La Residencia Sanitaria del seguro de enfermedad "Fernando Zamacola" se inaugura el 22 de marzo de 1954, dicho hospital supuso un antes y un después en el tratamiento de enfermedades y cultura de salud y sanidad no sólo en la ciudad de Cádiz si no también en su provincia ya que anteriormente, la asistencia sanitaria se limitaba a dispensarios y a lo sumo, al hospital de Mora construido en 1903 junto a la playa de La Caleta.
El edificio debe su nombre a Fernando Zamacola Abrisqueta, un falangista nacido en Cariño (La Coruña) y que destacó en acciones bélicas en la provincia de Cádiz durante la guerra civil.
La Residencia Sanitaria tenía una superficie de 14.644 metros cuadrados y un volumen edificado de 49.890 metros cúbicos, y fué proyectada por el arquitecto Juan de Zavola en tipo monobloc a base de cincuenta camas por planta, con salas de dos y cuatro camas, aunque excepcionalmente existían salas de hasta seis camas, además de habitaciones individuales para infecciosos y aislados, el bloque hospitalario estaba dividido en dos partes: la residencia propiamente dicha y el ambulatorio.
La parte destinada a residencia, estaba formada por un cuerpo de edificio en el que se disponían las enfermerías y sus servicios generales, y un segundo cuerpo situado en el eje principal del edificio, en el que se habían dispuesto los servicios quirúrgicos, central de esterilización, reanimación, etc.
Por plantas, se distribuía de la siguiente forma:
- Una planta semisótano que se destinó a almacén de víveres, repuestos, lavadero, cocina, depósito de combustibles, calderas, mortuorio, y una vivienda para el conserje general la cual tenía acceso independiente desde la calle.
- Planta baja: En la misma se situaba el servicio de ambulatorio, en el ala izquierda se situaba el sector dedicado a la enseñanza, donde existía varias aulas, con capacidad para cincuenta alumnos, Aula Magna y sala de conferencias, todo ello con entrada independiente desde la calle para acceso directo de profesores y estudiantes.
En el ala derecha, se ubicaban los servicios de radiología, así como la cafetería del centro. También existía una capilla a la que se podía acceder desde el interior del edificio o bien desde la zona ajardinada que rodeaba todo el edificio.
- Primera planta: Se destina a clínica de cirugía, con un total de cincuenta camas, el grupo quirúrgico estaba compuesto por dos quirófanos, cuartos para preparación de pacientes, descanso de médicos, subestación de esterilización, departamento con baños, duchas, salas de curas, de reconocimiento post operatorios y cuarto de ropa sucia enlazado con el lavadero por montacargas.
- Planta segunda: Destinada a clínica de ginecología y obstetricia, con veintisiete camas, un nido para recién nacidos con capacidad para doce cunas, cuatro cunas termostáticas para prematuros y otras tantas aisladas para infecciosos. También disponía de una pequeña cocina para preparación de biberones y comidas pediátricas, consultas de control de embarazos y un quirófano especial para operaciones ginecológicas y partos.
- Planta tercera: Estaba destinada a cirugía especial, con cincuenta camas, dos quirófanos, salas de yesos, vendajes, así como consultas post operatorias y cuartos auxiliares, la planta cuarta se utilizaba exactamente igual que la tercera.
- Planta quinta: La zona trasera de esta planta estaba dividida en dos partes, la de la derecha era la residencia de la comunidad de monjas que trabajaban en el hospital, y disponía de aseos, comedor, oficio, oratorio y cuarto de estar. La otra parte era la residencia de enfermeras, con dormitorios, comedor, sala de estar y aseos. En la misma planta estaba las camas de observación post operatoria, junto a las aulas, cuartos de estudio y una pequeña biblioteca para los estudiantes.
- Anexos superiores: Eran zonas de esparcimiento para convalecientes, archivos y oficinas de administración interna.
Disponía el hospital de dos ascensores para camas desde el vestíbulo, un montacargas y otros dos para personal médico, enfermeras y público, además de escalera principal que se dividía en plantas superiores. También existía dos elevadores exclusivos para comida y material quirúrgico.
La climatización era de lo más vanguardista, la calefacción se controlaba por una superficie de radiación de 1.252 metros cuadrados. El aire acondicionado tenía una instalación de un grupo de 20.000 frigorías, con refuerzos menores situados en cada planta.
Por medio de tres calderas con una superficie total de treinta y seis metros cuadrados de superficie, se producía todo el vapor necesario para los distintos grupos de esterilización, estufa de desinfección, lavadoras, plancha, secadero, cocina y limpieza específica de vajillas, cuñas, y todo el material no sanitario.
El agua caliente la producían dos bombas mediante dos calderas de veintidós metros cuadrados de superficie, calentándola a ochenta grados centígrados se distribuía por todo el hospital a través de dos bombas de manera inmediata o bien se acumulaba en dos depósitos térmicos de tres mil litros de capacidad cada uno.
La electricidad se surtía desde una central de transformación a la que llegaba una corriente de seis mil voltios y donde mediante un transformador de 50 y dos de 75 kilovoltioamperios, se transformaba en baja tensión, destinando el primero para las instalaciones de electro-medicina y los otros dos, para los servicios de alumbrado y fuerza.
También existía una central de megafonía con distribución de radio en todas las habitaciones de enfermos, llevando cada cama una toma de corriente, con la que se conectaba un auricular de almohada para que cada paciente pudiese oír una emisión de radio sin molestar al resto de personas de su alrededor.
Por otro lado, había un sistema de telefonía interior para intercomunicación de unos locales con otros, un sistema de busca personas y un servicio de llamadas de pacientes a enfermería con dos clases de sonido: normal y urgente. Los posibles cortes eléctricos estaban previstos, para ello existía un alumbrado supletorio por medio de baterías trabajando a 127 voltios, que automáticamente se conectaba a la red al faltar el fluido eléctrico.
Como medidas de seguridad, el hospital contaba con aislamientos específicos contra las explosiones de anestésicos producidas por chispas eléctricas o la propia electricidad estática, y como precaución principal, además de establecer en el suelo un entramado metálico con derivación a tierra, todas las tomas de corriente para lámparas, aspiradores, etc., llevaban su correspondiente interruptor general, manejado por el personal especializado.
En las consultas ambulatorias, el hospital fue pionero en instalar pantallas en las salas de espera en las que sucesivamente iban apareciendo los números que desde la consulta marcaba la enfermera. También disponía de señales luminosas de "No entrar", "Ocupado", "Zona quirúrgica", etc.
El viernes 27 de septiembre de 1974 comenzaron los primeros trabajos de demolición, derribando aquel día las dos alas frontales y las edificaciones mas bajas, y la semana siguiente cayó el grueso del edificio bajo unos mil quinientos barrenos y cuarenta y cinco kilos de dinamita plástica dejando más de sesenta mil metros cúbicos de escombros, esta segunda fase fue incluso retransmitida por televisión, la Residencia daba vía libre para construir en menos de dos años el actual hospital "Puerta del Mar".
Desde su inauguración hasta su demolición, miles de gaditanos nacieron, sanaron y otros murieron dejando en todos ellos su impronta hasta tal punto que muchos en Cádiz aún conocen el hospital "Puerta del mar" como "La Residencia".
Pasión por Cádiz
- Brigadier Sánchez
- Cádiz, Andalucía, Spain
- AB ORIGINE SEMPER FIDELIS. IN PERPETUAM, SEMPER ET UBIQUEM GADES. QUI POTERS CAPERE, CAPIAT.
miércoles, 19 de octubre de 2016
martes, 27 de septiembre de 2016
Mis fotos antiguas de Cádiz
Una fotografía antigua de Cádiz, realizada hace 116 años y que corresponde a la obra de derribo de las murallas de la ciudad.
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jueves, 18 de agosto de 2016
Mis articulistas preferidos: Mari Carmen Sánchez Astorga
En el LXIX aniversario de la explosión de Cádiz. 18 de agosto de 1947.
De nuevo amanece un 18 de agosto, tal y como amaneció hace 69 años…
Un día de verano en el que Cádiz despierta fresca por el
salitre de la espuma del verano. La gaditanía hace sus quehaceres como otro día
cualquiera y al terminar la calurosa jornada los niños juegan en la calle, los
padres descansan en los patios de las casas al fresco, las madres preparan la
comida fuerte del día: la cena y los más atrevidos se encuentran en la playa, sobre
todo los de la zona de extramuros.
Los agricultores de Chiclana, Conil y otras poblaciones
cercanas van llegando con sus productos y acampan fuera de las murallas para
esperar el amanecer y acudir a la plaza de abastos, algunas parejitas y amores
prohibidos también se citan por esa zona para vivir su amor a espaldas de
matronas pendientes de la moralidad de las niñas y de la sociedad nacional-católica
que impera.
Rara es la persona que no puede narrar, describir, oler lo
que sintieron aquellos niños que lo vivieron más que con miedo con espíritu de
aventura. También transmitimos la preocupación de aquellos padres que tenían a
sus hijos desperdigados por el barrio y ante el horror se echaron a la calle
buscando a su prole con el corazón acelerado temiendo que alguno estuviera
herido o desaparecido.
De nuevo amanece un 18 de agosto, tal y como amaneció hace 69 años…
Pero ese día de agosto, se convertirá en un trágico verano
que ha traspasado las generaciones. Todos los gaditanos de 40 a 60 años, hijos
de aquellos niños que presenciaron la tragedia, la tenemos presente y la
sentimos como si hubiéramos estado allí. Todos podemos contar cuatro historias,
todos podemos narrar con detalle qué hacía mi padre, qué hacía mi madre, qué
hacía mi abuelo o qué hacía mi abuela.
Agitación y nervios de familias que ante el apremio de los
guardias y militares se agolpan en La Caleta y en el Campo de las Balas ante la
posibilidad de que la tragedia vuelva a repetirse.
Esa noche calurosa, cinco minutos antes de las diez, un niño, en la esquina de las calles
Botica y Teniente Andújar pudo ver un gran destello de luz que le impresionó
unos instantes y al segundo notaba que una fuerza le tiraba de espaldas, sin
llegar a comprender qué estaba ocurriendo.
Niñas que juegan a “las casitas” en una casapuerta y de
momento una lluvia de cristales les cae encima, adolescentes que están en el
Cómico viendo la sesión del día “Tarzán y su hijo” y un estruendo y roturas en
la sala le hacen huir del cine despavoridos, personas que descansan al fresco
después de pasar un tórrido día de agosto, bebés y niños pequeños que por diversas
circunstancias viven en la "Casa Cuna", trabajadores que van y vienen a los muelles o astilleros gaditanos, muchachos que cumplían el
servicio militar en "Torpedo"…
A todos les afecta de forma directa, unos mueren, otros
están heridos, y los que tienen la suerte de sobrevivir corren a refugiarse
donde pueden, bajo un puente, en una casapuerta, a la playa; los niños corren
hacia sus casas y a la vez los padres hacia la calle para por fin reunirse
todos. Nadie, en el Cádiz interior, sabe qué ha pasado, ya que sus murallas, las que sirvieron para defenderla de los
ataques extranjeros también sirvieron para acorazar y proteger a la Tacita de
Plata.
Peor suerte corrieron los que vivían o estaban fuera de las
murallas, solo los que estaban en la playa pudieron contarlo, los demás
quedaron arrasados, aniquilados. Al gobierno le vino bien tantas personas anónimas que
pernoctaban en extramuros para desinflar el número de cadáveres que provocó la
tragedia.
Nuestra generación creo que no ha sabido transmitir este
acontecimiento y en futuras generaciones quedará como una mera anécdota
acaecida aquel 18 de agosto de 1947.
Pero hoy, todavía, cuando en los atardeceres gaditanos el
cielo se viste de colores rosados a aquellos niños que vivieron tan trágico suceso y sus descendientes más directos, les recorre
un escalofrío y piensan: “El cielo está rojo como la tarde de la explosión
¿ocurrirá algo?...”
lunes, 25 de julio de 2016
Cádiz en el siglo XVIII
Durante el siglo XVIII, Cádiz vivió una época de esplendor al convertirse su puerto en la cabeza del tráfico comercial con las Indias.
Las rutas de la navegación desde Cádiz a las Indias sufrieron pocas variaciones desde el primer viaje de Cristóbal Colón hasta bien entrado el siglo XIX, porque estaban determinadas por las fuerzas de la naturaleza: Corrientes marinas y vientos imperantes en las zonas de navegación. Lo más usual era zarpar desde Cádiz hasta el archipiélago canario y de ahí dar el salto a los diferentes puertos establecidos en las Antillas y el Caribe, para a partir de ahí, llegar a los diferentes puertos a lo largo de toda la costa americana.
Había una serie de rutas establecidas, la más corta desde España se llamaba 'Islas' y sus destinos estaban en Puerto Rico, Santo Domingo y Cuba, la que llegaba a Veracruz se denominaba 'Nueva España'. La que llegaba a Barranquilla, Cartagena de Indias, Panamá, Caracas se le llamaba 'Tierra firme'. Había otra línea mucho más larga que era la que llegaba desde las Antillas hasta Buenos Aires o aún más al sur, haciendo por esta zona una navegación de cabotaje en algunos casos.
Para el regreso, se hacían una serie de escalas: Cuba, principalmente en La Habana o Santiago, también se pasaba por Bermudas, Azores, hasta llegar a Cádiz.
España impuso un sistema de monopolio que estuvo vigente hasta 1778, para ello se basaban en un derecho por haber descubierto y conquistado el territorio americano.
En un principio, el puerto de embarque y desembarque fue el de Sevilla aunque los puertos de Sanlúcar y Cádiz lo auxiliaban en ocasiones, pero a partir del año 1717 la exclusividad pasa al puerto de Cádiz, así como la Casa de Contratación, que se establece en Cádiz ese mismo año hasta 1768, dicho organismo interviene en todo lo que atañe a la navegación, desde inspección de barcos hasta organización de viajes o flotas, permisos, autorizaciones, licencias, cartas de navegación, titulaciones, recaudación de impuestos, etc. También tenía autoridad judicial para dirimir en casos de los pleitos que podían surgir entre navieras, violación de leyes del mar, causas civiles, comerciales o criminales.
El comercio marítimo de las Indias con Cádiz exportaba en importaba diferentes productos: En Cádiz se desembarcaba principalmente cacao, café, azúcar, tabaco y cuero, y en menor medida lana, esparto, perfumes, tintes, etc. También se importaban metales preciosos, oro y plata en lingotes o monedas, y otros metales tales como estaño o hierro.
En Cádiz se embarcaba rumbo a las Indias sobre todo vino, aceite, aceitunas, papel, jabón, carne salada, tejidos, herramientas, aperos de labranza, cera y en menor medida otros productos que a su vez venían importados de otros lugares.
La burguesía gaditana, como caso único en España, es activa. Ellos son los grandes comerciantes, navieros, banqueros, consignatarios que mantienen un alto nivel económico en la ciudad, en estratos más bajos, están los artesanos, marineros, almaceneros y pequeños empresarios que también se benefician del comercio con América ya que toda la sociedad está vinculada unos con otros.
La ciudad de Cádiz crecía de manera imparable, debido sobre todo a la actividad comercial que generaba el puerto, también crecía la población con emigrantes venidos desde diversos puntos de España y del extranjero que establecieron importantes colonias: franceses, italianos (los genoveses crearon escuela), flamencos, ingleses, irlandeses, etc. Los burgueses y grandes comerciantes edificaban sus casas señoriales, que eran vivienda y lugar de trabajo (oficinas, almacenes), se construían barrios populares para las clases bajas y se contribuía económicamente o con mano de obra a levantar o restaurar iglesias y capillas que han llegado a nuestros días en un excelente estado de conservación en la mayoría de los casos.
A la vez de esta expansión del siglo XVIII, se construía una colosal muralla defensiva perimetral. En 1727 concretamente, se constituye la Real Junta de Fortificaciones, de la que formaban parte el municipio y la Corona, que lleva a cabo la tarea de cerrar la ciudad por los cuatro frentes: el de Tierra, culminado en 1756; el de Poniente, el del Vendaval, que no respondía a necesidades defensivas, sino como protección del mar, se terminaron en 1791; y finalmente, el de la Bahía, siendo este el más importante por su carácter portuario y por sus más directos vínculos con la actividad comercial.
El derribo de las murallas comienza el 3 de marzo de 1906 con el acto simbólico de quitar la primera piedra por parte del alcalde Cayetano del Toro. Actualmente sólo hay partes muy localizadas de esas murallas en la zona de San Carlos y Puertas de Tierra.
Toda edificación levantada era de estilo barroco, pero a partir de 1751 con la publicación en Francia de la Enciclopedia (Ilustración) y cuando llegan a Cádiz esas nuevas ideas, comienzan a influir en las ideas, las formas de vestir y por supuesto en estilos arquitectónicos, llegándose a crear en 1789 en la ciudad la 'Academia de las tres nobles artes' que favoreció la expansión del estilo neoclásico, así en los últimos años del siglo XVIII y en los primeros del XIX, en la ciudad conviven barroco y neoclásico cuyo patrimonio ha llegado a la actualidad y que se puede ver en las numerosas iglesias, catedral, edificios como el de Pazos de Miranda, el Ayuntamiento, innumerables casas en calles como Columela, Ancha, Antonio López, San Francisco, o en plazas como San Antonio, España o Mina.
En 1778, durante el reinado de Carlos III, se publica un dañino decreto sobre la libertad de puertos comenzando así la decadencia comercial gaditana, el país entra en una espiral bélica contra Inglaterra y Francia en los últimos años del siglo XVIII y las primeras década del XIX.
Las rutas de la navegación desde Cádiz a las Indias sufrieron pocas variaciones desde el primer viaje de Cristóbal Colón hasta bien entrado el siglo XIX, porque estaban determinadas por las fuerzas de la naturaleza: Corrientes marinas y vientos imperantes en las zonas de navegación. Lo más usual era zarpar desde Cádiz hasta el archipiélago canario y de ahí dar el salto a los diferentes puertos establecidos en las Antillas y el Caribe, para a partir de ahí, llegar a los diferentes puertos a lo largo de toda la costa americana.
Había una serie de rutas establecidas, la más corta desde España se llamaba 'Islas' y sus destinos estaban en Puerto Rico, Santo Domingo y Cuba, la que llegaba a Veracruz se denominaba 'Nueva España'. La que llegaba a Barranquilla, Cartagena de Indias, Panamá, Caracas se le llamaba 'Tierra firme'. Había otra línea mucho más larga que era la que llegaba desde las Antillas hasta Buenos Aires o aún más al sur, haciendo por esta zona una navegación de cabotaje en algunos casos.
Para el regreso, se hacían una serie de escalas: Cuba, principalmente en La Habana o Santiago, también se pasaba por Bermudas, Azores, hasta llegar a Cádiz.
España impuso un sistema de monopolio que estuvo vigente hasta 1778, para ello se basaban en un derecho por haber descubierto y conquistado el territorio americano.
En un principio, el puerto de embarque y desembarque fue el de Sevilla aunque los puertos de Sanlúcar y Cádiz lo auxiliaban en ocasiones, pero a partir del año 1717 la exclusividad pasa al puerto de Cádiz, así como la Casa de Contratación, que se establece en Cádiz ese mismo año hasta 1768, dicho organismo interviene en todo lo que atañe a la navegación, desde inspección de barcos hasta organización de viajes o flotas, permisos, autorizaciones, licencias, cartas de navegación, titulaciones, recaudación de impuestos, etc. También tenía autoridad judicial para dirimir en casos de los pleitos que podían surgir entre navieras, violación de leyes del mar, causas civiles, comerciales o criminales.
El comercio marítimo de las Indias con Cádiz exportaba en importaba diferentes productos: En Cádiz se desembarcaba principalmente cacao, café, azúcar, tabaco y cuero, y en menor medida lana, esparto, perfumes, tintes, etc. También se importaban metales preciosos, oro y plata en lingotes o monedas, y otros metales tales como estaño o hierro.
En Cádiz se embarcaba rumbo a las Indias sobre todo vino, aceite, aceitunas, papel, jabón, carne salada, tejidos, herramientas, aperos de labranza, cera y en menor medida otros productos que a su vez venían importados de otros lugares.
La burguesía gaditana, como caso único en España, es activa. Ellos son los grandes comerciantes, navieros, banqueros, consignatarios que mantienen un alto nivel económico en la ciudad, en estratos más bajos, están los artesanos, marineros, almaceneros y pequeños empresarios que también se benefician del comercio con América ya que toda la sociedad está vinculada unos con otros.
La ciudad de Cádiz crecía de manera imparable, debido sobre todo a la actividad comercial que generaba el puerto, también crecía la población con emigrantes venidos desde diversos puntos de España y del extranjero que establecieron importantes colonias: franceses, italianos (los genoveses crearon escuela), flamencos, ingleses, irlandeses, etc. Los burgueses y grandes comerciantes edificaban sus casas señoriales, que eran vivienda y lugar de trabajo (oficinas, almacenes), se construían barrios populares para las clases bajas y se contribuía económicamente o con mano de obra a levantar o restaurar iglesias y capillas que han llegado a nuestros días en un excelente estado de conservación en la mayoría de los casos.
A la vez de esta expansión del siglo XVIII, se construía una colosal muralla defensiva perimetral. En 1727 concretamente, se constituye la Real Junta de Fortificaciones, de la que formaban parte el municipio y la Corona, que lleva a cabo la tarea de cerrar la ciudad por los cuatro frentes: el de Tierra, culminado en 1756; el de Poniente, el del Vendaval, que no respondía a necesidades defensivas, sino como protección del mar, se terminaron en 1791; y finalmente, el de la Bahía, siendo este el más importante por su carácter portuario y por sus más directos vínculos con la actividad comercial.
El derribo de las murallas comienza el 3 de marzo de 1906 con el acto simbólico de quitar la primera piedra por parte del alcalde Cayetano del Toro. Actualmente sólo hay partes muy localizadas de esas murallas en la zona de San Carlos y Puertas de Tierra.
Toda edificación levantada era de estilo barroco, pero a partir de 1751 con la publicación en Francia de la Enciclopedia (Ilustración) y cuando llegan a Cádiz esas nuevas ideas, comienzan a influir en las ideas, las formas de vestir y por supuesto en estilos arquitectónicos, llegándose a crear en 1789 en la ciudad la 'Academia de las tres nobles artes' que favoreció la expansión del estilo neoclásico, así en los últimos años del siglo XVIII y en los primeros del XIX, en la ciudad conviven barroco y neoclásico cuyo patrimonio ha llegado a la actualidad y que se puede ver en las numerosas iglesias, catedral, edificios como el de Pazos de Miranda, el Ayuntamiento, innumerables casas en calles como Columela, Ancha, Antonio López, San Francisco, o en plazas como San Antonio, España o Mina.
En 1778, durante el reinado de Carlos III, se publica un dañino decreto sobre la libertad de puertos comenzando así la decadencia comercial gaditana, el país entra en una espiral bélica contra Inglaterra y Francia en los últimos años del siglo XVIII y las primeras década del XIX.
jueves, 23 de junio de 2016
La Asociación gaditana de caridad
La Asociación gaditana de caridad era una de las principales casas privadas de beneficencia que había en la ciudad a finales del siglo XIX y principios del XX. Estaba situada en el número 1 de la calle San Nicolás, a muy pocos metros de la iglesia de La Palma en el corazón del barrio de La Viña, a día de hoy, aún se conserva encima del dintel de la puerta, un enmarcado de mampostería donde estaba el rótulo de la asociación.
Gozaba de una perfecta organización y la ciudad se beneficiaba de una u otra forma de la actividad que realizaba, la junta directiva más notoria fue la formada por don Juan Antonio Gómez de Aramburu y don Diego Izpisúa, presidente y vice presidente respectivamente.La cocina, de estilo francés, estaba situada en el centro de una amplia y ventilada estancia, con conexiones de agua directa por tubería a las calderas fijas en los fogones que eran alimentados por carbón, por lo que también existía una carbonería anexa al edificio.
Tenía gran fama su pulcritud y orden en platos, menaje, mantelería, etc., incluso tenía un dispositivo para guardar el pan en cuatro grandes cajones con cierre automático. Los comestibles eran almacenados y clasificados en la despensa del centro, colocando cada uno dependiendo de su consumo o caducidad, también disponía de cinco grandes aljibes.
Los dos pisos superiores del edificio servían de albergue para unas 70 personas, de diseño de casa de vecinos gaditana, tenía habitaciones que salían a un corredor que rodeaba el patio.
En la primera planta se situaba las dependencias del conserje y vigilantes, también estaban una serie de habitaciones para reuniones segregadas por sexo, así como pequeñas aulas.
El segundo piso servía como dormitorios individuales, donde la Asociación facilitaba la cama, colchón, sábanas, bujía de luz, prendas de vestir dos veces al año y cuatrocientos gramos de jabón cada quince días, dando la oportunidad a cada asilado a tener sus objetos personales. También había asistencia médica a cargo del facultativo don Antonio de la Torre.
Por otro lado, la asociación disponía de barbería y lavandería, así como de limpieza personal y específica ocasional completamente gratuitos, los inodoros estaban en un apartado donde había que llegar atravesando un jardín. El horario de cierre de la casa era a las once de la noche así como a las horas fijadas para cada comida.
Para controlar el número de personas que usaban el comedor, había unos casilleros con fichas asignados a cada beneficiario, también había un servicio para entregar comidas en los domicilios necesitados. El gasto total diario de los servicios oscilaba de ocho a diez pesetas.
viernes, 20 de mayo de 2016
Mis fotos antiguas de Cádiz
Un par de fotografías antiguas de Cádiz, concretamente de 1927 en la que se aprecia dos imágenes de la biblioteca que existía en la cripta del monumento al marqués de Comillas, don Claudio López Brú.
Dimensión original 1518 x 1047
jueves, 5 de mayo de 2016
Mercedes Formica, abogada y escritora, gaditana ilustre.
Mercedes Formica-Corsi Hezode nació en Cádiz el 9 de agosto de 1913 en el seno de una familia burguesa, ese mismo año se añadía al nomenclátor la calle donde vio la luz por primera vez: Avenida Wilson, hoy llamada Benito Pérez Galdós, hija de José Formica-Corsi y Amalia Hezode Vidiella. Vivió una infancia dura debido a la amarga relación matrimonial de sus padres que terminó en divorcio y que le sirvieron de incentivo para lograr quebrantar prohibiciones sociales y culturales entonces tabúes para las mujeres.
Hizo sus primeros estudios en el colegio de las Esclavas del Sagrado Corazón en Cádiz, en las Escolapias de Córdoba y en el Sagrado Corazón de Sevilla. Comenzó sus estudios universitarios en la Facultad de Derecho de Sevilla en 1931, recibiendo duros ataques por parte de una sociedad clasista y remisa a ver a una que accedía a este nivel de formación y donde tenía que acudir junto a una protección para no recibir ataques físicos.
Tuvo que interrumpir la carrera debido a la Guerra Civil de 1936, continuándolos después de la contienda en Barcelona y Madrid acabando en 1948, antes se doctoró en Filosofía y Letras en 1945, ejerciendo finalmente como abogada, una de las tres juristas que entonces había en Madrid, renunciando a entrar en el Cuerpo Diplomático ya que estaba vetado en aquel tiempo a las mujeres.
Se erigió en la defensora de las causas presuntamente perdidas de las mujeres maltratadas y marginadas no sólo por sus maridos o familias sino también por las leyes de la época. Orientó su lucha por cambiar las leyes que en la década de los cuarenta del pasado siglo otorgaba la hegemonía al hombre en detrimento de los derechos de la mujer, consiguiendo objetivos inimaginables en la legislación de entonces. Fue ella quien consiguió que en los textos legales de la época franquista se cambiara "casa del marido" por "hogar conyugal" lo que contribuyó también a que tras la separación matrimonial la mujer pudiera disfrutar de la casa donde habían vivido ambos cónyuges.
Eliminó también la indigna figura del "depósito de la mujer", un derecho que tenía el marido de depositar a su mujer en la casa de los padres o en un convento, y ayudó a que se limitaran los poderes incondicionales del marido para administrar y vender los bienes matrimoniales, igual que el derecho a las viudas que volvían a casarse a mantener la patria potestad sobre sus hijos. También puso su grano de arena a que en 1981, cuando ya ella comenzaba a sentir los efectos de la larga enfermedad que la llevaría a la muerte en 2002, se promulgara la ley que reconocía la plena igualdad de la mujer en el matrimonio.
Al estar emancipada y con solvencia económica propia, optó libremente por el matrimonio y en 1937 se casó con Eduardo Llosent, reputado intelectual conocido en los círculos de la cultura de Sevilla y Madrid principalmente. Estuvo casada durante 23 años hasta que se separó, declarando la iglesia su matrimonio nulo, volviéndose a casar en 1962 con el empresario vasco José Mª Careaga.
Desde la infancia también tuvo gran inclinación hacia la literatura publicó su primera novela "Bodoque" (Premio Arte y Hogar) a la que siguieron "Monte de Sancha" (Ambientada en la Guerra Civil y finalista del Premio Ciudad de Barcelona) y "La ciudad perdida", más adelante, en "La casa de los techos pintados" vuelve a rememorar la Guerra Civil. Asimismo es autora del prólogo del libro "Los derechos de la mujer contados con sencillez"; y en "La novela del sábado", otras obras fueron "Mi mujer eres tú", "Vuelve a mí", "A instancias de parte" , "¡Peligro de amor!". "El miedo", y la biografía de Pastora Imperio.
Las circunstancias de la época la llevaron a afiliarse a Falange Española, a pesar de ello siguió luchando por los derechos de las mujeres, cosa que nunca estuvo bien vista en el movimiento falangista ni en los círculos donde se movía. Todo ello en unos tiempos en los que probablemente, muchas personas de las que hoy en día la critican no tendrían el mismo valor de defenderlos tal como ella lo hizo en esos momentos.
Murió en Málaga el 23 de abril de 2002, el destino quiso que se conmemorase desde entonces su muerte junto a la de Miguel de Cervantes y William Shakespeare, nos dejó en el llamado "Día del libro".
En octubre de 2015, el Ayuntamiento de Cádiz, de forma sectaria y poco respetuosa con la vida y logros de Mercedes Formica, retiró el busto que tenía dedicado en la calle para colocarlo en dependencias municipales interiores.
viernes, 15 de abril de 2016
Chacolín
Ha caído un artículo en mis manos bastante simpático y con un tema poco tratado, aunque es bastante conocido por los gaditanos que peinan canas, se trata del teatro de títeres que se montaba en el Paseo de Canalejas, o en el Baluarte de San Roque en menos ocasiones, concretamente en el patio de la "Casa del Niño Jesús" y que era conocido como Chacolín, su autor es Antonio de los Ríos, que lo escribió hace bastantes años, quiero compartirlo con todos vosotros porque está escrito con un gracejo que derrocha gaditanía.
Chacolín fué en cierta forma el descendiente del legendario teatro gaditano de títeres de 'La tía Norica' en el que ocupaba un papel estelar su sobrino Batillo, cuyos personajes se pueden admirar junto a sus escenarios en una sala exclusiva del Museo de Cádiz.
Antes de comenzar a leer el artículo, quiero hacer una precisión para aquellas personas que desconozcan la historia: En un determinado momento de la actuación, solía ser en algún entreacto o al final de la función, Chacolín en "persona" entregaba unos regalos a una serie de niños "afortunados" en un sorteo que todo el público infantil seguía con suma atención por si eran premiados.
Aquí tenéis el artículo.
¡CHACOLIN, SIESO!
Chacolín era el héroe, y luchaba contra los fantasmas, las brujas, los monstruos y todo lo que se meneaba.
- ¿Dónde? decía Chacolín.
- ¡Detrás tuya!, respondía la chiquillería.
Y Chacolín se volvía y no la veía.
- ¿Seguro que está ahí? decía Chacolín.
Y nosotros ya cabreados: "Que sí joé ¿no lo estás viendo, que pareces tonto?". Bueno, pues al final Chacolín, aunque medio tonto y sordo como una tapia, se cargaba a todos a golpes de estaca. Y la chiquillería, no veas, loca de contenta.
Y tú ahora me vas a preguntar: Bueno, ¿y por qué era un sieso Chacolín? ¿Acaso era de la UGT, o no tiene nada que vé? (lo de la UGT es porque rima, no se vaya nadie a mosquear). Pues sí, era un sieso, porque cuando terminaba la representación salía al tenderete y "emprincipiaba" a decir nombres de chiquillos, y tal como se iban acercando a Chacolín, éste les daba bien un paquete de caramelos, un balón de fútbol, una muñeca (si era una niña -ojo que hay que aclararlo todo-) una equipación del Cádiz, etcétera, etcétera, etcétera (¡verás que tú no lo habías visto nunca escrito con todas sus letras, eso de la etc!)
A lo que iba, que Chacolín repartía juguetes y regalos a todos los niños; y yo, como un chiquillo más, quería que mi héroe (Chacolín) alguna vez se acordase de mí y me regalase algo. Pero claro, tuvieron que pasar muchos años para que me diese cuenta que Chacolín era mi Rey Mago (el mismo que nos traía a los cinco hermanos por Reyes todos los años un “Juego Reunidos Geyper y a jugar” (decía el slogan) -a ver coño, no te lo ibas a comer-. Y mi rey Mago, te lo explico, no vaya a ser cosa que tú seas más torpe que Chacolín, era mi padre.
¡CHACOLIN, SIESO!.
Chacolín fué en cierta forma el descendiente del legendario teatro gaditano de títeres de 'La tía Norica' en el que ocupaba un papel estelar su sobrino Batillo, cuyos personajes se pueden admirar junto a sus escenarios en una sala exclusiva del Museo de Cádiz.
Antes de comenzar a leer el artículo, quiero hacer una precisión para aquellas personas que desconozcan la historia: En un determinado momento de la actuación, solía ser en algún entreacto o al final de la función, Chacolín en "persona" entregaba unos regalos a una serie de niños "afortunados" en un sorteo que todo el público infantil seguía con suma atención por si eran premiados.
Aquí tenéis el artículo.
¡CHACOLIN, SIESO!
¿Quién era Chacolín, y por qué es sieso?.
Si tu tienes cuarenta y tantos o cincuenta pasados,
seguro que sabes quién era “Chacolín” y
el que lo califiques de sieso o no, tiene que ver con el poder adquisitivo de
tus papás. Vamos, que si tú, de chico eras niño de papá, entonces Chacolín era
supermegagüay y supercalifragilisticopialidoso, pero para mí, era un sieso.
Te lo voy a explicar por si acaso (que
puede darse el caso) tú no tienes aún cuarenta y tantos y no sabes quién era el
sieso de Chacolín. Pues resulta que en los veranos de esos años, en el Paseo de
Canalejas se montaba un teatro de títeres; cuyo principal protagonista era el
tal Chacolín.Chacolín era el héroe, y luchaba contra los fantasmas, las brujas, los monstruos y todo lo que se meneaba.
Era un poco corto de luces o de vista,
eso sí. Porque me acuerdo que de vez en cuando el tal Chacolín preguntaba a los
niños que estaban viendo la representación:
- ¿Habéis visto a la bruja? Y todos los niños (los que habían pagado el espectáculo y los "colaos", como yo) gritábamos:
- ¡Allí, allí!. - ¿Habéis visto a la bruja? Y todos los niños (los que habían pagado el espectáculo y los "colaos", como yo) gritábamos:
- ¿Dónde? decía Chacolín.
- ¡Detrás tuya!, respondía la chiquillería.
Y Chacolín se volvía y no la veía.
- ¿Seguro que está ahí? decía Chacolín.
Y nosotros ya cabreados: "Que sí joé ¿no lo estás viendo, que pareces tonto?". Bueno, pues al final Chacolín, aunque medio tonto y sordo como una tapia, se cargaba a todos a golpes de estaca. Y la chiquillería, no veas, loca de contenta.
Y tú ahora me vas a preguntar: Bueno, ¿y por qué era un sieso Chacolín? ¿Acaso era de la UGT, o no tiene nada que vé? (lo de la UGT es porque rima, no se vaya nadie a mosquear). Pues sí, era un sieso, porque cuando terminaba la representación salía al tenderete y "emprincipiaba" a decir nombres de chiquillos, y tal como se iban acercando a Chacolín, éste les daba bien un paquete de caramelos, un balón de fútbol, una muñeca (si era una niña -ojo que hay que aclararlo todo-) una equipación del Cádiz, etcétera, etcétera, etcétera (¡verás que tú no lo habías visto nunca escrito con todas sus letras, eso de la etc!)
A lo que iba, que Chacolín repartía juguetes y regalos a todos los niños; y yo, como un chiquillo más, quería que mi héroe (Chacolín) alguna vez se acordase de mí y me regalase algo. Pero claro, tuvieron que pasar muchos años para que me diese cuenta que Chacolín era mi Rey Mago (el mismo que nos traía a los cinco hermanos por Reyes todos los años un “Juego Reunidos Geyper y a jugar” (decía el slogan) -a ver coño, no te lo ibas a comer-. Y mi rey Mago, te lo explico, no vaya a ser cosa que tú seas más torpe que Chacolín, era mi padre.
Y claro mi padre, estaba (como la mayoría de los de
aquella época) canino y a lo sumo me llevaba a ver Chacolín desde fuera, o sea
sin asiento y yo en mi ingenuidad, cuando terminaba la función, le decía a mi
padre: "¿Papa vamos a acercarnos a ver si Chacolín esta vez me regala un
paquete de caramelos?" Y él, con dos nudos en la garganta, (uno era el de
la corbata) me decía: "Sí, acércate picha, a ver si tienes suerte".
Pero estaba claro que Chacolín era un
interesado y sólo le regalaba a los niños de los papas pudientes. ¡CHACOLIN, SIESO!.
lunes, 4 de abril de 2016
La fábrica de gas de la "Sociedad Cooperativa Gaditana"
La fábrica de gas de la "Sociedad Cooperativa Gaditana" estaba situada en terrenos de la Segunda Aguada, ocupaba, con terrenos anexos unos veintisiete mil metros cuadrados; su construcción fue confiada, con arreglo al resultado de concurso internacional que se celebró a principios de 1885 al acreditado ingeniero gasista August Kloöne, inventor de un sistema de hornos y varios aparatos notables para la época.
La nivelación del terreno en junio de ese mismo año, procediéndose luego a levantar la tapia que cerraba el perímetro en una extensión aproximada de cuatrocientos ochenta metros. Tenía la entrada principal a la altura de la calle Trille (entonces llamada de Santo Domingo), donde tenía una avenida de acceso de ciento sesenta metros de longitud y seis de ancho, también tenía un ramal de raíles que llegaba a las carboneras rodeando el espacio dedicado a los hornos.
Las construcciones de fábrica eran de ladrillo rojo, sin revestimiento, y formaban un agradable aspecto: el edificio inmediato a la entrada principal comprendía las oficinas de contabilidad y administración, gabinete fotométrico, y estancias para los capataces, recepción, portería y vigilante; sirviendo la parte alta para almacenes, contadores, etc. El otro edificio, situado junto a la tapia, contenía los vestuarios, baños, cuadras, cocheras, etc.
Los hornos estaban bajo una nave ancha de hierro y ladrillo, cubierta con tejas planas, eran hornos recuperadores sistema "Kloöne", constaba cada uno de ocho retortas, con sus correspondientes condensadores, refrigerantes y lavadores, existiendo también en ese lugar una fragua y un espacio subterráneo usado como cenicero; a la derecha se encontraba el depósito de carbón, con los aparatos de condensación y loción del gas, dichas máquinas constaba de un condensador de agua, otro condensador pero este era tubular, una columna lavadora de gases sistema Kloöne, un extractor sistema Koerting y un refrigerador con tubos de conducción y válvulas de platillo.
Un poco más adelante se levantaba el cobertizo de los purificadores, que eran tres grandes cajas de hierro de las cuales partía la tubería que conduce al contador de la fabricación, que era un ingenioso aparato con varias esferas en las que se marcaban automáticamente las unidades, centenas y millares de metros cúbicos del gas elaborado.
Por último, los gasómetros, eran dos con capacidad de tres mil metros cúbicos cada uno, estaban compuestos de una gran cuba de chapas de hierro y dos cuerpos telescópicos, pintados de color anaranjado y situados sobre el pavimento.
Todas las obras, incluyendo las de instalación de una máquina de vapor, los aljibes para la brea, las vías férreas para transporte de materiales, etc., quedaron terminadas a principios de noviembre de 1885, y el día nueve comenzó el suministro de gas a la ciudad elaborado en la nueva fábrica. El coste total de las obras y puesta en funcionamiento ascendió a 780.000 pesetas de aquella época, 4687.89 euros actuales.
La nivelación del terreno en junio de ese mismo año, procediéndose luego a levantar la tapia que cerraba el perímetro en una extensión aproximada de cuatrocientos ochenta metros. Tenía la entrada principal a la altura de la calle Trille (entonces llamada de Santo Domingo), donde tenía una avenida de acceso de ciento sesenta metros de longitud y seis de ancho, también tenía un ramal de raíles que llegaba a las carboneras rodeando el espacio dedicado a los hornos.
Las construcciones de fábrica eran de ladrillo rojo, sin revestimiento, y formaban un agradable aspecto: el edificio inmediato a la entrada principal comprendía las oficinas de contabilidad y administración, gabinete fotométrico, y estancias para los capataces, recepción, portería y vigilante; sirviendo la parte alta para almacenes, contadores, etc. El otro edificio, situado junto a la tapia, contenía los vestuarios, baños, cuadras, cocheras, etc.
Los hornos estaban bajo una nave ancha de hierro y ladrillo, cubierta con tejas planas, eran hornos recuperadores sistema "Kloöne", constaba cada uno de ocho retortas, con sus correspondientes condensadores, refrigerantes y lavadores, existiendo también en ese lugar una fragua y un espacio subterráneo usado como cenicero; a la derecha se encontraba el depósito de carbón, con los aparatos de condensación y loción del gas, dichas máquinas constaba de un condensador de agua, otro condensador pero este era tubular, una columna lavadora de gases sistema Kloöne, un extractor sistema Koerting y un refrigerador con tubos de conducción y válvulas de platillo.
Un poco más adelante se levantaba el cobertizo de los purificadores, que eran tres grandes cajas de hierro de las cuales partía la tubería que conduce al contador de la fabricación, que era un ingenioso aparato con varias esferas en las que se marcaban automáticamente las unidades, centenas y millares de metros cúbicos del gas elaborado.
Por último, los gasómetros, eran dos con capacidad de tres mil metros cúbicos cada uno, estaban compuestos de una gran cuba de chapas de hierro y dos cuerpos telescópicos, pintados de color anaranjado y situados sobre el pavimento.
Todas las obras, incluyendo las de instalación de una máquina de vapor, los aljibes para la brea, las vías férreas para transporte de materiales, etc., quedaron terminadas a principios de noviembre de 1885, y el día nueve comenzó el suministro de gas a la ciudad elaborado en la nueva fábrica. El coste total de las obras y puesta en funcionamiento ascendió a 780.000 pesetas de aquella época, 4687.89 euros actuales.
miércoles, 9 de marzo de 2016
La fábrica de chocolates "Eureka" en Cádiz.
A principios del siglo XX, se establece en Cádiz en la Plaza de Jesús Nazareno 27 donde hasta entonces estaba el "Liceo teatro gaditano" llamado también en otra época "Liceo teatro Albarrán", la panificadora y fábrica de chocolates "Eureka", fue fundada por el industrial gaditano señor Gómez Ojeda.
La fábrica, a pesar de tener ese domicilio social, hacía esquina en la calle de la Rosa, donde cargaban la mercancía para su distribución.
Por los años veinte repartía sus productos en carros tirados por caballos o mulos, llegaban a sus propios comercios que tenía en todos los rincones de la ciudad y que los gaditanos conocían con el nombre de la fábrica, es decir "Eureka".
Los productos eran muy variados, fue muy famoso el "pan de viena", ligero y esponjoso con una corteza de textura ligeramente crujiente y hojaldrada; este pan era consumido preferentemente por las familias gaditanas económicamente estabilizadas, así como los bombones, caramelos y cacaos que eran degustados en los establecimientos especializados de la ciudad.
El consumo de chocolate a la taza siempre fue muy popular, pero a comienzos del siglo XX surge el chocolate "de onza", que se propaga por todos los ultramarinos de la ciudad y entre las familias burguesas gaditanas surgía el pan con chocolate para meriendas infalibles. De la misma forma se ponen de moda los bombones en las pastelerías.
La fábrica de chocolates "Eureka" contaba con operarias jóvenes que trabajaban para ayudar a sus familias hasta que, como era costumbre, dejaban el mundo laboral y se casaban.
Estas trabajadoras de dedicaban a envasar chocolates "de onza", chocolatinas, caramelos, bombones y el resto de productos de la fábrica.
Había una circunstancia curiosa, relatada cierta vez en primera persona a este bloguero por una de aquellas antiguas operarias: Durante los primeros días del trabajo, a las nuevas trabajadoras, se les permitía comer todo el chocolate independientemente de su presentación, que quisieran.
Como la inmensa mayoría eran muchachas de los estratos mas pobres de la ciudad, y sólo veían esos productos a través de escaparates de las pastelerías donde las señoritas lo degustaban, o en las casas donde habían trabajado como sirvientas, se daban tal atracón que no volvían a probar más el chocolate durante todo el tiempo que trabajaban allí.
Muchos niños y niñas de Cádiz de la época de la posguerra, recuerdan que si conseguían un pedazo de pan, corrían hacia la plaza de Jesús Nazareno para comerse aquellos mendrugos aspirando los dulces efluvios que salían de la fábrica "Eureka".
Fue famosa la colección de cromos que venían en las onzas de chocolates, que una vez reunidos, se canjeaban por un parque zoológico de figuritas de plástico "de colorido y efecto sorprendente", pero ahí no quedaban los premios que otorgaban, cada parque llevaba un número para el sorteo de doce motos Scooter Lambretta, el agraciado tenía que remitir la colección premiada por correo certificado al apartado de correos 128 de Cádiz.
A mediados del siglo XX, la firma López Moltó compra la fábrica de chocolate y se lleva la producción a Pinto (Madrid), sumando esta fábrica a las que cerraron como industria gaditana a lo largo del pasado y presente siglo.
La fábrica, a pesar de tener ese domicilio social, hacía esquina en la calle de la Rosa, donde cargaban la mercancía para su distribución.
Por los años veinte repartía sus productos en carros tirados por caballos o mulos, llegaban a sus propios comercios que tenía en todos los rincones de la ciudad y que los gaditanos conocían con el nombre de la fábrica, es decir "Eureka".
Los productos eran muy variados, fue muy famoso el "pan de viena", ligero y esponjoso con una corteza de textura ligeramente crujiente y hojaldrada; este pan era consumido preferentemente por las familias gaditanas económicamente estabilizadas, así como los bombones, caramelos y cacaos que eran degustados en los establecimientos especializados de la ciudad.
El consumo de chocolate a la taza siempre fue muy popular, pero a comienzos del siglo XX surge el chocolate "de onza", que se propaga por todos los ultramarinos de la ciudad y entre las familias burguesas gaditanas surgía el pan con chocolate para meriendas infalibles. De la misma forma se ponen de moda los bombones en las pastelerías.
La fábrica de chocolates "Eureka" contaba con operarias jóvenes que trabajaban para ayudar a sus familias hasta que, como era costumbre, dejaban el mundo laboral y se casaban.
Estas trabajadoras de dedicaban a envasar chocolates "de onza", chocolatinas, caramelos, bombones y el resto de productos de la fábrica.
Había una circunstancia curiosa, relatada cierta vez en primera persona a este bloguero por una de aquellas antiguas operarias: Durante los primeros días del trabajo, a las nuevas trabajadoras, se les permitía comer todo el chocolate independientemente de su presentación, que quisieran.
Como la inmensa mayoría eran muchachas de los estratos mas pobres de la ciudad, y sólo veían esos productos a través de escaparates de las pastelerías donde las señoritas lo degustaban, o en las casas donde habían trabajado como sirvientas, se daban tal atracón que no volvían a probar más el chocolate durante todo el tiempo que trabajaban allí.
Muchos niños y niñas de Cádiz de la época de la posguerra, recuerdan que si conseguían un pedazo de pan, corrían hacia la plaza de Jesús Nazareno para comerse aquellos mendrugos aspirando los dulces efluvios que salían de la fábrica "Eureka".
Fue famosa la colección de cromos que venían en las onzas de chocolates, que una vez reunidos, se canjeaban por un parque zoológico de figuritas de plástico "de colorido y efecto sorprendente", pero ahí no quedaban los premios que otorgaban, cada parque llevaba un número para el sorteo de doce motos Scooter Lambretta, el agraciado tenía que remitir la colección premiada por correo certificado al apartado de correos 128 de Cádiz.
A mediados del siglo XX, la firma López Moltó compra la fábrica de chocolate y se lleva la producción a Pinto (Madrid), sumando esta fábrica a las que cerraron como industria gaditana a lo largo del pasado y presente siglo.
martes, 2 de febrero de 2016
Cádiz bajo la dominación Púnica y Cartaginesa
Desde el siglo V a.C. los cartagineses ejercieron su dominio sobre Gadir, haciéndole jugar un papel importante en su red de factorías costeras y en el desarrollo de las guerras púnicas entre Cartago y Roma. Del siglo VI a.C. (desaparición de Tartessos) hasta el siglo III a.C. es un periodo poco documentado. Esta es la época que se conoce como Púnica, una etapa que termina con la llegada de los cartagineses. Es en estos tres siglos cuando se conoce un gran auge de la economía gaditana por la exportación de salazones, que seguirá en aumento en época romana, y por el comercio de los fenicios gaditanos con Cartago.
Los cartagineses eran fenicios que, al igual que los llegados a Cádiz, se asentaron en el norte de África y fundaron Cartago. Estos llegaron a Cádiz en el año 237 a.C., movidos por la necesidad de buscar riquezas en el valle del Guadalquivir para compensar las pérdidas que habían sufrido tras la primera guerra púnica entre Roma y Cartago.
En 237 a.C. se produce el desembarco de Amílcar Barca en Cádiz, de la familia de los Bárquidas, antiguos administradores de Alejandro Magno.
Gadir siempre estuvo luchando en pro de la casusa cartaginesa. A partir de ahí se extiende su influencia no sólo en Cádiz, si no en todo el valle del Guadalquivir primero y en el Levante español después.
Su auge como imperio vino motivado por la explotación de las minas de plata de Sierra Morena, minas que más tarde explotarán los romanos.
Los cartagineses eran fenicios que, al igual que los llegados a Cádiz, se asentaron en el norte de África y fundaron Cartago. Estos llegaron a Cádiz en el año 237 a.C., movidos por la necesidad de buscar riquezas en el valle del Guadalquivir para compensar las pérdidas que habían sufrido tras la primera guerra púnica entre Roma y Cartago.
En 237 a.C. se produce el desembarco de Amílcar Barca en Cádiz, de la familia de los Bárquidas, antiguos administradores de Alejandro Magno.
Gadir siempre estuvo luchando en pro de la casusa cartaginesa. A partir de ahí se extiende su influencia no sólo en Cádiz, si no en todo el valle del Guadalquivir primero y en el Levante español después.
Su auge como imperio vino motivado por la explotación de las minas de plata de Sierra Morena, minas que más tarde explotarán los romanos.
martes, 12 de enero de 2016
Mis fotos antiguas de Cádiz.
Una fotografía antigua de Cádiz: La fábrica del gas, en la Segunda Aguada.
Dimensión original 1005 x 1190.
Dimensión original 1005 x 1190.
jueves, 10 de diciembre de 2015
Beatriz Cienfuegos. Periodista gaditana, ilustre e inmortal.
Beatriz Cienfuegos es la primera mujer periodista y articulista costumbrista de España, publicó 52 ediciones en 1763-64 de "La pensadora gaditana" fundada por ella. Era un periódico de tirada semanal hecho por mujeres y encauzado a un público femenino, de escritos originales y agudos que criticaban las costumbres femeninas y masculinas de la época que se hizo un lugar en el llamado Cádiz de la Ilustración.
Acerca de esta mujer se ha especulado mucho, ya que algunos creen que se cambió el nombre por un seudónimo, o que tomó el apellido de su madre, incluso que era un hombre, aunque bien es cierto que estaba prohibido por las leyes de entonces publicar con nombre supuesto o falso. Sus escritos contaban con la preceptiva licencia de impresión y difusión; por lo que se entiende que los datos que tenemos de Beatriz Cienfuegos son bastante aproximados a la realidad, y que, junto a Rosario Cepeda, fueron pilares básicos fundamentales para sentar las bases de lo que años posteriores fue la Constitución de 1812.
Su obra se recopiló en 1786 en cuatro tomos y su biografía puede concretarse en el prólogo de esta publicación (sic):
"Yo, señores, gozo la suerte de ser hija de Cádiz; bastante he dicho para poder hablar sin vergüenza. Mis padres, desde pequeña, me inclinaron a monja; pero yo siempre dilaté la ejecución; ellos porfiaron, y para conseguir el fin de sus intentos me enseñaron el manejo de los libros, y formaron en mí el buen gusto de las letras para lo que dándome maestros, con alguna aplicación mía, me impusieron en la latinidad. Se hacer un silogismo en bárbara y no ignoro que la materia primera no puede existir sin la forma; con estas bachillerías y seis años de reclusión en un convento, he salido tan teóloga, que todos en mi casa me veneran por una Sibila; yo bendigo la mesa en latín, rezo el Ángelus Domine cuasi en griego, y también les ofrezco a las ánimas responsos con su poquito de requiem eternam, y al oír esto mi padre, que es un honrado montañés me ha dicho muchas veces que si Su Santidad tuviera noticia de mi insuficiencia quizás por animar a las demás a estudiar me dispensaría para poder ser guardián, prior o vicario de alguna Comunidad de religiosos donde lucieran mis talentos ya en el pulpito, o en el confesonario..."
Acerca de esta mujer se ha especulado mucho, ya que algunos creen que se cambió el nombre por un seudónimo, o que tomó el apellido de su madre, incluso que era un hombre, aunque bien es cierto que estaba prohibido por las leyes de entonces publicar con nombre supuesto o falso. Sus escritos contaban con la preceptiva licencia de impresión y difusión; por lo que se entiende que los datos que tenemos de Beatriz Cienfuegos son bastante aproximados a la realidad, y que, junto a Rosario Cepeda, fueron pilares básicos fundamentales para sentar las bases de lo que años posteriores fue la Constitución de 1812.
Su obra se recopiló en 1786 en cuatro tomos y su biografía puede concretarse en el prólogo de esta publicación (sic):
"Yo, señores, gozo la suerte de ser hija de Cádiz; bastante he dicho para poder hablar sin vergüenza. Mis padres, desde pequeña, me inclinaron a monja; pero yo siempre dilaté la ejecución; ellos porfiaron, y para conseguir el fin de sus intentos me enseñaron el manejo de los libros, y formaron en mí el buen gusto de las letras para lo que dándome maestros, con alguna aplicación mía, me impusieron en la latinidad. Se hacer un silogismo en bárbara y no ignoro que la materia primera no puede existir sin la forma; con estas bachillerías y seis años de reclusión en un convento, he salido tan teóloga, que todos en mi casa me veneran por una Sibila; yo bendigo la mesa en latín, rezo el Ángelus Domine cuasi en griego, y también les ofrezco a las ánimas responsos con su poquito de requiem eternam, y al oír esto mi padre, que es un honrado montañés me ha dicho muchas veces que si Su Santidad tuviera noticia de mi insuficiencia quizás por animar a las demás a estudiar me dispensaría para poder ser guardián, prior o vicario de alguna Comunidad de religiosos donde lucieran mis talentos ya en el pulpito, o en el confesonario..."
miércoles, 25 de noviembre de 2015
Jean Baptiste Labat O.P.y su relación con Cádiz
Se alojó en el Convento de Santo Domingo, que es el de su orden religiosa, aunque al parecer no fue bien recibido debido a su conducta, ya que le precedía la fama de sus andanzas y polémicas en el Nuevo Mundo. Era un gran catador de vinos y aficionado a opíparas comidas, a hablar con poco decoro para la época, de carácter presuntuoso, además de no ser partidario de completar su hábito monacal con la característica capa negra de la Orden de los Dominicos.
Se llevó cuatro meses en Cádiz, tomando notas, hablando con los naturales de la ciudad y sacó sus propias conclusiones tales como la ociosidad de muchos de sus habitantes y que en su mayoría no usaran sombrero, también le marcó la elegancia de las gaditanas y le pareció que nuestro idioma era bello si lo pronunciaba una mujer y no un hombre, ya que éstos hacían demasiado gestos con la boca según decía.
También señala una costumbre que ningún historiador confirma, según Jean Baptista Labat, las personas fallecidas que no podían pagar su entierro, eran expuestas durante un día en la Plaza Mayor (Actual Plaza de San Juan de Dios) para que las personas pudieran depositar las limosnas y diezmos, para así sufragar los gastos del sepelio.
Hagamos un resumen de algunos de sus escritos sobre la ciudad que se encontró en aquella época.
Acerca del Convento de Santo Domingo dice:
“Está situado en el extremo oriental de la ciudad, una parte de sus edificios y de su iglesia tienen vista sobre el puerto, y no están separados de las murallas de la ciudad más que por un muelle de siete u ocho toesas de ancho. Un lado de la iglesia termina la vista de una calle, a cuyo extremo se encuentran la plaza del mercado y la calle Nueva”.
También hace alusión a la calle Nueva, donde terminó alojándose por las desavenencias con su comunidad de frailes dominicos, el nombre de dicha calle era el más adecuado para ella en ese momento:
"En esta calle que sirve de bolsa donde se reúnen dos veces al día los mercaderes, los noveleros y desocupados, y como estas dos últimas especies constituyen más de tres cuartos y medios de la población, puede juzgarse que está repleta de público en los dos momentos que acabo de señalar.
Lo que hay de notable en esta confusión de gentes, es que cuando se oye el Angelus, a mediodía y por la tarde, esta multitud de discutidores, se calla y podría oírse el movimiento de una mosca mientras rezan su oración, después vuelve de nuevo el ruido como antes, aunque dura poco tiempo pues todos se retiran para comer o cenar".
Hay que tener en cuenta que en esa época, la calle Nueva estaba poblada por mercaderes y comerciantes de varias nacionalidades, principalmente italianos, franceses, ingleses, alemanes y flamencos destacando con más de veinte individuos cada una de ellas.
También se refiere a la 'Casa de las cadenas' de esta forma:
"Observé paseándome por la ciudad, una casa bastante hermosa con portada de mármol delante de la cual había columnas del mismo material, de cerca de tres pies y medio de alto, alejadas cuatro pies del muro, que tenían en lo alto, aros y cadenas de bronce. Creí primeramente que sería el Palacio de la Justica, pero luego averigüé que estos bornes encadenados habían sido puestos para indicar que esta casa gozaba del privilegio de inmunidad eclesiástica, que hace que todos los que se acojan a ella penetren entres sus columnas o simplemente las toquen queden salvos, exceptuando el que la Inquisición lo reclame, pues ante ella toda puerta está abierta".
Además, cuenta también el motivo por el que se le concede este privilegio:
"Esta casa gozaba de este privilegio desde cierto día que durante la procesión del Santísimo, sobrevino una gran tormenta de lluvias y truenos tan terrible que obligó a entrar en ella para poner al Santísimo a cubierto. El dueño de la casa hizo abrir la más bella de sus salas, donde rápidamente se instaló un altar, cubierto de bellos tapices, profusamente iluminado, y continuando el mal tiempo el obispo juzgó oportuno celebrar los Santos Misterios.
Desde este afortunado momento, las sala en que se había dicho misa se convirtió en capilla. Por respeto n se duerme en la cámara que está sobre ella y en reconocimiento la Curia eclesiástica y la justicia civil han concedido a esta casa el privilegio de inmunidad".
Al hablar del Convento de San Francisco dice:
"Hay en esta casa tres cofradías, la del Cordón de San Francisco, la de San Antonio de Padua y la de San Luís, Rey de Francia, comprende esta última a todos los comerciantes franceses establecidos o de paso en Cádiz y a ella atrae a los franciscanos todos los entierros principales y generalmente todas las ceremonias que la nación francesa manda a hacer".
El padre Jean Baptiste Labat no conocía que la Capilla de San Luís, Rey de Francia, era la Capilla Nacional de los franceses residentes en Cádiz desde el año 1621 en que fue fundada y que en su bóveda se enterraban los de dicha nacionalidad que morían en Cádiz y en ella celebraban sus cultos. Aún hoy es propiedad de Francia.
Acerca de un episodio ocurrido en Cádiz que dio lugar a graves incidentes, el padre Jean Baptiste Labat narra lo siguiente:
"Había en la bahía de Cádiz algunos barcos de guerra franceses cuyos elementos jóvenes se pusieron un día a pasear por las calles de Cádiz con grandes gafas. Los españoles lo tomaron por una ofensa y los insultaron, a su vez, algunos sacaron espadas y los españoles salieron derrotados. Al gobernador y al comandante francés les costó bastante trabajo apaciguar dicha querella, que hubiera podido tener funestas consecuencias, se pretendió que los franceses no hubieran usado gafas sino para conformarse con la costumbre del país; pero no para insultar a los españoles, y como éstos eran los agresores, el gobernador hizo encarcelar a los que estaban en condiciones, puso centinelas a los heridos, dos o tres de los cuales murieron.
Los franceses tuvieron sus barcos como prisión y al cabo de quince días, el gobernador dió una gran comida y se hizo una reconciliación general. El comandante de nuestros navíos franceses hizo lo mismo al día siguiente, después de lo cual se dispensó a nuestra juventud de adaptarse a la moda de las gafas y renació la paz".
Hablando de gafas, también hace alusión a las que llevan sus compañeros sacerdotes de esta forma:
"Todos los sacerdotes llevan grandes gafas sujetas a sus orejas por un cordón, y no se las quitan jamás, pretenden que esto les de gravedad y hace creer que su aplicación al estudio es tan grande que si este auxilio perderían infaliblemente la vista. Todos los que se precian de leer o escribir, jóvenes o viejos, las gentes de justicia, los médicos, cirujanos y aún los boticarios, los tenedores de libros, la mayor parte de los obreros y generalmente todos los religiosos llevan grandes gafas.
Para los jóvenes religiosos es el que les autoricen a usarlas, una señal de
distinción".
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