Pasión por Cádiz

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Cádiz, Andalucía, Spain
"Ab origene one semper fidelis, in perpetuam, semper et ubiquem Gades. Qui poters capere, capiat"

viernes, 26 de agosto de 2011

Apuntes históricos gaditanos

El 30 de mayo de 1887 apareció en la llamada "Punta de la Vaca", el sarcófago antropoide masculino, que fué trasladado al Museo Arqueológico y de Bellas Artes.

Desde 1918 a 1939 fué director de dicho museo el Sr. Pelayo Quintero Atauri, que defendió siempre la existencia de un sarcófago femenino, durante su mandato organizó diferentes catas arqueológicas en varios puntos de Cádiz con el fín de localizar dicho sarcófago, y aunque se encontraron muchos restos arqueológicos nunca dió con la pieza, aunque la buscó afanosamente.

Casi un siglo después, el viernes 26 de septiembre de 1980, excavadoras que realizaban su labor en un solar en construcción en la calle Parlamento (antigua Ruiz de Alda), dieron con esta pieza.

Lo que poca gente sabe es que el sarcófago apareció en el solar que ocupaba un chalet llamado "La Quinta", que perteneció a.............. Don Pelayo Quintero Atauri, ¿Cómo imaginar que tan sólo tenía que excavar debajo de su propia casa para haberlo encontrado?


Por otro lado.... ¿Sabías que un duplicado del monumento a José Celestino Mutis existente en el Parque de Genovés y que se inauguró el 6 de Abril de 1932,  fué embarcado en el Vapor "Magallanes" el 29 de Mayo de 1933, regalo del Ayuntamiento de Cádiz al de Bogotá?.

Está instalado en el jardín botánico de la capital colombiana.





El revolucionario León Trotsky estuvo viviendo en Cádiz durante un mes bajo vigilancia policial, en la calle Marqués del Real Tesoro en torno al año 1906 mientras llegaba el barco que le llevaría a México.

Durante esos días, Ramón Mercader, comunista catalán le venía siguiendo los pasos y parece ser que viajó en el mismo barco.


Al llegar a ese país, se hizo el encontradizo, se ganó su confianza y le asesinó con un piolet.





La campana del Ayuntamiento, la que está encima del reloj, bajo la cúpula....... tiene la siguiente inscripción:

"Creo en el misterio de la Santísima Trinidad, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo: tres personas distintas y un sólo Dios verdadero.

Esta campana se hizo en el año de 1614 y en el de 1703, tercero del reinado de las Españas del rey don Felipe V de Borbón, y tercero del pontificado de Nuestro Santísimo Padre Clemente XI, y gobernando Cádiz el Excmo. Sr. Duque de Brancaccio, siendo Obispo el Ilustrísimo Sr. D. Fray Alonso de Tavera y Procurador Mayor el Conde de la Marquina, me volvió a fundir esta ciudad y peso cuarenta y cuatro quintales.

Yo soy la voz del Angel que en alto suena y proclama:   Ave María Gratia Plena.  Jacinto de San Juan me fecit"




En 1925, el entonces Alcalde de Cádiz, D. Agustín Blázquez, lanzó un bando con motivo de los Carnavales, obligando a utilizar un color para los papelillos o confettis.

Con esto se conseguiría que los buscavidas de entonces no pudiesen revenderlo recogiendolo del suelo, todo ello en beneficio de los fabricantes y vendedores oficiales, aparte de repercutir para bien en la salud pública.

A continuación, os transcribo dicho bando por si no veis bien la imagen.





Don Agustín Blázquez y Paul.

Alcalde de esta ciudad.

HAGO SABER:

Que en las próximas fiestas de Carnaval queda terminantemente prohibida la venta de papel picado de cualquier clase, con exclusión del llamado confetti, o sea, cortado a máquina, el que podrá venderse en sacos transparentes que contengan por lo menos 500 gramos y han de ser de un solo color para cada día y precisamente en la forma siguiente:

Domingo de Carnaval: Color ROJO
Lunes de Carnaval: Color AZUL
Martes de Carnaval: Color AMARILLO
Domingo de Piñata: Color BLANCO

Lo que hago público en cumplimiento del acuerdo adoptado por la Comisión Permanente para general y exacto cumplimiento y en evitación de los perjuicios que puedan irrogarse a los industriales que se dedican a la confección y venta de este artículo.

Cádiz, a 3 de enero de 1925.

Agustín Blázquez y Paúl







domingo, 21 de agosto de 2011

Mis articulistas preferidos: Miguel García

La historia del Sr. Juan Cunill. Una muerte anunciada.  Por Miguel García Díaz.


El Sr. Juan Cunill Cañellas es el protagonista de esta historia, una de las muchas que  se produjeron, tanto en un bando como en el otro, durante la Guerra Civil iniciada el 18 de julio de 1936  y que tuvieron un trágico y lamentable final.


Juan era natural de Santa María del Camí (Mallorca) donde nació el 5 de octubre de 1892. De profesión pastelero, trabajó en el horno Santo Cristo de Palma de Mallorca hasta que fue llamado a filas y tuvo que irse a Barcelona a hacer el Servicio Militar. Cuando su hermano Miguel se casó, lo declararon exento por ser de padre sexagenario y pobre.

Volvió a Palma de Mallorca reincorporándose a su trabajo en el mismo horno, hasta que un buen día apareció por el mismo Salvador Robles, un industrial gaditano que probó las ensaimadas que allí se hacían y quedó asombrado de la exquisitez de las mismas. Motivo por el cual contrató a Juan Cunill para trabajar en el obrador de la Pastelería “Viena”de su propiedad. Fue por tanto él quien introdujo en Cádiz las ensaimadas, especialidad pastelera hoy en día tan conocida y extendida. Al mismo tiempo que a Juan, el citado industrial contrató también a Antonio Valls como encargado de su pastelería. (1).

Juan vino a Cádiz en 1921 y una vez establecido en la ciudad conoció a la joven Catalina Aragón Utrera,  natural de Chiclana de la Frontera, con quien se casó en el año 1924. Se fueron a vivir a un piso alquilado en el número 17 de la calle Ramón Ventín (Sacramento).

En el vivió hasta el día de su detención. Al fundar una familia(2) y pensando en mejorar económicamente dejó la Pastelería “Viena” y llegó a un acuerdo con Salvador Robles, para comprarle un local de su propiedad, el bar “La Diana”, sito en la Avenida Alejandro Lerroux número 2, comprometiéndose con él en pagarle semanalmente una cantidad hasta abonarle la cantidad pactada. (3)





El bar estaba frente por frente del Cuartel de Santa Elena, sede del Regimiento de Infantería número 33 de Cádiz. El sitio era ideal para hacer negocio porque en las casas próximas del barrio de Santa María vivían la mayoría de los sargentos y demás clases del Regimiento y enfrente, además de lo que era el cuartel propiamente dicho, existían unos Pabellones Militares donde vivían jefes, oficiales y suboficiales de la unidad. Por aquel entonces eran bastantes los militares dados a alternar en la barra de un bar y éste lo tenían muy cerca por lo que la clientela la tenía asegurada. A primera hora eran muchos los que allí se tomaban el café, la copa o desayunaban y que repetían la visita al mediodía para tomar unos vinos antes de comer. Entre sus clientes habituales se encontraba un comandante de Infantería que vivía en la planta alta izquierda de los citados pabellones. Era muy corriente también entonces el consumir “de fiado” y el comandante llegó a acumular una suma de consideración, de forma que cuando en una ocasión mandó a su asistente a por unos cafés, Juan le dijo al soldado que le dijera al comandante que le pagara lo que le debía pues él tenía que dar de comer a sus cuatro hijas. El comandante se personó en el bar muy airado y ofendido y tras pagarle lo que le debía le dijo textualmente: “Te voy a meter en un sitio donde no vas a ver más la luz del día”.

En la tarde del 18 de julio de 1936 se dio lectura al Bando de Guerra en la plaza de Argüelles por una Batería del Regimiento de Artillería de Costa numero 1 y la guarnición de Cádiz al mando de los generales López Pinto y Varela se sumó al Movimiento iniciado la tarde anterior por el Ejército de África. Ese sábado por la mañana los oficiales hicieron su vida normal y acudieron como siempre al bar en las horas habituales. Tras la marcha de las tropas al Gobierno Civil para proceder al asedio de éste, los establecimientos fueron cerrando y el bar “La Diana” también.

Según contaba su hija Antonia, todos los domingos, durante el verano, Juan acostumbraba a llevar  a su familia a la playa (4) y el domingo 19 de julio, a pesar de lo que ocurría en Cádiz y en toda España, no fue una excepción. Estando en la playa un amigo le advirtió que esa noche no durmiese en su casa, pues tenía noticias de que estaban produciéndose detenciones por parte de la policía, y él tenía antecedentes de haber pertenecido al sindicato anarquista de su gremio.(5).

Juan decidió quedarse a dormir en el bar, y a la vuelta de la playa, mientras que su familia marchó a su domicilio él se dirigió al establecimiento. Eran las 18,30 horas. Al llegar  vio que las puertas se encontraban precintadas. Poco después, en la misma puerta fue detenido, siendo conducido a la Prisión Provincial e ingresado en la misma.(6) A través de una nota dirigida a un amigo llamado Pepe que vivía en la calle Santo Domingo número 47, hizo saber a su mujer que se encontraba en la cárcel, pidiéndole que le mandara una toalla y la comida, por las mañanas de 10 a 11 y por las tardes de 4 a 5. Enterada Catalina del paradero de su marido fue a la cárcel y durante los cuatro días que estuvo en la misma le llevaba la comida en un canasto y a través de notitas ocultas entre la comida se comunicaban. Ella le hacía llegar lo que él le pedía depositándolo en la guardia. Un mechero, tabaco, una camiseta, una toalla…lo que él iba necesitando. Por este procedimiento del papelito en el canasto, Juan le pidió también a Catalina que comunicara a Rosalía, una conocida, que su marido Paco López estaba también allí encarcelado. (7)

El 24 de julio, ante la masificación producida en la cárcel por las recientes y numerosas detenciones, Juan y otros presos fueron conducidos por la Guardia Civil a la prisión eventual que se habilitó en la llamada Fábrica de Torpedos (actual Instituto Hidrográfico).(8) Un buen día, cuando él creía que iba a ser puesto en libertad, fue trasladado al Penal del Puerto de Santa María. Le dejó a su mujer una nota comunicándoselo y dándole instrucciones.(9)

En el penal le fue levantada la incomunicación y Catalina iba a visitarle cada jueves con alguna de sus hijas. Hablaba con él a través de una reja que los separaba dos metros, aunque a las niñas si le era permitido acercarse a su padre y estar con él.  Por otra parte su mujer inició gestiones con conocidos y personas importantes en aquellos días para tratar de sacar de la cárcel a su marido.

El día 25 de octubre, cuando fueron a visitarle, le dijeron simplemente a su mujer que “no estaba”. Le hicieron entrega de sus objetos personales entre los que se encontraba una almohada en la que  descubrió unas notas a ella dirigida. En la noche del 22 al 23 de octubre de 1936 había sido sacado del Penal y fusilado. A su mujer nunca le dijeron donde estaba su cuerpo. Un cuerpo que tapado por la tierra de una fosa común en algún lugar le impediría para siempre ver la luz del día, como le vaticinaron. Se supone que fue ejecutado en cumplimiento de una desconocida sentencia emitida por un desconocido juez que resolvería el caso de un reo acusado de no se sabe que delito. ¿Por sus ideas políticas próximas al anarquismo?. ¿Por su pertenencia a un sindicato gremial de carácter anarquista?. ¿Por una venganza?.

Después del suceso, temerosas, Catalina y sus hijas se fueron a Mallorca donde vivían los hermanos de Juan. Como dato anecdótico, el dinero para el viaje a Mallorca se lo dio el alcalde Ramón de Carranza. Hizo gestiones para recuperar la gramola que había en el bar de su marido pero todo fue inútil, pues la misma fue incautada por orden de la Comandancia Militar. Catalina, la mujer de Juan, estaba embarazada de cuatro meses de su quinta hija, a la que puso de nombre María Luisa. Juan murió sin saber que su esposa estaba embarazada, pues no quiso decírselo para no aumentar su angustia. El bar permaneció cerrado muchos años, la casa fue derribada y construido un nuevo inmueble en su lugar y curiosamente más o menos donde estaba existe en la actualidad otro bar.

Catalina murió muy joven de una enfermedad muy corriente en aquella época de miseria, cuando contaba con sólo  39 años de edad y sus cinco hijas quedaron huérfanas de padre y madre. Antes de morir, con fecha 5 de abril de 1945, solicitó la inclusión de sus hijas en el Censo de Huérfanos (Huérfanos de la Revolución y la Guerra) y en el año 1946 les fue concedida una pensión de orfandad. (10)

Su familia siempre ha creído que fue una cruel venganza del antes citado comandante de Infantería, al que acusan de ser el culpable de lo sucedido. Éste  fue dado de baja en el Ejército en el año 1937 por tener antecedentes masónicos, más tarde sufrió la amputación de sus dos piernas y un hermano suyo fue fusilado de igual forma que  Juan Cunill en la matanza de Paracuellos.

Hoy en día las hijas que aún viven y los nietos de Juan Cunill, el pastelero, el de las ensaimadas de “Viena”, el honrado industrial de “La Diana”, Cafés y Vinos, siguen buscando el lugar donde puede hallarse sepultado su cuerpo, pero no encuentran el sumario de un posible Consejo de Guerra, que parece que nunca existió, ni expediente judicial ni documento alguno que les ayude a esclarecer el caso. Quizás se le aplicó directamente el Bando de Guerra. Quizás nunca se sabrá de qué fue acusado y por quien, que fue de él y donde está, pero la esperanza es lo único que se pierde. Algún día Juan Cunill Canellas verá la luz.

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(1)   Antonio Valls, fue contratado como encargado de la Pastelería “Viena” y fue abuelo de Antonio Valls Garrido, concejal del Ayuntamiento gaditano y propietario después de la Pastelería “Viena”.

(2)   En 1925 nació su primera hija a la que puso de nombre Antonia.

(3)   El bar tenía dos puertas a la calle y ocupaba parte del bajo de la casa en un lugar muy próximo al que hoy ocupa el bar “Río Saja”. En la misma casa vivían además Fernando Martín Batilla(sombrerero), Antonio Sampayo Pérez (carpintero), Eduardo Alonso Tabeada (cochero), Cristóbal León López (retirado) y los operarios Alfonso Barrios Martín, Manuel Sánchez Doval y Salvador Díaz Ventura.

(4)   En 1930 nació Catalina a la que llamaban Nani, en 1932 Margarita y en 1934 Juana.

(5)   Estando en Barcelona fue fichado por tomar parte en una huelga de panaderos y además fue autor de un panfleto titulado “Crónica obrera”.

(6)   El 19 de julio se produjeron más de 50 detenciones por la policía obedeciendo órdenes del Comandante Militar. Todos los detenidos fueron llevados a la Prisión Provincial.

(7)   “Catalina mándame tabaco y harás el favor de decir a Rosalía que Paco López está aquí. Sin más, besos a Antoñita y la Nani y Margarita y Juanita. Tu Juan.”

(8)   Fueron habilitadas como prisiones eventuales, además de un barracón de la Fábrica de Torpedos sita en el barrio de San Severiano, el vapor “Miraflores”.

(9)   “Catalina, sabrás que hoy hemos salido de Torpedos para el Puerto. No te apures, tu sigues y no pares hasta que hayas  conseguido mi libertad y si es que no esté el jueves ven o escribes de lo que hay. No me mandes más que tabaco y papel para fumar. Si vienes no traigas más que una niña. Si te hace falta dinero se lo pides a Rafael. Esa ha sido una sorpresa. Yo esperaba mi libertad y me mandan al Puerto. Que le vamos a hacer, paciencia, ya vendrán tiempos mejores como dice la copla. A ver si a la noche esta …(ilegible)…libertad y me alegraría bastante. El jueves trae una sábana y una funda. Juan Cunill.”

(10)  En 1948, su hija Antonia volvería a solicitar otra pensión para su hermana María que no estaba incluida, concediéndosele igualmente.



 

jueves, 18 de agosto de 2011

LXIV aniversario de la explosión de Cádiz.

Quede constancia año tras año para que no caigan en el olvido los fallecidos y los heridos de la explosión de Cádiz, además de los marineros que evitaron preventivamente una posible segunda deflagración aquel mortífero día del 18 de Agosto de 1947.

Descansen en paz tantas victimas inocentes, siempres en el recuerdo de la ciudad.




jueves, 11 de agosto de 2011

Iglesia conventual de Santo Domingo

La Iglesia conventual de Santo Domingo de Cádiz, sede canónica de la Virgen del Rosario, patrona de la ciudad, es uno de los más bellos ejemplos en España de la arquitectura tardomanierista con abundante decoración barroca.


La iglesia se inició bajo la dirección de Antón Martín Calafate y Bartolomé Ruíz en el año 1652 habiendo sufrido varias reformas, la última tras ser incendiada en la Guerra Civil.   Tiene planta de cruz latina jesuítica con bóveda de cañón en la nave principal, de aristas en las laterales y cúpula sobre pechinas en el crucero.   Bóveda y paramentos presentan una abigarrada decoración de yeserías, dorados y rocalla, muy propia del siglo XVIII.


El el exterior destaca la portada lateral en marmol con hornacina para la Virgen del Rosario, la torre con doble fachada y cuerpo de campanas octogonales y cupulado, y el saliente poligonal del ábside donde su ubica el camarín de la Virgen del Rosario.



El convento alcanzó gran prestigio en el campo de la enseñanza, ya que desde 1681 acogió una casa de estudios, recopilando una importante biblioteca perdida con la exclaustración, en él se impartieron clases de astronomía, matemáticas, biología, geografía y navegación, agronomía, fisica, economía, derecho, etc, en definitiva toda una universidad en aquella época.


El retablo mayor es un bello conjunto de mármoles genoveses obra de los hermanos Andreolo en el siglo XVIII, que fué costeado por la familia Sopranis.   Ordenado en banco, el cuerpo principal se divide en calles mediante columnas salomónicas.


Preside el retablo la Virgen del Rosario, patrona de la ciudad de Cádiz, en su hornacina principal, aunque a veces es trasladada a un lugar más accesible para recibir culto de los fieles. 


Sale en procesión de alabanza el siete de octubre de cada año, y también lo hace el día de Corpus Christi para acompañar al Stmo. Sacramento.


En la calle de la epístola, se encuentra una pequeña Virgen del Rosario, réplica de Juan Luís Vasallo de la perdida Virgen Galeona que acompañó en numerosas ocasiones a la Flota de Indias ya que era su patrona, también ha acompañado en travesías al buque escuela de la Armada Española "Juan Sebastian de Elcano" en algunos de sus cruceros de instrucción.   


Son igualmente interesantes los retablos del siglo XVIII emplazados en los testeros del crucero, así como el Cristo de la Salud cuya imagen data del mismo siglo.




Completan el conjunto los claustros, con columnas toscanas de mármol, cuatro crujías y tres plantas sobre arcos, suelo ajedrezado y cuatro brocales de aljibe de marmol.


Los pisos superiores se ordenan entre pilastras y molduras, le siguen en importancia, la capilla de la Venerable Orden Tercera, con decoración barroca y el pórtico de accceso labrado en piedra con hornacina que acoge a Santo Domingo de Guzmán, del siglo XVIII.


sábado, 6 de agosto de 2011

Emilio Castelar. Político gaditano.

Emilio Castelar nació en Cádiz el 7 de Septiembre de 1832.

Tras el fallecimiento de su padre, su familia se traslada a Elda, Alicante, donde hace hasta el bachillerato para luego hacer sus estudios universitarios en Madrid, donde luego ejerció como profesor en la Esuela Normal de Filosofia.

Hacia 1854 comienza su actividad pública, colabora en periódicos de la época tales como "El tribuno del pueblo", "Soberania nacional" o "La discusión", también publica sus primeras novelas que fueron "Ernesto" en 1855, "Alfonso el Sabio" un año después, y en 1857 "Leyendas populares", logró la cátedra de Historia critica y filosófica de España en la Universidad Central en 1857.

En 1862 publica la segunda parte de "Leyendas populares", pero esta vez la titula "La hermana de la Caridad".  Fundador y director del periódico "La democracia" donde ataca al gobierno de Narváez en febrero de 1864, por lo que es destituido de su cátedra, con el gobierno de O'Donell nuevamente es restituido, desde entonces participa en pronunciamientos y eventos progresistas por lo que llega a ser incluso condenado a muerte por lo que huye de España, exiliandose desde 1866 a 1868 en diversos paises europeos, y luego en latinoamérica donde ejerce como corresponsal y colaborador en la prensa de aquellos paises.

En 1868 regresa a España siendo elegido Diputado a Cortes un año después, haciendo una intensa vida politica y parlamentaria distinguiendose por sus discursos que llegaron a ser incluso publicados.

Con la proclamación de la Primera República Española en 1873, fué nombrado Ministro de Estado por el Gobierno de Estanislao Figueras, tras los mandatos de este último, Francisco Pi y Margall y Nicolás Salmerón, accede a la presidencia de la República el 7 de Septiembre de 1873, fue elegido para ocupar la Presidencia del Poder Ejecutivo por 133 votos a favor frente a los 67 obtenidos por Pi y Margall. Durante su anterior etapa, como Ministro de Estado en el gobierno de Estanislao Figueras, promovió y consiguió que se aprobase la abolición de la esclavitud en el territorio ultramarino de Puerto Rico, aunque no en Cuba por la situación de guerra que vivía.

Con motivo de la difícil situación por la que pasaba la República, con el agravamiento de la Guerra Carlista, Emilio Castelar comenzó la reorganización del ejército, anunciando ante las Cortes que «para sostener esta forma de gobierno necesito mucha infantería, mucha caballería, mucha artillería, mucha Guardia civil y muchos carabineros». A pesar de la oposición federalista, las Cortes le concedieron poderes extraordinarios para gobernar, tras lo cual se cerraron las Cortes el 20 de septiembre. Confirmó las sentencias de muerte que provocaron la dimisión de su predecesor, restableció el orden y dejó a punto de rendición a los cantonales de Cartagena.

Sin embargo, el caos provocado por la sublevación cantonal y el recrudecimiento de la Guerra Carlista le llevaron a reabrir las Cortes el 2 de enero de 1874, para someter a votación la gestión de su gobierno y recabar plenos poderes con los que salvar a la República del descrédito total.

Se abrió, en efecto, la sesión de Cortes el 2 de enero de 1874 pero los federales se lanzaron en tromba contra don Emilio Castelar, a quien respaldaba el capitán general de Madrid, don Manuel Pavía, antiguo partidario de Prim, con quien se había alzado en Villarejo de Salvanés. Dos fuerzas bien diferentes amenazaban con interrumpir las deliberaciones de las Cortes: los federales, deseosos de acabar con Castelar a mano airada, y las tropas del general Pavía, partidario de Castelar, que tenía decidido acudir en su socorro para evitar su derrota ante el federalismo.

Salían ya los regimientos comprometidos por la orden del capitán general, cuando las Cortes conocieron la derrota de Castelar por 119 votos contra 101. Dimitió el último presidente de la República, y el de las Cortes, que era Nicolás Salmerón, ordenó proceder a nueva votación para elegir a un nuevo jefe del Poder Ejecutivo.



Pavía se situó en la plaza frente al edificio con su estado mayor y ordenó a dos ayudantes que impusieran a Salmerón la disolución de la sesión de Cortes y el desalojo del edificio en cinco minutos. La Guardia Civil, que custodiaba el Congreso, se puso a las órdenes del general y ocupó los pasillos del Congreso (sin llegar a entrar en el hemiciclo). Eran las siete menos cinco de la mañana, cuando se estaba procediendo a la votación para elegir al candidato federal Eduardo Palanca, y Salmerón, al recibir la orden del capitán general, suspendió la votación y comunicó el gravísimo suceso a los diputados. Entonces, éstos abandonaron el edificio a toda prisa, entre escenas de exacerbado histerismo; algunos incluso se descolgaron por las ventanas. Pavía, sorprendido, preguntó: «Pero señores, ¿por qué saltar por las ventanas cuando pueden salir por la puerta?».


Pavía, que era republicano unitario, le ofreció a Emilio Castelar continuar en la presidencia, pero este rehusó al no querer mantenerse en el poder por medios antidemocráticos. Estos hechos supusieron el final oficioso de la Primera República, aunque oficialmente continuaría casi otro año más.

Tras la resturación de la monarquia en 1874, Castelar marcha a Paris y viaja por Europa a la vez que publica numerosas novelas históricas y ensayos literarios.   En 1880 ingresa en la Real Academia de la Lengua Española y en la de Historia un año después.   Retirado de la politica sigue colaborando con el Partido Progresista, hace nuevas publicaciones literarias y ensayos históricos, destacando "Historia de Europa en el siglo XIX" que consta de seis volumenes, iniciada en 1895 y culminada tras su fallecimiento en 1901 por Sales y Ferrer.

Después del asesinato de Antonio Cánovas del Castillo en 1897 hizo un nuevo intento fallido de regresar a la actividad politica, pero finalmente se retira a San Pedro del Pinatar, Murcia, donde fallece el 25 de Mayo de 1899, siendo enterrado en Madrid.

martes, 2 de agosto de 2011

El asalto inglés del Conde de Essex a Cádiz.

Todos los historiadores y cronistas actuales y de la época coinciden que Robert Devereux, Conde de Essex, Sir Walter Raleigh, y el Almirante Charles Howard de Effingham, Duque de Nottingham, asaltaron y saquearon Cádiz el 30 de Junio de 1596 con una escuadra naval anglo-holandesa durante la guerra anglo-española que transcurrió de 1585 a 1604, además confirman que no se desembarcó ni en la zona de la Alameda, ni en el puerto de la ciudad, sino que se hizo aproximadamente donde se ubica actualmente el Puente Carranza y en la pequeña playa ubicada en la zona, para organizar de mejor modo el bloqueo de los auxilios que podrían llegar desde La Carraca y las posibles fugas de la población.  



Eran las dos de la mañana del 30 de Junio de 1596 cuando se avistó la flota anglo-holandesa que habia zarpado del puerto de Plymouth el dia 13, aunque no pudo entrar en aguas de la bahía por el mal tiempo a esa hora, por lo que hasta las cinco de la mañana no comenzaron los primeros combates navales, y dos horas después, la flota española fué vencida a pesar de haber causado graves pérdidas a los invasores, todo ello antes de que se efectuase el desembarco a tierra de los asaltantes.      

En aquel momento había en las aguas de la ciudad unas 40 naves españolas de guerra entre galeras, fragatas y galeones, aparte de una docena de naos de la Flota de Indias, estas últimas estaban desarmadas por lo que en los primeros momentos fueron a refugiarse a Puerto Real y al saco de la bahía, los comandantes invasores fondearon los buques (unos 150) en la zona frente a la actual Barriada de la Paz aunque luego dispusieron algunos sitiando la ciudad para vigilar que no hubiese ni auxilios ni fugas por vía marítima, y pusieron en tierra 6300 soldados profesionales, además de unos 1000 voluntarios y 6700 marineros.

Cádiz tenía en esas fechas una población aproximada de 6000 habitantes y era uno de los principales puertos de la época aparte de punto de partida de la Flota de Indias.   A las dos de la tarde unos 2000 ingleses fueron los primeros que desembarcaron  en la zona de Puntales sometiendo a la poca fuerza española que defendía  el lugar bajo el mando del corregidor Don Antonio Girón, a las cinco de la tarde los atacantes tomaron el control de la ciudad con escasa resistencia, mientras otra parte de su ejército se encaminaba hacia el Puente Zuazo y el Castillo de San Romualdo en la Isla de León, que estaba defendido por fuerzas españolas más organizadas y fuertes por lo que desistieron el intento de conquista retornando a Cádiz.

 
Las tropas anglo-holandesas se dedicaron al saqueo de la ciudad, y así templos, especialmente Santiago y San Francisco, o el aún recordado fusilamiento del cuadro de Nuestra Señora del Pópulo, fueron objetivo prioritario, también sufrieron el vandalismo las casas, los almacenes del puerto siempre a rebosar de la mercancía americana llegada en la Flota de Indias, también las personas fueron objeto de pillaje y atracos, aunque se respetó la integridad física de los gaditanos por norma general, pero no siempre se llegó a cumplir esta premisa.

Habida cuenta de que los asaltantes podrían hacerse con la flota española refugiada en Puerto Real, Alonso Pérez de Guzmán, Duque de Medina Sidonia, y el Capitán Becerra, comandante de sus tropas, que eran los responsables directos de la defensa de la ciudad de Cádiz, decidieron y ordenaron su destrucción incluyendo las naves de la Armada que también estaban allí protegidas, tan nefasta gestión defensiva les valió incluso un soneto satírico escrito por Miguel de Cervantes.       Al día siguiente, 3 de julio, las autoridades civiles y eclesiásticas de la ciudad refugiadas en el castillo de Cádiz con gran parte de la población, viendo que se encontraban casi sin armas ni alimentos, pactaron con las tropas inglesas la salida de los habitantes de Cádiz, a cambio de un rescate de 120.000 ducados y la liberación de 51 prisioneros ingleses capturados en pasadas campañas; los gaditanos salieron de la ciudad hacia el Puente Zuazo sin poder llevar más que lo puesto; en garantía por el pago del rescate pactado, varios ciudadanos principales de la ciudad, entre los que se encontraban el presidente de la Casa de Contratación, corregidores, regidores y religiosos, fueron apresados como rehenes.   Aún así, fueron pocas, en proporción, las personas que abandonaron la ciudad, la mayoría se quedó a riesgo de padecer las estrecheces y tropelías de los asaltantes.


El Conde de Essex, y los mandos holandeses se mostraron partidarios de mantener la ciudad en poder anglo-holandés, aprovisionándola y guarnicionándola para su utilización como base de operaciones; el parecer contrario del Almirante Howard y del resto de los oficiales ingleses, que consideraban la empresa azarosa y contraria a las órdenes de la reina inglesa, frustró los planes de ocupación permanente de la ciudad.       El 14 de julio los ingleses incendiaron Cádiz, y al día siguiente salieron de la bahía llevando consigo a los rehenes y un botín cuantioso valorado de 20 a 22 millones de ducados que en moneda corriente actual se aproximarían a unos 600 millones de euros, al no haber podido satisfacer las autoridades españolas el pago por su rescate, antes de su retirada tomaron varios rehenes de entre las principales personalidades de la ciudad, que fueron llevados a Inglaterra a la espera del pago de su rescate.

La ciudad de Cádiz quedó devastada y sumida en la miseria: además de las iglesias y hospitales se quemaron 290 casas de un total de 1.303; tras la partida de los ingleses, las autoridades españolas consideraron la posibilidad de fortificarla o desmantelarla, trasladándola al Puerto de Santa María; los ingenieros militares Luis Bravo de Laguna, Tiburzio Spannocchi, Peleazzo Fratín y Cristóbal de Rojas expusieron sus proyectos en este sentido.

Finalmente se decidió seguir los planes expuestos por Cristóbal de Rojas, quien inició la construcción de las fortificaciones en 1598, entre ellos el Castillo de Santa Catalina. Felipe II concedió a la ciudad un plazo de diez años de exención en el pago de los impuestos.

Los rehenes no serían liberados hasta julio de 1603, tras la muerte de Isabel I y su sucesión por Jacobo I. Al año siguiente España e Inglaterra acordarían el final de la guerra mediante la firma del tratado de Londres, el relato de las penurias que sufrieron los rehenes en las mazmorras de la Torre de Londres, la cuentan ellos mismos un par de años más tarde en una dramática carta que enviaron al Cabildo de la ciudad de Cádiz a comienzos de 1598, solicitando ayuda para su liberación y representado el abandono en que habían caído.

Esta carta la firman sólo veintiuno de los cerca de setenta rehenes originales. Probablemente algunos fueron liberados pagándose su rescate y otros fallecieron en las mazmorras de la Torre de Londres, dadas las insalubres condiciones de vida que relatan los mismos rehenes sobrevivientes. La carta manuscrita se encuentra en el Archivo Municipal de Cádiz.

Aún existen vestigios de dicho asalto: En el Museo de la Contaduría (Plaza de Santa Cruz), se conserva "la Cruz del Asalto" que está hecha con dos tablones y que presidió una misa de desagravio horas después de la salida de los asaltantes. También en la Iglesia de Santiago hay cuadros rajados a cuchillo en las columnas de la nave principal.

Para más información del siguiente asalto que sufrió la ciudad de Cádiz, pincha en este enlace: EL ASALTO ANGLO HOLANDÉS DE 1625





Lista de rehenes.  Pincha para ampliar.