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martes, 1 de septiembre de 2026

Cádiz versus EE.UU.

El conflicto diplomático que el Alcalde y un Guardia de Cádiz evitaron

Estuvo a punto de convertirse en el detonante de casi un conflicto bélico entre los Estados Unidos y la ciudad de Cádiz. Por fortuna, la situación se resolvió de forma pacífica y el asunto no pasó a mayores gracias a la astuta actuación de la Guardia Municipal gaditana.

Un mensaje alarmante

El suceso tuvo lugar en 1890, años antes de que se desencadenara el conflicto real en Cuba. Durante el mes de mayo, en el despacho de la alcaldía, se leyó con asombro y preocupación la carta que le había enviado el cónsul estadounidense en Cádiz, el Sr. R. W. Turner. En ella, el diplomático protestaba enérgicamente por lo que consideraba una agresión directa a la soberanía de su nación.

Según explicaba, algún vagabundo, empleando desechos orgánicos, «había ensuciado durante la oscuridad de la noche la plancha de metal con el letrero de este Consulado de los Estados Unidos». El cónsul sospechaba que este ataque era una respuesta «a la orden dada por mí para que no se permita que cocheros, betuneros o gentuza paren en el zaguán del Consulado». En vista de lo cual, añadía, «alguno de ellos apeló a dicho medio cobarde para demostrar su coraje».

Para justificar la trascendencia del agravio, el funcionario norteamericano empleó un razonamiento muy propio de la mentalidad de su época: «Si tal caso hubiera ocurrido en Marruecos, donde no hay cristianos y la gente está por civilizar, los Gobiernos interesados se hubieran visto desde luego precisados a entablar reclamaciones; el hecho de haber sucedido en un país de cristianos y civilizado hace más grave el acto cometido».

El escrito concluía con una advertencia clara: el cónsul informaría de lo sucedido «a la Legación en Madrid y a mi Gobierno en Washington», al tiempo que invocaba «el capítulo de las Leyes de Naciones que trata de la inviolabilidad de las oficinas y residencias de cónsules de carrera», exigiendo la captura inmediata del responsable.

La respuesta local y la resolución

El alcalde accidental, Francisco Nicolau, le replicó asegurándole que ya había transmitido las instrucciones pertinentes al comandante de la Guardia Municipal. Confiaba en un rápido arresto y en el correspondiente castigo del infractor para evitar mayores molestias «al representante de un país amigo», aunque aprovechó para matizar de forma sutil que se trataba «de un hecho particular y sin significación alguna en cuanto se refiere a las relaciones entre las autoridades de distintos países».

Veinticuatro horas después, gracias a un eficaz despliegue del guardia municipal encargado del Distrito de la Constitución, Francisco Savino, se logró arrestar al autor de aquella fechoría escatológica que amenazaba con desatar una crisis internacional. El sospechoso resultó ser Manuel Luna, residente en la calle San Rafael, número 24, y cochero de uno de los carruajes que solían estacionar frente al número 5 de San Antonio, lugar donde se ubicaba la delegación estadounidense. Tras un hábil interrogatorio, el detenido admitió «haberle llenado al Sr. Cónsul de América la casapuerta de asquerosidad», por lo que quedó bajo custodia y a disposición del Juez Municipal de San Antonio.

Una vez solucionado con éxito este tenso desencuentro internacional, el cónsul expresó su gratitud al regidor por haber hallado una respuesta rápida «a lo ocurrido en el zaguán de este Consulado de los Estados Unidos».

Información: A.H.M de Cádiz

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