Pasión por Cádiz

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Cádiz, Andalucía, Spain
"Ab origene one semper fidelis, in perpetuam, semper et ubiquem Gades. Qui poters capere, capiat"

martes, 7 de noviembre de 2017

Una viajera inglesa en Cádiz (3ª parte y última)

Elizabeth Boyle O'Reilly escribió el libro "Heroic Spain" en 1911, en dicha obra, el capítulo 19 está dedicado a Cádiz, en él, la autora relata el viaje realizado en enero de 1910 a nuestra ciudad partiendo desde Sevilla.  

En esta tercera y última entrega, la escritora comienza describiendo la geografía humana de los gaditanos:  "Cádiz, con obispado y guarnición, tiene el aire de una capital, vimos muchos hombres con apariencia de hidalgos, como eso que están tras Spínola en el cuadro de 'La rendición de Breda'.



En el parque había un teatro al aire libre donde los niños juegan al diávolo y preciosas niñas españolas paseaban de un lado a otro acompañada de sus institutrices inglesas.  Se puede escribir o coser en las calles sin despertar miradas de sorpresa. Solíamos pasar las horas bajo las palmeras de la Alameda mirando a los grupos que había por allí, ya que, a pesar de estar a mitad del invierno, el aire era lo bastante cálido como para pasar el día en la calle".

Luego enumera una serie de servicios sociales y académicos: "Limpieza y piedad: Cádiz puede enorgullecerse de sus excelentes instituciones públicas.

El nuevo hospital, orientado a las brisas del Atlántico, donde se paga menos de un franco diariamente, puede ser envidiado por las ricas ciudades del nuevo mundo. Su asilo de pobres es notable, tiene una multitud de casas de caridad menores, una casa de viudas, una casa de hermanos, otra de locos, atendidas por vigilantes y serviciales monjas.  

Es una pequeña ciudad con espíritu cívico, con escuela de música y artes, un instituto cuyo laboratorio de Física es el mejor de España y dos bibliotecas públicas, ya que de la del obispado también está abierta al público".

Narra de forma breve sitios que considera interesantes y monumentales para los que visiten la ciudad de esta forma:  "Los lugares de interés turísticos se ven pronto: la iglesia de los Capuchinos, donde Murillo pintó su última obra y donde cayó del andamio muriendo poco después en Sevilla por el accidente. Existen dos catedrales, la primera fue saqueada por piratas ingleses y tienen poco que demostrar, la segunda es una obra del siglo XVIII". 
 
Parece que el museo no le parece lo mejor de la ciudad, pues lo describe de esta manera: "El aburrido museo tiene algunas buenas obras modernas, una cabeza de obispo de perfil obra de García y Ramos, también hay un tríptico de un pintor español antiguo, llamado Gallego, a mi parecer es más religioso que Murillo o Zurbarán ".

También das unas pinceladas de los lugares históricos que los visitantes pueden recorrer: "Murallas y fosos casi inexpugnables cierran el istmo que lleva a tierra firma, y su fortaleza explica por qué Cádiz pudo defenderse de los franceses durante dos años en la Guerra de la Independencia, sin sufrir los horrores del sitio de Gerona.  

La fortificación empezó en 1808 poco después del heróico e histórico "dos de mayo" de Madrid. Comprendo la afirmación de Lord Peterborough de que esta es una tierra inconquistable. Estatuas y lápidas en honor de los héroes de la guerra fueron descubiertas y se interpretaban canciones y marchas para el aniversario. Los oficiales de artillería organizaron un hermosos desfile en conmemoración de la muerte de Daoíz y Velarde".

Para finalizar, no olvida la promulgación de la Constitución de Cádiz de 1812: "La iglesia de San Felipe Neri fuel el sitio donde la resistencia de la primera explosión de patriotismo se hizo posible, aquí las Cortes se reunieron de nuevo después de trescientos años de supresión para los Habsburgo y los Borbones, aquí se abolió la Inquisición y se redactó la Constitución de 1812, sacudida en el siguiente medio siglo por desórdenes para llegar finalmente a la victoria.

Un elocuente sacerdote fue el primer orador que abrió esta histórica reunión y desarrolló su programación: la soberanía de la nación reside en las Cortes, el rey existe para el pueblo, no el pueblo para el rey como hasta ahora. España de nuevo toma el camino del progreso. Esta relimpia, sin humos y animosa pequeña ciudad merece un glorioso lugar en el Atlántico. Su eterno enemigo, el océano, le ha enseñado bien a empezar a luchar por la libertad".




A continuación: Tres imágenes de lugares que relata Elizabeth Boyle realizadas en la misma fecha. Pinchar en la imagen para ampliar.




Bibliografía: "Heroic Spain" de Elizabeth Boyle O'Reilly




miércoles, 4 de octubre de 2017

Una viajera inglesa en Cádiz (2ª parte)

Elizabeth Boyle O'Reilly escribió el libro "Heroic Spain" en 1911, en dicha obra, el capítulo 19 está dedicado a Cádiz, en él, la autora relata el viaje realizado en enero de 1910 a nuestra ciudad partiendo desde Sevilla.

La escritora hace un pequeño esbozo histórico de las épocas que, a su juicio, fueron las más importantes de la ciudad: "Cádiz, la ciudad más antigua de occidente, ha vivido cada momento de los pueblos que fueron conquistando España. Cuando Roma fue fundada ya tenía cuatrocientos años. Ha sufrido tremendos cambios; durante la época de los Césares un gran apogeo, que la convirtieron en llave de Andalucía, con la caída de Roma se olvidó su nombre. Resucitó con el descubrimiento del Nuevo Mundo, cuyos barcos anclaban en su puerto. Estos cambios de poder se ven en la afirmación de que en 1770, esta ciudad era más rica que Londres. Al perder las colonias, de nuevo, Cádiz se sumergió en la mediocridad pero siempre satisfecha de su propia dignidad".

Elizabeth Boyle describe en este párrafo la fisionomía de la ciudad, en la época que escribe aún no se habían descubierto los descubrimientos y yacimientos arqueológicos que ahora tenemos, la vista panorámica que describe está hecha desde la zona del puerto más cercana a San Juan de Dios, y los parques del oeste que nombra es el actual lugar de la Alameda y Parque Genovés, el camino al castillo de San Sebastián sigue de la misma forma en nuestros días:  "Es curioso que siendo tan antigua, no hay arquitectura de la antigüedad. Las murallas han sido convertidos en paseos, por los que es un placer caminar; desde ahí se vislumbra la bahía y el puerto lleno de barcas de pesca, la tierra firme y más allá las montañas de Ronda; hacia el norte está Palos, desde donde las tres carabelas, la Pinta, la Niña y la Santa María se dirigieron a occidente el 3 de agosto de 1492".




Al otro lado de Cádiz está el océano y espero que algún día esta ciudad extienda el parque hasta el lado oeste, donde las olas rompen con tanta magnificencia. Una estrecha carretera lleva al faro de San Sebastián, nuestro paseo favorito al atardecer para ver las barcas navegar hacia el puerto cada tarde. Las puestas de sol que vimos en Cádiz eran una mezcla llameante de oro y rojo, parecidas a las del otro lado del Atlántico. Aquí por primera vez los sabios piensan sobre el fenómeno de las mareas y sobre la inmensidad del océano. Creían que existían las mareas porque fuertes vientos o animales tiraban de ellas cuando el sol se había sumergido por el occidente y regresaba por el este por túneles subterráneos".


Otra de las sensaciones de la viajera son los habitantes de la ciudad, a los que describe de forma positiva por su carácter abierto, servicial y sin dobleces: "Cádiz, siempre será un estimulante recuerdo. Su aire nos llena de vitalidad, de sensaciones, de alegría; cuando un organillo o una pandereta suenan por sus calles, de las ventanas cercanas arrojan monedas. La gente es amable, transparente, sin segunda intención. Posponen sus ocupaciones o su trabajo para orientarnos por las complicadas calles y sonríen si intentamos gratificarles por sus servicios.  







Detalles como este dan una agradable impresión del lugar y esta ciudad se ha mostrado a otros viajeros de la misma manera.  Lord Byron, a quien esta "renombrada tierra Romántica", como él la llamaba le fue sumamente simpática, escribió a su madre en 1809: '¡Cádiz, dulce Cádiz!, el primer lugar de la creación. La belleza de sus calles y mansiones sólo es superada por el encanto de sus habitantes, las mujeres más bonitas de España' ".


Fin de la segunda parte


Bibliografía: "Heroic Spain" de Elizabeth Boyle O'Reilly
 






martes, 12 de septiembre de 2017

Una viajera inglesa en Cádiz (1ª parte)


Elizabeth Boyle O'Reilly escribió el libro "Heroic Spain" en 1911, en dicha obra, el capítulo 19 está dedicado a Cádiz, en él, la autora relata el viaje realizado en enero de 1910 a nuestra ciudad partiendo desde Sevilla, relatando el camino como "cien millas de este encantador rincón de Andalucía, con naranjos, olivares, pinares, setos de cactus y manadas de los más espléndidos toros". 

 
Tras el viaje por tierra interior, la escritora empieza a intuir que Cádiz está próxima y escribe: "Cuando nos aproximamos a la costa, aparecieron grandes pirámides de sal, lo cual indicaba otra industria; de hecho, todas las partes de Andalucía que visité estaban bien cultivadas, a pesar de que las guías de viaje se lamentan de su atraso".
 
 
 
 
 
Elizabeth Boyle O'Reilly ya tiene a la vista nuestra ciudad y sus impresiones las plasma así: "Pronto recibimos bocanadas de aire marino. La primera vista de Cádiz, situada en el mar, es impresionante. Sólo una pequeña línea de arena de seis millas de largo la une a tierra firma; al rodear la cosa, pasando por San Fernando, la vigorosa pequeña ciudad en medio del Atlántico forma un maravilloso cuadro. El mar, azul, la ciudad, deslumbradoramente blanco.
 
Dentro de la triple línea de murallas y fosos que defienden su única entrada por tierra, la 'tacita de plata', como sus habitantes la llaman, tiene un carácter tan propio como a distancia. Está milagrosamente limpia, sus calles parecen estar tan bien barridas como un pueblo holandés. Al final de estas estrechas callejas se puede captar el destello del mar al este, al norte, al oeste. Cuando llueve, Sevilla se convierte en una miseria de fango, pero en Cádiz, sus buenos desagües hacen que se adecente más incluso con ese tiempo.
 
El patio (cuando los ingeniosos tirios llegaron a España para cambiar por oro sus varias mercancías, hollando sus playas olvidaron el provecho. Y sin esperarlo, estos semitas se ennoblecieron) del resto de Andalucía no se encuentra aquí, ya que, estando tan limitada, la ciudad no puede no puede expandirse y ha de construirse hacia arriba. en la parte superior de estas altas casas, cuyos pintorescos balcones verdes ayudan a dar ese aire de acicalada pulcritud general, están los miradores, pequeñas torres antiguamente construidas por los comerciantes como atalayas, desde las cuales vigilar el regreso de los galeones. 
 
 
La vista desde un mirador no tiene igual: la limpia blancura de cientos de terrazas, los campanarios de azulejos y una multitud de miradores, la hacen como una segunda ciudad en sí misma, que evoca a Oriente, una extraña ciudad en medio del deslumbrante azul del océano.
La ciudad está rodeada casi por completo por altas murallas al mar de cuatro millas de largo y en el lado del atlántico, las olas rompen con estruendo, arrojando espuma hasta veinte pies de alto. Hay algo espléndidamente valeroso en Cádiz.


Uno de los pocos lugares de Europa obligados a luchar por su existencia con el enemigo constantemente a sus puertas prosperó y sigue prosperando siglo tras siglo .  Es la ciudad más antigua de España, fundado por marinos, fenicios más de mil años antes de la era cristiana".


Fin de la primera parte.

Bibliografía: "Heroic Spain" de Elizabeth Boyle O'Reilly

viernes, 18 de agosto de 2017

LXX aniversario de la explosión de Cádiz.

En memoria de los fallecidos en la explosión de Cádiz acaecida en los depósitos de minas submarinas del año 1947 y que estaban situados en el gaditano barrio de San Severiano.

El fogonazo fue de tal magnitud que pudo verse desde lugares tan dispares como Ronda o Ceuta, y la nube de hongo pudo divisarse desde toda la provincia, en parte de la de Huelva y Sevilla. El ruido llegó incluso a la zona sur de Portugal.

miércoles, 12 de julio de 2017

La calle Columela en Cádiz.

Un pequeño apunte histórico de la calle Columela, antes se llamó "del moro viejo", al menos en documentos públicos municipales de 1650 donde se denomina de esa forma.  Luego cambió "de la carne" en el tramo que va desde la calle de San Francisco a la plaza del Palillero porque, al parecer, en las actas del ayuntamiento de mediados del siglo XVIII, se habla de un almacén de carne que existía en dicho lugar.  El tramo que transcurre desde la plaza del Palillero a la de las Flores, se pasó a llamar "de la carnicería de Suárez", todo hace indicar que existía un establecimiento de este tipo justo en la confluencia con la calle Sacramento. 

También existía el llamado "hospital de mujeres" en el cruce de las calles Feduchy, Columela y plaza del Palillero, era anexo al convento que, a día de  hoy, aún existe en la primera calle.   A mediados del siglo XIX, pasó a denominarse calle Columela; ilustre gaditano llamado Lucio Junio Moderato Columela (Gades 4 d.C - Tarento 70 d.C), tribuno en Siria y autor de numerosos libros de agricultura, ganadería, apicultura, cura de animales y elaboración de productos y conservas.  En la plaza de las Flores, justo donde desemboca la calle Columela, se erigió una pequeña fuente y una estatua del patricio gaditano que da nombre a la calle y que es copia de una existente en el interior del Ayuntamiento.

Calle céntrica, mantiene un ir y venir en un trasiego constante de la ciudadanía que disminuye en las horas nocturnas pero que no desaparece, de tal forma, que en 1928 apareció un artículo en la prensa local firmado con seudónimo por Aliogales en el que decía (sic):

"Hace algún tiempo, o mejor dicho, algunos años, viene concurriendo por las tardes a la calle Columela, señoritas puede decirse de todas las clases sociales, por cuyo motivo un Ayuntamiento ordenó el asfalto que hoy ostenta.

Dicha calle es una de las más concurridas, o mejor dicho, es una vía que, debido a su situación topográfica, tiene una gran circulación.  Es una calle en la que los comercios de más importancia para la mujer, están establecidos.

Nosotros, pedimos que se prohiba al público pasear por esa calle, pues además de lo estrecha que es, impide el tránsito por la misma la aglomeración de tanto público.

En su lugar creemos que este paseo llamado vulgarmente "Vermouth", sea trasladado a la calle Duque de Tetuán (1), por donde se debe prohibir el tránsito de carruajes de 7 a 9 de la noche y de día sólo automóviles y bicicletas.

Ahora bien: que para estas preferencias necesitaba estar asfaltada la calle de cemento, aunque no tan costoso como el de la calle Columela, y también el centro de la plaza de la Constitución (2).

La calle Duque de Tetuán, tiene la ventaja sobre la de Columela, su doble anchura, que sería más higiénico y más cómodo, aunque para el público se acostumbrara a ir necesitaba los casinos y cafés en las horas de paseo, o sea de 7 a 9, no sacar fuera de sus respectivos locales ni las sillas ni mesas, que una vez pasadas estas dos horas podrían hacerlo como hasta ahora".


(1) Actual calle Ancha.
(2) Actual plaza de San Antonio.


A día de hoy, la calle Columela junto a las calles Ancha, San Francisco, Pelota, Compañía y las plazas del Palillero, de las flores, de Mina, San Antonio, San Juan de Dios, Catedral y Candelaria, forma parte del corazón comercial por excelencia de la ciudad. En esta zona han ido llegando las principales franquicias, obligando al pequeño comercio a renovarse o, en muchos casos, a cerrar para siempre y ceder su local a estas grandes empresas.

viernes, 16 de junio de 2017

Mis articulistas preferidos: Manuel Llamas Baúza

Artículo de Manuel Llamas Baúza, dedicado a la Custodia de Corpus Christi de Cádiz.
 

La Custodia de Cádiz es una magnífica obra representativa de la custodia procesional española. Al corresponder su traza y realización a distintas épocas, contiene en sí los principales estilos de la platería española.
La custodia se compone de una pequeña pieza de plata dorada, llamada "El Cogollo", realizada en el más puro estilo del gótico final, del primer tercio del siglo XVI, que sirve de viril para colocar la Eucaristía. Esta pieza se apoya en una alta y escalonada peana, correspondiente al estilo manierista, colocándose todo el conjunto en el interior de una gran custodia barroca de tres cuerpos, de la segunda mitad del siglo XVII. El transporte de la custodia durante la procesión, se realiza sobre un carro o paso de plata, de estilo rococó, de mediados del siglo XVIII.
Como vemos, la Custodia de Cádiz comprende los principales estilos desarrollados en España durante algunas de las etapas de esplendor en el arte de platería: gótico, manierismo, barroco y barroco tardío o rococó.
Sobre la Custodia se han venido ocupando los investigadores españoles desde el siglo XVII, época en la que el gaditano Fray Gerónimo de la Concepción nos ofreció su primera descripción, centrándose en la custodia barroca.
La Custodia Gótica
Se desconoce la fecha de su realización, aunque se especula que fue en torno a las primeras décadas del siglo XVI.
La primera noticia de su existencia se halla en las Actas del Cabildo de la Catedral de 16 de enero de 1584, en las que se habla de una restauración:  "...por causa de sacarse cada primero domingo de mes la custodia de plata, le faltan algunos bulticos, de los que tiene y viene a menos. Mandaron que se aderesçe de los que tuviere necesidad, y se guarde y no se saque si no fuere los días de Corpus Christi y en su octavo...." .
Durante el saqueo de 1596, la custodia se salvó al enterrarla en una de las fosas funerarias de la catedral.  Esta pequeña custodia gótica, de 0,62 m de altura, es conocida popularmente como El Cogollo. Ha sido atribuida por algunos autores a Enrique Arfe, mientras que otros han mantenido una opinión contraria.
Estructura arquitectónica.
Tiene planta hexagonal, con dos cuerpos decrecientes que se apoyan en una amplia peana escalonada de tres niveles. En el nivel más bajo, coincidiendo con los ángulos, se levantan unos pequeños chapiteles de base cilíndrica y remate en forma de león sentado. Del segundo nivel arrancan los pilares que forman el primer cuerpo, muy fasciculados y rematados en chapitel crucífero, que alcanzan en altura la mitad del segundo cuerpo.
En cuanto a la ornamentación están cubiertos por tracerías e imágenes sobre ménsulas. Cada uno de los seis pilares lleva tres imágenes de bulto, que representan los doce apóstoles y seis ángeles, colocándose las tres figuras en las caras exteriores de cada pilar. Los arcos que apoyan sobre los pilares son de medio punto. La bóveda de este primer cuerpo es de crucería sexpartita con clave calda, mientras que el suelo del templete se decora con un rosetón de cardinas superpuestas a una estrella.
El segundo cuerpo repite la estructura del primero, sosteniendo los pilares arcos rebajados, en los que se apoyan tracerías caladas. Al igual que en el primer cuerpo, también aquí se desarrollan unos tallos calados con penachos de cardina, que se unen formando un afilado ángulo rematado en chapitel. Estos, junto con los de los pilares, suman doce agujas que alcanzan casi la cima de la cúpula.
La cubierta del templete se compone de una bovedilla calada, que se estructura por aristas de las que brotan penachos de acantos, rematándose en un doble florón de sentido decreciente, colocado entre dos molduras hexagonales acordes con el basamento de la custodia. Sobre esta pieza se apoya otra menor, formada por seis acantos calados, que estaba destinada a sostener el primitivo remate de la custodia, hoy día sustituido por una cruz de oro y amatistas.
En cuanto al contenido de los templetes, el primero lleva el ostensorio, que no es el original, y el segundo está vacío, aunque debió llevar alguna figura.
Iconografía.
No es excesivamente abundante, dado su tamaño, pero cuenta con una serie de figuras emparentada con la obra de Enrique de Arfe. En la Custodia de Cádiz las esculturas de bulto adornan los pilares de los dos cuerpos, repartiéndose en ellos al modo de la gran arquitectura pétrea.
En los seis pilares grandes del primer cuerpo, de planta crucífera, sólo en sus tres lados visibles van esculturas. En todos ellos, la hornacina del centro lleva un ángel músico, que toca un laúd, con una estética ciertamente flamenca, y a los lados, parejas de santos representando a los doce Apóstoles. Éstos llevan sus símbolos propios que los identifican.
En el segundo cuerpo, los pilares sólo llevan una imagen cada uno, representando santos de devoción popular, como Santa Catalina y Santa Bárbara, sin que se olviden los puramente gaditanos, como San Basileo (primer Obispo de Cádiz), San Epitafio (gaditano y obispo de Palencia),  San Servando y San Getulio o Germán, mártires y patronos de Cádiz.  La estética de estas figuras, de carácter más castellano que flamenco, ha sido uno de los motivos para no atribuir la obra a Enrique de Arfe.
Las marcas y la autoría de "El Cogollo".
Existen marcas en la peana, de difícil lectura e interpretación. Según ellas, la obra fue hecha en Córdoba, ya que se aprecia la sílaba "COR" en determinado lugar del basamento.
El resto de las marcas (quizás haya hasta cinco diferentes) presenta una lectura bastante problemática, ya que cuatro de ellas se leen con gran dificultad y la quinta es prácticamente ilegible.
Sin entrar en la lectura de las marcas se puede decir con total seguridad que la custodia se hizo en Córdoba en el primer tercio del siglo XVI, por lo que su autor pudo ser un discípulo de Enrique de Arfe, o bien un seguidor de su más puro estilo gótico, sin descartar al propio autor flamenco.
 
El basamento manierista
El basamento o peana de la custodia gótica, también de plata dorada, es de estilo manierista. Tiene planta hexagonal, al igual que la custodia, y se compone de niveles decrecientes, que se recubren con cartones recortados.
En los ángulos van ángeles niños de bulto redondo. En cada una de las esquinas del nivel inferior, bajo los pies de los ángeles, va una cartela de cartones recortados, cuyo centro está formado por un mascarón de boca abierta, y asimismo, unos rizos laterales, que recuerdan a la ornamentación maya. En la parte central de cada lado del basamento aparece un escudo oval, dentro de una cartela, donde se dibuja una cruz flordelisada, que emerge de las aguas. Una cabeza alada ocupa la parte inferior del óvalo.
La peana de la custodia gótica.
Los primeros datos que tenemos sobre la construcción de esta peana datan de 1620 y nos las proporciona una decisión del cabildo de la ciudad por la que acordó construir a sus expensas "unas gradas o peana de plata en que fuese con más suntuosidad y mejor vista el "Cogollo"".
Aunque con los datos anteriores podemos presuponer que la peana se realizó en dicha fecha, el autor de la custodia barroca Antonio Suárez, realizó en 1670 un proyecto de peana o urna que sostuviera el Cogollo, pero que no se llevó a cabo el mismo. Viendo el estilo de la pieza, parece más probable la primera teoría, aunque no se descarta que al realizar Alejandro de Saavedra el diseño de la custodia barroca, Antonio Suárez pudiera realizar el basamento con posterioridad.
Quizás la clave se encuentre en este documento del Cabildo del Ayuntamiento de Cádiz fechado en 1670 y que dice así:  "...a la custodia que la dicha Santa Iglesia tiene [...] le faltó para su perfección y complemento una urna en que fuese la custodia pequeña donde se coloca el Santísimo Sacramento, cuya obra no pudo del todo quedar acabada por falta de medios [...] y porque ahora parece oportunidad para ello [...] para cuyo efecto esibo este dibujo que Antonio Suárez, maestro platero, a echo...".
En 1721, el platero Pablo de Ocaña aderezó la custodia gótica y su peana, pero no parece que interviniera esencialmente en ninguna de dichas piezas. Podemos hallar la marca "OCAÑA" varias veces en la parte superior de la peana.

En cualquier caso, la obra es un trabajo claramente manierista, que se corresponde estructuralmente con la fecha de 1620. Seguramente la actuación de Suárez, en 1670 se limitó a añadir los mascarones de tipo colonial y a aumentar el número de elementos decorativos.
La Custodia Barroca
Aportaciones documentales
La primera noticia que tenemos nos relata los motivos que inclinaron a los dos cabildos (secular y eclesiástico) a realizarla, entre los que destaca el pequeño tamaño de la custodia gótica, así como la necesidad de resaltar la festividad tanto a los ojos de los católicos como de los herejes. Así, Fray Gerónimo de la Concepción nos dice:  "...pareciéndole que la ostentación de aquel acto pedía de justiçia, más majestuoso y superior Relicario, y más a los ojos de tantas Naciones inficionadas de la heregía Sacramentaria, como concurren en aquel Emporio del Orbe...".
Según el citado autor, la custodia se empezó en 1648 y se terminó seis años después, inspirándose en la torre del ayuntamiento de nuestra ciudad.
Otro historiador, ya de nuestro siglo, Hipólito Sancho de Sopranis, le dedicó un amplio estudio basado fundamentalmente en la documentación y en el análisis de la iconografía.
La estructura arquitectónica
La custodia que contemplamos hoy día mide 3,38 m, sin el carro (4,95 m con él), por lo que resulta el conjunto procesional de plata de mayor tamaño en España. La custodia, propiamente dicha, se compone de tres cuerpos con linternas y remate escultórico, y supone una transición entre las custodias renacentistas y las barrocas. El artífice ha querido combinar elementos arquitectónicos procedentes del Manierismo con otros ya puramente barrocos, aunque las estructuras básicas son, como en todas las custodias posteriores, de origen renacentista.
Se inicia la custodia, por su parte inferior, con una peana de planta cuadrada con ángulos cortados en dos niveles, por lo que resulta un octógono con complicaciones mixtilíneas entre los cuatro lados mayores y los cuatro menores. Su diámetro máximo es de 1,55 m y el menor de 1,23 m, siendo su altura de 7,5 cm. Su autor fue Bernardo Cientolini, de origen romano, que añadió esta pieza entre 1692 y 1693, es decir, casi treinta años después de concluirse la custodia, con la intención de elevar la altura.
El primer cuerpo, que se apoya sobre la peana, tiene 1,38 m de altura, conteniendo en sí una segunda base aparentemente cuadrada, aunque con los ensanchamientos de los ángulos resulta octogonal, con cuatro lados grandes y cuatro pequeños. Sobre este basamento (el primitivo de la custodia barroca) se levantan ocho pilares que, agrupados de dos en dos, sostienen la cubierta cupuliforme. cada dos de estos soportes, colocados en los ángulos del cuadrado de la base, apoyan un arco de medio punto, sobre el que corre un dintel y un cuerpo trapezoidal con ventana cuadrada de balaustres, sobre el que apoya directamente la cúpula. El capitel se decora con una especie de frutos alargados pendientes de cintas, que cuelgan de unas estilizadas volutas.
Estructuralmente, lo que más llama la atención es la colocación de cuatro enormes columnas, que habría que llamar gigantes, en los ángulos externos del cuadrado de base, del doble de altura de los pilares, que sostienen el basamento del segundo cuerpo.
El segundo cuerpo, de 1,13 m de altura, tiene planta circular sobre la que se apoyan ocho pilares, que sostienen los correspondientes arcos. Delante de cada uno de los pilares se coloca una columna, de mayor altura, que soporta la cornisa superior del correspondiente dintel y que oculta prácticamente el pilar.
El basamento de este cuerpo presenta una cierta problemática, no resuelta todavía, ya que las ocho columnas no se adaptan de una manera racional a la superficie circular de la base, de tal manera que el plinto sobre el que se apoyan sobresale de la circunferencia exterior, lo cual ni siquiera es pensable en una mentalidad barroca. Tampoco la ornamentación concuerda. Esto hace pensar que fue añadida o reformada posteriormente. En 1692 Bernardo Cientolini realizó algunas reformas en la custodia, entre las que parece que actuó en el segundo cuerpo girándolo y, quizás, aunque no se mencione en la documentación, reformase el basamento de este segundo cuerpo.
 
El tercer cuerpo tiene 87,5 cm de altura, y está formado por ocho pilares rectangulares decorados en su exterior por una hilera de acantos.
La cúpula es de media naranja y lleva falsas aristas en forma de estípites, dividiéndose el trasdós en los correspondientes paños. La linterna se forma por pilares acabados en voluta en su parte baja, y tiene aspecto más clasicista, cubriéndose con una cupulilla manierista también aristada, cuyas costillas acaban en volutas. Su vértice sostiene la esfera con la imagen de la Fe.
Iconografía y ornamentación
Para la descripción de la custodia original, teniendo en cuenta las transformaciones que ha sufrido con el paso de los años, vamos a tener en cuenta la obra de Fray Gerónimo de la Concepción, "Emporio del orbe", en la que la descripción va acompañada de una ilustración, que la presenta tal y como se terminó. A la vista de ella, hay que decir que los cambios no han sido excesivos, limitándose a colocar un nuevo basamento bajo el original, una esfera bajo la figura de la Fe y a quitar cuatro ángeles en el remate del segundo cuerpo, además de los retoques decorativos que se han ido haciendo sobre cada una de las partes, según se ha creído que era necesario.
Primer cuerpo:
En la custodia actual, las escenas con mayor número de figuras corresponden al primer cuerpo, localizadas principalmente en los lados mayores del basamento original, o frentes principales de la custodia. En ellos se representan las siguientes escenas:
1. El paso del Mar Rojo.
2. La adoración del Cordero con el Tetramorfos.
3. Melquisedec ofrece pan a unos guerreros.
4. La Última Cena.
Las dos últimas escenas parecen ser de una época posterior y realizadas por otro orfebre, puesto que tienen menos personajes que las dos primeras y son de mayor tamaño.

Los lados menores corresponden a los frentes de las potentes columnas exteriores, y en ellos van los Evangelistas. En los cantos, que son 24, sólo ocho llevan relieves humanos y los demás temas vegetales. Los relieves iconográficos son los siguientes:

1. El Maná.
2. El trasporte del racimo por Caleb y Roboam.
3. Adán y Eva.
4. El sacrificio de Isaac.
5. Sansón que lucha con un león (¿Hércules o Herakles?)
6. El pelícano.
7. Cristo crucificado, fuente de la vida, dentro de una fuente.
8. Sacerdote con el cáliz con la hostia, y una espada que le sale de la boca.
Bajo este basamento inicial, que remata en su parte inferior en un pequeño friso de acantos, se coloca una extensión del mismo en forma de toro, que podría haber sido reformado para adaptarse como moldura de unión a la segunda peana que se puso en la reforma de 1693 por Bernardo Cientolini.
Los lados grandes de este espacio llevan en el centro:

1. Adoración de la Cruz.
2. Cáliz en el óvalo.
3. Tema profano ornamental.
4. Tema profano ornamental.
Y en los lados pequeños:
1. Tres ángeles músicos.
2. Tres ángeles músicos.
3. Tres ángeles músicos.
4. Mesa de altar con las ofrendas.

El suelo de este cuerpo tiene un cincelado y repujado muy plano, compuesto por óvalos y ces vegetalizadas y, en los ángulos, un tallo con flora distinta, en cada uno de ellos (tulipán, flor de patata, clavel y rosa).
La cubierta cupular de este primer cuerpo presenta un intradós dividido en ocho paños, cuyos relieves son tanto de contenido devocional como eucarísticos. Los paños mayores llevan:
1. La Anunciación.
2. Ángeles músicos, con filacterias del Pange lingua.
3. La Adoración de los pastores.
4. Ángeles músicos, sin filacterias.
En los lados menores van jarras con ramos de flores (claveles, margaritas, rosas), flanqueadas por ángeles. En el interior de la cúpula, sobre los lados menores, entre las impostas se abren ventanas cuadradas con balaustres, decorándose todos estos espacios interiores con ángeles músicos y vegetación barroca.
En cuanto a las figuras de bulto de este primer cuerpo hay que decir que no son muy abundantes, pues se reducen a la paloma del Espíritu Santo, que cuelga de la clave, y los cuatro Padres de la Iglesia: San Agustín, San Jerónimo, San Gregorio y San Ambrosio, todos con mitra, báculo y libro, salvo San Gregorio que lleva tiara papal.
El resto de las figuras de bulto están constituido por los ángeles que se reparten por los tres cuerpos y que debieron sostener distintos instrumentos que hoy se han perdido en su mayoría.
Segundo cuerpo:
Lleva una rica ornamentación vegetal que lo cubre casi completamente, compuesta en su mayor parte por acantos y guirnaldas de frutas, a los que hay que añadir la ornamentación helicoidal de parras con racimos que cubren las columnas. La peana lleva galloncillos en el perfil recto, guirnalda de laurel en el toro pequeño, y tallos vegetales lisos sobre fondo rayado con entrelazo en el toro grande.
La ornamentación de la cúpula es igualmente rica, y sus motivos se relacionan claramente con los del resto del templete, aunque aquí se desarrollan más los elementos florales. El intradós se divide en paños, ocupado cada uno por jarras de flores de dos tipos alternadas: una gallonada y otra más panzuda y con vegetalizaciones en la parte inferior. En este espacio interior de la cúpula corre un friso decorado con guirnalda de frutas, que se alterna con cabezas de ángeles, y en las impostas, uvas y espigas. Los paños exteriores van decorados con guirnaldas de flores barrocas del mismo tipo que las de las jarras.
En lo que se refiere a la iconografía se reduce a la gran figura del Resucitado, que ocupa el espacio interior, y a los relieves y esculturas angélicas. El Resucitado, de 0,54 m de altura, es de fundición y se presenta con la cruz en la mano y un manto dorado añadido posteriormente. De mucho menor tamaño son los ocho ángeles sentados en los salientes del friso, que coinciden con la parte superior de las columnas, que han perdido las alas, y llevan un plato oferente, en los que iría algo que ha desaparecido con el tiempo. En el frente de los arcos también aparecen ángeles en relieve, adultos, de cuerpo entero y en actitud de adoración. En el grabado de la obra de Fray Gerónimo aparecen cuatro ángeles adultos de mayor tamaño, que llevaban ramos de flores en sus manos. Se ignora en qué momento desaparecieron.
Ornamentación relativamente sobria en los pilares, que presentan acantos en el exterior y guirnaldas vegetales en el interior. La cúpula va ricamente decorada con temas vegetales que difieren del resto de la custodia. Se componen de flores tales como tulipanes, margaritas y otros tipos de flores que nada tienen que ver con la ornamentación barroca española. Esto puede indicar que se añadieron en una época posterior. Unos estípites adosados y decorados con acantos dividen la superficie cupular en ocho paños. La decoración del intradós es completamente diferente y parece corresponder al barroco final.
Las imágenes de bulto que contiene este cuerpo son ocho ángeles niños, de pie, con los brazos extendidos, que probablemente sostendrían guirnaldas, y la figura de La Fe en el remate. Éste se forma por una linterna cilíndrica con cubierta cupular, sobre la que apoyan dos molduras, jarra y esfera, que sirven de basamento a la Fe. Ésta lleva ropa bordada sobre alba lisa, corona (añadida posteriormente), ojos tapados y, en las manos, el cáliz con la hostia y la cruz.
La autoría
En 1996, aunque ya era sobradamente conocido por la documentación existente, apareció en el interior de uno de los frisos de la base del primer cuerpo la siguiente inscripción: ANTº SVARES ME FESI ANO DE 1664.
Al parecer, Antonio Suárez hizo la realización práctica del proyecto de Alejandro de Saavedra, como se deduce de la siguiente cita:  "...acabada sea de todo punto la dha. Custodia y obra que a de llevar Segun la dha. planta de madera fha por mano de Alexandro de Saabedra, maestro escultor vezino desta ciud. le pagaremos y pagara al dho Anttº Suarez o a quien su causa ubiere...".
Con respecto a la restauración de finales del siglo XVII hecha por Cientolini, cabe decir que la transformación fue inicialmente contratada para la reforma del segundo cuerpo. A este respecto, Cientolini presentó un nuevo proyecto que quedó registrado en las Actas Capitulares del Ayuntamiento en 1692. A pesar de esto se le ha asignado a Cientolini el principal papel en la custodia, llegando incluso a atribuírsela por completo, debido quizá a su mención en los documentos y a su firma al pie del proyecto de reforma. Quizás la atribución errónea a Cientolini se debe a la siguientes inscripción, que él mismo puso en el basamento añadido a la custodia, que dice así:
REINANDO EL MUY CATHOLICO MONARCHA DON CARLOS SEGUNDO Y GOVERNANDO ESTA CIUDAD EL EXCELENTISIMO SEÑOR DON FRANCISCO FERNANDEZ DE VELASCO, CAVALLERO DEL ORDEN DE SANTIAGO, DEL CONSEJO DE GUERRA DE SU MAGESTAD I MAESTRE DE CAMPO GENTIL DE LAS COSTAS DE ANDALUCIA, ACORDO, ACORDO ESTA DUCHA MUY NOBLE Y MUY LEAL CIUDAD DE CADIZ QUE DE ESTA PRECIOSA CUSTODIA QUE CON TANTO COSTO Y ZELO LABRO A SUS ESPENSAS Y ENTREGO A LA SANTA IGLESIA CATEDRAL EL DIA DE LA PASQUA QUE SALIESE NUESTRO SEÑOR SACRAMENTADO LOS DIAS DEL CORPUS, SE ENMENDASEN LOS DEFECTOS DE SU FABRICA COMETIENDO ESTA OBRA A LOS SEÑORES DON YGNACIO DE HENESTROSSA Y HINOJOSSA Y DON NICOLAS NORBERTO CASER, REGIDORES PERPETUOS Y DIPUTADOS DE ESTA FESTIVIDAD, EL AÑO DE 1692 Y ESTE DE 1693.
El carro o paso
La ciudad de Cádiz quiso enriquecer aún más la custodia colocándola sobre unas andas o carro cuyos faldones se hicieron de plata labrada y calada. Esta fue la última actuación de importancia que completó el conjunto de la custodia, realizada 76 años después de la terminación del trabajo de Antonio Suárez.
Para su realización se pidieron unos planos previos, que se conservan, como los de la reforma de la custodia, en el Archivo Municipal de Cádiz. Aunque no están firmados, deben ser del autor de las andas, ya que las variantes entre la obra y el proyecto son mínimas. Hay dos planos, ambos hechos a tinta: uno coloreado a la acuarela y otro sin colorear.
El dibujo coloreado se ajusta exactamente a la disposición que tendrá cada una de las caídas del carro: tres espacios verticales separados por estípites, que contienen en su interior una abundante decoración tardo-barroca. En el centro de cada uno de los espacios va un medallón de perfil ondulado, con la representación de distintos elementos procedentes del Antiguo Testamento, como Roboam y Caleb trasportando las uvas, Tobías y el ángel, ofrendas sobre el altar, y el Arca de la Alianza. En el centro, como emblema de la ciudad, aparece Hércules entre dos leones.
En el proyecto sin colorear vemos como se repite la figura de Hércules. En otros dos medallones vemos las columnas con el Non plus ultra y el Cordero sobre el libro, yendo en este último la fecha de 1740.
La realización del carro. El cambio ornamental
La pieza, que se halla todavía dentro del estilo barroco, aunque ya en un período final, muestra una decoración muy abultada, con multitud de elementos vegetales, diferentes a los más clásicos utilizados en la custodia, elementos que están muy cercanos al rococó.

Cada una de las cuatro caídas se dividen en tres registros de disposición vertical, separados por pilastras en forma de estípites. Cada uno de los espacios va cubierto con la decoración vegetal rococó, que enmarca una cartela oval en el espacio central. En la parte superior, una ventana rectangular de perfil mixtilíneo, cubierta con una reja de trazado crucífero, permite la ventilación del conductor del carro.

La iconografía de las cartelas está relacionada con la fiesta eucarística y con la ciudad de Cádiz. En el frente, en las cartelas laterales, aparecen los patronos de la ciudad San Servando y San Germán, y en el centro el Cordero sobre el libro, y bajo él una leyenda que dice:

ECCE AGNUS DEL AVIENDO EL AÑO DE 1664 DEDICADO A LA DIVINA MAGESTAD SACRAMENTADA ESTA CUSTODIA LA EXCELENTÍSIMA CIUDAD DE CÁDIZ, MANDÓ HACER TAMBIÉN DESPUES ESTAS CAÍDAS PARA ADORNO DE SU CARRO, REYNANDO EN ESPAÑA FELIP V, SIENDO GOVERNADOR EL EXCELENTÍSIMO SEÑOR DON BARTOLOMÉ LADRÓN DE GUEVARA, Y DIPUTADOS LOS MUY ILUSTRES SEÑORES DON PEDRO COLARTE DE MAYO, DEL ORDEN DE SANTIAGO, Y DON MIGUEL GONZÁLEZ DEL CAMINO, HIZO LAS CAÍDAS EL ARTÍFICE JUAN PASTOR, EN 85 DÍAS DEL AÑO 1740.
Las cartelas de la parte trasera contienen: el trasporte del racimo entre Caleb y Roboam, La Cena y la mesa de ofrendas. Bajo la cartela central, la de la Cena, va la siguiente inscripción:
SAPIENTIA EDIFICAVIT SIBI DOMUM
MISCUIT VINUM ET PROFUIT MENSAM
QUOD NON CAPIS QUOD NON VIDES,
ANIMOSA SIRVAT FIDES.
En las cartelas de las caídas laterales se representan: Hércules con los leones, en los espacios extremos, y en el central el Sacrificio de Isaac. En el otro lateral: Tobías y el ángel, en el centro, y en los extremos se repite el tema de Hércules.
La datación y autoría del carro no ofrece la menor duda, pues la inscripción de la caída frontal nos da los promotores encargados de su realización, la fecha y el autor.
Integración de los diferentes estilos
La Custodia de la Catedral de Cádiz es un resumen de los principales estilos españoles en el arte de labrar la playa. Esta diversidad de estilos es una muestra del interés continuo de la ciudad por el embellecimiento del marco eucarístico, que desde el siglo XVI hasta el XVIII no ha dejado de intentar mejorar el trono de Cristo, en el que se mostraba el día de su fiesta principal, la del Corpus Christi.
Este afán de emulación en la glorificación de la Eucaristía llevó a los gaditanos a hacer un maravilloso edificio gótico de delicadas tracerías. Casi un siglo después intentaron realzarlo con un basamento y, no contentos con el efecto conseguido, cincuenta años más tarde emprendieron la obra de la gran custodia barroca para meter dentro la custodia gótica, y acabaron el basamento. Lógicamente con esta última intervención la obra de la custodia parecía estar terminada, pero, sin embargo, todavía quisieron superar a otras ciudades que poseían custodias importantes, como Córdoba, Sevilla o Toledo, haciendo lo que estas no tenían: un carro o paso de plata, de manera que todo lo que rodease a la Eucaristía fuese puro brillo. Todo ello fue posible debido tanto al interés del Cabildo Catedralicio como al del Cabildo Secular, enriquecido por el gran Siglo de Oro gaditano.
Lo más interesante es resaltar de qué manera se asimilaron o se superpusieron unos estilos a otros, grabándose el conjunto de tal forma en la memoria popular que nunca consideró a la custodia como una superposición de estilos, sino como una obra única con un único contenido, y con una única intencionalidad: venerar y mostrar el cuerpo de Cristo.
 
Bibliografía
- María Jesús Sanz: La Custodia de la Catedral de Cádiz. Chiclana de la Frontera (Cádiz). 2000.
- Lorenzo Alonso de la Sierra Fernández: Alejandro de Saavedra y Antonio Suárez, autores de la Custodia del Corpus de la Catedral de Cádiz. Revista Atrio. 1996.
- Hipólito Sancho de Sopranis: La Custodia del Corpus de la Catedral de Cádiz. Archivo Hispalense. Sevilla. 1961.
- Fray Gerónimo de la Concepción: Emporio de el Orbe. Cádiz Ilustrada, investigación de sus antiguas grandezas, discurrida en concurso del general imperio de España. Ámsterdam. 1690.