Pasión por Cádiz

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Cádiz, Andalucía, Spain
AB ORIGINE SEMPER FIDELIS. IN PERPETUAM, SEMPER ET UBIQUEM GADES. QUI POTERS CAPERE, CAPIAT.

martes, 5 de abril de 2022

Dr. D. Manuel Díaz-Rubio. Ilustre gaditano de adopción

 

En los años 40 del siglo XX, la casa en Cánovas del Castillo 33, donde vivía Manuel Díaz Rubio, nacido el 23 de febrero de 1908 en Madrid y gaditano de adopción, se convirtió en una continuación de la Facultad de Medicina. Allí acudían por las tardes a su gran biblioteca particular estudiantes y médicos la cuál contenía cientos de libros y hasta 34 revistas médicas nacionales e internacionales. A todos les ofrecía tener acceso a lo último en medicina que no existía en las bibliotecas de la Facultad y Hospital de Mora. Los debates médicos que allí se establecían quedaron siempre en la memoria de cuantos acudían, así como la presencia de la Tuna de Medicina con una frecuencia que llamaba la atención. El ambiente médico y universitario que creó fue excepcional por lo novedoso y abierto.

Manuel Díaz Rubio ganó por oposición la Cátedra de Medicina Interna de la Facultad de Medicina de Cádiz en 1936 y en ella permanecería, tras algún paréntesis durante la Guerra Civil, hasta 1950 en que obtuvo la cátedra de igual denominación en la Facultad de Medicina de Sevilla.

       La actividad de Manuel Díaz Rubio en Cádiz no solo se circunscribió a la práctica de la medicina y la docencia, sino también a la investigación a pesar de los duros momentos que se vivían esos años. Consiguió algo inaudito y es que multitud de sus discípulos obtuvieran el titulo de doctor; Joaquín Barrios Gutiérrez, Miguel Macías Alcántara, Francisco Campoy Vidal, Vicente Planas Hevia, Manuel Jiménez Orta, Jesús Garrachón Aguado, Julio Muñoz Pérez, entre otros. Con ellos y otros, que conseguirían el titulo años después, abordó importantes investigaciones sobre la polinosis en Cádiz, y meteoropatología del asma. Sus importantes estudios sobre la presencia de determinados pólenes y hongos fueron de gran trascendencia, poniendo de manifiesto la importante concentración que había de hongos del género penicilium umbonatum. Son también de recordar sus aportaciones a la dieta insuficiente con la identificación de casos de pelagra, así como sus estudios pioneros experimentales sobre la transmisibilidad del virus de la hepatitis en cultivos en el embrión de pollo. Estos últimos fueron realizados en un laboratorio en su propia vivienda y con recursos propios debido a la ausente dotación en la Facultad.

         Su vida trascurrió entre la Facultad de Medicina, el Hospital de Mora, sus paseos por Cádiz, y su casa de Cánovas del Castillo. A ella además de sus discípulos acudían sus amigos como, entre otros, José Pérez Llorca, Pemán, Larrañaga, Benito, Orts Llorca, León y Ramón de Carranza, Álvaro Picardo, Antonio Gutiérrez, Félix Bragado, Pedro Ponte, Lucini, Martínez del Cerro, García Pita, Martínez de Pinillos, Benito, Vicente del Moral, Aguirre Aramburu o los Almirantes Felipe Abarzuza y Rafael Estrada.

        Su consulta, abierta a todas las clases sociales, fue una auténtica referencia que se irradió a toda Andalucía y con su coche, primero de gasógeno y luego un Ford del año 34, recorrió aquellos lugares que demandaban su atención. Su capacidad diagnóstica de las patologías más enrevesadas y acertados tratamientos lo encumbraron a los máximos niveles. Como anécdota queda haber sido el primero en Cádiz en curar a un paciente con penicilina. Se involucró en la vida gaditana asumiendo multitud de compromisos y entre otros aceptando el cargo de Presidente del Colegio de Médicos en Cádiz con el propósito de defender a los médicos más débiles tras la contienda civil.

        Su descanso lo encontraba en Puerto Real donde se construyó un pequeño chalé en Las Canteras con su huerta y pequeña cuadra para que no faltara nada en su casa y alimentar a sus siete hijos. Se rodeó de gente de Cádiz a su servicio, María Gallardo Gómez, Félix Pina Navarro, Antonio Barberán Cózar, que le acompañarían toda su vida tanto en Sevilla como en Madrid.

        Su vida trascurrió entre Cádiz, Sevilla y Madrid siempre ligado a su vocación de médico y a la Universidad con una intensidad increíble.

        En su pensamiento nunca dejó de estar presente Cádiz. Fue para él eje de su vida. Siempre señalaba que sus años en Cádiz fueron los más felices de su vida, donde decía “haber descubierto al ser humano en su bondad pura, impregnado de una gran nobleza, alegría, humor y una filosofía única de la vida”.

Realizó sus estudios en la Facultad de Medicina de Madrid. Fue alumno interno por oposición del Hospital de San Carlos y del Hospital General de la Beneficencia Provincial, se licenció en 1930 y en 1932 obtuvo el de doctor en ambos casos con premio extraordinario. Fue médico interno del Hospital de San Carlos, y ayudante de clases prácticas de la Cátedra de Patología Médica de su maestro, el profesor Carlos Jiménez Díaz. En 1935 y 1936, pensionado por la Real Academia Nacional de Medicina marchó a Viena con Julius Bauer en la Allgemeine Poliklinik y con Hans Eppinger en la Allgemeine Krankenhaus con Hans Eppinger trabajando con ambos sobre aspectos metabólicos y nutricionales. Posteriormente fue a Múnich con Wilhelm Stepp y Alfred Schittemhelm a profundizar en temas relacionados con las vitaminas.

En 1936 obtuvo la Cátedra de Patología y Clínica Médicas de la Facultad de Medicina de Cádiz. En 1950 se trasladó a la misma Cátedra en la Facultad de Medicina de Sevilla, y en 1961 a la de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Madrid.

Impresionaba por su gran personalidad, su enorme claridad expositiva, capacidad de síntesis y de diagnóstico. Ante el paciente realizando minuciosas historias clínicas y una exhaustiva exploración. Influido por la visión organicista de la enfermedad de su maestro, nunca dejó de profundizar en las corrientes fisiopatológicas preconizadas por Ludolf Krehl.

        Sus aportaciones, aunque diversas, lo fueron ante todo en área del aparato digestivo. Estudió la presencia en el suero de inactivadores de la catepsina, demostrando como en el coma hepático existe una activación a diferencia de lo que ocurría en las cirrosis. Profundizó en la anatomía patológica de los diversos tipos de gastritis señalando la correlación anatomo-radiológica de ellas. Introdujo el concepto de gastropatía disfuncional, para expresar aquellas situaciones clínicas no acompañadas de lesión. Sus contribuciones a la hepatología fueron muy numerosas, y entre ellas sus estudios sobre transmisibilidad del virus de la hepatitis así como los factores que intervienen en la cronicidad de éstas, señalando como causas posibles la persistencia de la acción del virus, la creación de una inmunidad anormal y la coexistencia de una enfermedad bacteriana.  

        En 1966 fundó y dirigió hasta su fallecimiento la Escuela Profesional de Enfermedades de Aparato Digestivo y en 1975 el Servicio de Aparato Digestivo en el Hospital Clínico San Carlos. Creó la especialidad de Hepatología, fundando en 1967 la Asociación Española de Hepatología siendo su primer Presidente. Fue el primer Director del Departamento de Medicina Interna.

        Sobrepasó las 200 publicaciones científicas en revistas y publicó entre otros los libros Síndrome nefrótico (Madrid, 1959), Cirrosis posthepatitis (Madrid, 1969) y Lecciones de Patología Médica con sus tomos de Aparato Digestivo (1964) y Sistema Nervioso (1965). Otras publicaciones de relieve son Enfermedad de Casal (1941), Influencia del clima sobre la alergia (1951), El papel del bazo en las cirrosis (1965), Hepatopatías malignas y malignizadas (1964), Bases de la malignidad de las hepatopatías (1963), Las fracciones glucuronizadas de la bilirrubina (1967) Alcohol y enfermedades del hígado (1969), La enfermedad subclínica (1969) y Reflexiones sobre la medicina actual (1969).

En 1968 ingresó como Académico de número en la Real Academia Nacional de Medicina con el discurso La cirrosis posthepatitis. Fue Presidente y Presidente de Honor de la Asociación Española de Hepatología, Presidente de la Academia Médico-Quirúrgica Española y de la Comisión Nacional Asesora de Aparato Digestivo. Miembro del Consejo Nacional de Educación. Recibió diversas distinciones, y entre ellas Académico de la Real Academia de Medicina de Cádiz, de la Real Academia Hispanoamericana de Ciencias y Artes, Académico Correspondiente de la Real Academia de Medicina de Barcelona y Sevilla, Miembro de Honor del Instituto Canario de Medicina Regional, y Fellow Concilli Scientiarum del Colegio Internacional de Angiología.

Falleció en Madrid el 5 de marzo de 1976 a los 68 años.


Agradezco la colaboración de su hijo, el también Dr. Manuel Díaz-Rubio García, que ha ofrecido desinteresadamente esta biografía de su padre y las fotografías que la acompañan. 


martes, 8 de marzo de 2022

¿Qué ver en Cádiz? Breve guía para el visitante.

Alejandro Dumas dijo de esta ciudad: 'Nos gusta Cádiz sin saber qué nos gusta de Cádiz'.

El visitante ha de saber que la ciudad se divide, de manera popular, en dos zonas: El casco antiguo conocido por Cádiz, y el casco nuevo al que se le denomina Puerta Tierra. Este monumento divide ambas partes. 

En la parte nueva de la ciudad, sobresale el Paseo Marítimo, que se extiende a lo largo de tres kilómetros y medio ofreciendo diferentes vistas, ambientes y establecimientos y desde donde se pueden admirar unas preciosas puestas de sol, todo ello acompañado por la presencia de las aguas del Océano Atlántico en sus playas de Santa María del Mar y Victoria.  Si aún hay ganas de caminar junto al mar, la playa de Cortadura ofrece, en las afueras de la ciudad, casi cuatro kilómetros más de paseo por su arena. 

Si nos adentramos en el casco antiguo, empezando en las Puertas de Tierra, la ciudad ofrece lugares como el Teatro Romano (segundo más antiguo de todo el Imperio), Casa del Almirante, Casa de las Cadenas, Torre del Sagrario, el edificio de Correos con noventa años desde su inauguración), la fábrica romana de salazones, yacimiento Gadir, Catedral, Casa de Iberoamérica (antigua Cárcel Real), Gran Teatro Falla (Inaugurado en 1910, de estilo neomudéjar), La Caleta (única playa del casco antiguo), Mercado de Abastos (construido en 1838 con planta de cuadrilátero neoclásico porticado en estilo dórico). 


La llamada 'Torre de Tavira' (Barroco del siglo XVIII) construida en lo más alto de la ciudad antigua, con su cámara oscura, primera instalada en España y desde donde se divisan unas extraordinarias vistas de la ciudad y la bahía; además de admirar la cantidad de torres miradores que coronan numerosas azoteas de la ciudad. Entre ellas, la famosa 'Bella escondida'.


Museos como el arqueológico conocido por Museo de Cádiz, catedralicio, de las Cortes (donde se encuentra la famosa maqueta de la ciudad del año 1778), del títere, litográfico, Pinillos, sin olvidar las iglesias con varios siglos de antigüedad que se diseminan por la ciudad: San Lorenzo y su capilla Servita, Santiago, San Francisco (con su torre y su capilla de los franceses), Santa Cruz, Merced, Santo Domingo, San Agustín, Santa Cueva, San Antonio, Rosario, La Palma, Carmen, etc.


Los castillos de San Sebastián (siglo XVIII) con su faro metálico de 1913, de Santa Catalina, (siglo XVII y abierto al público). Baluartes de los mártires, Candelaria, Capuchinos, Santa Elena, San Roque, etc.

Todas estas edificaciones son los vestigios de una ciudad que fue amurallada tras el saqueo anglo holandés de 1596.

Lugares de esparcimiento tales como la Plaza de España, de Santa Cruz, de Mina, de las flores, de Candelaria, del Palillero, de la Libertad, de San Antonio, de San Juan de Dios.

Paseos de Canalejas, Alameda de Apodaca (con paseo público desde 1617 y rediseñado en 1927), de Carlos III,  Murallas de San Carlos (finales del siglo XVIII), Campo del Sur o del Vendaval, y el señero Parque de Genovés (1892) con más de cien especies botánicas procedentes de todo el mundo y su famosa fuente de los niños del paraguas. Por estos lugares, podremos admirar los ficus y dragos centenarios que jalonan estos lugares. 

Los barrios señeros de Santa María, El Pópulo (el más antiguo de la ciudad y cuya estructura se remonta al siglo XIII tras la reconquista de la ciudad por Alfonso X el Sabio), La Viña o Mentidero.  

O sencillamente andar por las calles más céntricas del casco antiguo: Columela, San Francisco, Pelota, José del Toro, Ancha, Compañía, Sagasta, San José, Cánovas del Castillo, Callejón del Tinte (y su leyenda), Fermín Salvochea, Feduchy, etc., y poder observar cañones y guardacantones en las esquinas y guardazócalos a lo largo de estas y otras calles. 

No hay fecha idónea para visitar la ciudad, todo el año en sí tiene un encanto especial para ello, con fechas marcadas en el calendario como pueden ser el Carnaval, la Semana Santa (Llamada como una de las mejores torres miradores: 'La bella escondida'), o el Corpus Christi.

Aunque durante todo el año se reparten otros acontecimientos culturales y turísticos dignos de visitar: espectáculos flamencos y carnavalescos, conciertos, ciclos cinematográficos, feria del libro, etc.



¿Qué ver en Cádiz?  Breve guía para el visitante.


domingo, 6 de febrero de 2022

Mis articulistas preferidos. Adolfo Morera Salvago.

 José Celestino Mutis y Bosor. Botánico, gaditano ilustre.  Por Adolfo Morera Salvago.

Si el significado de erudito es aquella persona que posee y demuestra una vasta cultura sobre un tema en particular y unos sólidos, amplios y profundos conocimientos en una o múltiples disciplinas, esa persona sin duda fue el gaditano José Celestino Mutis y Bosor. Uno de los principales exponentes del Cádiz de la Ilustración. 

Organizó la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada (Colombia), una de la expediciones científicas en la ilustración más importantes del siglo XVIII.
Celestino Mutis fue botánico, médico, astrónomo, matemático y sacerdote.

Estudió medicina y cirugía en el Real Colegio de Cirugía de Cádiz y concluyó su carrera en la Universidad de Sevilla. Después de finalizar sus estudios trabajó durante cuatro años en el Hospital de Cádiz. Sus primeras etapas profesionales se desarrollaron bajo la tutoría de algunos de los más eminentes científicos del momento.

En 1757 se trasladó a Madrid. Tras formalizar ante el Real Tribunal del Protomedicato su título de médico, ocupó la cátedra de anatomía y perfeccionó sus conocimientos en la disciplina de la botánica.

En ese mismo año fue nombrado médico de la Casa Real de Fernando VI. Tres años más tarde, y después de rechazar una beca de especialización en París, partió a América desde nuestro muelle de Cádiz como médico del virrey de Nueva Granada, Pedro Messía de la Cerda estableciéndose en Bogotá.

Una vez en tierras americanas, la actividad de Mutis es incansable y de gran trascendencia y repercusión.

Funda una cátedra de matemáticas, siendo el primer pedagogo que explicó la física newtoniana y la teoría heliocéntrica de Copérnico, lo que le trajo problemas con la inquisición.

Los importantes estudios botánicos que desarrolla nuestro gaditano comienzan con la creación de un herbario y la catalogación de nuevas especies medicinales como la quina, su planta predilecta, ya que la consideraba como una panacea para el tratamiento de muchas enfermedades.

Hizo importantes progresos en la mineralogía. Introdujo el método de amalgamación para la extracción de la plata.

Ocupó la cátedra de matemáticas del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. En su discurso inaugural sentó las bases de la revolución científica e ideológica, lo cual le valió un enfrentamiento con la iglesia.

En 1763 le trasladó al rey Carlos III su interés por realizar una historia natural de América, aunque no obtendría el permiso de la corona hasta 20 años después, pudiendo organizar aquella maravillosa Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada.

Los objetivos científicos de Mutis dieron como resultado la recolección y clasificación de 20.000 especies vegetales y 7.000 animales de la actual república de Colombia. Además fundó el observatorio astronómico de Santa Fe de Bogotá, uno de los primeros de América meridional. Creó un selecto grupo de científicos y artistas, dando paso a la vez a los primeros fundamentos para la concienciación de las riquezas naturales del Nuevo Mundo. Se inició en 1783 y duró treinta años.

El legado de Mutis, uno de los patrimonios pictóricos y científicos más significativos de los últimos tiempos, puede disfrutarse en El Real Jardín Botánico de Madrid, encargado de custodiar este tesoro, donde se pueden ver  los más de 7.000 dibujos de la Real Expedición Botánica al Nuevo Reino de Granada.

Nuestro gaditano está considerado como una de la figuras más relevantes en la introducción de la ciencia de la ilustración en la América hispana; y su legado permanece en las universidades de todo el mundo, como base fundamental para los estudios de botánica. 





lunes, 6 de diciembre de 2021

Condecoraciones con el nombre de Cádiz.

 Cruz de Cádiz.

Por decreto de 23 de junio de 1836, se instituyó esta condecoración por orden de la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena, esposa de Alfonso XII rey de España. Esta Cruz de Cádiz premiaba a los miembros de la Milicia Nacional voluntaria de Madrid que en 1823, acompañaron al Gobierno Constitucional hasta Cádiz. 

Esta cruz es de oro, con los brazos esmaltados de negro y los entrebrazos figuran una muralla de oro.  En el centro, sobre esmalte blanco, la cifra de oro de Isabel II y el lema "A la milicia nacional de Madrid", sobre una orla de esmalte azul, y en el reverso puede leerse "Isla gaditana - 1823".

Pende la cruz de una cinta azul con bordes encarnados. 



Medalla de Cádiz.

Fue concedida el 17 de abril de 1842 por el regente del reino en esa fecha, General Baldomero Espartero, a los Milicianos Nacionales de Cádiz, por los servicios que prestaron en la ciudad durante los sucesos ocurridos en octubre de 1841 en todo el país; fue un pronunciamiento patrocinado y promovido por la ex regente de España, María Cristina de Borbón y su marido, Fernando Muñoz, contra el regente, el ya nombrado General Espartero.

Figura en esta medalla un escudo circular de oro, orlado de esmalte blanco y perfiles de oro y rodeado de corona de laurel de esmalte verde.  En el centro están representadas las Columnas de Hércules, sobre el mar (armas de Cádiz), sosteniendo el libro de la Constitución, y al fondo un sol naciente cuyos rayos llenan el escudo.  Encima de éste, hay un castillo de oro entre dos banderas de esmalte rojo y amarillo.

El reverso es igual, pero en el fondo blanco del escudo se lee el lema "Libertad, independencia. Octubre 1841" y la orla es de oro. 

La cinta de que pende es amarilla y encarnada, en dos partes iguales, con filetes del color contrario. 

Placa de Cádiz. 

Se concedió este distintivo por la Regencia provisional del Reino el 15 de febrero de 1841, a los miembros de la Milicia Nacional de Madrid, Sevilla, Córdoba y otras ciudades, que en 1823 marcharon hasta Cádiz y sostuvieron con las armas el sitio que sufrió la plaza gaditana por las tropas francesas. 

Al principio sólo tenían derecho a esta placa los que tuviesen la Cruz de Cádiz y no hubieren optado por la charretera, pero luego se hizo extensiva a todos los milicianos que asistieron al sitio.  Se compone esta condecoración de cuatro brazos de esmalte azul perfilados de oro y en el centro, cargado con un medallón donde sobre esmalte rojo, hay un castillo de piedra con el mar al fondo y el lema "Cádiz - 1823" de oro sobre esmalte blanco. 




sábado, 27 de noviembre de 2021

El torreón de las Puertas de Tierra.

 

El torreón de las Puertas de Tierra, es obra de merito en sus dos frentes.

En el lado que mira hacia extramuros, hubo un primer proyecto se desechó por "tener aspecto de retablo de altar" al incluirse demasiada ornamentación con motivos sagrados. Se aprobó finalmente el diseñado por José Barnola, que se terminó en 1756. 

Esta portada, tiene dos cuerpos. En el primero, y flanqueada por columnas toscanas, se puede leer la siguiente dedicatoria: 

FERDINANDIS VII HISPANIARUM ET IDIARUM REX ANNO MDCCIV

Encima de dicho texto, un curioso y poco conocido escudo de Cádiz: Hércules con garrote al hombro, enmarcado por columnas inclinadas y terminado por corona abierta.

El segundo cuerpo lo llena un gran escudo real y un trofeo presidido por la Fama con leones a los lados. Todo coronado por cornisa barroca de tres lóbulos y bombas flamígeras. 

El lado que se abre a intramuros, obra de Torcuato Cayón, es de un exquisito diseño neoclásico francés, con triple vano, óculos ciegos y pilastras toscanas.

Culminando el lugar con un torreón renacentista, que llegó a actuar incluso de semáforo que regulaba el paso del tranvía eléctrico a base de una banderola roja que un funcionario se encargaba de agitar desde una ventana. 

Reformado en diferentes ocasiones, el torreón fue estilizado por última vez por Antonio Sánchez Esteve, ganando en esbeltez. Eliminando los cartabones laterales y coronando con cúpulas las cuatro garitas.






martes, 26 de octubre de 2021

¡Cochero!, látigo atrás. La jaca Mary

 

Artículo de "Diario de Cádiz" escrito por José María Otero.

Cochero, ¡látigo atrás!. 

El uso de caballerías para el transporte urbano de pasajeros y mercancías fue habitual en nuestra ciudad hasta los años sesenta del pasado siglo. 

Decía el gran Paco Alba que en Cádiz no nos hace falta un caballo para ir a pescar. Es cierto, pero hasta los años sesenta del pasado siglo los coches de caballos, los mulos y los carros formaban parte del paisaje urbano de nuestra ciudad y lo que era extraño era ver algún automóvil circulando por nuestras calles. 

Todo el transporte, tanto de pasajeros como de mercancías, se realizaba con caballerías. Las paradas de coches de caballos eran numerosas y en San Juan de Dios, Canalejas, San Antonio, San Francisco o Candelaria se alineaban los vehículos a la espera de la clientela. 

Para ir a los toros, celebrar un cumpleaños o dar un paseo el día de Corpus era imprescindible el coche de caballos. El padre de familia se encargaba de avisar a un cochero de confianza para que estuviera preparado al efecto y la familia subía al carruaje con la misma ilusión que hoy embarca en un avión rumbo a Cancún. 

Las juergas flamencas y las compañías poco recomendables también imponían la discreción del interior de las berlinas. 

Hablar de caballos es también hablar de cocheros legendarios como Luis el de La Viña, el Mojones, o el más popular de todo, José Vinaza. 

Este cochero conducía a su jaca Mary por las calles de Cádiz entonando unos cantecitos flamencos muy celebrados por la clientela. 

En una entrevista publicada por Diario de Cádiz en 1956, Vinaza afirmaba que para llevar el coche tenía que tomar algún que otro vasito de Valdepeñas. Por el contrario, negaba rotundamente que su jaca Mary, nombre de reina de Inglaterra, fuese aficionada al vino, desmintiendo a los que afirmaban que el animal no trabajaba sin beberse previamente una lata de carne de membrillo llena de tintorro.

Para el transporte de mercancías, muchos gaditanos recuerdan la parada de carros, con sus correspondientes mulos, situada frente a la puerta del muelle. Su dueño, Perico Salinas, atendía a la clientela desde el interior del establecimiento La Flor Marina.

Pero tipismo aparte, los caballos presentaban algunos inconvenientes y no pequeños precisamente. Las paradas tenían el pavimento acondicionado para evacuar los orines de los animales. A pesar de ello despedían un pestazo insoportable y las moscas adquirían un tamaño considerable con gran enfado de los vecinos. 

Cádiz, al igual que otras capitales andaluzas, podía haber conservado algún que otro coche de caballos para uso y disfrute de indígenas y turistas. Y para que algún que otro guasa lanzara el tradicional grito de: "¡Cochero, látigo atrás!"

lunes, 20 de septiembre de 2021

miércoles, 18 de agosto de 2021

Mis articulistas preferidos: José Antonio Aparicio Florido.


En el LXXIV aniversario de la Explosión, Diario de Cádiz publicó ayer un artículo de José Antonio Aparicio Florido, el cual con el permiso de su autor, también se publica en este blog.  Vaya nuestro recuerdo eterno a las víctimas de aquel trágico suceso de 1947.

A un año del 75 aniversario de la Explosión de 1947 en Cádiz. Por José Antonio Aparicio Florido. Investigador.  

Dentro de un año se cumplirán 75 años de la Explosión de Cádiz, en mayúsculas, como hay que escribirlo; una fecha inconfundible que no olvidará nunca esta ciudad. Todavía se reciben mensajes desde otros lugares de España de personas que siguen buscando a familiares desaparecidos de la faz de la tierra en la misma fecha en que coincidió esta catástrofe nacional: 18 de agosto de 1947. 

Parece como si nadie fuera ajeno a la tragedia, como si todos los destinos humanos acabaran aquí, como si la Explosión fuera la razón perfecta para justificar tantas desapariciones. Cuando a veces parece que el interés se diluye en el tiempo, siempre ocurre algo que nos hace ver lo contrario. Una productora de Madrid tiene ya en sus manos un nuevo proyecto de documental en torno a este episodio y se ha puesto en contacto con el Ayuntamiento de Cádiz para buscar apoyos. 

Varios escritores, neófitos o reconocidos, utilizan la catástrofe como telón de fondo o recurso accidental en sus novelas. Pero lo cierto es que solo queda un año para el 75 aniversario y, a nivel municipal, no hay nada, de nada, de nada… Silencio, desconocimiento, despreocupación o expectativa; no lo sabemos. Lo cierto es que ahora va a ser muy difícil echarle la culpa de este silencio al Generalísimo Franco y al régimen del terror; aunque quizá estemos a tiempo de no tener que buscar culpables.

Hasta el presente, muchos investigadores nos hemos unido en la búsqueda de testimonios orales, documentos escritos, imágenes audiovisuales, archivos sonoros, fotografías, incluso objetos personales. De donde no quedaba aparentemente nada brotó la extraordinaria Exposición de 1997 en la Institución Provincial Gaditana, liderada por profesores y alumnos de la Universidad de Cádiz. A partir de ahí, de forma espontánea, la población, entre preguntas, recuerdos y comentarios, fue ayudando a completar aquel último fotograma en blanco y negro de una ciudad desolada por las minas. Diez años antes, la corporación municipal había nombrado hijos predilectos o adoptivos a los únicos héroes reconocidos: Pascual Pery Junquera y a un grupo de marineros; en 2011, y después de mucho insistir, a otro de los héroes olvidados: Antonio Ristori Fernández. Un Ayuntamiento siempre al arrastre, siempre con pereza cuando hablamos de la Explosión. Muerto el perro, se acabó la rabia.

Son otros los actores que están promoviendo los cambios e impulsando la memoria, entre ellos los incombustibles medios de comunicación, el Instituto Español para la Reducción de los Desastres, la Federación 5 de Abril Vecinos de Cádiz y quienes asisten año tras año a los actos conmemorativos. Quizá sea hora de que las cosas cambien y sea el pleno municipal en su conjunto, sin marcado político, el motor de un 75 aniversario decente y merecido para quienes en su día no pudieron ejercer ni siquiera el derecho a la protesta.

Vamos casi sin tiempo, pero es mucho lo que se puede hacer y muchas las personas dispuestas a participar. Las ideas están todas sobre la mesa y solo requieren el liderazgo y amparo de los representantes municipales, con la cooperación del resto de las autoridades y organismos públicos: Diputación, Junta de Andalucía, Estado y, especialmente, el Ministerio de Defensa. Un ciclo de conferencias, rutas guiadas por los lugares afectados por la catástrofe, cine de verano en el solar de la Casa Cuna, conciertos de música clásica, coral y tradicional en el punto cero en que se produjo el estallido… Quién sabe si una recreación dramatizada de las brigadas de auxilio que llegaron desde San Fernando para rescatar a los civiles atrapados bajo los escombros de lo que habían sido sus hogares. 

Por qué no: un ejercicio de desescombro a cargo de la UME, con sus camiones recorriendo la avenida principal y adentrándose por las calles Juan Ramón Jiménez y Tolosa Latour, para montar las mismas casetas de campaña que acogieron a los damnificados de aquel 18 de agosto de 1947. Centrar los focos de toda España en algo que sucedió en Cádiz hace setenta y cinco años y que compartieron en mayor o menor medida otras poblaciones siniestradas por similares episodios como Peñaranda de Bracamonte (1939), Alcalá de Henares (1947) o Tarancón (1949). Todas ellas son poblaciones unidas por una catástrofe de idéntica naturaleza, todas ellas se brindaron ayuda mutua sin saber lo que el destino les depararía a las otras y por ello están obligadas a mantener una justa memoria y unos lazos comunes y perdurables. Compartir la tragedia.

La Exposición Permanente y los archivos clasificados

La desclasificación de los archivos militares relacionados con la Explosión de Cádiz y su acceso libre para los investigadores es otro de los objetivos y reivindicaciones para este señalado aniversario. La investigación no ha acabado aún, continúa muy viva y existen algunas lagunas, pequeños vacíos de la historia que faltan por cubrir y que requiere una revisión exhaustiva de la documentación original. Sabemos quién la tiene, dónde se conserva, los números de los legajos y cajas; es justo que se nos abra la llave.

Es el mayor ejercicio de transparencia que se nos podría ofrecer y que tanto tiempo llevamos reclamando sin éxito. Nuestros escritos dirigidos al Archivo Central del Cuartel General de la Armada no han tenido hasta hoy respuesta alguna. Mientras tanto, la digitalización del material disponible y su concentración en una misma unidad archivística fácilmente accesible es otra de las demandas que es posible cumplir en los próximos doce meses. Ya sea en el Archivo Histórico de la Diputación de Cádiz o en el Archivo Histórico Municipal o en ambos, los más recientes investigadores deberían poder encontrar la facilidad que no tuvimos los primeros, cuando hubimos de recorrer ciudades como Salamanca, Madrid, Alcalá de Henares o San Fernando en busca de una información perdida que no sabíamos que existiera.

Por último hay cuestiones pendientes con relación a la Exposición Permanente. En 2017, después de tres años de desdén, logramos hacer realidad, al menos en parte, la idea de un museo memorial ¿inspirado por el firmante de este artículo? que estuviera a la altura del dolor y la pérdida de la catástrofe. Su ubicación actual en el castillo de Santa Catalina, en un espacio de reducidas dimensiones donde apenas se puede uno mover sin tropezar con las vitrinas, húmedo y sin climatización, es mucho más que no tener nada, pero dista de ser el lugar ideal que habíamos imaginado. 

Una exposición de estas características debe estar en el sitio donde su contenido cobra sentido: el Instituto Hidrográfico, las bóvedas de Santa Elena, el chalet de Varela, en definitiva, entre Bahía Blanca, astilleros y San Severiano. Incluso la Casa de Iberoamérica, propuesta en primera instancia, hubiera sido mejor opción; pero claro, Iberoamérica es para lo que es de Iberoamérica. Los principales problemas que se pudieran anteponer al cambio solo desembocarían en el final de siempre: la falta de voluntad. 

En casi cuatro hectáreas de terreno que dispone la Armada en lo que fue la Base de Defensas Submarinas hay hueco para todo y para todos; no solo para la Explosión de Cádiz, sino para un entorno museístico mucho más amplio en el que compartieran escenario la Exposición Marítima Internacional de 1887, el arranque de la industria naval de Cádiz, el pasado fenicio-púnico de Gadir, la Fábrica Nacional de Torpedos y por supuesto, el Instituto Hidrográfico de la Marina, que también fue víctima y damnificada de la Explosión. Al fin y al cabo, la deuda moral no prescribe nunca y un simple gesto puede ser el comienzo de la ansiada reconciliación y la definitiva asunción de un desastre irreversible.


viernes, 18 de junio de 2021

Los bailes del Círculo Mercantil e Industrial de Cádiz.

 Revista oficial del Ayuntamiento. Año de 1926.

Son la nota más brillante, sin duda, del Carnaval Gaditano. Fiestas de elegancia y de buen gusto, derroches de arte, cataratas de luz, orgía de colores y sobre todo ello, el alarde de belleza imponderable que aporta tanta y tanta mujer hermosa como allí se reúne.

Es allí, en el Gran Teatro, que anualmente acota el Círculo Mercantil para sus fiestas de Carnaval, donde las muchachas pueden disfrutar de su favorita distracción: Del baile.  Allí, sin que nadie las moleste, gozan de cuanto estas fiestas del antruejo ofrecen a la juventud.  Alegría e ilusiones: amor, en una palabra, que preside el concurso pimpante y bullicioso, entre el fragor de aquella lucha denodada que sostienen damas y galanes, arrojándose millares de serpentinas y toneladas de confetti, que forma después mullidísima alfombra multicolor, fantástica.  ¡Oh, los divinos rostros, en los que el carmín quiere vencer a la nieve!, ¡Oh, los ojos magníficos, rutilantes, con la excitación de la pelea!.


Antonio Accame es el artista mago que sabe convertir en verdadero paraíso el Teatro, ya bellísimo de suyo; la Directiva del Círculo no omite gasto alguno, ni deja escapar detalle para que la fiesta alcance s mayor lucimiento, siendo nota en algo grado simpática el baile de niños, donde la menuda tropa infantil se esparce y alboroza. 

Es una nota de color por demás abigarrada y agradable. Los chicos alborotan y gritan como si fueran hombres ya creciditos. 

La Comisión de Fiestas la componen los Sres. D. Mariano Nicolau, D. Enrique Varela, D. Andrés López Gálvez y D. Francisco Serrano.


miércoles, 5 de mayo de 2021

Los bloqueos a Cádiz entre 1805 y 1808

 

Tras el breve intervalo de la paz de Amiens (1802), finalizada con el ataque de las fragatas de la batalla del cabo Santa María (1804), en los primeros días de 1805 vuelve el bloqueo a Cádiz:

Una división de la flota británica, formada por seis barcos, a las órdenes del almirante Orde se presentó a la vista de la ciudad asediándola, y, con diversas alternativas, pero sin acciones militares destacadas, persistió en esta actitud hasta los días de Trafalgar. 

Abandonó las aguas de Cádiz cuando el almirante francés Silvestre de Villeneuve se presentó en Cádiz con diecisiete navíos. Orde se retiró, lo que motivó el rechazo de Nelson y Jervis, tachándolo incluso de cobarde. 

Estos bloqueos continuaron esporádicamente en los años inmediatamente siguientes, hasta que, a raíz de los acontecimientos del 2 de mayo de 1808, se concertó con los ingleses el levantamiento del asedio y el cese de las hostilidades.

Un nuevo enemigo aparecía ahora en el horizonte de la bahía, el mismo que ya había empezado a invadir el país: Napoleón Bonaparte, quizás no lo iba a ser tanto como luego lo fue el antes deseado y luego rey felón Fernando VII para Cádiz y España. 


Ha de hacerse notar que durante todos estos años el puerto de Cádiz sufrió grandemente en su tráfico de altura, pero no así en el de cabotaje, particularmente en el practicado por embarcaciones de pequeño porte, que a través del caño de Sancti-Petri burlaban reiteradamente el bloqueo ejercido sobre la bahía.

Una práctica que fue utilizada con éxito para transportar víveres y tropas en la defensa del asalto anglo-holandés de 1625


martes, 13 de abril de 2021

Dolores Allely Lagraña, profesora de canto. Gaditana ilustre.

 

Dolores Allely Lagraña, profesora de Canto del Conservatorio oficial de Música y Declamación de Cádiz.

Nacida en Cádiz el 11 de marzo de 1872.  Inició estudios de canto y piano en la Real Academia de Santa Cecilia. Contrajo méritos más que suficientes en su formación musical como para obtener una beca, en 1891, de la Excma. Diputación Provincial para poder ampliar conocimientos en el Real Conservatorio de Madrid.

Se cuenta la anécdota que en su viaje a la capital de España, hizo parada en Ciudad Real, donde aprovechando su presencia, se organizó un concierto en el Casino Principal, donde cantó varias piezas de ópera. El espectáculo musical resultó un rotundo éxito. 

Ya en Madrid, fue discípula de la soprano Carolina Cepeda. En poco tiempo ya comenzó a ofrecer conciertos limitados al profesorado musical de la ciudad, ejecutando el aria de "Las bodas de Fígaro".  Tomó parte en un terceto para tiples y tenor de la ópera "Don Juan".  

Obtuvo un triunfo total, considerándosele como una artista ya formada en su totalidad en opinión de profesores y críticos de la época; que destacaban de ella su voz bien timbrada y extensa. Perfecta vocalización y modulación.

Los recelos de la época hicieron que no avanzase en sus virtudes musicales, retirándose, lamentablemente, de los escenarios para vivir junto a su marido casi en un total anonimato. 

Ya en su viudez, liberada de los prejuicios matrimoniales que la ataban, fue nombrada profesora de canto del Conservatorio de Cádiz.  Luego, al cesar en su cargo, estableció una academia particular de canto en su propio domicilio. 

Falleció en Cádiz el 23 de marzo de 1953

viernes, 5 de marzo de 2021

Los autobuses Pegaso Monotral 6021 del servicio urbano de Cádiz

 Los autobuses urbanos Pegaso Monotral 6021 de la "Compañía de tranvías Cádiz, San Fernando y Carraca S.A." circularon en Cádiz, desde 1962 sustituyendo a los tranvías que cubrían el servicio hasta entonces. 

Eran muy populares porque durante bastantes años, fueron, con la excepción de algunos trolebuses, casi en exclusiva el único modelo que recorrían las calles de la ciudad.

En un principio se subía por la puerta trasera, donde el cobrador sentado en un sillón acolchado y ante un minúsculo mostrador que parecía un pequeño púlpito, cobraba el trayecto y vigilaba la bajada de pasajeros por la puerta central y delantera. Algunas veces dejaba apearse por la puerta trasera debido a la acumulación de público. También autorizaba al conductor para iniciar la marcha a través de un timbre que sonaba junto al volante. 

Más adelante, en un alarde de funcionalidad y eficiencia, se presentó la figura del conductor-cobrador, haciendo la misma persona ambas funciones. Los pasajeros subían entonces por la puerta delantera, dejando la central y trasera para apearse. 

Los autobuses cubrían diferentes líneas recorriendo prácticamente la ciudad que entonces existía, eran estas:

- Plaza de España - Balneario (Conocida por "Autobús del Balneario")

- Plaza de España - Cortadura ("El de Cortadura")

- Zona Franca - Campo del Sur - Parque de Genovés ("El de la Zona Franca" si iba en ese sentido, y "el del Campo" si iba hacia el Parque de Genovés)

- Zona Franca - Plaza de España - Parque de Genovés ("El de la Zona Franca" si iba en ese sentido, y "el de Canalejas" si iba hacia el Parque de Genovés)

Curiosamente, los dos trayectos que iban desde la Zona Franca al Parque de Genovés, tenían las letras del rótulo de destino frontal en color rojo, mientras que el resto de líneas eran negras. 

- Canalejas - Barriada de la Paz (Conocido como "El de la Barriada")

- Plaza Méndez Núñez - Puntales ("El coche de Puntales" que era genéricamente también como se conocían todos los autobuses urbanos, independientemente del trayecto que tuviese).

Los autobuses llevaban en ambos costados y en la parte trasera unos paneles donde, casi de forma sempiterna, cada vehículo anunciaba la misma publicidad.  Tanto era así, que algunas personas casi identificaban los autobuses y la línea donde estaba asignado por su anuncio.  Ocurría que, algunas veces, se guiaban por el cartel de tal forma que, si el autobús era cambiado de manera circunstancial de un trayecto a otro, los pasajeros erraban en el recorrido, por lo que tenían que bajarse rápidamente y subirse en su trayecto habitual. 

El último Pegaso Monotral 6021, fue retirado del servicio en 1977.

Algunos vehículos fueron renumerados en ciertas ocasiones, quedando al final la relación como sigue en la imagen lateral. (Pinchar para ampliar o descargar. Tamaño 1084 x 2874 píxeles)


Mi agradecimiento personal a José Ángel Agudo Domínguez por su asesoramiento. 



lunes, 18 de enero de 2021

Dr. Bartolomé Gómez Plana. Ilustre médico gaditano.

 

El doctor Bartolomé Gómez Plana nació en Cádiz, en el número 43 de la gaditana calle Sacramento el ocho de junio de 1860. En su casa natal, hay una lápida conmemorativa desde el dieciséis de septiembre de 1935. 


Realizó todos sus estudios en Cádiz, desde los más básicos a la Facultad de Medicina. Fue un eminente médico que es especializó en enfermedades infantiles, donde alcanzó gran reputación por sus diagnósticos.  Desarrolló toda su vida profesional de una manera intensa y muy especial en las clases más desfavorecidas de la sociedad. 




Aparte de su faceta como gran médico, también destacó como publicista. Uniendo ambas vocaciones, realizó grandes campañas para la mejora higiénica de la ciudad en los aspectos públicos tales como alcantarillado, suministro de agua, limpieza viaria, etc., esa labor de propaganda fue tan fructífera en aquella época, que sus efectos perduraron en el tiempo años después de su fallecimiento. 

Escritor de más de mil artículos médicos, de divulgación sanitaria y de prevención en el "Diario de Cádiz" en la columna llamada "Gota médica", firmando bajo el seudónimo de "Gopla". Fundó varias revistas y publicaciones periódicas de medicina entre las que destacaron "Cádiz Médico", "Prensa médica gaditana" y "El niño".

Fundó asimismo la Unión Médica Gaditana, y creó los "Concursos anuales de higiene popular y cultura física" que perduraron durante más de 25 años.


Murió en Cádiz el dieciséis de septiembre de 1928. 

Por acuerdo de ocho de mayo de 1935, el Ayuntamiento  acordó rotular como "Doctor Gómez Plana" a la calle Jabonería en el Barrio de Santa María, que volvió a su antiguo nombre en la década de los ochenta, dedicando una nueva calle a don Bartolomé Gómez Plana en el casco nuevo de la ciudad. 

En la sala de sesiones del Ayuntamiento de Cádiz, hay una placa que lo recuerda: "Bartolomé Gómez Plana. Gaditano".


sábado, 5 de diciembre de 2020

Mis articulistas preferidos: Antonio de los Ríos Ruiz.

 Don Gonzalo. Profesor del Colegio San Rafael, también conocido como "El Grupo".

Don Gonzalo vendía tortas en vez de darlas. A diferencia de otros maestros no utilizaba la violencia para que aprendiéramos. En el 71, en 1.971 (que tampoco estamos hablando de los romanos) lo suyo era que te dieran un bofetón si no sabías, imbécil de ti, que 9x4 eran 36 o 38, que ya ni me acuerdo, ¡me dieron tantas!

Un reglazo en la mano abierta si tampoco sabías quienes eran los Reyes Católicos. ¿Reyes Católicos?, los demás que eran, ¿ateos? Que te humillaran de cara a la pared con los brazos abiertos y con varios libros haciendo contrapeso, era lo habitual.


Don Gonzalo era diferente.  Era persona amable, cercana y didáctica. Era canoso con apenas 50 años, lo que yo intuía como persona sabia.  El paso del tiempo me confirmó que no estaba equivocado. No siempre los sabios han sido reconocidos y las más de las veces las han pasado canutas. 

¿Cuántas veces habremos escuchado aquello de “pasa más hambre que un maestro de escuela”? Yo no sé si en la casa de don Gonzalo pasaba lo que en la mía; que según mi madre no se pasaba hambre, se pasaba “necesidad”.

Don Gonzalo debía tener esa necesidad, y sobre todo debía alimentar, además de a su mujer, al menos a un par de hijos a los que yo luego me fui encontrando por la vida. No le llegaría con el mísero sueldo de un maestro. Así que el buen hombre se hizo representante de tortas. A la hora del recreo los alumnos de las demás clases del “Grupo Escolar Miguel Primo de Rivera”, "El Grupo" para los amigos, acudían a comprarle tortas a don Gonzalo. Y cuando terminaba su jornada escolar iba por las tiendas vendiendo su mercancía.

Mira si era sabio que mató a dos pájaros de un tiro: Inventó una fórmula para que los alumnos aprendiéramos jugando y compitiendo por un premio a base de tortas.

Consistía en que cada alumno diera una cantidad nimia y con el montante se compraban 3 docenas de tortas (de polvorón, de aceite, …) Tres docenas de tortas que don Gonzalo vendía y así obtenía su beneficio. Poco, o casi nada.

Luego se configuraban 4 equipos del total de alumnos de la clase. Iban eligiendo a cada componente los 4 capitanes, que eran los 4 mejores de la clase. Por turnos, como cuando elegíamos en el recreo a los integrantes del equipo de fútbol. 

Una vez hechos los equipos, empezaba el concurso, don Gonzalo iba alternativamente haciendo a cada equipo preguntas diversas. De geografía, de literatura, de matemáticas, etc.  En el equipo se consensuaba la respuesta; y así íbamos puntuando. No era baladí el tema. Los capitanes se lo tomaban muy en serio, de manera que a cada jugador se le asignaba un temario:

- "Fofi, tú te encargas de la historia, que se te da bien; Joaqui, lo tuyo son los quebrados ¡prepáratelos! Manolo, repásate la ortografía que nos estamos jugando tres docenas de tortas". 

El equipo campeón se las llevaba.  Pero don Gonzalo no tenía el don solo por cortesía, lo llevaba porque se lo había ganado; así que a los que perdían, según él a los que no ganaban, les daba una torta a elegir (seguro que al final le costaba el dinero). Era mucho mejor ver a un niño sonreír que a uno llorando. 

De don Gonzalo aprendí a diferenciar hay, ahí y ay, con una regla perfecta dentro de una frase: “Ahí hay un hombre que dice ¡ay!”.  Me enseñó los decasílabos, a los que todavía hoy no les he encontrado la utilidad. Aún no le he encontrado el "queo". Pero bueno, ¡ya se verá! Se agradece, don Gonzalo. También intentó, sin éxito, adiestrarme en el uso de “si no”; de cuándo va junto y de cuándo va separado.  Me equivoco casi la mitad de las veces. La culpa es mía, que no doy más de mí.


Con don Gonzalo mi historia continuó. En 1971 se conmemoraba el bicentenario de la intervención de un niño de San Ildefonso en los juegos de azar, en la lotería primitiva. Luego vendría la moderna que fue creada en Cádiz, cuando éramos la capital del reino en 1812. Pero en aquellos tiempos de 1.771 se utilizaba a los huérfanos del Colegio de San Ildefonso como mano inocente para extraer las bolas o números de la suerte. 

Con motivo de ello la Sociedad Estatal de Loterías y Apuestas del Estado invitó a escolares de cinco ciudades españolas que habían tenido que ver con la lotería a una semana de estancia en Madrid, con actividades, excursiones y por supuesto un sorteo especial en el que nosotros fuimos los encargados de sacar las bolas. Cádiz era, por lo que decía antes, invitada obligada.



También estaba Burgos, Barcelona, Sevilla y Valencia. Y tuvimos la suerte que entre todos los colegios de Cádiz (¿tendría que ver que nos llamáramos por aquel entonces Grupo Escolar Miguel Primo de Rivera?) eligieran al nuestro. Y más concretamente al curso de 7º (que entonces la EGB ni existía) y concretando concretando, me tocó a mí y a dos más. Acompañados, eso sí, por un profesor: don Gonzalo.

Él a un hotel y nosotros al Colegio.

Y allí estuvimos, en San Ildefonso, durante una semana conviviendo y departiendo risas por la mañana, patadas en el recreo y batallas de almohadas y salivazos por la noche con nuestros amables anfitriones los “difíciles huérfanos” del colegio que desde aquel lejano 1.771 reparte la suerte. 

Lo mejor de cada casa; la que no tenían. ¿Me explico? Aun así, pasado el tiempo, lo recuerdo con cariño y, como no podía ser de otra manera, estoy encantado de que me tocase esa lotería. Para un chaval de 12 años, que lo más lejos que había ido era a casa de su abuela a Chiclana, ir a Madrid, visitar El Escorial, El Prado e incluso dada la época (y como no podía ser de otra manera), El Valle de los Caídos, era y fue una experiencia formidable.

Muchos años después la suerte se repitió e hizo que la hija de don Gonzalo fuese la maestra de mi hijo Antonio. Su apellido no era común, así que le pregunté si era hija de quien yo suponía y si su padre aún vivía. Me dijo que sí a las dos y dupliqué así mi alegría. Elevarlo a la tercera potencia fue obra de don Gonzalo que, cuando fue informado de la coincidencia, tuvo el detalle de devolverme, a través de su hija, una redacción que yo hice en aquel curso 70/71. 

La redacción, vista hoy, era pésima; pero lo que no tenía precio, porque solo lo tienen las que cosas que no son importantes, era que aún la guardase.

Su hijo también se cruzó en mi vida y fue durante mucho tiempo el ginecólogo de mi mujer. Pero eso ya no me hizo tanta gracia.

A DON GONZALO DE MIGUEL. MI MAESTRO.

Antonio de los Ríos Ruiz.