en Cádiz, cuando éramos la capital del reino en 1812. Pero en aquellos tiempos de 1.771 se utilizaba a los huérfanos del Colegio de San Ildefonso como mano inocente para extraer las bolas o números de la suerte. 

Con motivo de ello la Sociedad Estatal de Loterías y Apuestas del Estado invitó a escolares de cinco ciudades españolas que habían tenido que ver con la lotería a una semana de estancia en Madrid, con actividades, excursiones y por supuesto un sorteo especial en el que nosotros fuimos los encargados de sacar las bolas. Cádiz era, por lo que decía antes, invitada obligada.



También estaba Burgos, Barcelona, Sevilla y Valencia. Y tuvimos la suerte que entre todos los colegios de Cádiz (¿tendría que ver que nos llamáramos por aquel entonces Grupo Escolar Miguel Primo de Rivera?) eligieran al nuestro. Y más concretamente al curso de 7º (que entonces la EGB ni existía) y concretando concretando, me tocó a mí y a dos más. Acompañados, eso sí, por un profesor: don Gonzalo.

Él a un hotel y nosotros al Colegio.

Y allí estuvimos, en San Ildefonso, durante una semana conviviendo y departiendo risas por la mañana, patadas en el recreo y batallas de almohadas y salivazos por la noche con nuestros amables anfitriones los “difíciles huérfanos” del colegio que desde aquel lejano 1.771 reparte la suerte. 

Lo mejor de cada casa; la que no tenían. ¿Me explico? Aun así, pasado el tiempo, lo recuerdo con cariño y, como no podía ser de otra manera, estoy encantado de que me tocase esa lotería. Para un chaval de 12 años, que lo más lejos que había ido era a casa de su abuela a Chiclana, ir a Madrid, visitar El Escorial, El Prado e incluso dada la época (y como no podía ser de otra manera), El Valle de los Caídos, era y fue una experiencia formidable.

Muchos años después la suerte se repitió e hizo que la hija de don Gonzalo fuese la maestra de mi hijo Antonio. Su apellido no era común, así que le pregunté si era hija de quien yo suponía y si su padre aún vivía. Me dijo que sí a las dos y dupliqué así mi alegría. Elevarlo a la tercera potencia fue obra de don Gonzalo que, cuando fue informado de la coincidencia, tuvo el detalle de devolverme, a través de su hija, una redacción que yo hice en aquel curso 70/71. 

La redacción, vista hoy, era pésima; pero lo que no tenía precio, porque solo lo tienen las que cosas que no son importantes, era que aún la guardase.

Su hijo también se cruzó en mi vida y fue durante mucho tiempo el ginecólogo de mi mujer. Pero eso ya no me hizo tanta gracia.

A DON GONZALO DE MIGUEL. MI MAESTRO.

Antonio de los Ríos Ruiz.

martes, 10 de noviembre de 2020

La capilla de los franceses

 


Es poco conocido por parte de la ciudadanía de Cádiz la existencia de un lugar de culto propiedad de un país que no es España, si no de la República de Francia. 

Se trata de la llamada "Capilla de los franceses" un magnífico rincón a la derecha, según se entra, del altar principal del Convento de San Francisco y del que la República Francesa es propietaria y responsable de su mantenimiento.



Aunque ya había sepulturas que atestiguan su existencia en 1675, fue reformada por orden del Cónsul General de Francia, Pierre Nicolas Panthiet en la década de los sesenta del siglo XVIII, concretamente en 1762 para atender a la numerosa colonia de franceses afincados en la ciudad.



Preside el altar un crucificado proveniente de México y a su lado la Virgen María y San Juan. Como imágenes, talladas por Pedro Roldán, principales están San Luis de Francia (St. Louis) que reinó como Luis IX (Nace en 1214, muere en 1270 y fue canonizado en 1297 por Bonifacio VIII) y a cada lado, los también santos franceses San Dionisio (St. Denis) y San Remigio (St. Remi).



En un lateral del altar, hay una lápida en la que puede leerse (sic):

ESTA CAPILLA LA BOVEDAS SEPVULTURAS Y DEMAS DE SUS PERTENENCIAS SON DE LA NACION FRANCESA, DE TIEMPO INMEMORIAL: SEGUN MAS INDIVIDUALMENTE SE EXPRESA, EN ESTA ESCRITURA QUE EN EL ASSUNTO DE DHAPOSESSION O DOMINIO - V EL QUASI OTORGO EL REVMO. PE. GAN. Y SUS RELIGIOSOS DE ESTA VENERABLE COMMUNIDAD EN 30 DE AGTO DE EL AÑO 1726 POR ANTE DÑ. MIGL. FRNZ DE OTAZS SNO DEL NO SE RENOVÓ Y ADORNO EL AÑO 1762 A EXPENSAS DE DICHA NACION







Fotos: José Luis Varela. 

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miércoles, 14 de octubre de 2020

Entrevista a Paco Alba. 1958

 

En las correspondientes "Fiestas Folklóricas Gaditanas" de 1958, luego llamadas "Fiestas Típicas Gaditanas" que en realidad fueron el sustituto de aquellos Carnavales prohibidos durante la dictadura del General Franco, el periodista Francisco Matallana, entrevistó a un protagonista de la época que estaba en plena efervescencia: Paco Alba. 

Reproduzco unas preguntas quizás poco conocidas por todos en general, y que de forma modesta pueden contribuir a conocer unos detalles más del genial autor. 


He aquí uno de los aficionados más castizos y entusiastas de nuestra sin par Fiesta: Se trata de Paco Alba , conocido de todos los gaditanos porque su nombre ha venido sonando a partir del resurgimiento de las Fiestas Folklóricas Gaditanas; pero sobre todo desde el año pasado, en que su prestigio se consolidó en uno de los puestos cumbres, como autor y director de la ya famosísima chirigota de "Los sarracenos", que quedará indudablemente para la historia. 

Si el éxito alcanzado por Paco Alba el año pasado, sigue por igual camino, pronto lo veremos convertido en una de las figuras gigantescas que en las Fiestas tuvieron siempre: Cañamaque, Rodríguez... y a ello va, porque amigos, este año alcanzó otro triunfo rotundo y definitivo, al ser seleccionada la letra que presentó, entre más de cincuenta, para, nada menos que himno oficial de las Fiestas Folklóricas de Cádiz. 




Y éste es el hombre que les presentamos. Sencillo, humano, trabajador, gaditano hasta los huesos, enamorado de la Fiesta hasta la médula. Mas, en vez de hablar nosotros, dejémosle que lo haga él.




Pregunta: Paco Alba -comenzamos a preguntarle- ¿desde cuándo te entregas a esta labor de componer versos y música para las agrupaciones?.

Respuesta: En realidad empecé con el resurgimiento de las Fiestas; o sea, hace bien poco. Antes sólo me había dado por simple espectador. Y, eso sí, admirador de todo lo bueno y de los grandes maestros que ha tenido Cádiz. 

P: ¿Con qué coros y chirigotas se ha presentado hasta hoy?

R: En el 52 con "Los vendedores de mariscos"; en el 53, con "Los guajiros"; en el 54, con "Los del Bocho" y "Los mosqueteros"; en el 56 con "Los de pura cepa"(En colaboración con Torres). Y, finalmente, en 1957 con "Los sarracenos". 



P: Ustedes, los autores de letra y música, ¿conocen esta última?.

R: Lo corriente es que no. Un servidor, por su profesión de músico, sí

P: ¿A qué se dedica usted normalmente?

R: Soy empleado de Astilleros de Cádiz (Diremos de paso que la importante Factoría gaditana es vivero de una imponente masa de buenos aficionados)

P: ¿Con qué agrupación saldrá este año?

R: Con "Los Julianes", que van vestidos al estilo de los de "La verbena de la paloma".

P: ¡Vamos! ¡Castizos de chipén y lerén! ¿No?

R: Eso es.

P: Compare estas Fiestas con las de antes.

R: Pues ¡Qué voy a decirle! Más mérito me parece que tenían antes. En cambio, ahora, se ha mejorado enormemente en vestuario, o sea en presentación y en las carrozas. ¡Ah! Y desde luego, aún no se ha superado al "Tío de la Tiza" y a Cañamaque.

P: ¿Qué es lo que cree que debe hacerse por mejorar a las agrupaciones?

R: Pues en todo caso, hay que ir a suavizar la picaresca en las letras. Y a suprimir los niños en las chirigotas. Conviene tener cuidado en seleccionar las coplas, huyendo de lo chabacano. 

P: ¿Es partidario de los coros nutridos?

R: Todo lo contrario. Deben, a mi juicio, ser algo más reducidos. 

P: ¿Y en cuanto a las canciones?

R: Pues, como te decía antes, merece la pena afinarlas. 

P: ¿Alguna razón principal?. 

R: Sí,  que se entiende por el público mejor las letras. 

P: ¿Y algo más?

R: Como en el caso de "Los relojeros", al reducir el personal, creo que se gana en "salsa". 

P: Entre paréntesis: ¿Cómo cuánto sacaron el año pasado "Los sarracenos"?

R: En todo el año, porque trabajamos lo nuestro, unas noventa mil 'leandras', que no vinieron mal, pues tocamos a diez mil por turbante.

P: ¡Retorta! ¿Y no admiten voluntarios? Porque yo me apunto 'ipso facto', como 'Julián' este año.

R: Bueno, eso entre subvención municipal, el premio ganado, actuaciones en la calle y particulares, pues hasta salimos varias veces por la provincia. O sea, que las sudamos bien ¿no cree?.

P: Sí señor, y más envueltos con aquel ropaje, que , vamos, el famoso y graciosísimo "El Sopa", debió dejar algunas grasas.  Y a propósito de"Los Julianes" ¿Qué tal andamos este año?

R: Pues ya puede figurarse: armar otro 'escándalo' como el del año pasado. O sea, que estamos dispuestos a triunfar como el mejor.  Aunque me consta que también saldrán cosas muy buenas. Y el que más valga, que se la lleve, claro. 

 Pues muchas gracias por todo, amigo Paco Alba, y a triunfar. O por lo menos a seguir sin desmayos, ya que hay por medio tan buena madera, clase y afición. 







martes, 22 de septiembre de 2020

¡Viva la Pepa!

 

Siempre hemos oído la exclamación de ¡Viva la Pepa!, y aunque casi todo el mundo sabe su origen, no está de mas recordarlo alguna que otra vez.

La expresión viene de cuando se redactó y proclamó la Constitución de Cádiz, de una gran importancia histórica por tratarse de la primera Constitución promulgada en España, además de ser una de las más liberales de su tiempo,  de establecer la soberanía en la nación, limitación de poderes del rey, libertad de imprenta, abolición de fueros, entre otras cuestiones. 

A dicha Constitución pasó a llamársele popularmente como "La Pepa" porque había sido promulgada el 19 de marzo de 1812, festividad de San José.  En pleno asedio napoleónico a la ciudad. 

La expresión ¡Viva la Pepa! se usaba, durante todo el siglo XIX en España, para disimular el grito de "¡Viva la Constitución de Cádiz!", aclamación que ponía en serio peligro la vida de quien lo emitiera, por el trasfondo subversivo que adquirió en determinados momentos.

¿Por qué? Porque esta Constitución fue redactada para cubrir un vacío de poder desencadenado por Napoleón, que invadió España en 1808. Pero al regresar al poder el rey legítimo Fernando VII, dejó a la Constitución sin efecto, derogándola el 4 de mayo de 1814. Recuperando así el poder absoluto, por lo que pasó de ser llamado "el deseado" a nombrarlo como "el rey felón".

Quienes se oponían a Fernando VII estaban a favor de la Constitución derogada, y por eso preferían referirse a ella como "La Pepa".

Actualmente la expresión significa “vale todo”, “da igual lo que sea”. Es la variante peyorativa de la expresión, usada por los enemigos de dicha Constitución, refiriéndose a toda situación de caos, desbarajuste o desorden.

jueves, 9 de julio de 2020

El oratorio de la Santa Cueva

La Santa Cueva es un edificio lleno de belleza y originalidad. Consta de dos capillas , construidas una sobre otra; la subterránea está dedicada a la Pasión, y el oratorio o capilla alta, a la Eucaristía. Fue construida por la Cofradía de Disciplinantes de la Madre Antigua, de origen jesuítico y a expensas de su generoso capellán José M. Sáenz de Santamaría, marqués de Valde-Íñigo, hombre notabilísimo, filántropo y uno de los más conocidos dentro del Cádiz de la Ilustración, ámbito cultural básico en la Constitución de 1812.  

La capilla subterránea, de tres naves, de planta rectangular y con un ambiente ascético. Fue edificada en 1783 por el arquitecto Torcuato Cayón y continuada a su muerte por su ahijado y discípulo Torcuato Benjumeda. 




En ella se guarda un bello Calvario con imágenes a tamaño natural del siglo XVIII obras del genovés Vaccaro.  La imagen del Cristo, se atribuye al gaditano José Gandulfo. Las imágenes, en barro cocido, de la Dolorosa  y una de el Buen Pastor -se conservan en otros lugares de la iglesia- son de una singular delicadeza y se atribuyen a Manuel González 'el granadino'.

El oratorio o capilla alta, construido en 1796, es igualmente obra de Torcuato Benjumeda, y se distingue por su bellísima planta ovalada y centralizada, con una elegante traza arquitectónica. 

Son muy interesantes los amplios medallones de estuco que se encuentran a la derecha e izquierda del Sagrario. Representan a San Luis Gonzaga y San Estanislao de Kostka, y son, como los ángeles de la cornisa y del altar, obra del escultor Cosme Velázquez. 

Decoran la parte alta del oratorio cinco lienzos de medio punto. Dos de ellos se deben a los pintores Zacarías González Velázquez y José Camarón que pintaron 'El milagro de las bodas de Caná' y 'La recogida del maná' respectivamente. De gran calidad artística, iconográfico y estilístico

Los tres restantes son obra de Goya tituladas 'Santa Cena', 'El milagro de los panes y los peces' y 'La parábola del hijo del Rey'.  Son tres lienzos de una calidad extraordinaria, obras maestras de equilibradas composiciones, muy singulares en la escasa producción religiosa de Francisco de Goya. 

La obra de Goya llegó a Cádiz por mediación de Sebastián Martínez, amigo del pintor, éste último se había alojado en casa del primero los primeros seis meses de 1793. En esa fecha obtuvo el encargo del Marqués de Valde-Íñigo para la realización de los cuadros, pintados en Madrid y que lucieron en la inauguración de la capilla el 31 de marzo de 1796, casi finalizando el siglo XVIII. 

Para finalizar, el sermón de las Siete Palabras de Joseph Haydn, una composición excepcional realizada para la propia inauguración de la iglesia. 

Fue encargada por el Marqués de Valde-Íñigo por mediación de los Marqueses de Ureña y Méritos, así consiguió contactar con Joseph Haydn y le convenció, a pesar de ser este compositor de religión protestante a que compusiera una obra que le diese fama universal, a lo que accedió después de varios ruegos creando la obra titulada "Las Siete Ultimas Palabras de Nuestro Salvador en la Cruz". 

A la postre, esta obra se ha hecho conocida en todo el mundo.  Las partituras originales se conservan en dicho oratorio y en el pequeño museo se expone una copia en facsímil.

El Marqués de Valde-Íñigo pagó en metálico dicho trabajo, aunque una parte la pagó en especias:  Cacao del Nuevo Mundo, habida cuenta de que el compositor austríaco era un glotón empedernido.

El Ministerio de Cultura declaró a la Santa Cueva monumento histórico-artístico de carácter nacional en 1981.








miércoles, 10 de junio de 2020

Mis fotos antiguas de Cádiz

Otra foto antigua de Cádiz.

Se trata de un acto de jura de bandera del Regimiento de Infantería "Pavía" nº 48, con guarnición en la ciudad.  La foto está realizada a principios del siglo XX en la Plaza de San Antonio, que servía como Plaza de Armas para todos los actos castrenses.

Dimensiones de la imagen: 1206 x 1032.


miércoles, 6 de mayo de 2020

La detención del 'Infanta Isabel'

El 18 de marzo de 1918, a ocho meses de que terminase la Primera Guerra Mundial, ocurrió un desagradable incidente en aguas gaditanas.

A unas 300 millas de Cádiz emergió de improviso un submarino alemán,  el U-157, delante del trasatlántico español 'Infanta Isabel' de la empresa gaditana "Naviera Pinillos", que, aparte de pasajeros, llevaba variada carga general. La nave militar alemana, dio orden de detenerse y arriar escaleras para que una inspección abordara el barco español.


El llamado derecho de inspección otorgaba a las naciones beligerantes la potestad de detener y registrar los barcos de pabellón neutral para comprobar su documentación y el destino de la carga que transportaban en sus bodegas.

Subieron a bordo un grupo de oficiales, para comprobar que no había nada considerado sospechoso de contrabando de guerra, o cualquier tipo de material de especial interés para ellos. 

Después, al revisar la lista de pasajeros, detectaron en ella a tres militares uruguayos, que viajaban desde su país para visitar el frente aliado. Fueron invitados a firmar un documento en el que se comprometían a no tomar las armas contra las fuerzas alemanas, así como no aconsejar ni participar de manera directa o indirecta en ningún tipo de conflicto contra Alemania. 

La inspección fue bastante meticulosa y larga, tardaron más de tres horas en realizarla. Provocaron inquietud y molestias en el pasaje y un acusado retraso en la navegación del barco. 


domingo, 5 de abril de 2020

Manuel Pájaro Sancho. Ilustre capataz de la Semana Santa gaditana.

Magnífico día el del Domingo de Ramos para esta nueva entrada dedicada a otro gaditano inmortal como fue D. Manuel Pájaro Sancho. Capataz de capataces de la Semana Santa gaditana. Agradezco la colaboración de su hijo, José Luis Pájaro Llamas que ha ofrecido desinteresadamente esta biografía de su padre.


Manuel Pájaro Sancho nace en Cádiz, en el número 10 de la gaditana Plaza de España, el 1 de septiembre de 1914, a las ocho y media de la noche. Hijo de José Pájaro Blanco y de María de la Concepción Sancho Núñez, naturales de Cádiz, que contrajeron matrimonio en la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario en 1912. Sus abuelos paternos, Manuel y Herminia, eran naturales de Lalín (Pontevedra). Los abuelos maternos, Antonio y Regina, eran naturales de Cádiz.

Manuel recibió el sacramento del Bautismo de manos de D. José Amiguetti Rubiales, presbítero de la citada Parroquia de Nuestra Señora del Rosario el 7 de septiembre de 1914, siendo su madrina Doña María de la Gloria Madriñán y testigos Don Juan Torres y Don Manuel Sevilla, todos vecinos de Cádiz.


Cursó sus primeros estudios en el «Colegio del Centro», sito en la plaza de Jesús Nazareno. 

Ingresa en el ejército en el reemplazo de 1935, incorporándose el 1 de agosto, pasando al Regimiento de Artillería Ligera nº 4, con sede en Granada, con fecha 9 de noviembre de 1935, siendo destinado a la Primera Batería. En el momento de su ingreso en filas tenía la profesión de pintor. El 15 de diciembre de 1935 prestó promesa de fidelidad a la Bandera ante el Estandarte del Regimiento.

Fue herido en la Fábrica de Pólvoras del Fargue (Granada) el 31 de julio de 1936, sufriendo una herida por metralla que le provocó una herida en la región lumbo-sacra derecha y el estallido del riñón del mismo lado. Estuvo ingresado en el Hospital Militar de Granada, donde fue operado, practicándose una nefrectomía total derecha, dándosele el alta con fecha del 17 de septiembre de 1936, para ir con dos meses de permiso de convalecencia a su ciudad natal. El 1 de octubre, por oficio del Juzgado de Instrucción del Hospital Militar de Granada, se recibió testimonio en que consta que ha quedado útil para el servicio y apto para el trabajo.

Una vez de vuelta al Regimiento de Artillería Ligera nº 4 sufrió un reingreso en el Hospital Militar, al no tener curadas las heridas. El 3 de enero de 1937 fue declarado inútil total, por padecer una diabetes mellitus, y fue licenciado dos días después, marchando a Cádiz, fijando su residencia en la calle Arricruz nº 4. El 18 de marzo de 1937 ingresa de nuevo en el Hospital Militar de Cádiz por una insuficiencia renal postnefrectomía y fue dado de alta como curado el 27  del mismo mes.

El 31 de agosto de 1938 se le acredita como definitivo el Título de Caballero Mutilado Útil.

El 18 de agosto de 1939 ingresó en el Excelentísimo Ayuntamiento de Cádiz. El primer destino que tuvo en dicha institución fue como portero en el Colegio conocido entonces como «Grupo José Antonio Primo de Rivera», actual Colegio de Educación Infantil y Primaria «Santa Teresa», sito en la Avda. Duque de Nájera, donde estuvo destinado por un período de tres años. A continuación fue destinado, también como portero, al Colegio de San Severiano, durante otros tres meses. De allí pasó, ya de forma definitiva, a ser destinado como Conserje al por entonces denominado «Museo Histórico Municipal» (actual Museo Iconográfico de las Cortes y Sitio de Cádiz), lugar en que estuvo hasta su jubilación en 1981. Como reconocimiento a la laborefectuada en los años que estuvo al cargo de la conservación de la pieza fundamental de dicho Museo, la Maqueta de Cádiz encargada por Carlos III en el siglo XVIII, fue premiado en varias ocasiones por el Ayuntamiento.

En su despacho en la entrada del museo, Manuel tenía otro pequeño museo, de su propiedad: cuadros, diplomas y recuerdos de su andadura como capataz, además de numerosas fotografías de todos los Titulares de nuestra Semana Santa, presidiéndolo un gran cuadro del Regidor Perpetuo “El Greñúo”. 

Se le concedió la Medalla de Sufrimiento por la Patria por O.C. 18/3/1943 (D.O. núm. 84), sin derecho a pensión por la misma.

El 4 de mayo de 1947 Manuel Pájaro fue el encargado de llevar la cuadrilla que portó a Nuestra Patrona desde la S. I. Catedral hasta la plaza de San Antonio, para ser coronada canónicamente, en una ceremonia presidida por el Cardenal Segura, el Obispo de la Diócesis, D. Tomás Gutiérrez Díaz, el Padre Prior Fray Manuel Crespo y el Alcalde de Cádiz, D. Francisco Sánchez-Cossío y Muñoz.  


Fue nombrado Capataz Perpetuo de Nuestra Patrona, la Virgen del Rosario Coronada, en 1957.

El 9 de mayo de 1974 ingresa en el Benemérito Cuerpo de Caballeros Mutilados Permanentes de la Guerra, con el empleo de Sargento.

El cinco de mayo de 1972, con motivo de las Bodas de Plata de la Coronación Canónica de la Virgen del Rosario, Patrona de Cádiz, se le impuso por el antiguo Obispo de la Diócesis, Monseñor Antonio Añoveros Ataún, que en esa fecha ocupaba el obispado de Bilbao, la Medalla de Oro de la Stma. Virgen del Rosario Coronada, en una ceremonia realizada en la plaza de San Antonio. 

El dos de marzo de 1973, en reunión celebrada por la Junta de Gobierno de la Venerable Cofradía de Penitencia de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y María Stma. del Buen Fin, se acordó por unanimidad nombrarlo Hermano Predilecto de la Hermandad, siéndole entregada dicha distinción y la insignia de la Hermandad en un almuerzo celebrado en el restaurante «El Tablao» el 15 de abril del mismo año. El Hermano Mayor y Alcalde de Cádiz, D. Jerónimo Almagro y Montes de Oca fue el que le entregó la distinción y la insignia.


El 20 de octubre de 1973 le entregaron el nombramiento de Capataz Honorario del paso de la Stma. Virgen del Carmen, aprobado por unanimidad por el Cabildo de la Cofradía. 

El 8 de octubre de 1976 se le nombró Consiliario de la Venerable Cofradía de Penitencia de Nuestro Padre Jesús Nazareno del Amor y Nuestra Señora de la Esperanza.

El 24 de enero de 1991 fue nombrado Capataz Honorario de la Venerable Cofradía de Penitencia de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y María Stma. del Buen Fin, imponiéndosele la Medalla Pectoral el 23 de febrero del mismo año.

En 1989 se abrió un expediente para concederle la Medalla al Trabajo, realizándose una campaña de recogida de firmas, pero que no llegó a buen puerto. 

En marzo de 1990 la comisión del nomenclátor aprobó denominar la calle paralela a Velázquez y Goya con el nombre de Capataz Manuel Pájaro, inaugurándose en 1992.

Manuel Pájaro falleció el 9 de junio de 1996, día de Corpus Christi, cuando pasaba el paso de su querida Virgen del Rosario por las proximidades de la Clínica «Nuestra Señora de la Salud», donde pasó los últimos días de su vida. El sepelio se realizó al día siguiente con una misa en la parroquia del Carmen, presidida por el vicario general de la Diócesis, Enrique Arroyo, que concelebró con los sacerdotes José Antonio Fernández Zubigaray, Feliciano Ruiz y Juan Manuel Benítez. El féretro fue cubierto por la bandera carmelitana. Fue incinerado en el Cementerio Mancomunado de Chiclana de la Frontera.

Muchos y sentidos fueron los recuerdos en su memoria tras el fallecimiento. Una agrupación carnavalesca (Los paraos del 2000 y pico, pero el pico es poco) le rindió un homenaje al año siguiente, con un sentido pasodoble. 

En 1999, en el atrio del convento de Santo Domingo, se celebró una exposición homenaje, denominada Manuel Pájaro Sancho “Capataz de Capataces”.

Una vida dedicada a la Semana Santa.

Manuel Pájaro fue discípulo de Serafín López, más conocido por «El Peluquero», con el que comenzó siendo aguador a la edad de 15 años. Manuel no hizo sino seguir la tradición familiar, puesto que con anterioridad tanto su bisabuelo, como su abuelo, como su padre habían sido capataces. 

Al año siguiente ya estaba en el “pozo” y al palo como “izquierdo”. Así año a año Manuel llegó a conocer el léxico y las expresiones típicas del capataz. De estar en el pozo pasó a ser manigueta. De ahí pasó a ser ayudante y, en 1938, en el paso del Stmo. Cristo de la Misericordia, comenzó su labor como capataz de nuestra Semana Santa.

Manuel Pájaro puso en la calle las cofradías de Humildad y Paciencia, Borriquita, Santa Cena, Las Penas, Nazareno del Amor, Vera+Cruz, Misericordia, Piedad, Caído, Columna, Ecce-Homo, Cigarreras, Sentencia, Las Aguas, Caminito, Nazareno, Medinaceli, Oración en el Huerto, Afligidos, Sanidad, Descendimiento, Perdón, Dolores, Expiración, Siete Palabras, Santo Entierro y Buena Muerte. También cofradías de gloria, como Rosario, La Palma, Carmen, Merced…. 

Fue el primer seglar en dirigir la majestuosa custodia del Corpus. 
Manuel conocía la altura de las cornisas, los gálibos de la calle, el peralte de los bordillos y las distancias entre calzada y aceras; la altura de los anuncios luminosos del comercio, los tendidos eléctricos o telefónicos, las farolas que había que sortear entre varal y varal. 

Manuel no se conformó con ejercer en su capital y provincia; fue conocido y contactó con capataces de otras capitales andaluzas para dar a conocer y defender con serenidad y firmeza, sus técnicas, las técnicas gaditanas arraigadas en una tradición sin par.

Recibió y fomentó la escuela de Serafín López y fueron discípulos suyos Manuel Merello “El Rubio del Aceite”, José Berea, Antonio y José Canales, José Carrasco, Serafín Duarte, Serafín Ferreiro y su hijo, José Luis Pájaro. Manuel prácticamente no tenía ni que hablar para dirigir el paso: bastaba una mirada a sus maniguetas y un gesto para que éste transmitiera la orden al espejo y al resto del “pozo”. Siempre impecablemente vestido y nunca torcía el gesto. 

Tras su retirada, en la Semana Santa de 1977, Manuel, junto a su esposa Consuelo, ocuparon dos sillas en la calle Ancha para ver pasar los distintos pasos y era raro el capataz que no se acercaba y le dejaba el martillo para que Manuel “matara el gusanillo” y diera una buena “tirá”. 

Títulos y nombramientos honoríficos

1.       Capataz perpetuo de Nuestra Patrona, la Stma. Virgen del Rosario Coronada desde el año de 1958.
2.       Capataz honorífico de Nuestra Señora del Carmen Coronada.
3.       Capataz de Ciudad (único seglar que tenía tal honor).
4.       Capataz honorífico de la Archicofradía de la Santísima Resurrección de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna y Azotes y María Santísima de las Lágrimas.
5.       Capataz perpetuo de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo.
6.       Capataz perpetuo de la Hermandad de Nuestra Señora de la Merced, Copatrona de la Ciudad.
7.       Horquillero de Honor de la Santísima Virgen del Rosario, de la Ciudad de Granada.
8.       Cofrade distinguido de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y María Santísima del Buen Fin

Medallas de Cofradías.

1.       Medalla de Oro de la Patrona de Cádiz, la Santísima Virgen del Rosario Coronada.
2.       Medalla de Oro de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores.
3.       Medalla de Oro de la Archicofradía de la Santísima Resurrección de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna y Azotes y María Santísima de las Lágrimas.
4.       Medalla de Plata de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo.
5.       Medalla de Plata de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Piedad y María Santísima de las Lágrimas.
6.       Medalla de Plata de la Cofradía del Santísimo Cristo de las Aguas y Nuestra Señora de la Luz.
7.       Medalla de Plata de la Hermandad de Nuestra Señora de la Merced.


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jueves, 12 de marzo de 2020

El Meridiano de Cádiz

En 1717, además de trasladarse a Cádiz la Casa de Contratación y el Consulado de Indias, se estableció en la ciudad la Escuela de Guardiamarinas de la Armada. Cádiz brillaba cultural y económicamente. Todo lo que iba o venía de América pasaba por aquí. 

Al calor de este auge en 1753 el marino y científico Jorge Juan y Santacilia instaló en el antiguo Castillo de la Villa, en los alrededores del actual Ayuntamiento, un observatorio astronómico para la formación de los futuros marinos. El meridiano que pasaba por éste observatorio, conocido como "Meridiano de Cádiz", se generalizó rápidamente para la navegación de los buques españoles. 


En la época de la Ilustración, tener un meridiano, otorgaba a los países un gran reconocimiento internacional y un gran prestigio científico y marítimo. Todos los países avanzados tuvieron el suyo. 

Desde 1753 casi toda la cartografía naval española se empieza a referenciar al meridiano de Cádiz, que estuvo vigente hasta 1907. En millones de páginas de miles de diarios de navegación de ese largo periodo de tiempo se citaba a Cádiz cada vez que se escribía la posición de un navío.




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lunes, 10 de febrero de 2020

viernes, 17 de enero de 2020

Mis articulistas preferidos: José Mª Caravaca de Coca.

La visita de la fragata francesa 'Iphigènie' en 1888 y 1900.

Penas y alegrías en el Puerto de Cádiz. 

Artículo firmado por José María Caravaca de Coca. 

El año 1888, el 18 de octubre, entró en el puerto de Cádiz la fragata francesa 'Iphigènie', armada con 8 cañones, siendo su comandante Mr. J. Dupont informándose en la Prensa local, que procedía de Vigo, que había hecho la travesía en 3 días y que llevaba a bordo 500 tripulantes. Era este barco, desde 1886, el Buque Escuela de los aspirantes a Oficiales de la Marina de Francia, había sido construido este velero de tres palos en Brest en 1877, desplazando unas 3200 Toneladas y contaba con una máquina auxiliar de 550 CV. Por sus alumnos era conocido  como “la Iphi”.



Desde su llegada a Cádiz quedó fondeada la fragata en la Bahía y la mañana del aciago sábado 20 fue visitada por el Capitán General del Departamento Contralmirante D. Florencio Montojo y Trillo, acompañado por el Comandante de Marina CN D. Santiago Alonso y Franco. El buque, conforme al ceremonial marítimo, hizo los establecidos honores  al cañón produciéndose una desgraciada explosión.

La Prensa informó, al día siguiente, que había ocurrido “ayer a las dos de la tarde una catástrofe”. Y decía que “parece que el condestable o el cabo de cañón que disponía la carga, no cerró bien la recámara del cañón, y al hacerse el disparo fue despedida hacia fuera esa importante pieza…” En el relato se hablaba de los marineros franceses heridos y así informaba que Ives Borgue, quedó con el cráneo fracturado, un tal Vanel Antoinini con graves lesiones en el brazo izquierdo y Durant Durbin con quemaduras en los ojos. Se decía que “estos tres últimos fueron en camillas trasladados al Hospital de San Juan de Dios, adonde llegaron cerca de las cuatro acompañados por el médico del barco, Dr. Couteaud, el Capellán y un practicante”.

En el Hospital, el mismo día 20, falleció Ives Borgue, constando en la documentación que recibió el Santo Óleo.

También se ha podido localizar en dicha documentación que Vanel An-toinini, de 22 años, hijo de Vanel y Constanza, fue hospitalizado en la Sala de San José en la cama nº8 y su compañero Durant Durbin, hijo de Durant y Petra, de 24 años, en la misma Sala en la nº 10 y que estos permanecieron en dicho Hospital hasta recibir el alta médica el día 8 de diciembre de ese año de 1888.

Inmediatamente el doctor Don Cayetano del Toro, quien entonces era el Presidente de la Diputación de Cádiz,  en unión del también médico de la Hermandad de la Santa Caridad Rosendo Lombera. El herido se negó y ante ello se hizo llamar al Cónsul de Francia y este a su vez lo hizo al buque ya que era difícil entenderse con este marinero dado que hablaba en dialecto, patois decía la Prensa, y que expresó que prefería morir a que se le amputase un brazo. 

Al parecer, ante el personal del buque, hizo constar de manera reiterada su negativa continuando así hasta que al día siguiente al recibir la firme promesa de que le sería concedida una pensión de invalidez, consintió en la operación, que fue realizada por los médicos del Hospital junto al del propio buque.

En cuanto al marinero fallecido, también se ha localizado en la documentación del Hospital, la autorización dada por la Capitanía de Puerto de Cádiz firmado por el Teniente de Navío D. Federico López Aldázabal, para que se pudiese enterrar en el Cementerio de la Ciudad, lo que se hizo tras una Misa en la iglesia de San Juan de Dios el lunes día 22 de octubre y organizarse, a continuación, un sentido cortejo a pie por la dotación del buque de la Marina de Francia acompañados por la Armada Española. Se dijo, entonces, en las crónicas del periódico local La Palma que “este acto ha llamado mucho la atención, así como que el Capellán fuera rezando constantemente desde el Hospital al Cementerio sin levantar la vista del suelo. Así se ha honrado la memoria de un soldado francés. Tómese ejemplo”.

Finalizada la estancia en el Hospital de los marineros franceses heridos, el Cónsul de Francia en Cádiz, el Barón de Collongue, hizo dirigir un escrito a la Dirección de ese Hospital, el 12 de Abril de 1889. En donde a su vez decía que había elevado uno en Enero al Ministro de Marina de su nación dando cuenta de los “cuidados solícitos y desinteresados del Hospital de Caridad prestados a dos marineros del Crucero 'Iphigènie' que fueron gravemente heridos en octubre de 1888…”  

Al tiempo que informaba que “queriendo el Gobierno de la República Francesa dar al Hospital una prueba de su viva gratitud” había tomado la decisión de enviar hacia el Consulado de Francia en Cádiz  “un jarrón de las manu-facturas de porcelana de Sèvres, encargándome de ofrecerlo al establecimiento de Caridad…” lo cual, decía, haría en cuanto llegase a sus manos. 

Y así fue; el 26 de abril de ese 1889, junto a una efusiva carta en donde se exponía que era un “obsequio del Gobierno de la República Francesa al Santo Hospital … como prueba de gratitud…” le fue entre-gado al Hospital el jarrón de Sèvres que aún permanece en la Herman-dad de la Santa Caridad de Cádiz. Una bonita pieza de color azul, qui-zás por ser este el color de la Caridad…

Se escribió, con la 'Iphigènie', en esos momentos, una página de la Historia de nuestro Puerto, llena, en parte de tristeza por el accidente y qui-zás, en parte, de la satisfacción de haber podido atender a nuestros hermanos marinos visitantes ante la desgracia.

Pero la fragata 'Iphigènie' parece que contrajo una deuda de honor con la ciudad gaditana y así, cuando en 1900 realizó su último Crucero como Buque Escuela, incluyó a Cádiz entre los puertos para dar su último adiós.

Es interesante que en ese último viaje fuese a bordo el alumno de la Marina de Francia Aspirante a Oficial Charles Millot, quien sería conocido como Gervèse al alcanzar la fama posteriormente de dibujante e ilustrador en el país vecino, de tal manera que en 1921 fue nombrado Pintor de la Marina lo que fue hasta su muerte en 1959.

Recientemente se ha publicado en Francia un libro, cuyo autor es Jacques Schirmann, dedicado a ese último viaje de la 'Iphigènie' en donde se han incluido los dibujos, fotografías y relatos, como una especie de diario, que Charles Millot hizo durante todo el Crucero y en ella figuran los que realizó en su estancia en Cádiz.

El Parte de Vigía del 1º de Mayo de ese año de 1900, informó que el Buque Escuela 'Iphigènie' al mando de Mr. M. Mancaron, había fondeado esa mañana viniendo desde Punta Delgada, Islas Azores, en una navegación de 7 días.

El Aspirante Gervèse, llamémoslo así, incorporó en su Diario un croquis de la Bahía gaditana fijando el punto de fondeo así como en donde hacían, ya en el interior del muelle, los barqueos a tierra y, sobre todo, unas muy interesantes fotografías de la ciudad o de la propia bahía en donde incluso se ve la fragata 'Iphigènie', además de sus comentarios acerca de la ciudad.

Pero esta visita, el adiós definitivo a la Ciudad de Cádiz, tuvo su culmen, podríamos decir, en la fiesta celebrada a bordo que fue descrita con detalle por la Prensa de la época. El día 3 de Mayo se contaba que el Cónsul de Francia en Cádiz, entonces Mr. Gueyraud, había ofrecido una excelente cena a bordo del Buque Escuela “todo rociado con exquisitos Chambertin, Bordeaux y Champagne Cup” y era explícito en detalles acerca de la vajilla, candelabros y demás adornos. El tono festivo se manifestó también en que actuaron en el buque el cantante flamenco Niño de la Isla acompañado a la guitarra por el maestro Juan el Panadero. Pero la cosa no quedó solamente ahí sino que el propio Cónsul, decían las crónicas, “cantó las canciones bretonas más en boga, que fueron aplaudidas …” y que su esposa “acompañó al piano algunas quadrilles y valses bailados por muchas parejas” lo que hizo que se pasase “una no-che verdaderamente deliciosa y agradable”.

El Buque Escuela 'Iphigènie' dejó la Bahía de Cádiz en su última visita el 7 de Mayo de 1900 a las 10:15 con rumbo ONO, decía el Parte de Vigía. Sabemos por información sacada del libro antes mencionado que era Lorient el punto de destino a donde arribó el 12 de ese mes de mayo. Continuó el Buque Escuela su último Crucero de Instrucción hasta el día 21 de julio que finalizó en Brest. El día 4 de diciembre de ese mismo año de 1900 causó baja en la Marina de Francia.


Parece una casualidad que esa última visita de 1900 de la Fragata  Buque Escuela Iphigènie, después de la dolorosamente realizada en 1888, vuelva ahora a cobrar actualidad con la publicación de este libro que nos lleva a constatar lo que siempre ha sido la Ciudad de Cádiz hacia los hombres del Mar vengan de donde vengan, en las alegrías o en las tristezas.