Pasión por Cádiz

Mi foto
Cádiz, Andalucía, Spain
"Ab origene one semper fidelis, in perpetuam, semper et ubiquem Gades. Qui poters capere, capiat"

lunes, 13 de agosto de 2018

Mis articulistas preferidos: José Mª Caravaca de Coca.

Artículo publicado en la Revista General de Marina en su número de Julio 2018, firmado por José Mª Caravaca de Coca.

«… LA  DIO  LA  CAPITANA DE  BARLOVENTO.  AÑO  1711»


Si algo sorprende en Cádiz es lo que se organiza alrededor de la ancestral tradición de la Procesión del Corpus Christi, que podría considerarse dentro de la llamada «arquitectura efímera», es decir, todos esos altares que se colocan jalonando el recorrido procesional y cuyo diseño e instalación son tan solo para un día y, además, varían cada año. La M. H. Hermandad de la Santa Caridad de Cádiz (1) instaló uno y en él se colocó una pieza de plata labrada con la inscripción: «ROSA MÍSTICA ORA PRO NOBIS. LA DIO LA CAPITANA DE BARLOVENTO AÑO 1711». 


La pieza de plata

Es una especie de friso abarcando de manera casi semicircular una base de madera, y de la que la historiadora M.ª Cristina López García (2) dice que está «decorada a base de hojarasca y flor bulbosa. Se encuentra delimitada en su parte superior por una moldura de hojas de laurel y en su parte inferior por una crestería invertida muy bien integrada con el resto de la decoración. Podemos apreciar una gran simbología en la pieza, donde destacan dos rosas y un anagrama de María, situado en la parte central. Todo esto hace alusión a la Virgen de la Rosa, imagen mariana a quien se destina este friso». La misma historiadora del Arte la encuadra en el estilo barroco, repujado y, sin lugar a duda, de plata. En cuanto a marcas de autoría, señala que presenta dos iguales que podrían pertenecer al fiel contraste en donde se lee «P.2». 

Es de mediano tamaño, presentando una altura de 15 centímetros y el arco de 102. Se aprecia que en realidad está integrada por tres piezas, una central y dos en los extremos. Las marcas del fiel se hallan en estas últimas. 

Presenta la pieza a lo largo del friso varias oquedades de pequeño tamaño, que podrían deberse, según M.ª Cristina López, a antiguos apliques de metal desaparecidos con el paso del tiempo o, quizás, a marcas de clavos. A esta conclusión, dice, «podemos llegar gracias a la disposición asimétrica de los mismos, así como por la variedad de tamaño de los huecos, pues debemos tener en cuenta que en el siglo XVIII la fabricación de todas estas pequeñas piezas se realizaban manualmente, siendo muy complicado igualar el tamaño de cada clavo. Además, por el tamaño de algunas cavidades podemos llegar a pensar que ha sido cambiado de soporte en más de una ocasión». 

Lo que evidencia que esta pieza ha debido de tener diversos usos a lo largo de estos más trescientos años que ya acumula.


Algo acerca de cómo llegó a la Hermandad de la Caridad de Cádiz

No se albergan dudas de que la pieza, originariamente, una cenefa o galería para sustentar una cortina, fue donada a la Virgen de la Rosa. La pequeña historia de esta imagen que se veneró en Cádiz, en lo relativo a la pieza que nos ocupa, podríamos verla así: en el acta del Ayuntamiento de del 8 de febrero de 1764 (3) consta que en el Cabildo de ese día se leyó una petición que hizo el presbítero Martín Lipari, quien decía era «Administrador del Santuario de Nuestra Señora de la Rosa», acerca de obtener permiso para ampliar la capilla en la que estaba a la veneración. Decía en el pedimento:

«… hacer en la Capilla del mencionado Santuario, un Camarín donde pueda celebrarse el Santo Sacrificio de la Misa, en el Arco o hueco del propio murallón que está encima del reducido que hoy ocupa dándole al nuevo Camarín su frente principal a la referida Plazuela de las Tablas…»
Acompañaba documentación del Obispado en la que se hablaba «de la Capellanía que fundaron Don Pedro Miramar y Doña Melchora de Mora y Figueroa». El Ayuntamiento de Cádiz, en esa misma sesión, decidió:

«… conceder el permiso y facultad que se pide para ejecutar la obra del Camarín de Ntra. Sra. de la Rosa según y como en el inserto Memorial se solicita… Y para use de esta licencia y facultad, la Ciudad acuerda se le dé testimonio de este acuerdo al referido Don Martín Lipari, con inserción de su Memorial y testimonio extraído e incorporado en este Cabildo para que siempre conste…»

Sin embargo, las cosas no fueron tan pacíficas. La autoridad episcopal decidió el traslado de Nuestra Señora de la Rosa a uno de los altares que ya existían en la Catedral Nueva, cuyas obra había sido iniciadas en 1723. Martín Lipari elevó una petición para que se extinguiese una Hermandad del Rosario que existía en la propia obra e integrada por los trabajadores de la misma. Así, el Cabildo Catedralicio, en un acta del día 3 de septiembre de ese 1764 (4), refleja la petición, pero detallaba en cuanto a la imagen y a su nueva capilla lo siguiente:

«… que habiendo dado principio a una que dice ser Capilla, en el estrecho sitio donde estaba el cuadro y pintura de la Imagen de la Rosa, experimenta escasez en las limosnas de los fieles, y el fin de sus esperanzas frustradas con no poderla continuar…»

Se razonó el traslado del cuadro al interior de la Catedral Nueva, en construcción, porque decía que estaba:

«… en un sitio tan indecente, como era el de las puertas de un figón y taberna por una parte, y de la otra un banco de un herrador, donde se dejan considerar las injurias que se cometerían a la Imagen o en su presencia por aquella parte y por esta las grandes avenidas de caballos, borricos, mulas, etc., que con frecuencia se conducen a este sitio… y sería muy del agrado de la Señora y muy de la atención del Cabildo, el que se trasladase su Imagen a una de las Capillas de la obra de la Sta. Iglesia, en donde no solo se le perpetuase su culto a la Señora, sino que lo lograse con mayores ventajas en lugar tan decente y propio…» (5).

La ciudadanía recurrió a la autoridad municipal; así se hace constar el 5 de diciembre de ese mismo año de 1764 (6) en el acta del Cabildo:

«Leyóse el Memorial… presentado por varios vecinos de la Plazuela de las Tablas y un papel escrito al Sr. Procurador por el Señor Licenciado Esteban de Gámez y del Ilmo. Dignidad de Chantre de la Iglesia Catedral de nuestra Ciudad… sobre la translación de la imagen de Ntra. Sra. de la Rosa al nuevo templo de la Santa Iglesia Catedral…»

Los vecinos de la Plazuela, en un escrito firmado por más de cuarenta, decían:

«… devotos y bienhechores de la soberana imagen de Nuestra Señora de la Rosa, sita en dicha Plazuela, impedidos de su fervor y afecto a esta Señora, no pueden menos que ocurrir (sic) a la protección de V. E. y que habiendo por espacio de más de un siglo rendido culto a dicha Señora en su antigua Capilla siendo el objeto de la popular devoción y refugio de los navegantes y afligidos; con deseos los Suplicantes de promover en lo posible el aumento de su devoción y lograr la mayor decencia, precedidas las correspondientes diligencias de la Curia Eclesiástica y el haberse dignado V. E. con su expreso permiso in escriptis (sic) conceder en dicha Plazuela un sitio que por ser antiguo muro de la Ciudad era perteneciente su dominio y propiedad, labrado en él un primoroso Camarín el que se ha costeado con las limosnas de los fieles y principalmente con los de los Suplicantes, cuando se trataba de su finalización para colocar en él a dicha soberana imagen, advirtieron con harto dolor suyo la bien extraña novedad de habérsela quitado la efigie del sitio donde interinamente estaba con la mayor decencia expuesta a la común devoción y llevándola a la Nueva Catedral que se está haciendo, despojando a los devotos bienhechores y vecinos del consuelo y recurso que en sus aflicciones tenían en dicha soberana imagen, entibiando con esta mutación local el fervor de todo el Pueblo, decayendo el culto de la Señora y privando por consiguiente a V. E. del dominio y posesión en que está dicha Capilla y por lo que en semejante conflicto no pueden los Suplicantes dejar de recurrir a el patrocinio de V. E. para que como agraviado en la especificada remoción y despojo, disponga los correspondientes remedios a efecto de que se restituya como es debido … a el sitio interino donde se hallaba hasta que concluido el referido Camarín o Capilla se coloque en ella…»

Al alcalde, Juan de Barrios, le llegó del Obispado un escrito informando de que:

«… Habiendo entendido que por algunos de los que se nombran vecinos de la Plazuela de las Tablas, mal aconsejados, y menos devotos de la imagen de Ntra. Sra. de la Rosa, se intenta dar Memorial en el Ayuntamiento de esta Excma. Ciudad, pretendiendo se les proteja en el intento deducido, sobre que dicha imagen se restituya al sitio, de donde fue trasladada, prevengo a V. S., que lo haga presente a esos Sres. Capitulares, como la traslación de la Sra., se hizo al nuevo templo de esta Santa Iglesia, en virtud de Decreto del Ilmo. Sr. Obispo, a consecuencia de una Diputación de mi Cabildo que trató con S. Ilma. y el Sr. Provisor en los puntos importantes, para la traslación de la imagen, tan ventajosa, como precisa, en vista de las injurias y obscenidades, con otros daños al público, que se cometían delante de la Sra., y que ha causado que fuese al dicho nuevo templo, era preciso derribar el castillo, que se le estaba formando, para su colocación porque habiendo de correr calle por detrás al templo, es necesario se comprehenda (sic) aquel sitio, para que la línea de la Plazuela que ha de haber, quede recta: en cuyos términos parece despreciable cualquier recurso…»

El Ayuntamiento decidió, después de un largo debate ante el cariz que tomaba el asunto, no mezclarse y, en cuanto al sitio concedido, determinó que si no iba a ser usado debería volver a la ciudad. Los vecinos decían, como se reflejó en su escrito, que por espacio de un siglo se le venía rindiendo culto a Nuestra Señora de la Rosa, estimando hacia 1648 el inicio de la veneración popular del cuadro y que, como se dijo también, debió de iniciarse por el impulso de Melchora de Figueroa. Además, luego se verá, el Cabildo Catedralicio no dudaba de que podía disponer tanto del cuadro como de sus alhajas.

Continuando con el seguimiento, en julio de 1784 (7) los vecinos de la zona, entendemos que no del todo conformes con que se venerase en el interior de una Catedral Nueva, en obras, elevaron petición a la autoridad eclesiástica para que: «… se conceda por el Cabildo que la imagen de la Sra. se traslade interinamente a el claustro de el convento del Sr. Juan de Dios, donde desean labrarle altar». En octubre (8), se les informó de que:

«… sobre la solicitud de Don Martín Lipari Presbítero y otros varios sujetos para trasladar la Imagen de Ntra. Sra. de la Rosa, que existe a cargo del Cabildo en una de las Capillas de la Iglesia nueva, al claustro del convento de San. Juan de Dios para en él erigirle altar, y haciendo ver en él cual que Da. Beatriz Francisca de Figueroa, por su testamento bajo el que falleció, dejó esta Imagen y alhajas al Cabildo… se acordó convenir en la solicitud de estos vecinos.»

Como se ve, se habló en ese momento de Beatriz Francisca de Figueroa, sobrina de Doña Melchora de Figueroa, de quien se había dicho en 1764 habría constituido esa capellanía; sobre esto se hablará más adelante. 


En el Hospital de la Misericordia y al mismo tiempo Convento de San Juan de Dios se conservan los inventarios que se hacían cuando el prior se tenía que ausentar para asistir a los capítulos generales o era relevado. Así, en el de 1787, fray Agustín Pérez de Valladolid lo hizo en el mes de marzo (9). Al hablar del patio del Hospital, se reflejó lo siguiente:

«Otro Altar con sus puertas todo dorado y pintado de nuevo y en él la Imagen de N. S. de la Rosa… este Altar e imágenes hecho todo nuevo por Don Martín Lipari (10) como Administrador de dicha Sra. tienen sus alhajas de plata y demás servicio de Altar, todo en depósito de dicho Administrador.»

Siendo, así la primera vez que se nombra Virgen de la Rosa; en sucesivos años, por las razones expuestas, en los inventarios seguía apareciendo. Destacamos el que se hizo en 1796, en cuya descripción se detalló la existencia de la cenefa:

«Otro altar... y en él la imagen de Ntra. Sra. de la Rosa en un cuadro, con su marco de plata y corona de lo mismo sobre dorada con pedrería y su hijo S. Smo. en los brazos con corona de lo mismo… una cenefa… y dos angelitos todo de plata.» 

Desde ese año fue figurando en todos los inventarios con una descripción similar. 

Es sabido que la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios dejó el Hospital de la Misericordia de Cádiz con motivo de la Desamortización de 1835, figurando por última vez en el inventario de 1833 en donde se añadió el detalle del uso de la cenefa:

«… Altar de Ntra. Señora de la Rosa... tiene también… y una cenefa… todo de plata; Seis cortinas de seda de diferentes colores con galones finos, que sirven de velo y penden de esta cenefa de plata.»

Al marcharse la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, el Hospital pasó a una junta de beneficencia, y de ella, tras largo proceso judicial, retornó a la Hermandad de la Santa Caridad. Así, en 1863, en acta notarial se hizo entrega a la Hermandad de los bienes, y en la descripción detallada figuró: «Ítem. 83: Una cenefa de plata cincelada en tres pedazos». En 1873, en un inventario general de la Hermandad se detalló que ese ítem « ...está conforme, donada por la Capitana de Barlovento año de 1711». Sin embargo, no figuró ya más el cuadro de Nuestra Señora de la Rosa, por lo que esta cenefa-galería, al no perdurar la pintura dejó de tener la capitana de Barlovento en 1711. Sin embargo, no figuró ya más el cuadro de Nuestra Señora de la Rosa, por lo que esta cenefa-galería, al no perdurar la pintura dejó de tener la función para la que se creó, y ese mismo año de 1873 la Hermandad de la Caridad decidió modificarla, siendo enviada a los Talleres de Don José Fuentes en Cádiz, en donde se hizo el trabajo de «componer y limpiar una cenefa de plata para el manifestador» (11) y es así como hoy en día puede ser apreciada. 

La capitana de Barlovento en 1711

La Armada de Barlovento se estableció en 1636 como una fuerza naval para proteger a las tierras de Nueva España, así como sus rutas mercantiles en el golfo de México y a las llamadas islas de Barlovento, y era una de las que componían el sistema de las Armadas Regionales. 

La capitana era el navío Nuestra Señora de Guadalupe (12), que fue construido en Campeche. Se puso la quilla en 1702 y en 1703 se incorporó en Veracruz a la Armada de Barlovento, entonces al mando del gaditano almirante Andrés Pez. El navío tuvo una gran actividad. Pero ahora nos centraremos en la que tuvo en los años próximos a la donación de la interesante pieza de plata, sobre todo por intentar saber las razones de dicha donación.

Las circunstancias de la Guerra de Sucesión hicieron que en noviembre de 1709, al mando de Andrés de Arriola, iniciara un viaje desde Veracruz protegiendo a la Flota en el viaje de retorno, llegando a Cádiz el 2 de marzo de 1710. Fue alistada para llevar al duque de Linares, virrey electo de Nueva España, saliendo de Cádiz el 6 de agosto y con llegada a Veracruz el 12 de octubre de ese año. El 29 de enero de 1711 inició otro viaje al mando de Arriola, llegando a Cádiz el 31 de marzo, en donde estuvo hasta su salida hacia Nueva España —también al mando de Arriola, junto con seis buques mercantes— el 3 de agosto de 1711. Es decir, que surta en Cádiz, ese año que figura en la pieza de plata donada tan sólo estuvo poco más cuatro meses. 

Continuó el Nuestra Señora de Guadalupe con su vida marinera, relativamente corta, ya que el 13 de julio de 1724, al mando de Gabriel de Mendinueta, salió de Cádiz con la flota de azogues del teniente general Baltasar de Guevara hacia Nueva España, junto al San José, alias Tolosa, mandado por Sebastián de Villaseñor. Tras hacer una escala Puerto Rico el 13 de agosto, se volvió a la mar el día 23. En la navegación de Puerto Rico a La Habana les sorprendió un fortísimo huracán el 24 de agosto, por lo que intentaron buscar refugio en la bahía de Samaná, en la hoy República Dominicana. Entrada ya la noche y rebasado el cabo de San Rafael, el Nuestra Señora de Guadalupe encalló en unos arrecifes, y el San José corrió la misma suerte al amanecer el siguiente día. En el Nuestra Señora de Guadalupe se salvaron unos 500 tripulantes y pasajeros de los 600 que iban a bordo, mientras en el San José solo hubo 30 supervivientes de 600. El general de Guevara murió durante la evacuación del naufragio, salvándose el capitán Mendinueta (13). El Nuestra Señora alcanzó, posteriormente mucha fama, al ser su pecio localizado e investigado en 1977 y de donde se extrajeron unas 20.000 piezas, las cuales fueron al Museo de las Casas Reales de Santo Domingo (14).

Algo de la situación de la Virgen de la Rosa y sus alhajas en Cádiz en 1711

Como se ha dicho antes, la veneración a la Virgen de la Rosa en el camarín de la muralla debió iniciarla Doña Melchora de Figueroa, quien era la propietaria de la vivienda en donde estuvo colocado y que falleció en Cádiz el 28 de abril de 1706 (15) a la edad de 100 años. Continuó la labor su sobrina Beatriz Francisca de Figueroa, fallecida en 1749 (16), quien en su testamento (17) de 1747 dejó estipulado, entre otras disposiciones, lo siguiente:

«16. Declaro que por muerte de Doña Melchora de Figueroa, mi tía, heredé un cuadro pintura de la Milagrosa Imagen de Nuestra Señora de la Rosa, el mismo que estaba colocado en un hueco de las casas que fueron de mi morada que son en la calle que nombran de la Rosa de esta ciudad y a mis expensas de los dichos mis hijos y con algunas limosnas que distintos devotos han dado ha tenido dicha milagrosa imagen, culto público para la veneración de los fieles, y se han ejecutado diferentes alhajas de plata para su adorno y mayor decencia… Mando que el expresado cuadro, con todo cuanto le corresponde y pertenezca, quede a disposición de los Señores Deán y Cabildo para que… lo mantenga… en el sitio a donde al presente está colocado o lo trasladen a el que mejor le parezca…»

Verdaderamente estaba claro que heredó el cuadro y que dispuso que tanto este como todas sus alhajas, incluida la cenefa-galería que estudiamos, quedasen a disposición del Cabildo Catedralicio, que, como ya se ha visto, dispuso pasasen finalmente al Convento Hospital de la Santa Caridad, donde ha permanecido hasta hoy. Beatriz Francisca estuvo casada con Luis Pedro Mora y Figueroa.

El porqué de la donación

¿Es una pieza que se puede considerar un ex voto a la Virgen de la Rosa por un hecho en concreto o fue una simple donación quizás influida por razones de amistad? 

Habría que considerar que esos años, en plena Guerra de Sucesión, las navegaciones a ultramar estaban en permanente amenaza, por lo que no sería de extrañar el carácter de exvoto como modo de implorar la protección divina y que ya habían reflejado los propios vecinos al decir que era la Virgen «refugio de los navegantes y afligidos», quizás por haber llevado en 1710 a buen término el traslado del electo virrey a Nueva España.

Por otra parte, intentando buscar otras razones, se ha analizado la documentación de la carga embarcada en Cádiz en 1710 y 1711 en la capitana de Barlovento, en la que figura como cargador Alfonso de Mora y Figueroa (18), quien era hermano político de Beatriz Francisca de Figueroa, principal artífice de la veneración en el santuario de su propiedad a la Virgen de la Rosa en esos años, lo que evidencia cierto grado de relaciones familiares en el mundo de los cargadores de Indias en la ciudad de Cádiz, que eran muy dados a este tipo de donaciones en esos momentos.

Conclusiones finales 

Estamos ante una pieza de gran interés por varias razones, tales como el período histórico de la donación, la Guerra de Sucesión, el mundo de los cargadores de Indias en Cádiz, la ejecución en sí de la plata labrada, el que fuese dada por la capitana de la Flota de Barlovento con base en Veracruz en Nueva España a una ciudad como Cádiz, que el propio navío Nuestra Señora de Guadalupe sufriese un terrible naufragio, que sea uno de los pecios más estudiados y expuestos en Santo Domingo y, finalmente, que haya permanecida prácticamente desconocida en estos siglos.

(1) Para saber algo más de la M. H. Hermandad de la Santa Caridad de Cádiz, véase: CARAVACA DE COCA, José M.ª: «La catástrofe de Cádiz de 1901. Explosión de un torpedo», en REVISTA GENERAL DE MARINA, Tomo 272, enero-febrero 2017, p. 5.
(2)LÓPEZ GARCÍA, M.ª Cristina: Estudio de platería en la Hermandad de la Santa Caridad de Cádiz. Universidad de Cádiz. Inédita.
(3) Archivo Histórico Municipal Cádiz (AHMC), actas del Cabildo, 1764.
(4) Archivo del Cabildo Catedralicio de Cádiz (ACCC). Acta del Cabildo, 3 septiembre de 1764.
(5) Ídem.
(6) AHMC, Actas del Cabildo Municipal, 1764
(7) ACCC. Acta del Cabildo, 9 de julio de 1784.
(8) Ibídem, 11 de octubre de 1784.
(9) Archivo Histórico de la Hermandad de la Santa Caridad de Cádiz (AHCC). Libros inventarios 485 y 486.
(10) En su testamento, hecho en 1792, dejó dicho: «4. …imagen que con el título de Nuestra Señora de la Rosa dejo colocada en el altar que a mi propia costa, he hecho en el Patio… del Convento Hospital del Sr. San Juan de Dios de esta Plaza en virtud de haberme concedido el sitio donde se halla ...». Archivo Histórico Provincial Cádiz (AHPC). Protocolos 1792. Escribano Cipriano José González.
(11) AHCC. Caja núm. 1. Inventarios. Cuenta de Obras hechas en las alhajas de plata en 1873
(12) Fue conocido como Nuestra Señora de Guadalupe y San Antonio.
(13) Acerca de este hundimiento se escribió la novela Huracán. LEÓN AMORES, Carlos: Huracán, Plaza & Janés. Barcelona, 2000.
(14) Fueron expuestas las piezas también de modo itinerante bajo el título de «Huracán, 1724. Navegantes y náufragos de la Ruta del Mercurio» en el Museo CosmoCaixa de la Ciencia de Alcobendas (Madrid). ABC, Madrid, sábado 18 agosto 2001, p. 31.
(15) ACCC. Enterramientos. «En Cádiz veinte y nueve de abril de mil setecientos y seis años se enterró de noche en Santa María con oficio de medias honras a D.ª Melchora de Figueroa y Valenzuela de edad de cien años… Viuda del alférez Sebastián Ruiz de la Torre… Fundó una Capellanía de Misas Rezadas… Murió en veintiocho…».
(16) ACCC. Enterramientos. «En Cádiz diez y siete de diciembre de mil setecientos cuarenta y nueve años, se enterró por la tarde… en el Convento de Sta. María, D.ª Beatriz Francisca de Figueroa y Herrera… de edad de ochenta y cuatro años: Viuda de Dn. Luis Pedro de Mora y Figueroa… murió en diez y seis…».
(17) AHPC. Protocolos año 1747. Escribano, José Antonio Camacho.
(18) Consta en el registro, con todo detalle, que embarcó seis frangotes, siete cajones y cincuenta cajoncillos, por su cuenta y riesgo, siendo el destinatario Simón de Medal y Moscoso en Veracruz. Archivo General de Indias. Indiferente 1.272, «1710 Registro del Galeón nombrado Nuestra Señora de Guadalupe y San Antonio, Capitana de la Real Armada de Barlovento que hace viaje a la Provincia de Nueva España a transportar al Sr. Duque de Linares, electo Virrey de aquel Reino». Folio 101.



2 comentarios:

  1. Nada de esto he podido presenciar, ya que viajo hasta Cádiz tan sólo en el verano.

    Besos

    ResponderEliminar
  2. Es un magnifico trabajo de investigación de gran valor histórico.

    Enhorabuena a ambos.

    ResponderEliminar