Pasión por Cádiz

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Cádiz, Andalucía, Spain
AB ORIGINE SEMPER FIDELIS. IN PERPETUAM, SEMPER ET UBIQUEM GADES. QUI POTERS CAPERE, CAPIAT.
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domingo, 1 de febrero de 2026

Anotaciones de Cádiz según William Jacob. 1809.

 

VIAJES AL SUR DE ESPAÑA. 1809 y 1810. (Anotaciones sobre Cádiz)

WILLIAM JACOB

MERCADOS. CONVENTO DE SAN JUAN DE DIOS (IGLESIA): FRAILE PREDICANDO SU SERMÓN.

CATEDRAL: CUADROS, ORNAMENTOS DE ORO Y PLATA. 

CATEDRAL NUEVA SIN TERMINAR.


CONVENTO DE LOS CAPUCHINOS Y SUS EXCELENTES CUADROS.

ÁRBOL DE LA SANGRE DE DRAGÓN. ESCASEZ DE AGUA BUENA.

CÁDIZ, SEPTIEMBRE DE 1809.

Ayer, aunque era domingo, el mercado estaba extraordinariamente concurrido, especialmente los de pescado y verduras; este último se hallaba abastecido con una sorprendente profusión de todo lo que ofrece la estación. El ajo es en este lugar un artículo de suma importancia, y se vende en ristras de tres o cuatro varas de longitud, apiladas en montones. El mercado abundaba asimismo en cebollas, uvas, melones, calabazas, nabos, zanahorias y apio de un grosor prodigioso. El consumo de carne en esta ciudad es muy reducido, y la poca que se consume es de calidad muy inferior. Las clases pobres y medias viven principalmente de frutas y verduras, junto con pescado que se vende frito en aceite, en tiendas situadas en distintas partes de la ciudad.

Visité el convento (iglesia) de San Juan de Dios, donde un fraile predicaba en el cuadrángulo contiguo a la iglesia, ante una congregación que permanecía de pie bajo la sombra de los arcos; su discurso era, creo, aprendido de memoria más que improvisado. Fue pronunciado con deliberación y solemnidad, pero aparentemente sin sentimiento; su objeto era mostrar la dignidad, la paciencia y la virtud de la Santísima Virgen. Estableció un paralelismo entre su amor maternal y el de otras madres, más ingenioso que sólido.

Condujo a su auditorio al Calvario y se extendió sobre los dolores que debió sentir al contemplar los sufrimientos de su Hijo, tratando esta parte del asunto con aceptable habilidad y efecto; sin embargo, no intentó extraer de ejemplo alguno una mejora moral, dejándose a los oyentes la aplicación práctica del relato. Si los pocos sermones que se predican en España son de esta naturaleza, y el púlpito se utiliza únicamente para exaltar los supuestos sufrimientos o virtudes de los santos, sin inculcar aquella conducta moral y devota tan esencial para la felicidad humana, el estado de la religión y de la moral debe hallarse, sin duda, en un nivel muy bajo en este país. Se celebraba misa en la iglesia del convento, que estaba más concurrida que el cuadrángulo donde predicaba el fraile. Visitamos algunas otras iglesias, donde se decía misa ante congregaciones bastante escasas. Todas las iglesias están suntuosamente acondicionadas y adornadas con ricos ornamentos de oro y plata, así como con buenos cuadros.

Visité la catedral, un edificio antiguo y exteriormente desprovisto de todo gusto, pero interiormente decorado de manera elegante y espléndida, y provisto de numerosas capillas y altares privados, ante los cuales los devotos se hallaban arrodillados ofreciendo en silencio sus oraciones. Pedimos a uno de los sacerdotes que en aquel momento se encontraba desocupado permiso para ver los cuadros y otros adornos; tan pronto como supo que éramos ingleses, ordenó a un sacristán que nos mostrase todo lo que había en la iglesia. Algunos de los cuadros eran buenos, pero ninguno excelente, ni obra de los mejores maestros, siendo la mayor parte copias evidentes de originales muy mediocres. Cerca de uno de los altares hay algunas buenas estatuas que representan la coronación de la Virgen por los ángeles. La historia es ridícula, pero las figuras son admirables; fueron traídas de Italia y, según la inscripción, ejecutadas en Nápoles en 1693 por Palatano.

La gran cantidad de ornamentos y utensilios de oro y plata utilizados en el servicio de la iglesia, y guardados en arcas y armarios, constituye el rasgo más notable de la catedral; en su labor se manifiesta gran gusto, y se nos informó de que el peso de la plata contenida en un solo armario ascendía a sesenta arrobas; esto, junto con la hechura, debió costar por sí solo diez mil libras*. Existen además otros ornamentos de oro bellamente adornados con esmeraldas, rubíes y amatistas. La mayor parte de las riquezas de esta iglesia ha sido donada por personas que regresaron de las posesiones transatlánticas de España.

Se está levantando actualmente una nueva catedral que, si alguna vez llega a concluirse, será un edificio tan magnífico como costoso; comenzó a edificarse en 1722 y aún requerirá muchos años para completarse. La obra se sostiene a expensas del Consulado, o cuerpo de comerciantes de esta ciudad, que ya ha invertido en ella más de un millón de dólares. Está construida en mármol blanco, pero las partículas salinas han vuelto de color pardo el lado que da al mar; las columnas de mármol del interior son muy hermosas y de orden corintio; la cúpula destinada a ocupar el centro de la iglesia aún no ha comenzado a levantarse, y se dice que será tan pesada que las columnas resultarán insuficientes para sostener su peso. El interior es por ahora un simple montón de escombros; y una iglesia católica debe tanto a sus ornamentos habituales, que resulta imposible formarse una idea del efecto que podrá producir este edificio cuando esté terminado.

El convento de los Capuchinos, en la ruta del vendaval, merece atención, no por el edificio ni por la economía interna de la casa, sino porque la iglesia contiene los dos mejores cuadros de Cádiz, ambos pintados por el célebre Murillo.

El asunto de uno de ellos es una crucifixión; las expresiones son excelentes y el colorido responde al mejor estilo de aquel maestro. El otro cuadro quedó inacabado a la muerte del artista y fue concluido por su discípulo Osorio Meneses, cuyo modo de pintar se asemeja más al de su gran maestro que el de ningún otro de sus imitadores; está colocado sobre el altar mayor y representa el desposorio de Santa Catalina con el Santo Niño en brazos de su madre; las figuras y el colorido son admirables.

En el jardín del convento hay un árbol que, por ser el único de su especie en Europa, puede considerarse una gran curiosidad: produce la resina gomosa llamada sangre de dragón. Se me informó de que procedía originalmente de las Indias Orientales, pero no pude averiguar en qué época ni de qué modo fue traído.

El agua buena es muy escasa en esta ciudad: no hay manantiales en la península que no sean salobres, aptos solo para el lavado y no para usos culinarios. Todas las casas tienen un aljibe o depósito lleno de agua de lluvia, pero generalmente prefieren beber la que se trae en toneles, por barco, desde El Puerto de Santa María. Para enfriarla y hacerla apta para beber, la filtran a través de pequeños recipientes de barro poroso, lo que la hace muy agradable y refrescante. Los habitantes más acomodados utilizan agua enfriada con hielo, que se trae diariamente en grandes cantidades desde las montañas de Ronda y que, en este clima, constituye un gran lujo.

domingo, 1 de septiembre de 2024

Parroquia de Santa Cruz. La Catedral Vieja.

 

Cádiz tiene la bonita circunstancia de tener dos catedrales. Durante casi seis siglos, la actual Parroquia de Santa Cruz, llamada también en la actualidad Catedral Vieja, sirvió como catedral, aunque no es tan monumental como la llamada Catedral Nueva (actual catedral). 

La actual Parroquia de Santa Cruz, construida en el siglo XIII durante el reinado de Alfonso X El Sabio con la llegada de los cristianos tras la Reconquista, adaptándose una antigua mezquita allí existente. Con un techado de madera, muy sobria y con pilares más toscos que las actuales columnas del interior que ahora conocemos.


Se nombra Catedral con la autorización del Papa Urbano IV, trasladando la Sede Episcopal desde Medina Sidonia. Siendo su primero obispo Fray Juan Martínez y el presbítero Ruy Díaz su primer Deán. Por tener la licencia catedralicia fecha de 14 de septiembre, se le impuso el nombre de Santa Cruz. 

La torre de la llamada Casa de la Contaduría, y que sirvió de campanario tiene dos teorías sobre su origen; uno de ellas es que era el alminar de la antigua mezquita que allí había. La otra teoría dice que podría ser una construcción mudéjar posterior a la Reconquista de 1262.

Tras el asalto inglés de 1596, la entonces catedral, es reconstruida después de dejar la escuadra inglesa la ciudad totalmente arrasada; aunque es bastante parecida a como la conocemos en la actualidad, a finales del siglo XVII se reforma en un estilo manierista barroco e incluso se encarga una gran portada de mármol que con el paso de los siglos venideros, también desaparece. 



Anexa al antiguo edificio catedralicio, se encuentra la llamada Torre del Sagrario, de planta cuadrada finalizada en 1692 y reformada  en el siglo XVIII por Torcuato Cayón. 

Sufrirá varias reformas hasta que en 1838 se consagra la actual Catedral, pasando a ser desde entonces parroquia y conservando su nombre original de Santa Cruz. Así que desde 1262 hasta 1838 fue el primer templo diocesano.
 


martes, 10 de noviembre de 2020

La capilla de los franceses

 


Es poco conocido por parte de la ciudadanía de Cádiz la existencia de un lugar de culto propiedad de un país que no es España, si no de la República de Francia. 

Se trata de la llamada "Capilla de los franceses" un magnífico rincón a la derecha, según se entra, del altar principal del Convento de San Francisco y del que la República Francesa es propietaria y responsable de su mantenimiento.



Aunque ya había sepulturas que atestiguan su existencia en 1675, fue reformada por orden del Cónsul General de Francia, Pierre Nicolas Panthiet en la década de los sesenta del siglo XVIII, concretamente en 1762 para atender a la numerosa colonia de franceses afincados en la ciudad.



Preside el altar un crucificado proveniente de México y a su lado la Virgen María y San Juan. Como imágenes, talladas por Pedro Roldán, principales están San Luis de Francia (St. Louis) que reinó como Luis IX (Nace en 1214, muere en 1270 y fue canonizado en 1297 por Bonifacio VIII) y a cada lado, los también santos franceses San Dionisio (St. Denis) y San Remigio (St. Remi).



En un lateral del altar, hay una lápida en la que puede leerse (sic):

ESTA CAPILLA LA BOVEDAS SEPVULTURAS Y DEMAS DE SUS PERTENENCIAS SON DE LA NACION FRANCESA, DE TIEMPO INMEMORIAL: SEGUN MAS INDIVIDUALMENTE SE EXPRESA, EN ESTA ESCRITURA QUE EN EL ASSUNTO DE DHAPOSESSION O DOMINIO - V EL QUASI OTORGO EL REVMO. PE. GAN. Y SUS RELIGIOSOS DE ESTA VENERABLE COMMUNIDAD EN 30 DE AGTO DE EL AÑO 1726 POR ANTE DÑ. MIGL. FRNZ DE OTAZS SNO DEL NO SE RENOVÓ Y ADORNO EL AÑO 1762 A EXPENSAS DE DICHA NACION







Fotos: José Luis Varela. 

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jueves, 9 de julio de 2020

El oratorio de la Santa Cueva

La Santa Cueva es un edificio lleno de belleza y originalidad. Consta de dos capillas , construidas una sobre otra; la subterránea está dedicada a la Pasión, y el oratorio o capilla alta, a la Eucaristía. Fue construida por la Cofradía de Disciplinantes de la Madre Antigua, de origen jesuítico y a expensas de su generoso capellán José M. Sáenz de Santamaría, marqués de Valde-Íñigo, hombre notabilísimo, filántropo y uno de los más conocidos dentro del Cádiz de la Ilustración, ámbito cultural básico en la Constitución de 1812.  

La capilla subterránea, de tres naves, de planta rectangular y con un ambiente ascético. Fue edificada en 1783 por el arquitecto Torcuato Cayón y continuada a su muerte por su ahijado y discípulo Torcuato Benjumeda. 




En ella se guarda un bello Calvario con imágenes a tamaño natural del siglo XVIII obras del genovés Vaccaro.  La imagen del Cristo, se atribuye al gaditano José Gandulfo. Las imágenes, en barro cocido, de la Dolorosa  y una de el Buen Pastor -se conservan en otros lugares de la iglesia- son de una singular delicadeza y se atribuyen a Manuel González 'el granadino'.

El oratorio o capilla alta, construido en 1796, es igualmente obra de Torcuato Benjumeda, y se distingue por su bellísima planta ovalada y centralizada, con una elegante traza arquitectónica. 

Son muy interesantes los amplios medallones de estuco que se encuentran a la derecha e izquierda del Sagrario. Representan a San Luis Gonzaga y San Estanislao de Kostka, y son, como los ángeles de la cornisa y del altar, obra del escultor Cosme Velázquez. 

Decoran la parte alta del oratorio cinco lienzos de medio punto. Dos de ellos se deben a los pintores Zacarías González Velázquez y José Camarón que pintaron 'El milagro de las bodas de Caná' y 'La recogida del maná' respectivamente. De gran calidad artística, iconográfico y estilístico

Los tres restantes son obra de Goya tituladas 'Santa Cena', 'El milagro de los panes y los peces' y 'La parábola del hijo del Rey'.  Son tres lienzos de una calidad extraordinaria, obras maestras de equilibradas composiciones, muy singulares en la escasa producción religiosa de Francisco de Goya. 

La obra de Goya llegó a Cádiz por mediación de Sebastián Martínez, amigo del pintor, éste último se había alojado en casa del primero los primeros seis meses de 1793. En esa fecha obtuvo el encargo del Marqués de Valde-Íñigo para la realización de los cuadros, pintados en Madrid y que lucieron en la inauguración de la capilla el 31 de marzo de 1796, casi finalizando el siglo XVIII. 

Para finalizar, el sermón de las Siete Palabras de Joseph Haydn, una composición excepcional realizada para la propia inauguración de la iglesia. 

Fue encargada por el Marqués de Valde-Íñigo por mediación de los Marqueses de Ureña y Méritos, así consiguió contactar con Joseph Haydn y le convenció, a pesar de ser este compositor de religión protestante a que compusiera una obra que le diese fama universal, a lo que accedió después de varios ruegos creando la obra titulada "Las Siete Ultimas Palabras de Nuestro Salvador en la Cruz". 

A la postre, esta obra se ha hecho conocida en todo el mundo.  Las partituras originales se conservan en dicho oratorio y en el pequeño museo se expone una copia en facsímil.

El Marqués de Valde-Íñigo pagó en metálico dicho trabajo, aunque una parte la pagó en especias:  Cacao del Nuevo Mundo, habida cuenta de que el compositor austríaco era un glotón empedernido.

El Ministerio de Cultura declaró a la Santa Cueva monumento histórico-artístico de carácter nacional en 1981.








miércoles, 7 de marzo de 2018

Cádiz, las Siete Palabras y Joseph Haydn.

Cuando se realizaban unas obras en la gaditana Iglesia del Rosario en el año 1756, se encontró un subterráneo que se abría bajo ella. Gustó el lugar por ser espacioso y tranquilo a los devotos que se congregaban en el templo para hacer el ejercicio de la Pasión de Cristo llamado de "La Madre Antigua" y se trasladaron a ella después de haber colocado un Calvario.


La generosidad de José Antonio Sáenz de Santamaría, Marqués de Valde-Iñigo, que llenó de esplendor dicha iglesia, halló un nuevo incentivo para acudir a engrandecer aquella “cueva” tan apta para el recogimiento, así, el jueves santo, 17 de abril de 1783, se inauguró el hermoso templo de tres naves que hoy conocemos y en el que aparecía al frente un magnífico Calvario presidido por el Cristo de las Siete Palabras.



A la magnificencia del edificio, a juicio del Marqués de Valde-Íñigo, le faltaba algo que la hiciera definitivamente especial, algo que le diera una personalidad reconocida en el mundo entero y no dudó en buscar a un buen compositor que le dedicara una pieza exclusiva, para ello,  a través de las gestiones realizadas por don Francisco Micón, Marqués de Ureña y Méritos, músico aficionado y amigo personal, contacta con Joseph Haydn y le propone componer una pieza musical para la iglesia.

Haydn se muestra algo remiso por el encargo que le hacían desde Cádiz, ya que era de religión protestante, pero al final, registra ese mismo año de 1783 a petición insistente del Marqués de Valde-Íñigo, la composición de un cuarteto (OP 51) que se edita con el subtítulo de “Sieben Worte” (siete palabras), dividida en las siete partes correspondientes a las palabras que Jesús dijo en la Cruz, siete tiempos lentos.  Haydn mismo explicaba cómo le inspiró la exposición que se le había realizado del motivo y empleo de su obra al hacerle el encargo.  No cabe duda de que la insistencia del Marqués de Valde-Íñigo, hizo que se completase la música a la arquitectura, pinturas y esculturas que ya tenía la iglesia.

Las partituras originales se conservan en dicho oratorio y en el pequeño museo se expone una copia en facsímil. El Marqués de Valde-Íñigo pagó en metálico dicho trabajo, aunque curiosamente, una parte la pagó en especias:  Cacao del Nuevo Mundo, habida cuenta de que el compositor austríaco era un glotón empedernido.

La interpretación del cuarteto el Viernes Santo de la obra de Haydn se interrumpió en una determinada fecha y se reanudó hace unos 120 años gracias al entusiasmo del pintor, músico gaditano y mecenas de artistas don Salvador Viniegra.  Él mismo era uno de los ejecutantes, después también, en los siguientes años, lo siguió interpretando su hijo Juan.  





En aquella primera interpretación participaron como primeros violines Jerónimo Jiménez y Ramón Gil, ambos protegidos por Salvador Viniegra, el director del Conservatorio de Santa Cecilia Enrique Proca, Mariano Gallego, Eduardo Escobar, Salvador Tello, José del Hierro y Juan Viniegra. Segundos violines: Eduardo Seoane y Leonardo Cordonniere. Viola: Mariano Gallego, Francisco Rives y Enrique Rodríguez. Violoncello: Salvador Viniegra, José de Castro y Juan Ruíz Casaux. 


lunes, 20 de octubre de 2014

"Ecce Homo. Cádiz 1665.."

Libro "Ecce Homo. Cádiz 1665...  la historia de un litigio"

El comienzo de este libro se remonta al verano de 2012 y se debe a la confianza que deposita en nosotros el Dr. don Juan Antonio Ramírez del Río, entonces hermano mayor de la Archicofradía de Nuestro Padre Jesús del Ecce-Homo, María Santísima de las Angustias y San Juan Evangelista, al entregarnos los documentos más antiguos de la Archicofradía en formato digital para su transcripción.

A medida que vamos investigando los sucesos acaecidos, nos cautiva el Cádiz de la segunda mitad del siglo XVII así como sus personajes, sus calles, su historia. Por ello decidimos no sólo transcribir los documentos sino también darle una pincelada de color elaborando un relato para que la lectura no se ciñera a una sucesión de legajos.

Es una pequeña historia, que forma parte de otra mayor y es parte de la ciudad de Cádiz y sus habitantes. Comienza allá por la segunda mitad del siglo XVII, concretamente el 21 de marzo de 1668, cuando un grupo de gaditanos y gaditanas litigan por unas posesiones, un dinero, unos acuerdos. Son un grupo humano miembros de la "Cofradía del Santo Xto. Ecce Homo", contra otros ajenos a ella, personas con nombres y apellidos que vivían en la ciudad, con sus domicilios y sus trabajos, de diferentes edades y condición social. Todos ellos fieles amantes de su devoción cristífera, y por unos y otros motivos, siempre defensores de su fe.

La cofradía, durante estos años, está ubicada en el hospital de mujeres bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen situado en el edificio que se encuentra en la esquina de la calle de la Carne con la calle Comedias (Hoy Columela con Feduchy).

La cárcel real a la que se refiere en estos autos está ubicada por una zona cercana a la Correduría, próxima al actual ayuntamiento.

A lo largo de estos acontecimientos, se nos harán familiares nombres tales como Diego de Solís, su cuñada María Antonia de la Vega, Jacinto de Plata, Juan Ruiz, Juan de Montaño, Jacinto Pimentel y un largo etcétera, así como calles que aún hoy nos suenan familiares como Carne, Cuna vieja, y otras que han desaparecido por ejemplo la Plaza de las Tablas, todo ello lo iremos descubriendo a medida que avanzamos en el pleito.

Sobre este litigio, hemos recreado una pequeño relato adaptado a nuestro lenguaje actual, pero siguiendo fielmente las declaraciones en los autos de todas y cada una de las personas que participan en este pleito para así hacer la lectura más amena.

Para ello se han interpretado las formas de hablar y de escribir de los protagonistas, porque cada uno a su manera describen sentimientos y diferentes formas de pensar.

A la vista de estos autos, queda patente, que la fundación de la cofradía en torno al Santo Cristo del Ecce Homo es anterior a 1665 y figura como fundador Jacinto de Plata.

miércoles, 21 de agosto de 2013

¿Copiar y pegar? ¿O crear y difundir?

Cuando allá por el 3 de Marzo de 2011 decidí abrir un blog dedicado a la ciudad de Cádiz lo hice con la mínima intención de volcar en él lo poco o mucho que sabía de nuestra ciudad, sabía que era un tema bastante monotemático, poco conflictivo y que iba a tener un público bastante concreto, pero aún así decidí seguir adelante, con una mezcla de ilusión, ganas de pasarlo bien, de rellenar tanta soledad, de informar sobre lo que me gustaba, etc.

Con ayuda de libros, folletos docentes, recortes de prensa, documentación antigua que yo tenía, apuntes tomados en el Archivo Histórico Municipal o en el provincial, etc, me dedico a redactar textos temáticos respetando siempre la información sin añadir nada por mi parte.

Poco a poco el blog se va haciendo un hueco en un determinado sector, mi ilusión crece al ver que al menos interesaba a personas que así me lo demostraban con comentarios a cada texto, correos electrónicos, o incluso personalmente cuando me veían por la calle.      También, como administrador del blog, tengo una serie de controles y veo que entran personas de diferentes lugares de la provincia, en este caso localidad a localidad, de Andalucía, de España y del resto del mundo.

Me esmero todo lo que puedo, y los frutos del esfuerzo son las entradas que siguen publicándose, cada vez es más difícil acertar, y por tanto, tiro de personas que me pueden ayudar y de vez en cuando publico artículos de colaboradores.

El blog está en la red, libre y gratuito, para quien lo necesite.   Hay personas que con él 'matan el gusanillo' de la tierra que les vio nacer, o a la que quieren, y que están lejos de ella, hay quien ha utilizado algún artículo para trabajos personales, veo por las fuentes de tráfico que el blog está enlazado en páginas culturales y en algún que otro colegio.  
 
Otras personas simplemente leen, entran de casualidad, van a un lado o a otro en los enlaces y luego salen; y yo, soy plenamente consciente de todo ello, además asumo todo el uso que puedan hacer del blog al estar en un sitio público.

Lo que sí me gustaría incidir, y con esto termino, es que cuando algunos publiquen algo del blog, literalmente copiado en redes sociales, o en blogs, tengan la consideración, como así hacen la mayoría, de citar la fuente de procedencia, porque no sólo me fastidia que se cuelguen medallas y méritos inmerecidos, sino que al no decir de donde procede, está coartando la publicidad del blog y su divulgación, que es la ÚNICA finalidad con la que nació.

Me alegraría que en vez de copiar y pegar, apropiándose del trabajo de otros, utilizaran sus entendederas para crear cosas nuevas y que se complementara con este blog y con otros dedicados a Cádiz que conviven perfectamente en paralelo con 'Pasión por Cádiz'.






 

lunes, 19 de marzo de 2012

La torre del Convento de San Francisco, en Cádiz.

Algún tiempo después de abandonar Cádiz los soldados ingleses que al mando del Conde de Essex saquearon la Ciudad en 1596, se comenzó la restauración y transformación de la iglesia de San Francisco, de acuerdo con el proyecto trazado por el delineante y director de obras de origen genovés José Badaraco. Y entre dichas obras, se acometió la sustitución del modesto y ruinoso campanario que entonces poseía la iglesia, por la airosa y bien concebida torre que tiene en la actualidad.

Su construcción se comenzó en 1665, según puede verse en una inscripción que figura en la misma y se concluyó en 1761, siendo prior de este convento Fray Manuel de Lora. Su construcción es muy sólida, siendo toda ella de cantería, cuyas piedras fueron sacadas de la cantera del Paseo de las Delicias. A tal efecto, el guardián del convento de San Francisco, Fray Antonio Maldonado, elevó un Memorial al Ayuntamiento gaditano en el año 1665, solicitando la gracia de sacar piedra de una cantera de la Ciudad, para la construcción de esta torre, a cuyo Memorial se dio lectura en el Cabildo Municipal celebrado el 27 de junio de 1665, accediéndose a la gracia solicitada.

Esta torre, la que por encontrarse aislada y ser de gran altura, se contemplan desde ella bellísimos paisajes, desempeñó un importante papel en la Guerra de la Independencia y durante el asedio que el ejército francés puso a nuestra Ciudad. Las campanas de las torres de los conventos de San Francisco, la Merced y Santo Domingo, eran las encargadas de avisar al pueblo de los disparos de cañón que el ejército francés hacía sobre le Ciudad. Para tal fin, cada una de estas torres tenía establecido un vigía, él que al divisar el fogonazo en la boca del cañón y mientras el proyectil atravesaba la bahía, mediante un toque de rebato, avisaba al vecindario del peligro inminente para que éste se pusiera a cubierto de los obuses franceses.

Entre estos vigías alcanzó fama por aquel tiempo, por su serenidad y sangre fría nada comunes, el novicio Fray José Fernández, que tenía su misión en esta torre de San Francisco. Ramón Solís, en su obra “El Cádiz de las Cortes”, escribe que un día cuando después de tocar la campana avisando que los franceses habían hecho fuego, recibió un gran susto al comprobar que ésta había vuelto a sonar nuevamente impulsada por una granada que pasó junto a ella. Al instante el novicio no lo duda y con la campana gemela, continuó tocando a rebato de forma imperturbable.


También el escritor y político gaditano Antonio Alcalá Galiano en su obra “Recuerdos de un anciano”, dice que el novicio Fray José Fernández, con su característica sangre fría, cuando desde su puesto de vigía observaba que algunas granadas disparadas por los franceses caían en el mar, hacía un gesto característico de “corte de manga”, congratulándose de que éstos errasen en su puntería. Uno de los obuses franceses que, a pesar de no haber estallado, inutilizó una de las campanas de esta torre, se conserva en el Museo Iconográfico Histórico del Centenario de la Constitución de 1812 y Guerra de la Independencia (hoy Museo Histórico Municipal), ya que en el primer catálogo del mismo, editado en 1912, con motivo de su inauguración, en la página 189, puede leerse:

“Bomba caída el año 1810 en la torre de la iglesia convento de San Francisco. Encontrábase en dicha torre un lego de la Comunidad Franciscana, el que avisaba por medio de campanadas al vecindario las direcciones que llevaban los proyectiles enemigos. Esta bomba inutilizó dicha campana, teniendo que tocarlas señales con otra que existía, prosiguiendo así su humanitaria labor”.

Cuando hace unos años se elevó la fachada del edificio colindante a la iglesia de San Francisco, fue un gran acierto el seguir conservando aislada la torre, como siempre estuvo, porque aparte de conservarse su bella perspectiva, es una de esas pocas cosas que nos van quedando de un esplendoroso pasado histórico, cosas en las que los gaditanos debiéramos poner siempre el mayor interés por conocer y el mayor tesón para conservar.

domingo, 2 de octubre de 2011

Iglesia de San Juan de Dios

La Iglesia pertenece a la Santa Caridad, que es la fundación benéfica más antigua de Cádiz ya que existía incluso antes del asalto inglés a Cádiz de 1596.

El templo presenta una planta tradicional de cruz griega inscrita en un cuadrado.  Una cúpula abre el crucero a la vez que abundantes bóvedas de aristas lo hacen con el resto de las naves.  En los ángulos se emplazan diversas tribunas abiertas.

De estilo barroco, su exterior tiene la huella del neoclásico a raíz de la reforma llevada a cabo por Torcuato Benjumeda.  A su vez, la torre campanario que forma ángulo con las fachadas exteriores, presenta varias columnas decorativas de estilo jónico y un capitel obra de Torcuato Cayón en 1769.

En el interior, la obra cumbre es el altar mayor, cuy retablo barroco del siglo XVII con alguna reforma neoclásica, es la pieza principal.   Entre columnas salomónicas veremos a la Virgen del Buen Suceso, rodeada por santos y querubines.   A la izquierda se alza un retablo rococó con abundantes pinturas, un retablo neoclásico de Benjumeda con la imagen de San Rafael, otro de mármol italiano (siglo XVII) con una Virgen del Carmen, y el último, un cristo crucificado de la escuela genovesa (siglo XVIII).



En el lado opuesto se encuentran una serie de retablos barrocos con las imágenes de una Virgen Dolorosa, San Miguel, San Pablo, y un Cristo atado a la columna.

Caminando hacia el crucero, encontraremos dos retablos noeclásicos, obra de Benjumeda con figuras alegóricas de San Juan de Dios y San José.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Iglesia de San Agustín

La Iglesia de San Agustín fué construída en el siglo XVII y exclaustrada en el XIX, la fachada principal acoge un pórtico de mármol de dos cuerpos, el vano entre pilastras dobles cajeada y un segundo con hornacina que ocupa el santo titular, el diseño corresponde a un tardomanierismo o protobarroco.  

El interior es de composición sobria como corresponde al estilo neoclásico, aunque la proliferación de retablos atesora importantes obras de valor, presenta tres naves, con bóveda de cañón con vaída en las laterales sobre pilares con pilastras toscanas, y sobre el crucero se levanta una cúpula sobre pechinas, dando cabida en los muros laterales a una serie de capillas de importante valor artístico que fueron promovidas por las familias fundadoras, generalmente provenientes del País Vasco.  
 
El altar mayor también es de composición neoclásica, obra de Albizu en 1783, con esculturas del antiguo retablo original y pinturas de Alavarez Enciso, en el lado izquierdo se presentan retablos neoclásicos con esculturas y lienzos anteriores: "Vida de San Agustin", copias de Murillo, grupo escultórico de la Sagrada Familia del genovés Molinari, un Nazareno caído atribuido al imaginero italiano Fiumo, "Visión de San Antonio" de José Ruiseño, y las imágenes de San Nicolás Tolentino y Santa Rita, ambas del siglo XVIII.



En su interior se veneran tallas magníficas de la Semana Santa gaditana, tales como el impresionante Cristo de la Buena Muerte, probablemente una de los crucificados de mayor perfección no sólo en Cádiz sino en toda Andalucía, algunos estudiosos lo atribuyen a Alonso Martinez, también se puede admirar la talla de Jesús de la Humildad y Paciencia, obra de Jacinto Pimentel en 1638 así como las dos dolorosas que les acompañan en sus recorridos procesionales, Mª. Stma del Mayor Dolor, de 1761, y Ntra. Sra. de la Amargura, de 1967, respectivamente.

jueves, 11 de agosto de 2011

Iglesia conventual de Santo Domingo

La Iglesia conventual de Santo Domingo de Cádiz, sede canónica de la Virgen del Rosario, patrona de la ciudad, es uno de los más bellos ejemplos en España de la arquitectura tardomanierista con abundante decoración barroca.


La iglesia se inició bajo la dirección de Antón Martín Calafate y Bartolomé Ruíz en el año 1652 habiendo sufrido varias reformas, la última tras ser incendiada en la Guerra Civil.   Tiene planta de cruz latina jesuítica con bóveda de cañón en la nave principal, de aristas en las laterales y cúpula sobre pechinas en el crucero.   Bóveda y paramentos presentan una abigarrada decoración de yeserías, dorados y rocalla, muy propia del siglo XVIII.


El el exterior destaca la portada lateral en marmol con hornacina para la Virgen del Rosario, la torre con doble fachada y cuerpo de campanas octogonales y cupulado, y el saliente poligonal del ábside donde su ubica el camarín de la Virgen del Rosario.



El convento alcanzó gran prestigio en el campo de la enseñanza, ya que desde 1681 acogió una casa de estudios, recopilando una importante biblioteca perdida con la exclaustración, en él se impartieron clases de astronomía, matemáticas, biología, geografía y navegación, agronomía, fisica, economía, derecho, etc, en definitiva toda una universidad en aquella época.


El retablo mayor es un bello conjunto de mármoles genoveses obra de los hermanos Andreolo en el siglo XVIII, que fué costeado por la familia Sopranis.   Ordenado en banco, el cuerpo principal se divide en calles mediante columnas salomónicas.


Preside el retablo la Virgen del Rosario, patrona de la ciudad de Cádiz, en su hornacina principal, aunque a veces es trasladada a un lugar más accesible para recibir culto de los fieles. 


Sale en procesión de alabanza el siete de octubre de cada año, y también lo hace el día de Corpus Christi para acompañar al Stmo. Sacramento.


En la calle de la epístola, se encuentra una pequeña Virgen del Rosario, réplica de Juan Luís Vasallo de la perdida Virgen Galeona que acompañó en numerosas ocasiones a la Flota de Indias ya que era su patrona, también ha acompañado en travesías al buque escuela de la Armada Española "Juan Sebastian de Elcano" en algunos de sus cruceros de instrucción.   


Son igualmente interesantes los retablos del siglo XVIII emplazados en los testeros del crucero, así como el Cristo de la Salud cuya imagen data del mismo siglo.




Completan el conjunto los claustros, con columnas toscanas de mármol, cuatro crujías y tres plantas sobre arcos, suelo ajedrezado y cuatro brocales de aljibe de marmol.


Los pisos superiores se ordenan entre pilastras y molduras, le siguen en importancia, la capilla de la Venerable Orden Tercera, con decoración barroca y el pórtico de accceso labrado en piedra con hornacina que acoge a Santo Domingo de Guzmán, del siglo XVIII.


miércoles, 6 de julio de 2011

Iglesia conventual de San Francisco

Probablemente sea una de las edificaciones mas importantes de la arquitectura barroca gaditana del siglo XVIII, se fundó en 1566 y se reedificó en hacia el 1740 por el arquitecto italiano Francesco Badaracco, que conservó parte de sus primitivos origenes tales como la capilla abovedada de la puerta lateral y la cúpula de la Virgen de la Paz.     El convento ofrece un magnífico claustro con arcos sobre columnas toscanas.    En el mismo destacaba también la imagen de un crucificado atribuido a Jacinto Pimentel (siglo XVIII) que actualmente está en el Coro de la iglesia.


La iglesia es de planta rectangular con una sola nave a la que se abren distintas capillas.   Bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones.    Las bóvedas tienen decoración barroca de yeserías de lazos, rocalla de madera en cúpulas y en tribunas con una policromia dorada que hoy sólo existe en la parte del presbiterio aunque en su origen se extendía por toda la cubierta.


El retablo mayor es de Gonzalo Pomar (1763), y es una de las mejores muestras del rococó gaditano.   Consta de tres cuerpos de altura y tres calles separadas por columnas corintias y una abigarrada decoración de rocallas con hornacina principal a una imagen de la Virgen de la Asunción sobre la que se sitúa otra de la Virgen de los Remedios, titular de la iglesia, los ángeles lampareros del presbiterio están atribuidos a Pedro Roldán.

Hay que destacar la capilla sacramental, a la izquierda del retablo mayor, con altar barroco, la capilla del Stmo. Cristo de la Veracruz (siglo XVIII) con bóveda de cañón y retablo rococó, así como otras capillas  como la de la nación francesa, con retablo barroco del XVII de Damián Machado y grupo escultórico de Pedro Roldán.






Exteriormente destaca la fachada lateral con el perfil del cimborrio con hornacina e imagen de San Antonio.

Fachadas con ventanas de vidrieras acordes al estilo  y la torre campanario que está al lado de la puerta del convento por tanto,  separada de la de la iglesia.


Todo el conjunto arquitectónico da nombre a una plaza, anteriormente llamada de Loreto por haber existido en dicho lugar una capilla dedicada a dicha advocación y que fué incautada y posteriormente demolida por el Ayuntamiento de la ciudad en 1875.   Esta plaza acoge uno de los conjuntos de casas más uniformes y recoletos de la ciudad, entre los que destaca el añejo y en pleno funcionamiento Hotel de Francia y Paris, o el no menos antiguo Café Parisien, con una magnifica decoración modernista, todo ello coronado por esplendidas torres miradores en lo más alto de los edificios.

sábado, 4 de junio de 2011

Iglesia de San José


La Iglesia de San José fué la primera en su género construida en la zona de extramuros de la ciudad de Cádiz.

Finalizada en 1787, fue construida por el arquitecto Torcuato Cayón y su discípulo Torcuato Benjumeda a instancias del obispo gaditano José Escalzo y Miguel sobre una primitiva ermita, es toda una joya del estilo neoclásico entre tantos edificios modernos que la rodean.

La planta es de salón, de tres naves, separadas por pilares decorados con pilastras jónicas con guirnaldas en los capiteles. El crucero se cubre con una cúpula sobre tambor y pechinas. La nave pricipal se cubre con bóveda de cañón y lunetos y las laterales con bóvedas vaídas.

El exterior es de piedra vista con zonas encaladas, presenta dos torres gemelas en su fachada principal que se decora con cuatro pilastras jónicas con girnaldas; sobre la cornisa y frontón triangular y sobre el arco semicircular de la puerta principal existe una hornacina con la imagen del santo titular, obra de Cosme Velázquez, la cúpula principal y las de los templetes de las torres se cubren al exterior con azulejos azulados.

Originalmente, estaba unida por un camino arbolado al extinto cementerio de Cádiz,  que también era de la misma época y autor, estas construcciones fueron el germen del barrio de San José que en los siglos XVIII y XIX constituyó una zona de comercio,  trasiego y descanso vital en el camino de los viajeros que regresaban o salian de Cádiz por el Camino del Arrecife.

Aunque hay muchas fotos de época del templo, he elegido esta realizada hacia 1930,  por su calidad de imagen, además, podemos observar como en el lateral de la iglesia existian locales comerciales y viviendas de forma casi anexas, actualmente, en el lado derecho de la fotografía existe una zona verde donde desde la década de los 70 del pasado siglo XX hay una estatua ecuestre del General José de San Martín.