Pasión por Cádiz

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Cádiz, Andalucía, Spain
AB ORIGINE SEMPER FIDELIS. IN PERPETUAM, SEMPER ET UBIQUEM GADES. QUI POTERS CAPERE, CAPIAT.

domingo, 1 de marzo de 2026

Charles Dickens visitó Cádiz.

 

Visita de Charles Dickens a Cádiz.

Charles Dickens estuvo en Cádiz, y además dejó rastro bastante claro de su paso por la ciudad.

Su visita se sitúa hacia 1844, durante el viaje que realizó por nuestro país acompañado del escritor y diplomático escocés George Augustus Sala. España estaba entonces muy de moda entre los viajeros románticos británicos.

Dickens llegó por mar, como la mayoría de visitantes, y Cádiz fue su puerta de entrada a España.


Permaneció unos días, no hizo una larga estancia, pero fue suficiente para observar la ciudad con lupa:

- Le impresionó el carácter cosmopolita de la ciudad.

- Destacó la luz, el ambiente portuario y la mezcla de culturas.

- Le llamó mucho la atención la vida en las calles, las plazas y los cafés.

Observó con curiosidad a la población gaditana, especialmente sus costumbres sociales. Sus impresiones aparecen sobre todo en cartas personales y apuntes de viaje. Quedó maravillado con lo limpia y brillante que se veía la ciudad desde el mar. Llegó a decir que Cádiz parecía "una ciudad de marfil" o una ciudad "de plata".

No escribió una “crónica de Cádiz” como tal, pero sus descripciones encajan perfectamente con la imagen romántica que muchos viajeros británicos tenían de la ciudad: luminosa, abierta al mar, viva y algo caótica.

Para Dickens, Cádiz representaba el contacto entre Europa y otros mundos. Una ciudad vieja pero vibrante y un lugar más “mediterráneo” y menos encorsetado que la Inglaterra victoriana. Para alguien acostumbrado al hollín y la niebla del Londres industrial del siglo XIX, la luz de Cádiz y el blanco de sus fachadas le resultaron casi irreales.

Carta a John Forster (otoño de 1844)

“We disembarked in a city that seems built wholly for light and air; the streets are alive from morning to night, and the sea is never absent from one’s sight or thoughts.”

Traducción:

“Desembarcamos en una ciudad que parece construida enteramente para la luz y el aire; las calles están vivas de la mañana a la noche, y el mar nunca está ausente de la vista ni del pensamiento.”

Esta nota apunta directamente a Cádiz por el mar omnipresente. Todo ello encaja de manera casi quirúrgica con Cádiz, y no con ciudades interiores que visitó después.

Carta a Angela Burdett-Coutts

“The people gather endlessly in the open spaces, talking, laughing, singing; it is as if the streets were their drawing-rooms.”

Traducción:

“La gente se reúne sin cesar en los espacios abiertos, hablando, riendo, cantando; es como si las calles fueran sus salones.”

Esta observación es clásica de Cádiz en el XIX: vida en plazas, calles estrechas abiertas al aire, sociabilidad exterior constante. Dickens repite esta idea en otros lugares de España, pero aquí aparece como primera impresión, lo que refuerza la identificación.

Apunte de viaje (cuaderno personal)

“There is a freedom here, a brightness of manner, that would scandalise London into silence.”

Traducción:

“Hay aquí una libertad, una viveza en las maneras, que escandalizaría a Londres hasta dejarla muda.”

Dickens suele reservar este tipo de comentario para ciudades portuarias y abiertas, donde percibe menos rigidez social. Es un contraste directo con la Inglaterra victoriana y aparece justo al inicio del viaje español.

En definitiva, Charles Dickens describe un Cádiz con ambiente portuario, social, luminoso y profundamente vivido desde la calle.

domingo, 1 de febrero de 2026

Anotaciones de Cádiz según William Jacob. 1809.

 

VIAJES AL SUR DE ESPAÑA. 1809 y 1810. (Anotaciones sobre Cádiz)

WILLIAM JACOB

MERCADOS. CONVENTO DE SAN JUAN DE DIOS (IGLESIA): FRAILE PREDICANDO SU SERMÓN.

CATEDRAL: CUADROS, ORNAMENTOS DE ORO Y PLATA. 

CATEDRAL NUEVA SIN TERMINAR.


CONVENTO DE LOS CAPUCHINOS Y SUS EXCELENTES CUADROS.

ÁRBOL DE LA SANGRE DE DRAGÓN. ESCASEZ DE AGUA BUENA.

CÁDIZ, SEPTIEMBRE DE 1809.

Ayer, aunque era domingo, el mercado estaba extraordinariamente concurrido, especialmente los de pescado y verduras; este último se hallaba abastecido con una sorprendente profusión de todo lo que ofrece la estación. El ajo es en este lugar un artículo de suma importancia, y se vende en ristras de tres o cuatro varas de longitud, apiladas en montones. El mercado abundaba asimismo en cebollas, uvas, melones, calabazas, nabos, zanahorias y apio de un grosor prodigioso. El consumo de carne en esta ciudad es muy reducido, y la poca que se consume es de calidad muy inferior. Las clases pobres y medias viven principalmente de frutas y verduras, junto con pescado que se vende frito en aceite, en tiendas situadas en distintas partes de la ciudad.

Visité el convento (iglesia) de San Juan de Dios, donde un fraile predicaba en el cuadrángulo contiguo a la iglesia, ante una congregación que permanecía de pie bajo la sombra de los arcos; su discurso era, creo, aprendido de memoria más que improvisado. Fue pronunciado con deliberación y solemnidad, pero aparentemente sin sentimiento; su objeto era mostrar la dignidad, la paciencia y la virtud de la Santísima Virgen. Estableció un paralelismo entre su amor maternal y el de otras madres, más ingenioso que sólido.

Condujo a su auditorio al Calvario y se extendió sobre los dolores que debió sentir al contemplar los sufrimientos de su Hijo, tratando esta parte del asunto con aceptable habilidad y efecto; sin embargo, no intentó extraer de ejemplo alguno una mejora moral, dejándose a los oyentes la aplicación práctica del relato. Si los pocos sermones que se predican en España son de esta naturaleza, y el púlpito se utiliza únicamente para exaltar los supuestos sufrimientos o virtudes de los santos, sin inculcar aquella conducta moral y devota tan esencial para la felicidad humana, el estado de la religión y de la moral debe hallarse, sin duda, en un nivel muy bajo en este país. Se celebraba misa en la iglesia del convento, que estaba más concurrida que el cuadrángulo donde predicaba el fraile. Visitamos algunas otras iglesias, donde se decía misa ante congregaciones bastante escasas. Todas las iglesias están suntuosamente acondicionadas y adornadas con ricos ornamentos de oro y plata, así como con buenos cuadros.

Visité la catedral, un edificio antiguo y exteriormente desprovisto de todo gusto, pero interiormente decorado de manera elegante y espléndida, y provisto de numerosas capillas y altares privados, ante los cuales los devotos se hallaban arrodillados ofreciendo en silencio sus oraciones. Pedimos a uno de los sacerdotes que en aquel momento se encontraba desocupado permiso para ver los cuadros y otros adornos; tan pronto como supo que éramos ingleses, ordenó a un sacristán que nos mostrase todo lo que había en la iglesia. Algunos de los cuadros eran buenos, pero ninguno excelente, ni obra de los mejores maestros, siendo la mayor parte copias evidentes de originales muy mediocres. Cerca de uno de los altares hay algunas buenas estatuas que representan la coronación de la Virgen por los ángeles. La historia es ridícula, pero las figuras son admirables; fueron traídas de Italia y, según la inscripción, ejecutadas en Nápoles en 1693 por Palatano.

La gran cantidad de ornamentos y utensilios de oro y plata utilizados en el servicio de la iglesia, y guardados en arcas y armarios, constituye el rasgo más notable de la catedral; en su labor se manifiesta gran gusto, y se nos informó de que el peso de la plata contenida en un solo armario ascendía a sesenta arrobas; esto, junto con la hechura, debió costar por sí solo diez mil libras*. Existen además otros ornamentos de oro bellamente adornados con esmeraldas, rubíes y amatistas. La mayor parte de las riquezas de esta iglesia ha sido donada por personas que regresaron de las posesiones transatlánticas de España.

Se está levantando actualmente una nueva catedral que, si alguna vez llega a concluirse, será un edificio tan magnífico como costoso; comenzó a edificarse en 1722 y aún requerirá muchos años para completarse. La obra se sostiene a expensas del Consulado, o cuerpo de comerciantes de esta ciudad, que ya ha invertido en ella más de un millón de dólares. Está construida en mármol blanco, pero las partículas salinas han vuelto de color pardo el lado que da al mar; las columnas de mármol del interior son muy hermosas y de orden corintio; la cúpula destinada a ocupar el centro de la iglesia aún no ha comenzado a levantarse, y se dice que será tan pesada que las columnas resultarán insuficientes para sostener su peso. El interior es por ahora un simple montón de escombros; y una iglesia católica debe tanto a sus ornamentos habituales, que resulta imposible formarse una idea del efecto que podrá producir este edificio cuando esté terminado.

El convento de los Capuchinos, en la ruta del vendaval, merece atención, no por el edificio ni por la economía interna de la casa, sino porque la iglesia contiene los dos mejores cuadros de Cádiz, ambos pintados por el célebre Murillo.

El asunto de uno de ellos es una crucifixión; las expresiones son excelentes y el colorido responde al mejor estilo de aquel maestro. El otro cuadro quedó inacabado a la muerte del artista y fue concluido por su discípulo Osorio Meneses, cuyo modo de pintar se asemeja más al de su gran maestro que el de ningún otro de sus imitadores; está colocado sobre el altar mayor y representa el desposorio de Santa Catalina con el Santo Niño en brazos de su madre; las figuras y el colorido son admirables.

En el jardín del convento hay un árbol que, por ser el único de su especie en Europa, puede considerarse una gran curiosidad: produce la resina gomosa llamada sangre de dragón. Se me informó de que procedía originalmente de las Indias Orientales, pero no pude averiguar en qué época ni de qué modo fue traído.

El agua buena es muy escasa en esta ciudad: no hay manantiales en la península que no sean salobres, aptos solo para el lavado y no para usos culinarios. Todas las casas tienen un aljibe o depósito lleno de agua de lluvia, pero generalmente prefieren beber la que se trae en toneles, por barco, desde El Puerto de Santa María. Para enfriarla y hacerla apta para beber, la filtran a través de pequeños recipientes de barro poroso, lo que la hace muy agradable y refrescante. Los habitantes más acomodados utilizan agua enfriada con hielo, que se trae diariamente en grandes cantidades desde las montañas de Ronda y que, en este clima, constituye un gran lujo.

jueves, 1 de enero de 2026

El Canal de Ponce. Las islas Gadeiras.

 

Desde la Antigüedad, autores griegos y romanos hablaron de las Gadeiras, un conjunto de islas rodeadas de leyenda que Platón incorporó a sus relatos ('Timeo' y 'Critias') del mundo antiguo. Según esa tradición, el archipiélago estaba gobernado por Gadiro, hijo del dios Poseidón, lo que situaba a este lugar en un espacio casi mítico, a medio camino entre la historia y la fábula. Durante siglos, las Gadeiras fueron más una referencia literaria que una realidad bien definida sobre el terreno.

No fue hasta el siglo XX cuando esa visión empezó a cambiar de forma decisiva. En torno a 1972, don Francisco Ponce Cordones logró algo fundamental: demostrar con argumentos científicos y pruebas arqueológicas que detrás del mito había una base real. Su investigación permitió localizar y estudiar el antiguo canal de agua que separaba —y al mismo tiempo conectaba— las islas de Erytheia y Kotinoussa, confirmando así que las Gadeiras no eran una invención poética, sino un espacio geográfico concreto y complejo.

Aquel canal era un brazo de mar navegable que desempeñó un papel clave en la organización del archipiélago. Lejos de actuar como una barrera, facilitaba el tránsito y la comunicación entre las islas principales, articulando la vida marítima y urbana de la zona. El trabajo de Ponce Cordones fue reconocido por la comunidad académica y permitió integrar este hallazgo en el conocimiento histórico aceptado.



En reconocimiento a su labor, desde el año 2001 ese antiguo paso marítimo recibe oficialmente el nombre de Canal de Ponce, aunque todavía hoy muchos siguen llamándolo Bahía-Caleta por pura costumbre. El nombre se consolidó aún más en 2019, cuando se aplicó también a la plaza situada entre la Puerta de La Caleta y el Baluarte de Los Mártires, justo en el lugar por donde discurría ese canal que, más que separar las islas de las Gadeiras, las unía.