EL JUEGO DEL "CONTRA"
No había atardecer en plaza pública gaditana, en el que dos equipos de niños y niñas, (se jugaba casi siempre de forma mixta) no jugasen al "CONTRA".
¿Como era el reglamento de ese juego?, realmente todos los niños y niñas lo sabían, pero ahora se trata de darlo a conocer aquí para los que no lo conocían.
La trama era algo parecida al famoso "Policías y ladrones", se formaban dos equipos, uno que se "zafaba", es decir salía libre, y otro que "la quedaba", los que se escapaban eran siempre más componentes, siempre en un cálculo proporcional que se acordaba y se establecía al comienzo del juego. Es decir, si había 20 jugadores, se "zafaban" 12 y "la quedaban" 8, más o menos. También se acordaba el ámbito de juego, es decir, las zonas de donde los jugadores no debían de salir, bajo ningún concepto.
Cuando los dos equipos estaban resueltos y todos de acuerdo, uno de los jugadores entonaba a grito pelado la voz de: "Ya se valeeeeeeeeeee", y a partir de ese momento, los captores se lanzaban a apresar a los fugitivos que corrían como gamos entre mamás, niños pequeños, bicis, partidos de fútbol, u otro "Contra" que estuviese celebrandose, cosa muy habitual, a la vez en el mismo sitio.
Conforme los captores iban capturando a los "zafados", iban agrupandolos en un sitio acordado también por todos al principio del juego, que se denominaba "valla", que podía ser una farola, una reja, el respaldo de un banco, o cualquier otro tipo de mobiliario urbano. El primero asía la "valla" con una mano, el segundo le daba la mano al primero, el tercero al segundo, así sucesivamente todos los "zafados" que los que "la quedaban" iban cogiendo en carreras.
Pero había que tener cuidado, porque cuanto más grande era la fila, más posibilidades habia de escaparse, que se podía hacer de dos formas, una era si un "zafado" que aún no había sido capturado, conseguía llegar a la "valla" y romper la fila que sus compañeros tenían hecha, otra forma de escapar era dando una patada a algunos de los vigilantes que los "que la quedaban" establecían para que no se diese el primer caso de escape, es decir : El que un "zafado" rompiera la fila.
Era espectacular ver como una hilera de ocho, o diez niños cogidos de la mano agarrados a la "valla" se movía como una serpiente de un lado a otro, intentando dar patadas o facilitando la labor de rescate de los que podrían venir en el momento oportuno. Cuando esto ocurría, era evidente el estorbo que hacían de la vía pública a paseantes, niños que jugaban a otra cosa, o incluso a vehículos que transitaban por el lugar en un momento dado. La cuestión se incrementaba si había dos o más juegos de "Contra" con sus respectivas "vallas" en el lugar.
También aumentaba el jolgorio y griterío si uno de los "zafados" conseguía librar a los ya capturados, porque el griterio era ensordecedor y las carreras se incrementaban en el mínimo espacio hasta que conseguían separarse de la zona.
En este juego lucía mucho la estrategia de los que "la quedaban", cómo se atacaba por un flanco, o por otro a un grupo de "zafados", cómo se llevaban a un rincón, o se escondían en plan emboscada cuando parte del equipo los conducía hacia una zona determinada.
El juego terminaba cuando todos los "zafados" eras cogidos, el último con orgullo, claro está, porque dió la lata hasta el final, entonces se entonaba otro grito que era el de: "Jueeeeeeegooooo hechooooooo", y se empezaba de cero de nuevo, los "que la habían quedado" se zafaban y entre los que se "la quedaban" ahora, se echaba a suerte para "zafarse" en parte proporcional otra vez.
Y vuelta a empezar.

EL JUEGO DEL "MANGÜITI"
Este juego era en un principio juego de niños, aunque las chicas más atrevidas hacían sus pinitos desde que tengo uso de razón, luego, con el tiempo se fué generalizando entre ambos sexos.
Se hacían dos equipos con el mismo número de participantes, y se elegía al más "rellenito" para colocarlo de tope contra la pared, el resto de participantes, se colocaban en fila, inclinaban su cuerpo hacia adelante y colocaban la nuca en la entrepierna del compañero que tenía delante, formando así un largo caballete humano, tan largo como participantes habían.
El equipo contrario, saltaba sucesivamente, encima de ellos. Habían diferentes estrategias, aunque la más usada era cargar el máximo número de participantes encima de un sólo miembro del equipo contrario, para así hacer que no resistiera el peso.
Cuando todos los niños estaban ya encima, sin poner los pies en el suelo, se contaba una serie de números, antes convenido entre ambos participantes, generalmente del uno al diez, aunque los más "duros" llegaban hasta veinte.
Si resistían la cuenta, se cambiaba de situación, y los soportes pasaban a ser saltadores, momento en el que se dilucidaban "viejas cuentas" del anterior salto.
Tal como el juego del "Contra", cuando se montaban varios grupos en una plaza, a los viandantes, les parecía más una carrera de obstáculos que un paseo.
EL "MORRO"
"El morro", era el apócope de un juego que algunos llamaban "morrocotúo", también "morrocatúo", "monrrocatúo", incluso en el no va más del nombre... "morrocacatúo".
El reglamento del "morro" difería quizás del barrio o del patio del colegio en el que se jugara, aunque a grandes trazos era más o menos el siguiente:
El número de participantes daba igual que fuesen cinco que quince por poner un ejemplo y "la quedaba" un sólo niño, que salía de una "valla" con las manos juntas y los dedos entrelazados, mientras los demás se esmeraban en que no les alcanzase y les golpeara con sus manos unidas, aunque cuando eso ocurría, ambos niños corrían hacia la "valla" mientras el resto se esmeraban en darle el máximo de "cates" posibles.
De nuevo salían de la "valla", ya cogidos de la mano, en busca de su tercera víctima, y así sucesivamente, iban incrementandose los niños enlazados a la captura de los "zafados".
En cualquier momento, cualquiera podía romper dicha cadena, entrandoles por detrás y por sorpresa, por lo que debían de correr otra vez hacia la "valla" para recomponer el grupo entre un mar de "cates", aunque también, como una monería, cualquiera de los enlazados, soltaba sus manos de improviso con lo cual el cachondeo era enorme y los "cates" se repetían, claro está.
El juego terminaba cuando se pillaba al penúltimo, que era el que abría el juego de nuevo.
Había dos reglas de oro que se respetaban escrupulosamente:
Una era que sólo se podían pegar "cates", nada de puñetazos, patadas, etc, aunque.... claro está, se esmeraban en la contundencia de estos.
Otra era que en la carrera hacia la "valla" no se podía obstaculizar a los que corrían hacia ella para refugiarse.
LAS "PAREJAS"
Se trataba de seis lanzamientos de penaltys, aunque valían los remates.
Se jugaba por parejas, una pareja lanzaba los penaltys, tres cada uno, y la otra los defendía en la portería.
Claro está, la portería era de mayores proporciones que cuando sólo había un portero ya que los dos jugaban como tales.
Por tanto, la línea de meta era mucho más larga que la de tiro que se mantenía en los once metros del penalty reglamentario.
Se podía rematar de uno o dos toques sólamente y participaban ambos tiradores de la manera que quisieran, pero para ello el balón debía haber salido del área que antes había sido convenientemente señalada por los jugadores.
Si uno de los porteros lograba rechazar un balón con el codo, se denominaba "codazo" y anulaba un gol al equipo contrario en caso de haber marcado antes, y sino, se le restaba de un futuro tanto.
La jugada para los porteros era parar un balón de un "codazo" y su compañero atinar a atrapar el balón antes de que saliese del área y evitar así un remate.
Obviamente la jugada perfecta de los lanzadores era marcar directamente, pero cuando no era así, se valoraba mucho el remate al primer toque aprovechando la cercanía, además de hacerlo a bocajarro y con potencia.
El que marcaba más goles, ganaba, como era un juego corto de duración, casi siempre se jugaba en competiciones organizadas en la que los ganadores iban superando fases hasta llegar a la gran final en la que generalmente se vivían grandes "derbis" ya que a ella solían llegar los mejores jugadores del momento.
LAS "PRENDAS"
Cada uno de los jugadores escogía un objeto que le representara, que podía ser una moneda, una figura de plástico, una piedra original, una canica, etc, y se la daban a uno de los jugadores.
Luego, por turnos, cada uno de los jugadores se volvía de espaldas y el encargado de tener las prendas hacía la pregunta: "¿Que se merece el amo de esta prenda", a lo que el interrogado contestaba cualquier cosa que se le ocurría en ese momento y que el propietario de la prenda debía cumplir con disciplina espartana.
Cuando eran niños los únicos que jugaban, las misiones eran tocar timbres y correr, dar voces en el hueco de una escalera llamando a alguien de los que allí vivían, meterse con cualquier personaje singular de la zona, decir o hacer cualquier chorrada al primer transeúnte que pasaba, encaramarse a alguna ventana, tirar de las persianas de las casas, corretear perros, etc.
Cuando eran niñas, se limitaban a sisear a niños, confesar "quien le gustaba", o hacer cualquier cosa de las que hacían los niños pero de forma más descafeinada.
Lo interesante venía cuando el juego era mixto, y sobre todo cuando se dejaba claro que se podían pedir "guarrerías", entonces sí que había disloque... porque entonces las misiones eran todas de tocamientos, besos, chupetones, o pedir exhibiciones de prendas interiores.
Cada juego exigía un ambiente para desarrollarse: Si eran niños solos se hacía en sitio abierto, para que hubiese alternativas y variedad de misiones, si eran niñas, se limitaban a una "casapuerta" ya que las misiones rara vez salían de unos pocos metros, pero si era un juego mixto, había que irse a un sitio discreto, con matorrales, donde se desarrollaban las misiones encomendadas....... "casualmente" siempre por parejas niño-niña.
Naturalmente había sus trampas, por ejemplo avisar al sentenciador de quien era la prenda que tenía detrás de él, y se hacía por gestos, carraspeo o cualquier otro signo previamente acordado, así se evitaba malas misiones para los amigos o todo lo contrario para los "enemigos", en los juegos mixtos, había auténticas persecuciones al más mínimo gesto que pudiese delatar alguna identidad del amo o ama de la prenda.