Pasión por Cádiz

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Cádiz, Andalucía, Spain
"Ab origene one semper fidelis, in perpetuam, semper et ubiquem Gades. Qui poters capere, capiat"

viernes, 21 de abril de 2017

El transporte interior en Cádiz en el siglo XVIII

Cádiz, una ciudad dentro una muralla pero abierta por medio de su puerto a todos los países del mundo. Tiene una doble vertiente, por un lado el comercio y el transporte, por otro sus calles estrechas y el gusto por los paseos.

Además de la ciudad interior, el término municipal con el que contaba la ciudad, llegaba por tierra hasta la Isla de León y por mar hasta Sancti Petri.  Los viajeros que deseaban llegar a Cádiz disponían de diligencias y carruajes para el transporte por tierra y de diferentes tipos de embarcaciones si lo hacían por el mar, aunque la mayoría preferían el viaje marítimo al terrestre.

Ya en el Cádiz interior y a diferencia de otras ciudades, no abundan carruajes para las personas ni carros para las mercancías. Esto se deduce de las denuncias y las peticiones en las actas del cabildo en favor de que las calles principales se cierren al tráfico.

Para cuidado de sus calles, piden que los carros limiten su peso y forren las ruedas con tela o cuero para aminorar el ruido, ya que muchas de las calles se encontraban pavimentadas con los bolos, o piedras de forma esférica, que los barcos traían como lastre de sus rutas de las Américas, además, se colocan barras metálicas verticales en las fachadas y guardacantones en las esquinas que protegen las paredes y zócalos de los ejes de las ruedas, así como cañones en todas las esquinas para salvaguardar las fachadas de los giros de los carruajes.
  
En 1771, se limita el peso que se podía cargar en los carros y se rebaja de 60-80 arrobas que era lo usual, a 25-30 arrobas para no dañar el pavimento.


En cuanto al traslado de personas dentro de la ciudad, los habitantes preferían el paseo y aquellos más distinguidos, se trasladaban en sillas de mano, con vago recuerdo al mundo oriental. Éstas fueron llamadas "palanquines" y se podía describir como una especie de andas, con cabina o sin ella, pudiendo ser transportadas por dos o cuatro mozos y constituyeron una institución en Cádiz, tanto por los servicios que organizaban dentro de la ciudad como por su organización.

Si los palanquines usaban caballos, los mozos eran llamados aljameles o mandaderos y se encargaban de dominar a los animales de carga y con el tiempo fueron muchos mas, ya que estos, de forma voluntaria formaron milicias para la defensa de la ciudad.

En el cabildo de 3 de febrero de 1766, se intentó cerrar al tráfico las calles principales y que sólo circularan sillas de mano llevadas por aljameles, pero no prosperó.



También había traslados a caballo y en el cabildo de 20 de noviembre de 1770 nos encontramos con referencias para alquilar berlinas y caballos.

En esta época, sólo había aproximadamente una veintena de señores que poseían carruajes, la mayoría tirados por mulas.

Se puede destacar uno de esos carruajes, el perteneciente al marqués de Casa Enrile, cuyos tiros de riendas eran mucho más largos que los demás, de ahí decir "ir de tiros largos" ya que esta familia cada vez que usaba dicho carruaje siempre iban de etiqueta.



Muchos de estos bolos, guardacantones, cañones y barras protectoras de zócalos, siguen estando presente en las calles de Cádiz, afortunadamente.