Pasión por Cádiz

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Cádiz, Andalucía, Spain
"Ab origene one semper fidelis, in perpetuam, semper et ubiquem Gades. Qui poters capere, capiat"

domingo, 28 de abril de 2013

El monumento a San Juan Bosco en Cádiz.

El monumento a San Juan Bosco se erige en la entrada principal del Colegio Salesiano de Cádiz 'San Ignacio', en la Avenida de María Auxiliadora, para conmemorar la beatificación de Don Bosco el 2 de Junio de 1929.   La estatua fué sufragada por suscripción popular entre las que se contaron antiguos alumnos, devotos, simpatizantes y en definitiva muchos ciudadanos y ciudadanas de Cádiz que de una u otra forma querían expresar su gratitud al fundador de la Orden Salesiana presente en la ciudad desde el último tercio del siglo XIX.

El monumento fué inaugurado el 27 de Diciembre de 1931, se dió la circunstancia de que a esta ceremonia no asistió ninguna autoridad civil de la ciudad ya que al estar instaurada la República, su gobierno era laico.    De todas formas, el acontecimiento fué presenciado por los niños escolarizados en el colegio salesiano, y de otras escuelas de la ciudad, aparte de la ciudadanía que se acercó al evento, calculando la prensa del momento en unas 2.000 personas las asistentes.


La escultura, fiel al estilo de la época en la que se elaboró, iba destinada a un país iberoamericano pero por algún motivo no muy bien definido -unos dicen que fué por una revolución política en el país de destino, otro por falta de medios económicos- lo cierto es que, afortunadamente, se quedó en Cádiz gracias a las gestiones de los salesianos de la ciudad.   Es un grupo de tres imágenes, representa a San Juan Bosco en el centro vestido con hábito sacerdotal, a su derecha un estudiante vestido con chaqueta y pantalón sujeta un libro entre sus manos mientras que a su izquierda un niño aprendiz de oficios, vestido con bata de trabajo y con un mazo en su mano izquierda, cruza su mirada con la del Santo Salesiano que a su vez sonríe y sujeta la mano del niño llevandosela a la altura del corazón en un claro gesto de afecto y acogida.   

El monumento es de una gran calidad artística, de mármol blanco de Carrara, y los gestos de las tres figuras son bastante expresivos y elocuentes.  En la base de la estatua se leen los datos relativos al escultor: G. CELLINI. TORINO. MCMXXXI

El basamento es de piedra gris, donde se puede leer su inscripción original en la que reza: "CÁDIZ AL BEATO JUAN BOSCO.  AÑO 1931", no obstante, se colocó en 2004 una placa de bronce escalonada en la que dice: "AGRADECIMIENTO DE LOS JÓVENES A SAN JUAN BOSCO EN EL AÑO DE SU CENTENARIO.  CÁDIZ, MAYO 2004

lunes, 1 de abril de 2013

Mis articulistas preferidos: Moisés Camacho

Memoria gaditana.  La matanza del 10 de Marzo de 1820.

Pasado un año de haberse celebrado el bicentenario de la Constitución de 1812 en Cádiz, donde todos aquellos históricos constitucionalistas fueron colmados con los más altos honores, creo que es justo que se hable de aquellos que murieron por la implantación de dicha Constitución, prestando especial interés en lo que ocurrió en Cádiz el 10 de Marzo de 1820, tras el sexenio absolutista de Fernando VII.


Debemos ponernos en situación; el 1 de Enero de 1820 Riego había proclamado la Constitución de Cádiz en un pronunciamiento en las cabezas de San Juan, hecho que se recuerda como el principio del Trienio Liberal, pero la aceptación por parte del monarca no llegó hasta precisamente el día 10 de marzo de 1820, cuando Fernando VII proclamó la célebre frase de "Marchemos todos juntos, y yo el primero, por la senda Constitucional".
 
Existía en Cádiz un ejército profundamente realista, que contrastaba con el más abierto a la Constitución que se encontraba en San Fernando, sin embargo, la población gaditana era constitucionalista en su mayoría. Se corrieron los rumores los días previos al 10 de Marzo de que pronto el rey juraría la constitución, y así llegamos al día de actos.

Amanecía un día gris en la ciudad, pero el pueblo se lanzó a la calle como ya hizo en 1812, en pro de la Constitución y sus libertades, mancilladas durante los seis años anteriores. Las noticias de las victorias de Riego y del constitucionalismo habían llegado a la capital, y nadie dudó en lanzarse a la calle para celebrar la victoria.       Llegaron a Cádiz representantes de la Real Marina de San Fernando, entre ellos Alcalá Galiano, que fueron aclamados por el pueblo en su entrada por las Puertas de Tierra y por todo el recorrido. Estos iban a reunirse con Freire Andrade, realista, pero que no quería el enfrentamiento armado, sino una solución pacífica frente a los sublevados.

 
El pueblo de Cádiz llenaba sus plazas, mientras desde los cuarteles se escuchaban voces contrarias a la constitución.   En San Antonio para más señas, se había realizado un cartel de madera para emular el letrero anterior de la plaza en 1812, con el nombre de Plaza de la Constitución. La plaza se encontraba atestada de gente que una y otra vez lanzaba vitores de "Viva la Constitución".
 
Freire se negó a encabezar el acto de proclamación de la Constitución, tal como le pidieron algunos oficiales. Sin embargo al ver que la población parecía favorable a tal acto, se mostró de acuerdo en realizarlo, siempre que no se alterase el orden. En esa mañana se reunió con tres representantes de los sublevados (Arco Agüero, López Baños y Alcalá Galiano).
 
En este ambiente de júbilo, que debió ser recordado para Cádiz como un día glorioso, y mientras estaban reunidos Freire y los representantes de los sublevados como hemos dicho, el ejército realista de Cádiz cometió uno de los actos más violentos que jamás recuerdan nuestras calles.  Salieron a las calles primero el batallón de Guías y después el de Leales, y asomaron a la Plaza de San Antonio por varias de las calles que en ella desembocan, atacando con una brutal descarga a los gaditanos que allí proclamaban la Constitución.
 
En un primer momento algunos manifestantes de población se acerca a donde estaba Freire a pedir explicaciones, a los que pide calma, sin conocer ni creerse los hechos que estaban acaeciendo en la cercana San Antonio.
 

Parece, por lo tanto, que no tuvo responsabilidad en la masacre, realizada por tropas realistas que no reconocieron su autoridad, pero Freire, vacilante, presionado por sus tropas, grita vivas al Rey, ordenando a los asistentes el acatamiento del absolutismo. 61 hombres y 10 mujeres sucumbirán víctimas inocentes de la brutal actitud militar.
La ciudad se conmueve, desaloja las calles, se encierra en sus casas; la pesadumbre la acompaña.
 
Muchos son cargados con bayonetas, el ejército al caer la noche marcha vacilante y desorganizado por la desolada ciudad con gritos ebríos de Viva el Rey, mientras la población permanece en sus casas encerradas por el miedo de la descompensada actitud de los que debían de protegerlos. La estampa de Cádiz durante varios días es de desesperación, de miedo y de inquietud. Decía el Diario Mercantil ;

«Hacen fuego las tropas matando, hiriendo y robando a cuantas personas encuentran, sin distinción de sexos, ni edad, haciendo fuego a las casas y saqueando todas las que se hallaban abiertas...».  
Muchos de los sublevados, entre ellos Alcalá Galiano son hechos prisioneros en el cuartel de Santa Catalina.

No será hasta el día 15 cuando se recibieron en Cádiz las Gacetas de Oficio de Madrid donde se informaba de lo ocurrido en Madrid y del acatamiento de la Constitución por parte de Fernando VII, ante lo cual las tropas realistas ya no tenían nada que hacer.
 
Tendrían que esperar los gaditanos al 19 de marzo para que los militares juraran la Constitución, y el 22 de marzo se realizó un solemne funeral por los caídos del 10 de Marzo, empezando también en Cádiz el Trienio Liberal.

Se esperaba justicia sobre los que cometieron tales actos de barbarie contra la población, pero una vez más, la injusticia pudo a la justicia y muchos quedaron impunes.  Sería en 1843 cuando se depositaron en una urna las víctimas del 10 de marzo de 1820, en la sublevación militar acaecida en Cádiz, llevadas luego a la cripta de San Felipe Neri.
 
En los bancos de San Antonio, todavía se pueden escuchar los gritos de miedo y dolor de una población azotada injustamente por quien los dominaba, como siempre pagó el pueblo los platos rotos de un Rey y un ejército fueras de lugar.
 
Vaya este artículo en memoria de aquellos y aquellas que en Cádiz, un día gris, el 10 de marzo de 1820, murieron por aclamar sus libertades y derechos, que fueron silenciados a golpe de bayesta. Descansen para siempre en paz esos héroes sin nombre, y sea recordado este hecho por todos los gaditanos que siempre soñamos por un mundo mejor.
 
 
Bibliografía:
Galiano, Alcalá. Recuerdos de un Anciano. Biblioteca de Autores Andaluces. 2004
Mira Gutierrez, Vicente. La Reconquista de la libertad.