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Cádiz, Andalucía, Spain
AB ORIGINE SEMPER FIDELIS. IN PERPETUAM, SEMPER ET UBIQUEM GADES. QUI POTERS CAPERE, CAPIAT.

viernes, 1 de mayo de 2026

El dilema del Mercado de Cádiz (1839)

 

Hacia febrero de 1839, la ciudad de Cádiz asistía a la culminación de un proyecto arquitectónico relevante: el nuevo mercado situado en la plaza de la Libertad, edificado sobre los terrenos de la antigua huerta del convento de los Franciscanos Descalzos. Con la estructura ya en pie, los gestores municipales se enfrentaron a un desafío logístico y pedagógico: ¿Cuál era la mejor forma de identificar los cuatro accesos principales?

1. El argumento del Alcalde: Utilidad frente a monotonía

El regidor de la ciudad descartó rápidamente la opción más obvia. Según su criterio, utilizar la inscripción “Plaza del Mercado” resultaba redundante, pues alegaba que “nada significa porque todos saben lo que es sin que lo diga la leyenda”. Además de evitar “la monotonía de poner un mismo rótulo en las cuatro puertas”, su intención era facilitar la orientación de los ciudadanos, buscando “darle un nombre a las entradas para distinguirlas y que el público pudiera dar las señas de los puestos sin apelar a los números que no siempre se recuerdan”.

2. Las opciones sobre la mesa: Entre la fe y la política

Este debate generó una lluvia de ideas donde se cruzaban la economía, la devoción y la ideología de la época:

Criterio geográfico y económico: Se planteó usar los puntos cardinales (Oriente, Poniente, Norte, Sur). El motivo principal era el ahorro: sumaban solo “23 letras en vez de 60 que tiene cuatro veces Plaza del Mercado”, lo cual representaba “una ventaja por la economía del gasto”.

Criterio cultural: Se propuso “escoger cuatro nombres según el gusto que predomine”, barajando cuatro grupos distintos:

Religioso: Los patronos y santos locales (“Santa Cruz, Santa María, San Servando y San Germán”).

Histórico: Figuras ilustres de la Antigüedad, y la Ilustración Gaditana (“Balbo, Columela, Menacho y Mutis”).

Liberal: Militares y políticos defensores de las libertades (“Riego, Mina, El Empecinado y Torrijos”).

Isabelino: Figuras vinculadas al reinado vigente (“Iribarren, León, O´Donnell y Campo Alange”).

3. La solución funcional

A pesar de la carga ideológica de las otras opciones, la propuesta que parecía gozar de mayor lógica práctica era asignar “cuatro nombres análogos al objeto de la plaza, Puerta de la Carne, de la Verdura, del Pan y del Aceite, o bien Puerta de las Hortalizas, del Ganado, de los Cereales, de las Semillas”. De este modo, el nombre de la puerta servía de guía directa para el comprador.

4. Resolución y ejecución

Finalmente, tras consultar a la Academia de Bellas Artes sobre la estética de la tipografía, el consistorio licitó por 3.000 reales de vellón la fabricación de ocho lápidas (cuatro externas y cuatro internas). El plazo de entrega se fijó para el 15 de abril.

Curiosamente, los textos que recibieron el visto bueno final, aunque no llegaron a instalarse, optaron por una mezcla de identidad institucional y cronología técnica:

En el exterior, pero solo en la puerta norte: “Mercado Público”.

En los interiores: “Plaza de la Libertad” (Norte), “El Ayuntamiento Constitucional” (Sur), “La principió en Abril de 1837” (Este) y “La concluyó en Diciembre de 1838” (Oeste).