Desde la Antigüedad, autores griegos y romanos hablaron de las Gadeiras, un conjunto de islas rodeadas de leyenda que Platón incorporó a sus relatos ('Timeo' y 'Critias') del mundo antiguo. Según esa tradición, el archipiélago estaba gobernado por Gadiro, hijo del dios Poseidón, lo que situaba a este lugar en un espacio casi mítico, a medio camino entre la historia y la fábula. Durante siglos, las Gadeiras fueron más una referencia literaria que una realidad bien definida sobre el terreno.
No fue hasta el siglo XX cuando esa visión empezó a cambiar de forma decisiva. En torno a 1972, don Francisco Ponce Cordones logró algo fundamental: demostrar con argumentos científicos y pruebas arqueológicas que detrás del mito había una base real. Su investigación permitió localizar y estudiar el antiguo canal de agua que separaba —y al mismo tiempo conectaba— las islas de Erytheia y Kotinoussa, confirmando así que las Gadeiras no eran una invención poética, sino un espacio geográfico concreto y complejo.
Aquel canal era un brazo de mar navegable que desempeñó un papel clave en la organización del archipiélago. Lejos de actuar como una barrera, facilitaba el tránsito y la comunicación entre las islas principales, articulando la vida marítima y urbana de la zona. El trabajo de Ponce Cordones fue reconocido por la comunidad académica y permitió integrar este hallazgo en el conocimiento histórico aceptado.
En reconocimiento a su labor, desde el año 2001 ese antiguo paso marítimo recibe oficialmente el nombre de Canal de Ponce, aunque todavía hoy muchos siguen llamándolo Bahía-Caleta por pura costumbre. El nombre se consolidó aún más en 2019, cuando se aplicó también a la plaza situada entre la Puerta de La Caleta y el Baluarte de Los Mártires, justo en el lugar por donde discurría ese canal que, más que separar las islas de las Gadeiras, las unía.



