Pasión por Cádiz

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Cádiz, Andalucía, Spain
AB ORIGINE SEMPER FIDELIS. IN PERPETUAM, SEMPER ET UBIQUEM GADES. QUI POTERS CAPERE, CAPIAT.

martes, 18 de diciembre de 2012

La calle Fermín Salvochea, en Cádiz.

¿De donde viene el antiguo y curioso nombre "Calle del Cuartel de Marina y Garita de la Escalerilla" de la actual calle de Fermín Salvochea, en Cádiz?
 

El Cuartel de Marina se encontraba donde hoy está la llamada "Casa de las cinco torres", justo en la esquina de la Calle Fermín Salvochea con la Plaza de España.  El sitio era en parte propiedad del comerciante Don Francisco Vejero, la puerta principal daba a la actual Plaza de Argüelles, frente a la actual "Casa de las cuatro torres", por eso la calle tomó el nombre de "Calle del Cuartel de Marina", dicho acuartelamiento poseía un pequeño cuerpo de guardia con garita en la actual Plaza de Argüelles, justo casi donde ahora se alza el monumento a San Francisco Javier, además de un acceso a la zapata del lienzo defensivo mediante una pequeña escalera, por lo que comienza a conocerse y al final se hace oficial el nombre de "Calle del Cuartel de Marina y Garita de la Escalerilla". 
 

Ya en un manifiesto de la ciudad de Cádiz al Rey Felipe V en 1717 se habla de la 'Garita de la Escalerilla, que por estar frente a esta calle, en la cual, desde el Baluarte de San Felipe hasta este parage se hicieron doscientas y cuarenta varas cuadradas de parapeto para evitar la subida a la plaza por la playa de la bahía'. (Sic)


 
En este cuartel, era donde se alojaban los Batallones de Marina para atender, vigilar y servir a las obras de la nueva Aduana (Actual Diputación) en el baluarte o plataforma de San Antonio y el lienzo de muralla de la batería de San Carlos, para lo que fué construído el antes mencionado cuerpo de guardia, el 23 de Noviembre de 1799 se sacó en pública subasta el terreno que ocupaba el Cuartel de Marina para comenzar a edificar la actual "Casa de las cinco torres" que conocemos en la actualidad.    Hoy en día aún se conservan los antiguos rótulos con el anterior nombre de la calle.
 
 
 

sábado, 8 de diciembre de 2012

Los niños del paraguas, del Parque de Genovés.

La historia de la fuente de los niños del paraguas del Parque de Genovés.

Cuando paseamos por el Parque de Genovés, rara es la ocasión en la que no nos detenemos junto a la fuente de los niños del paraguas ya sea para verla, fotografiarnos junto a ella o para admirar el precioso rincón de inspiración romántica decimonónica donde está ubicada.





Esta fuente de los niños del paraguas, atribuida equivocadamente a Mariano Benlliure, (que sólo dejó en la ciudad la llamada "Fuente de los niños" destruida vandálicamente en la década de los '70 del pasado siglo), tiene su pequeña historia y una proyección internacional que muy pocas personas conocen, fué donada por la ilustre, gaditana y benefactora Familia Aramburu a comienzos del siglo XX, y que anteriormente (hasta 1907 aproximadamente), lució en el patio principal de la casa-palacio de dicha familia sita en la Plaza de San Antonio, por tradición oral sabemos que fué adquirida en París con ocasión de un viaje de negocios.   Cuando pasó al patrimonio ciudadano fué colocada en el Parque de Genovés aunque no en su sitio actual sino justo a la puerta de entrada que existe en el Paseo de Santa Bárbara, para pasar en la década de los 60 del pasado siglo al lugar donde todos la conocemos.



Los niños del paraguas del Parque de Genovés se llaman Pablo y Virginia, están inspirados en la novela del mismo nombre y escrita por Jacques-Henri Bernardin de Saint-Pierre, que fué publicada en 1787.  Los protagonistas son dos amigos de la infancia que se enamoran inocentemente pero terminan muriendo de forma trágica cuando naufraga el barco "Le Saint-Geran" en el que viajaban, todo ello está basado en un hecho real que sucedió en el año 1744.  También, a raíz de esta novela, el compositor italiano Gianandrea Gavazzeni compuso en 1935 una ópera basada en esta obra literaria, que tituló "Paolo e Virginia".

Existe en París, en el llamado 'Jardín des plantes', jardín botánico, un monumento al escritor en cuya base figuran también nuestros niños, Pablo y Virginia, acompañados por un perro y no por un paraguas, y ya como adultos.


viernes, 23 de noviembre de 2012

La Casa de las Cadenas.

¿Sabes cual es el origen del nombre de "Casa de las Cadenas"? ¿te gustaría saber algo más de este singular edificio gaditano?


El día 3 de Junio de 1692 la procesión del Corpus Christi pasaba por la actual calle de Cristobal Colón cuando, justo delante de esta casa, comenzó a llover de manera torrencial.  En ese momento, el dueño del edificio, Don Diego de Barrios de la Rosa y Soto, un rico comerciante de origen portugués, salió a la calle y pidió al Obispo de Cádiz, Don José de Barcia y Zambrana, que refugiara al Santísimo Sacramento en el Oratorio que tenía en su casa, a la espera de que el tiempo mejorara.

Así se hizo.  En ese momento Don Diego Barrios, impresionado por esta extraordinaria visita, que él consideró providencial, concibió el proyecto  de reedificar su casa por completo para lo que compró las fincas laterales, y de las tres levantó el edificio que ha llegado a nuestros días.   En su fachada hizo instalar una soberbia portada de mármoles de Carrara, obra del escultor Don Jacobo Antonio de Pozanelli.   En el frontispicio de la misma, mandó colocar una lápida con un texto latino donde se narra lo sucedido durante la procesión del Corpus Christi de 1692.   El texto fué redactado con bastante probabilidad por el médico sanluqueño y experto latinista Don Diego Tenorio de León.


Como tantas otras casas de comerciantes gaditanos que se dedicaban a la importación de mercancías de ultramar, también tiene una torre mirador, desde donde se divisaban los barcos que venían de América antes de atracar en los muelles, en el basamento de uno de sus pilares, el artista Ponzanelli dejó grabada su firma.
 
Para singularizar más la casa, Don Diego solicitó al rey de España el 'Privilegio de las Cadenas', que consistía en situar en el exterior unas columnas de 130 centímetros de altura, enlazadas por unas cadenas, que señalaban que a partir de ellas se gozaba de inmunidad ante la persecución de la justicia.   Aunque las cadenas desaparecieron en 1730 aproximadamente, todo el mundo en Cádiz sigue llamando a este edificio 'La casa de las cadenas'.
 

Desde la muerte de Don Diego en 1712 la casa ha sufrido múltiples cambios: fué casa de vecinos, hotel, restaurante, tiendas, colegio religioso, convento, residencia sacerdotal, etc.   En 1980 fué adquirida por el estado español a través del Ministerio de Cultura para destinarla a Archivo Histórico Provincial de Cádiz, tras una amplia y profunda remodelación llevada a cabo por los arquitectos Don Antonio Cruz y Don Antonio Ortiz, el archivo se trasladó al edificio en Mayo de 1987.

En la actualidad, el Archivo Histórico Provincial, que recoge la documentación que tiene más de cien años de antigüedad, cuenta con más de 17 kms de estanterías, en la que se depositan los archivos correspondientes a 133 organismos provinciales distintos, lo que supone más de 105.000 unidades entre libros, registros y cajas archivadoras a los que hay que sumar una biblioteca auxiliar con 12.000 títulos y 200 revistas especializadas.   El Archivo recibe otros fondos documentales bien sea por compra, donación, depósito, etc., y cuenta con una sala de lectura y de investigación, salón de actos, taller de restauración y laboratorio de microfilmado.



sábado, 27 de octubre de 2012

Mis articulistas preferidos: Juanjo Ariza Astorga

De calles, nombres y números de la ciudad de Cádiz.



Las distintas denominaciones que a lo largo de la Historia han tenido las calles y plazas de Cádiz están llenas de curiosidades, unas veces motivadas por hechos a veces caprichosos, otras son un intento de dotarlas de un nivel cultural mas alto, para indirectamente culturizar al pueblo, otras son simples manipulaciones según el signo político del que ejerza el poder, pero sobre todo, están llenas de eso, de Historia.

Por ejemplo, resulta curioso ver como no siempre se dedican los nombres de las calles a personajes de renombre, cuya vida u obra resultan tan excelsas como para que se decida dejar constancia de ello para la Historia de una forma tan significativa como es el dedicarles una calle. El callejón de Cardoso ostenta este nombre con alguna que otra interrupción desde el s. XVI por las cererías de Cardoso, que se encontraban por aquella zona, es decir, un simple artesano que en aquella época se dedicaba a la elaboración de velas y cirios.

Gaspar del Pino es otra denominación que desde el s. XVII recuerda a un capitán que en aquellos años tuvo el honor de merecer ser recordado de esta singular manera aunque el paso de los años haya conseguido difuminar quien fue este personaje. Se cree que la calle Enrique de las Marinas toma ese nombre en 1855 de un afamado pintor local de la época.


En otras ocasiones las denominaciones de las vías públicas se toman de alguna referencia que sirva para que la comunidad identifique, sin ningún genero de dudas, a qué lugar se hace referencia. Este es el caso de la calle del Jardinillo (Cervantes en 1830) que recibe el nombre de un jardín situado cerca de la esquina de San José, o de otro similar que dio a la calle en la que se encontraba el nombre de Jardín de Ferrera (Barrocal en 1649), quedando posteriormente solo un árbol que sirvió para denominarla calle del Laurel (Barrocal en 1830). La proximidad de la cárcel y la posible localización en ella de algún establecimiento relacionado con la Justicia, parece ser el origen del nombre de la calle Bajada de Escribanos.


Algunas calles mantienen su denominación, de forma mas o menos ininterrumpida desde hace siglos. No deja de resultar irónico que la calle Nueva aparezca con este nombre en documentos fechados en 1615.   De la calle Cuna vieja se tiene constancia de que en 1651 ya contaba con esta denominación. La calle Goleta también tiene esa denominación desde al menos 1615 con algún que otro cambio que no llegó a durar demasiado.      
En 1610 ya existía la calle del Juego de la Pelota o la plazuela de Puerto Chico que en 1599 ya aparece registrada con ese nombre.
 
Otras calles ya no existen en la actualidad, debido a los cambios de configuración del entramado urbano. En este caso tenemos el callejón Bajo de los Descalzos que hasta 1830 discurría entre Puerto Chico y la plaza de la Cruz verde o la calle Villavicencio que en 1696, al no existir todavía la plaza de Candelaria, discurría entre Santo Cristo y Montañés.
 
La numeración de las calles en Cádiz también tiene su particularidad.

En la mayoría de las ciudades, las calles se comienzan a numerar desde la plaza donde se encuentra el ayuntamiento, que es la  Plaza de San Juan de Dios, por ser la mas importante de la ciudad, pero en Cádiz no es así, aquí las numeración de las vías se asigna según la proximidad a la plaza de San Antonio. Esto se debe a que esta es la plaza de armas y por lo tanto la plaza de mas importancia de la ciudad. Lo mismo sucede con el resto de calles que dan forma al caserío de la ciudad.
 

Otra singularidad que hace que la numeración de las calles de Cádiz sea diferente es por qué acera se asigna el número uno, si por la derecha o por la izquierda, pues bien en la mayoría de las ciudades el numero uno se encuentra a la izquierda, que sería lo lógico, ya que leemos de izquierda a derecha y no al revés, mientras que en Cádiz está a la derecha. Si tomamos como ejemplo la calle Ancha, la numeración empezará por la parte mas próxima a la plaza de San Antonio y no en la confluencia con Novena y José del Toro, además la acera de los impares se encuentra a la derecha, si miramos en dirección a la Plaza del Palillero y no a la izquierda como seria habitual. Este mismo sistema se repite en el resto de calles de Cádiz.


domingo, 16 de septiembre de 2012

La sortija fenicia de Cádiz

La sortija fenicia es uno de los hallazgos más espectaculares que se han encontrado en la excavación del solar de la 'Casa del obispo' y que nos remonta a los orígenes del Cádiz actual.

Fué hallada concretamente en una tumba del siglo V antes de Cristo, a un metro de profundidad y construida con sillares de piedra ostionera y cubierta con una gran losa.

Parece ser que la zona donde estaba ubicada constituyó un área ritual fenicia que por algún motivo los romanos que llegaron posteriormente respetarían en sus propias construcciónes.

Las dimensiones de la sortija, en la parte del chatón es de 0,8 cms de ancho, 1,25 cms de largo y un grosor de 0,25 cms, el diámetro del aro es de 2,4 cms con un grosor de 0,25 cms.

El chatón tiene una decoración incisa, con dos delfines en el frontal que forma el sello y de rosetas con técnicas de granulado en los dos laterales.   El aro es trenzado terminado en dos capiteles enfrentados que engarzan con el chatón.  Las volutas están realizadas con la técnica del granulado.   Aunque encontrada en una tumba datada en el siglo V a.C., la sortija se puede catalogar como anterior, llegando incluso a finales del siglo VII a.C. o principios del VI a.C., todo ello se deduce por el fuerte desgaste de su uso, lo que hace pensar que la sortija fué heredada por varias generaciones.

Debido a las características de soldadura entre chatón y aro, debe haber sufrido un arreglo posterior.   En la zona de unión no visible entre el chatón y los capiteles se observa técnicas de granulado, lo que es posible que sea debido a que el aro y el chatón hayan pertenecido originariamente a dos anillos diferentes.

En la elaboración de la primera copia realizada por el artesano joyero Juan José Rivera y al intentar reproducir el trenzado del aro de manera convencional y ver si copia y original no coincidían, se concluyó que la original había sido realizada en sentido contrario al habitual y que por tanto el artesano o joyero fenicio debió ser zurdo

lunes, 23 de abril de 2012

Mis articulistas preferidos: Manolo Llamas

Pelayo Quintero Atauri y "La dama de Cádiz"

Cuentan que Pelayo Quintero, cuando contempló el sarcófago masculino encontrado en 1887, estaba convencido de la existencia de una pareja del mismo. Durante los años que estuvo excavando en Cádiz fue su sueño el conseguir el hallazgo de este segundo sarcófago. Poseía un chalet en Cádiz, llamado «La Quinta», en el que incluso excavó en su jardín. Todo fue inútil, puesto que no llegó a encontrarlo… ¿O sí lo encontró y lo ocultó al resto del mundo?

A las ocho de la mañana el capataz de la obra, Rafael Gutiérrez Camacho, advirtió que la máquina excavadora que realizaba su labor en el solar correspondiente al chalet de Pelayo Quintero, en la calle Ruiz de Alda (actual Parlamento) , dejaba al descubierto un trozo de mármol, en un gran nivel de arena que se había dado previamente por estéril en material arqueológico. El capataz dio aviso al perito Francisco Mota, que dio aviso rápidamente al director del Museo de Cádiz, Ramón Corzo.

Corzo, junto a un equipo de arqueólogos, se desplazó al lugar y dispuso lo necesario para proseguir la tarea de descubrimiento del sarcófago.

A medida que aparecía el monumento funerario crecía el interés de los técnicos y del numeroso público que se fue congregando en las inmediaciones del lugar, que permaneció vigilado por fuerzas de la Policía Nacional y de la Policía Local, dada la enorme aglomeración de personas.

Al advertirse que la escultura estaba policromada, se procedió a cubrirla con tierra y un plástico negro, para evitar que los rayos solares pudieran afectarla. La pala excavadora había provocado serios desperfectos en el sarcófago, seccionándolo a la altura de media pierna. El día 30 de septiembre se procedió al traslado del conjunto hallado al Museo de Cádiz (Diario de Cádiz, 1980), donde figura con el número de inventario CE09773/1.

Su localización apartada del resto de las tumbas fenicias nos hace suponer la existencia de una zona privada o restringida que junto a su excepcionalidad, compartida con el otro sarcófago, permite aventurar un carácter preeminente del difunto dentro de la sociedad de su época. Las características del sepulcro señalan que fue una persona de alto nivel social, religioso o político. Tal vez fuera la esposa de un dirigente, pero no se descarta que se tratase de una sacerdotisa de Astarté.

 Posteriormente se comprobó que no había ningún otro resto arqueológico en toda la superficie del solar.

martes, 17 de abril de 2012

Semana Santa de Cádiz 2012

Aunque ya ha pasado la Semana Santa, aqui os pongo un video que he elaborado con la desinteresada ayuda de mi amigo y maestro Manolo Llamas que me ha cedido sus fotos para ello.

Se trata de una versión diferente, casi monocroma, de nuestra Semana Mayor, tan desconocida como bella, espero que la disfruteis tanto como yo.

La marcha que suena es "Capataz gaditano" del TCol Abel Moreno.

lunes, 19 de marzo de 2012

La torre del Convento de San Francisco, en Cádiz.

Algún tiempo después de abandonar Cádiz los soldados ingleses que al mando del Conde de Essex saquearon la Ciudad en 1596, se comenzó la restauración y transformación de la iglesia de San Francisco, de acuerdo con el proyecto trazado por el delineante y director de obras de origen genovés José Badaraco. Y entre dichas obras, se acometió la sustitución del modesto y ruinoso campanario que entonces poseía la iglesia, por la airosa y bien concebida torre que tiene en la actualidad.

Su construcción se comenzó en 1665, según puede verse en una inscripción que figura en la misma y se concluyó en 1761, siendo prior de este convento Fray Manuel de Lora. Su construcción es muy sólida, siendo toda ella de cantería, cuyas piedras fueron sacadas de la cantera del Paseo de las Delicias. A tal efecto, el guardián del convento de San Francisco, Fray Antonio Maldonado, elevó un Memorial al Ayuntamiento gaditano en el año 1665, solicitando la gracia de sacar piedra de una cantera de la Ciudad, para la construcción de esta torre, a cuyo Memorial se dio lectura en el Cabildo Municipal celebrado el 27 de junio de 1665, accediéndose a la gracia solicitada.

Esta torre, la que por encontrarse aislada y ser de gran altura, se contemplan desde ella bellísimos paisajes, desempeñó un importante papel en la Guerra de la Independencia y durante el asedio que el ejército francés puso a nuestra Ciudad. Las campanas de las torres de los conventos de San Francisco, la Merced y Santo Domingo, eran las encargadas de avisar al pueblo de los disparos de cañón que el ejército francés hacía sobre le Ciudad. Para tal fin, cada una de estas torres tenía establecido un vigía, él que al divisar el fogonazo en la boca del cañón y mientras el proyectil atravesaba la bahía, mediante un toque de rebato, avisaba al vecindario del peligro inminente para que éste se pusiera a cubierto de los obuses franceses.

Entre estos vigías alcanzó fama por aquel tiempo, por su serenidad y sangre fría nada comunes, el novicio Fray José Fernández, que tenía su misión en esta torre de San Francisco. Ramón Solís, en su obra “El Cádiz de las Cortes”, escribe que un día cuando después de tocar la campana avisando que los franceses habían hecho fuego, recibió un gran susto al comprobar que ésta había vuelto a sonar nuevamente impulsada por una granada que pasó junto a ella. Al instante el novicio no lo duda y con la campana gemela, continuó tocando a rebato de forma imperturbable.


También el escritor y político gaditano Antonio Alcalá Galiano en su obra “Recuerdos de un anciano”, dice que el novicio Fray José Fernández, con su característica sangre fría, cuando desde su puesto de vigía observaba que algunas granadas disparadas por los franceses caían en el mar, hacía un gesto característico de “corte de manga”, congratulándose de que éstos errasen en su puntería. Uno de los obuses franceses que, a pesar de no haber estallado, inutilizó una de las campanas de esta torre, se conserva en el Museo Iconográfico Histórico del Centenario de la Constitución de 1812 y Guerra de la Independencia (hoy Museo Histórico Municipal), ya que en el primer catálogo del mismo, editado en 1912, con motivo de su inauguración, en la página 189, puede leerse:

“Bomba caída el año 1810 en la torre de la iglesia convento de San Francisco. Encontrábase en dicha torre un lego de la Comunidad Franciscana, el que avisaba por medio de campanadas al vecindario las direcciones que llevaban los proyectiles enemigos. Esta bomba inutilizó dicha campana, teniendo que tocarlas señales con otra que existía, prosiguiendo así su humanitaria labor”.

Cuando hace unos años se elevó la fachada del edificio colindante a la iglesia de San Francisco, fue un gran acierto el seguir conservando aislada la torre, como siempre estuvo, porque aparte de conservarse su bella perspectiva, es una de esas pocas cosas que nos van quedando de un esplendoroso pasado histórico, cosas en las que los gaditanos debiéramos poner siempre el mayor interés por conocer y el mayor tesón para conservar.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Ramón Solís Llorente. Escritor gaditano.

Ramón Solís Llorente nace en Cádiz el 1 de marzo de 1923. Inicia sus estudios elementales en el Colegio del Pilar de Madrid. Continúa sus estudios en el Colegio San Felipe Neri de Cádiz. En 1944 abandona sus estudios de marino e inicia los de ingeniero de Montes, que, más tarde, simultánea con los de Ciencias Políticas y Económicas. En 1949 termina la carrera de Ciencias Políticas y Económicas y es nombrado corresponsal en Madrid del semanario La Voz del Sur. En 1953 contrae matrimonio en Cádiz con Rosario Jiménez Alfaro.


Un año más tarde publica su primera novela "La bella sirena". En 1956 presenta su novela "Los que no tienen paz" al premio Planeta y queda finalista. Esta novela ha sido llevada al teatro por José María Pemán con el título "Los monos chillan al amanecer". 


Ramón Solís decidió escribir una novela de la época de las Cortes. Así surgió su libro "El Cádiz de la Cortes" donde revela sus cualidades de historiador, y que Gregorio Marañón, su prologuista, consideró como uno de los libros más importantes sobre España; que ha puesto luz severa, vida humana sobre el gran episodio que Cádiz vivió con una enorme intensidad.


Gracias a él sabemos lo que pasó en Cádiz y lo que realmente realizaron, vivieron y soñaron aquellos liberales españoles. Claro está que Ramón Solís no se ha ocupado sólo de los doceañistas eminentes y todavía sonoros, sino del pueblo y los estamentos de aquella época, haciendo junto a la historia, esa intrahistoria que nos interesa tanto: “ El Cádiz de las Cortes –nos dice Ramón Solís- fue mi tesis doctoral en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de Madrid. Esto quiere decir que este libro surgió de un propósito más erudito que literario y que estaba dirigido a un público de especialistas y estudiosos”. Éste libro, que obtuvo el premio Fastenrath de la Real Academia Española de 1960, pertenece por su estilo al gran ensayismo español.


Es elegido miembro de la Real Academia de la Historia. En 1961 es elegido concejal del Ayuntamiento de Cádiz. Al año siguiente regresa a Madrid.   La bibliografía de Ramón Solís es extensa: "Ajena crece la hierba" (1962), "Un siglo llama a la puerta" (1962), "El canto de la gallina" (1965), "El alijo", "La eliminatoria",  "Mónica, corazón dormido" (1970), "El dueño del miedo" (1971).


Publica también algunos ensayos, "Coros y Chirigotas", "La guerra de la Independencia Española". En 1968 es nombrado director de la revista "La Estafeta Literaria" y en 1970 obtiene el Premio Nacional de Literatura “Miguel de Cervantes”. En "El mar y un soplo de viento" cultiva una veta más lírica.


Falleció en Madrid en 1978.


Lo social, lo psicológico y el ambiente de Cádiz y sus tierras son las características persistentes al correr de su intensa e interesante obra. El crítico Melchor Fernández Almagro veía en "Un siglo llama a la puerta" “Una novela de excelente calidad. Está muy bien compuesto el ambiente histórico y presenta con exactitud el problema del choque de dos generaciones”.


“Lo genial es decir muchas cosas –escribe Solís- y decirlas perfectamente. Ahora bien: esto se logra a través de las ideas. Cuando la idea se piensa con claridad, se escribe con soltura; y, cuando esto se logra, se ha alcanzado el estilo”.


Estamos de acuerdo con estas dos ideas que pone Solís en la mente de unos de sus personajes, y, fiel a ellas, el escritor gaditano interesa y logra excelentes éxitos. Y también fue fiel, a aquel viento generoso que sopló sobre su ciudad natal en el siglo XVIII, y que forjó el espíritu dilecto, universal y políglota de la vida gaditana.

lunes, 12 de diciembre de 2011

El Gran Teatro Falla de Cádiz.

Construido en 1871 enteramente de madera, no tardó en ser pasto de las llamas.  Tras el incendio de 1881 se decidió construir un nuevo teatro en el solar que había dejado el anterior, completamente destruido por el fuego.   Las obras del nuevo teatro se inician en 1884 bajo la dirección del arquitecto sevillano Adolfo Morales de los Rios, que dos años después tiene que paralizar las obras por falta de fondos.

El ayuntamiento reemprende las obras que vuelven a interrumpirse por falta de recursos en 1892.  Finalmente es el arquitecto municipal, Juan Cabrera Latorre quien lo termina, después de diveras modificaciones, en 1905.

El 12 de enero de 1910 se inauguró con la interpretación de una sinfonía de Barbieri. Hasta 1926 se llamaría Gran Teatro, año en el que pasó a llamarse Gran Teatro Falla en honor al hijo predilecto de la ciudad Manuel de Falla. Un año después el Carnaval suena por primera vez en el teatro con el coro Los Pelotaris de Manuel López Cañamaque.  En 1984 los arquitectos Rafael Otero y José Antonio Carvajal acometen una profunda y costosa restauración del edificio que hace que en estas fechas luzca en todo su esplendor.

El edificio es de estilo neomudéjar y ladrillos rojos con forma de herradura prolongada a la que se ajustan los distintos pisos, es único en España en no tener edificios anexos ya que ocupa toda la manzana por lo que se puede admirar su arquitectura desde cualquier angulo posible.

Cada planta está rodeada de una amplia galería a la que comunican las escaleras.  Un gran vestíbulo sirve de sala de espera a la vez que comunica con la galería de la planta baja y constituye el punto de arranque de las señoriales escaleras a ambos lados.

El escenario posee 25,5 metros de profundidad por 18 de anchura, quedando la orquesta a un nivel más bajo que la escena, tiene una superficie de 2570 m2 y un aforo de 2000 localidades repartidas en patio de butacas, palcos, anfiteatro y paraíso, a pesar de sus dimensiones, el teatro ofrece una impresionante acústica y magnifica visión del escenario desde cualquier ángulo.   La pieza que más destaca de toda su exquisita ornamentación es la pintura mural que realizó in situ Felipe Abárzuza titulada "Alegoría del paraíso", donde dioses, ninfas y sátiros danzan desnudos entre nubes, flores y guirnaldas en la bóveda celeste.

Durante el año el Teatro acoge una Temporada de Otoño y una Temporada de Primavera con espectáculos como conciertos, obras de teatro y en menor medida musicales y ópera, durante el mes de enero y febrero se celebra el concurso oficial de agrupaciones de carnaval.

El Gran Teatro Falla también es una de las sedes de los diversos festivales que se celebran en la ciudad, destacando de especial manera el FIT, Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz, y Alcances, festival de cine dedicado en especial al documental.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Plazas de San Antonio, Mina y San Juan de Dios

La cuadratura casi perfecta de sus plazas se nos presentan en Cádiz, sorpresivamente, en el angosto entramado de su urbanismo más histórico.  Entre ellas, son las de San Antonio, Mina y la de Candelaria las que nos ofrecen una arquitectura que ahora contemplaremos, dejando un poco más de lado las no menos históricas y bellas de San Francisco, Mentidero, Fragela, Catedral, Sevilla, San Agustin, España, Palillero, etc.

La Plaza de San Antonio, presidida por las airosas torres que se incorporaron en el siglo XIX a la primitiva traza barroca de la iglesia que le da nombre, ha sido tradicional escenario de fiestas, eventos y acontecimientos históricos, incluso sangrientos, como el acaecido el 10 de marzo de 1820 cuando las tropas absolutistas cargaron contra un público confiado que esperaba el acto de jura de la Constitución.





Lugar de asiento de la floreciente burguesia mercantil, esta plaza conserva construcciones tan interesantes como el palacete eléctico-historicista de la antigua Banca Aramburu, el Casino Gaditano, la casa de Don José Mª Pemán o la casa donde se intauró en 1812 lo que después sería la Lotería Nacional.





La de Mina, donde nació Manuel de Falla, de verdes acogedores que embelesaron a Victor Hugo, es una plaza levantada sobre el huerto del desamortizado Convento de San Francisco, en ella crecen interesantes especies arbóreas que dan lustre a sus jardines, en su centro existió durante años, un templete musical.



En su perímetro cuadrangular se suceden fachadas neoclásicas e isabelinas, entre las que destacan el edificio debido a Juan Daura que hoy es sede del Museo Provincial, con sus secciones de arqueología y pintura, entre cuyos fondos se encuentras los famosos sarcófagos antropoides de época fenicia y la colección del lienzo de Zurbarán procedentes, en su mayor parte, de la Cartuja de Jerez de la Frontera, o las pinturas del retablo del desaparecido Convento de Capuchinos, "Los desposorios de Sta. Catalina", de Bartolomé Esteban Murillo.



La Plaza de Candelaria, también llamada de Castelar por haber nacido este prócer en una de sus casas, fué solar destinado a atracciones teatrales y circenses antes de su reforma en los primeros años del pasado siglo XX.   En su arquitectura existen buenos ejemplos isabelinos y una singular construcción en hierro y cristal levantada en las postrimerías del siglo XIX.



Más abierta que las anteriores es la Plaza de San Juan de Dios, antigua Corredera, enfrentada al trajín de la zona portuaria y la bahía desde su ubicación de acceso al antiguo barrio de El Pópulo.  El ayuntamiento, junto al hospital, la casa Pazos de Miranda, e Iglesia de San Juan de Dios, son los edificios más interesantes en esta plaza gaditana de permanente animación ciudadana.




La casa consistorial fué levantada en 1799, sobre la anterior casa municipal y la antigua cárcel, de acuerdo con el proyecto de Torcuato Benjumeda, un arquitecto a quien Cádiz debe mucho de los logros urbanísticos que fueron diseñados para la ciudad a finales del siglo XVIII.  Su fachada, de tres plantas coronadas por la torre del reloj, presenta una decoración isabelina a base de guirnaldas y reproducciones de monedas que corresponden a la reforma que llevó a cabo Manuel Garcia del Álamo. 

En su interior son interesantes la monumental escalera, asi como la alcaldía y el isabelino salón de plenos, decorado con frescos de los hermanos Cavallini y media docena de lámparas entre las que destaca la de cristal de murano constituida por tres mil piezas en colores rojo y verde, y doce campanillas con los distintos sonidos de la escala musical con la que se dice que Manuel de Falla dió un concierto de agradecimiento por un homenaje recibido de sus paisanos.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Mis articulistas preferidos: Mari Carmen Sánchez Astorga

La Qadis musulmana
 
¿Qué ocurrió para que la próspera Gades, conocida en todo el Imperio por su cultura, su riqueza, su comercio… pasara a ser la olvidada Qadis?

¿Por qué en este período solo se le considera una “plaza” musulmana en la que apoyarse después de la conquista del estrecho y facilitadora del paso de los ejércitos invasores?

¿Qué conocemos de la Qadis musulmana?

Las fuentes materiales siguen siendo cautas, no olvidemos que cuando se reconquista Cádiz se da orden de destruir todos los vestigios musulmanes. El único material que tenemos en nuestro museo de ésta época son dos jarrones encontrados en la Casa de la Contaduría. Y las fuentes escritas se pierden en una enigmática retórica, ambivalente y casi hermética si se carece de un soporte material al que asirse para  poder contrastarlas.

No sabemos si Cádiz se rindió mediante una capitulación con los musulmanes, o si, por el contrario, fue conquistada mediante las armas. De todas formas, la población que se quedó en su ciudad, debió pagar un tributo al pueblo dominante, más probablemente otro, de capitulación.

Durante el Emirato Dependiente de Damasco (711-756) no tenemos noticias de Cádiz. Es a partir del Emirato Independiente de Córdoba (756-912) cuando empezamos a encontrar referencias de la ciudad, concretamente con Abderramán II (822-852) Cádiz es atacada por los Normandos. Este hecho hizo que se construyeran fortificaciones. A partir de la paz en que quedó AlÁndalus después de estos ataques, Cádiz empezó a resurgir como ciudad, aunque seguimos teniendo pocos documentos que nos hablen de ella.

Al principio del período almorávide-almohade (1086-1245) Cádiz es una ciudad no muy brillante, pero su despliegue económico empezó gracias a la importancia de su puerto de mar y a que la Vía Augusta, todavía en funcionamiento, hacía que Cádiz fuese un buen sitio para el comercio. Otro dato importante en el que Cádiz vuelve a ser protagonista, es la entrada de los Almohades en la Península Ibérica a partir de 1145 por esta ciudad.

De ésta época, los paramentos hasta ahora invisibles conservados al cobijo de los edificios correspondientes al Hospital de la Misericordia, parece que vienen a remover viejas controversias. Puede decirse de hecho que los vestigios recuperados pudieran estar en condiciones de revelar lo que tuvieron que callar las estructuras domésticas musulmanas que, se dice, cubrían a hueso la cávea del teatro romano y que fueron sacrificadas por la avidez con que las palas arqueológicas ansiaban recuperar los perfiles originales del coliseo gaditano.

A estas alturas ya nadie discute que para las fechas de la ocupación cristiana de la comarca, Cádiz estaba constituida por un centro de habitación considerable como lo demuestran con profusión el utillaje de uso cotidiano, sólo que al carecer éstos de elementos significativos diferenciadores, por razones de pervivencia tipológica, dificultan una ubicación cronológica exacta, salvo que la lectura estratigráfica lo revele  in situ, cosa que hay que decir resulta infrecuente.

El hecho de que todavía los resultados de las intervenciones arqueológicas en este sector de la cerca (gozne con los edificios consistoriales modernos), estén pendientes de una interpretación global, nos obliga a ser cautelosos en las afirmaciones, no obstante podemos decir que las estructuras edilicias aparecidas empiezan a revelar, de manera contundente, la existencia de un amurallamiento musulmán asentado sobre una obra romana de notable potencia material.

 De otro lado, tampoco podemos afirmar que el recorrido de la cerca musulmana fuera idéntico en su disposición al de las defensas cristianas que, como es lógico, reaprovecharían, recrecerían y aumentarían las estructuras de utilidad preexistentes, pero en lo que toca al sector de la calle San Juan de Dios (frente de tierra), debió obedecer más o menos a la visión que nos ofrece la iconografía de 1513.

Asimismo, contamos con dos circunstancias a resaltar como peculiares de la pre-estructura musulmana que nos hacen pensar en una filiación preferentemente almorávide:

1º • Los paramentos embebidos en la medianera del hospital que se levantan en gran medida directamente sobre basamento de cronología islámica.  La gran torre vigía previa o “Hisn”, que evoluciona primero hacia la torre del homenaje cuadrangular alfonsí y posteriormente a la torre compuesta de fines del siglo XV, debió coserse, a caballo de los siglos XI-XII, al paramento de  la cerca volviendo el lienzo entonces en dirección a la plaza de San Juan de Dios, mientras conservaba su posición y acceso virados con respecto a ella y orientados al vendaval y al istmo.
La cerca pudo contar en su recorrido con otras torres pautadas de planta cuadrangular (posterior torre de las armas cristiana y otra más, por lo menos, inserta luego en el hospital), sin que tengamos elementos para determinar si era practicable o no el paso por el Arco de los Blancos o si éste quedaba envuelto en una estructura de protección perdida que complicara el ingreso, puesto que la entrada en eje directo es más propia del  amurallamiento romano y bajomedieval que de las defensas musulmanas.
En este sentido habría que rastrear la posible conexión de esta entrada a la villa con la estructura urbana de la ciudad antigua, sin olvidar que los arcos externos de protección exterior se labraron en la el siglo XVII por la familia Blanco para proteger una capilla advocada a la Virgen de los Remedios. En la cara interna del sector, protegido en altura debió crecer  el grueso del caserío, apiñado sobre el monturrio, parte del cual se sacrificaría posteriormente para acomodar las torres y patio del Castillo de la Villa, tal como lo conoceríamos en tiempos de Rodrigo Ponce de León.  

2º • La posible existencia de una torre-puerta en el quiebro de la muralla que hacía bisagra con las estructuras del ayuntamiento actual, dejando expedito el cuadrante externo que más tarde ocuparía el Hospital de la Misericordia. Las razones de este quiebro peculiar siguen por determinar, pero pudieran tener que ver con imposiciones de seguridad en la cimentación y quién sabe si vinculadas al discurrir del Canal Bahía-Caleta que, a su vez también podría justificar la extraña orientación de otros tramos como ocurre en el correspondiente al de la Plaza de la Catedral Nueva. Fuentes escritas ayudarían a perfilar estos extremos.

De confirmarse esta torre-puerta, abriría entrada a través de la planta baja poniendo en comunicación, o separando según conviniera, la zona pública o civil de la villa con las  dependencias defensivas. Este recurso en la solución de los accesos encaja bien con la cronología almorávide.


La organización interna de la villa plantea otras  tantas  incógnitas por su continuidad en la habitación y por la distorsión estratigráfica consecuente con la presión urbanística. En cualquier caso la mezquita se elevaría en la cota posteriormente consagrada a la Santa Cruz, con alminar exento coronado por las tres bolas clásicas del Yamud,  probable despiste de los cristianos según parece al vista del grabado de 1513.

Quedarían por localizar los necesarios complementos relacionados con el agua, tanto rituales (abluciones) como de uso social (hamman). En este sector de la villa, que fue el más noble entonces y lo sería después con los castellanos (y que desde luego tuvo su importancia en la organización de la antigua Gades), se concentraría también el grueso del caserío explicando en cierta forma, y pese a las agresivas reestructuraciones posteriores, la intrincada traza de las calles del barrio obedientes a la lógica del urbanismo musulmán, tan distante del esquema habitacional romano; esto es, entendiendo la calle como una consecuencia del ordenamiento de las casas y no como un elemento previo a obedecer para la organización del espacio.

En cuanto a la villa cristiana quedaría configurada, a partir de conquista, respetando el cuadrángulo casi perfecto descrito por las calles de San Juan de Dios, plaza del mismo nombre, calle Pelota y quiebro hacia la catedral. Tres lienzos construidos con tres accesos abiertos: a tierra, Arco de los Blancos; al mar, Arco del Pópulo y al posterior arrabal de Santiago, Arco de la Rosa..

sábado, 19 de noviembre de 2011

Cádiz, al compas de un pasodoble de comparsa

Una selección de fotos de Cádiz realizadas en 2011, acompañadas de la versión instrumental de la Comparsa "Los muñecos de Cádiz" de los hermanos Javier y David Márquez "Carapapa". 


Al piano Tomás García "Tomy Alemania" componente de la comparsa.




martes, 15 de noviembre de 2011

La Cárcel Real, o "Cárcel vieja" de Cádiz.

La Cárcel Real, llamada también "Cárcel vieja" que se levanta en Cádiz durante la época de la Ilustración, constituye uno de los edificios de estilo neoclásico de mayor interés y pureza estilistica de Andalucía.

Monumental, sobria y elegante, incorpora en su fábrica toda la técnica y espiritu, elementos y detalles de la arquitectura neoclásica de moda en la época en detrimento del barroco, construida por Torcuato Benjumeda en 1794 las obras se prolongaron hasta 1836 en que fueron terminadas por Juan Daura, el coste total de las obras fue de 3,5 millones de reales.



El edificio tiene planta rectangular en torno a un patio central de 66,87 por 33,45 metros y perfectamente simétrico, otros dos laterales y dos plantas de altura donde se reparten celdas, pasillos y otras dependencias.   La fachada principal presenta un cuerpo central avanzado con tres arcos semicirculares entre cuatro columnas dóricas de orden gigante y entablamiento clásico con friso trígligos, metopas y gotas y volada cornisa.   Los muros exteriores se ordenan en filas de vanos mediante pilastras dóricas que arrancan de un elevado zócalo o basamento y recogen frisos y cornisas.

La ornamentación exterior se reduce al uso de cornisa sobre las ventanas bajas y frontones triangulares sobre puertas laterales.  Los materiales son pobres en el interior; ladrillo y piedra ostionera mayoritariamente, y decorosos en el exterior; sillares de piedra y mármoles, en algunos lugares, perfectamente canteados.

Durante las últimas décadas del siglo XX estuvo en completo abandono hasta que en los '90 fué rehabilitada por el Ministerio de Justicia para sede de los juzgados, y en 2010 pasa a manos del Ayuntamiento que la vuelve a reformar y la nombra sede oficial de la Real Academia Hispanoamericana de Cádiz.

sábado, 5 de noviembre de 2011

El asalto a Cádiz de la escuadra anglo-holandesa de 1625

Resentido Carlos I de Inglaterra por el desaire que sufrió al serle negada la mano de la Infanta Doña Margarita, hermana de Felipe IV, apenas subió al trono mandó contra la Península una escuadra de 90 naves que, al mando de Sir Edward Cecil, Vizconde de Wimbledon, se presentó delante de Lisboa, no atreviéndose a atacar dicha plaza, continuó su rumbo a Cádiz, con orden de quemar la escuadra surta en la bahía de Cádiz, de tomar esta ciudad de buen grado o por la fuerza y saquearla. En esta armada anglo-holandesa, figuraban además de sir Edward Cecil, el entonces nombrado a la sazón General, Guillermo de Nassau y el Conde de Essex.

El día primero de noviembre de 1625, un centinela que estaba en el torreón del castillo de San Sebastián anunció una armada inglesa, al anochecer del día de su llegada,  había entre 8 y 15 galeones españoles anclados en la bahía, junto con varias naves más. Alterando los planes previstos, el conde de Essex, a bordo del "Swiftsure", avanzó hacia ellos en solitario con intención de tomarlos; Edward Cecil, a bordo del "Anne Royal", fue tras él, gritando órdenes hacia los otros barcos de su flota para que le secundasen, pero éstos, siguiendo los planes iniciales, se mantuvieron inmóviles, y el conde de Essex cesó en su ataque.



Los galeones españoles se internaron en la bahía, yendo a refugiarse en la Carraca, esa noche los ingleses rectificaron sus planes iniciales de llegar por el Puerto de Santa María por la dificultad que suponía para el desembarco la poca profundidad de las aguas en esa parte, y por las informaciones que un comerciante inglés llamado Jenkinson, cuyo barco estaba anclado en la bahía, les trajo acerca del escaso número de soldados que defendían Cádiz, por lo que decidieron atacar el fuerte de San Lorenzo del Puntal, que situado en la parte más angosta de la entrada a la bahía, guardaba la entrada a ésta.


Cinco naves holandesas junto con veinte buques ingleses comenzaron a atacar el fuerte con fuego de artillería, que fue devuelto por los 120 hombres y 8 cañones españoles que lo defendían, viendo los contrarios tanta resistencia en poder tan pequeño, acudieron más galeras a combatir el fuerte. Los marinos ingleses, situándose detrás de los holandeses, dejaron solos a éstos frente al fuego español; sólo al amanecer, tras la pérdida de dos barcos holandeses, y obligados por las órdenes de sir Edward Cecil, los ingleses entraron en combate; poco después el propio Edward Cecil los mandaría cesar en el ataque: el fuego de artillería de los buques ingleses hacía más daño a su propia vanguardia que al fuerte de San Lorenzo del Puntal, el enemigo echó a tierra 10.000 hombres y comenzó a combatir a pie el castillo de San Lorenzo del Puntal, cuya defensa estaba a cargo del Capitán don Francisco Bustamante. Al amanecer del siguiente día, el castillo estaba ya muy maltratado  y no quedaba en la fortaleza almena que no hubiese sido derribada, dos piezas habían sido desmontadas, pues las de las galeras enemigas habían respondido a nuestros fuegos con mayor daño y con mejor fortuna.

Más de 4.000 balas dispararon los ingleses contra el castillo. Desmontadas al fin todas las piezas, y con sólo treinta hombres, afligidos y desalentados por el hambre,  la fatiga y las heridas, el Capitán Don Francisco Bustamante, se rindió con honra sacando sus hombres armados y su bandera en desfile por medio de los ingleses que ya habían desembarcado.

La ciudad, que sólo tenía suministros para tres días, fué abastecida por las galeras españolas que, llegando desde Sanlúcar, atravesaron las líneas enemigas. A pesar del fuego con el que las naves inglesas intentaban impedirles el paso, los barcos españoles consiguieron entrar a Cádiz con el apoyo de las baterías de artillería de la ciudad, varias embarcaciones más, saliendo de La Carraca y navegando por el caño de Sancti Petri, llegaron asimismo a la playa de La Caleta de Cádiz con toda clase de suministros.



Los resultados en esta jornada fueron fatales a pesar de todo para los ingleses, quienes perdieron lo más florido de la gente de guerra, pues don Francisco Girón, al frente de algunas fuerzas que acudieron apresuradamente el domingo día 2 desde Chiclana, Medina y Vejer por tierra y a bordo de las naves de Don Pedro Álvarez de Toledo; sumaban 4.000 hombres en la ciudad de Cádiz, consiguió rechazarlos auxiliados por las que llevó el Duque de Medina Sidonia, Capitán General de Andalucía, los ingleses desistieron de su empresa, viéndose obligados a huir, a causa de la heroica defensa tanto de la plaza de Cádiz, como de la Armada que estaba sobre las aguas de su bahía, que estaba mandada por el ya nombrado Don Pedro Alvarez de Toledo y Osorio, I Duque de Fernandina y V Marqués de Villafranca del Bierzo, Almirante de las galeras españolas.

Tomando en cuenta la debilidad de sus soldados, la falta de provisiones y lo improbable de un encuentro con las fuerzas españolas, en la mañana del día 4 sir Edward Cecil ordenó regresar hacia el castillo de San Lorenzo del Puntal, dejando tras de sí cien de sus hombres incapaces de seguir la marcha por la debilidad y la resaca, que fueron aniquilados por las fuerzas de Luis Fernández de Córdoba y los del Señorío de la Casa de Portocarrero.

El miércoles 5 las fuerzas inglesas retrocedieron hacia sus naves, donde embarcaron el jueves 6, hostigados por los hombres de Diego Ruiz, llegados desde Cádiz, y por los del Señorío de la Casa de Portocarrero, desde el puente Zuazo. Tras incendiar uno de sus barcos, en el que habían embarcado los cuerpos de los ingleses fallecidos, el viernes 7 salieron de la bahía de Cádiz reembarcándose precipitadamente con pérdida de algunos cientos de hombres y de 30 naves, haciendo rumbo a Plymouth.


El viaje de regreso fue desastroso. Los barcos holandeses, hastiados de la incompetencia inglesa, se marcharon sin previo aviso. Azotados por el mal tiempo, sin haber podido repostar comida y con la bebida echada a perder y racionada, las enfermedades se extendieron entre los marinos y soldados de la flota inglesa. De los 400 hombres que formaban la tripulación del buque insignia, el "Ann Royal", sólo 150 emprendieron el regreso, de los cuales 130 enfermaron durante el viaje de vuelta hasta su llegada al puerto de Kinsale (Irlanda) el 21 de diciembre. Dispersados por las tormentas del Atlántico, los barcos fueron llegando a distintos puertos ingleses e irlandeses en los meses siguientes. Las bajas se estiman en 1.000 hombres y 30 barcos.



De estos hechos y sucesos se manifiesta y lo confirma el testimonio del Rey Felipe IV dado en 1.° de diciembre de 1660, en que dijo: "Era Cádiz la Plaza de más importancia de esta Monarquía, y en que los enemigos tienen puesta la mira para invadirla".

La guerra entre España e Inglaterra continuaría oficialmente hasta 1630, aunque en el transcurso de ella no se producirían más enfrentamientos en la Península Ibérica.