Pasión por Cádiz

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Cádiz, Andalucía, Spain
"Ab origene one semper fidelis, in perpetuam, semper et ubiquem Gades. Qui poters capere, capiat"

jueves, 27 de octubre de 2011

El Cádiz de la Ilustración

El Cádiz de la Ilustración presenta un elenco importante de personalidades, hombres de letras y de armas a la vez, como José Vargas Ponce, el Marqués de Ureña o José Cadalso; sin olvidar a mujeres como Rosario Cepeda, de cultura precoz y regidora perpetua de la ciudad, o Beatriz Cienfuegos, fundadora de "La pensadora gaditana", una publicación que pasa por ser la primera de matiz feminista.  También destacan naturalistas como José Celestino Mutis y Ramón Termeyer, gobernadores preocupados por el urbanismo y las artes como Joaquin de Fondesviela o el conde Alejandro de O'Reilly, o grandes coleccionistas de arte como Alonso de O'Crowley.

Pero serán los primeros años del siglo XIX los que otorgarán a Cádiz un lugar preeminente en la Historia, desde la aciaga derrota en Trafalgar hasta la época de la Guerra de la Independencia y del asedio a la ciudad por los franceses, momento este donde se elaborará la primera Constitución de España, verdadero intento modernizador por cambiar las viejas estructuras de la nación.


Asi pasarán a primer plano personas tan significativas como los hermanos Francisco y Tomás de Istúriz, Luís de Gargollo, Juan Méndez Álvarez "Mendizabal", Vicente Terrero, Santiago Terry, Alonso Mª de Torres y Guerra, etc., ellos serán los mejores exponentes de una ciudad que dejaría atrás su poder económico para convertirlo en poder politico a lo largo del siglo XIX.


Cádiz se distinguió fundamentalmente por tener una de las burguesías más activas y dinámicas del momento, laboral (caso único en España) y politicamente hablando, al no tener una aristocracia terrateniente como en poblaciones vecinas, la ciudad no conoce el servilismo al poderoso, por lo que la sociedad gaditana, incluso en sus más bajos estratos poseen la suficiente autoestima y está libre de complejos como para no dejarse avasallar tan fácilmente.  De todas formas, esta burguesía es capaz de capitalizar el poder y hace que la ciudad sea eminentemente mercantil, con una élite social compuesta por activos comerciantes y hábiles hombres de negocios que tendrán su natural campo de acción primero a nivel municipal para luego proyectar su espiritu a la política nacional, alcanzando su influencia no sólo a la nación sino a todo el mundo ilustrado de la época.


De este modo, un auténtico desplazamiento de poder, verdaderamente revolucionario, tendrá lugar en estos años,  en Cádiz donde se cambia el titulo de "subdito" por el de "ciudadano", detentadores de la soberanía nacional cuyo exponente máximo serán los articulos segundo y tercero de la Constitución de 1812.

miércoles, 19 de octubre de 2011

El asedio napoleónico a Cádiz. Desde 1810 a 1812


El sitio francés al que fué sometida la ciudad se encomendó al Mariscal Soult, Jefe del Estado Mayor del rey José I, llamado por el pueblo "Pepe Botella" o "El rey intruso", pero de los tres cuerpos de ejércitos invasores fué el del General Víctor el encargado de intentar ocupar la ciudad de Cádiz.

Tras una primera oferta de ayuda por parte del embajador de Inglaterra sorprendentemente rechazada, la llegada de las tropas de José Mª de la Cueva y de la Cerda, Duque del Alburquerque, el 4 de Febrero de 1810, supuso la consolidación de la defensa efectiva de la ciudad.

El General Álava fué situado al mando de las tropas profesionales y de voluntarios frenando el avance del General Víctor, que tuvo que retroceder sus posiciones, tanto por las dificultades del terreno como por el fuego de las baterias artilleras españolas.

Desde ese momento se estableció un frente consolidado, que se mantuvo hasta el final del asedio casi sin variaciones; los franceses dominaban la otra orilla de la bahia y desde la zona de El Trocadero, Matagorda y La Cabezuela bombardeaban constantemente la ciudad, al principio con poca eficacia y luego con más éxito gracias a los obuses de tipo "Villantroys", el fuego de esta artillería era respondido por el del fuerte de San Lorenzo del Puntal, al mismo tiempo que la población de Cádiz soportaba una epidemia de fiebre amarilla.

Desde Cádiz y con la ayuda de la flota inglesa, se organizaron expediciones por via marítima para fraguar ataques en la provincia a las tropas francesas de ocupación, el principal de ellos fué la que provocó la Batalla de Chiclana o de La Barrosa en el lugar denominado Loma del Puerco; enfrentamiento que comenzó el 26 de Febrero de 1811, con la salida hacia Tarifa del Teniente General Lapeña y que culminó con el célebre choque armado del 5 de Marzo.  

No obstante, la victoria del bando aliado anglo-español tuvo efectos nulos, debido a la descoordinación entre los mandos y la desconfianza mutua, quizás por ello no se consiguió el levantamiento del cerco francés a la ciudad. 




Al final, el 24 de Agosto de 1812 el bombardeo sobre la ciudad de Cádiz fué extremadamente virulento durante toda la jornada, el dia 25 en cambio, los obuses dejaron de tronar y se observaron grandes hogueras en las lineas francesas.... el asedio habia sido levantado la noche anterior y tras desmontar la artillería, los campamentos fueron incendiados..... El ejército napoleónico se había retirado y Cádiz estaba salvada.

Durante el asedio, francés, según las crónicas de la época, se representaron en Cádiz más de 200 obras de teatro diferentes.

En aquellas fechas, el índice de analfabetismo en cualquier ciudad alcanzaba el 80% de la población, aunque en las localidades con tráfico portuario este porcentaje bajaba hasta casi el 60%, además, al no haber otro tipo de distracción, los habitantes de la ciudad ocupaban el tiempo de ocio en pasear, la playa y en asistir a obras de teatro que eran escritas en la inmensa mayoría por los mismos gaditanos y representadas en corralas, patios, plazas públicas y teatros, las familias refugiadas, mayoritariamente de clase alta, también organizaba fiestas, recepciones y otros eventos sociales entre las que se contaban también esas pequeñas obras teatrales.

Dichas obras eran generalmente sainetes cómicos, aunque también gustaban los dramas y las obras ambientadas en la historia de España y la ciudad.

Lamentablemente, se han perdido la inmensa mayoría de las obras, los guiones se escribían para los actores y luego se desechaban hasta la próxima representación.


lunes, 10 de octubre de 2011

Diego Fernando Montañés y Álvarez. Filántropo gaditano

Don Diego Fernando Montañés y Alvarez, fué el mayor benefactor de la ciudad de Cádiz en toda su historia, era un filántropo gaditano que realizó numerosas obras en beneficio de la sociedad gaditana con dinero de su bolsillo, entre ellas, las obras en el Puerto de Cádiz para que los barcos atracasen y no fondeasen en la bahía, los almacenes de mercancías del Muelle del Martillo (Hoy Alfonso XIII), también el Muelle del Hierro de Puntales que luego serían usados por la fundición del inglés Thomas Haynes, la "Caseta de salvamento de náufragos" y por supuesto la traída de aguas potables a la ciudad.

Promovió e impulsó el establecimiento del Monte de Piedad, al que dió la testamentaria de 50.000 a 75.000 ptas. para su funcionamiento.
¿Como fué todo esto?: El 25 de Enero de 1874, el filántropo falleció en Madrid, y los gaditanos quedaban asombrados al conocer que don Diego Fernando Montañés, un comerciante que llevaba muchos años residiendo en la capital de España, había legado su inmensa fortuna en beneficio de la ciudad que le había visto nacer.

Montañés encabezaba su generoso testamento señalando su orgullo por haber nacido en Cádiz, añadiendo que sus “buenísimos padres, Gabriel Quintín Fernandez Montañés y María del Pilar Blanca Álvarez, también eran gaditanos”.

Las cifras eran fabulosas y dedicadas a “llevar aguas potables a Cádiz, dragar, limpiar y reconstruir el puerto, establecer una granja modelo y crear un "Colegio Naval Civil”, instauró la Caseta de Salvamento de Náufragos entidad muy necesaria y que sería el precedente de los servicios de salvamento marítimo de la actualidad, además de legar diversas cantidades para fines caritativos.

Desgraciadamente, la testamentaría de Montañés, encabezada por el famoso abogado y político Francisco Silvela, estuvo largos años pleiteando con el Ayuntamiento de Cádiz en orden a la aplicación del legado, por fín hubo acuerdo entre las partes y en en 1879 la testamentaría se hace cargo de las obras del muelle y en 1883 procede a comprar el abastecimiento de aguas potables a la sociedad `The Cádiz Water Work Limited’, incluidos los Manantiales de la Piedad, en El Puerto de Santa María.

Con el remanente aún se pudo acometer la construcción del Muelle de Hierro de Puntales y colaborar sustancialmente en la creación del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Cádiz.

En los años veinte del pasado siglo, el Ayuntamiento de Cádiz encargó al famoso escultor, Juan Cristóbal, una escultura de Montañés, que fue colocada en el lugar que hoy ocupa la Fuente de las Tortugas. Posteriormente la escultura de Montañés pasó a un lateral de la Diputación Provincial y hoy está colocada en los Jardines de Canalejas, por acuerdo del 13 de Junio de 1884 se designó la Calle de las Descalzas para sustituir su nombre por el de Montañés.

Cada vez que se pase por delante de su busto o se camine por la calle de su nombre, que se sepa quien fué ese gran hombre que dedicó su vida y su fortuna a Cádiz, la ciudad que tanto amó.











domingo, 2 de octubre de 2011

Iglesia de San Juan de Dios

La Iglesia pertenece a la Santa Caridad, que es la fundación benéfica más antigua de Cádiz ya que existía incluso antes del asalto inglés a Cádiz de 1596.

El templo presenta una planta tradicional de cruz griega inscrita en un cuadrado.  Una cúpula abre el crucero a la vez que abundantes bóvedas de aristas lo hacen con el resto de las naves.  En los ángulos se emplazan diversas tribunas abiertas.

De estilo barroco, su exterior tiene la huella del neoclásico a raíz de la reforma llevada a cabo por Torcuato Benjumeda.  A su vez, la torre campanario que forma ángulo con las fachadas exteriores, presenta varias columnas decorativas de estilo jónico y un capitel obra de Torcuato Cayón en 1769.

En el interior, la obra cumbre es el altar mayor, cuy retablo barroco del siglo XVII con alguna reforma neoclásica, es la pieza principal.   Entre columnas salomónicas veremos a la Virgen del Buen Suceso, rodeada por santos y querubines.   A la izquierda se alza un retablo rococó con abundantes pinturas, un retablo neoclásico de Benjumeda con la imagen de San Rafael, otro de mármol italiano (siglo XVII) con una Virgen del Carmen, y el último, un cristo crucificado de la escuela genovesa (siglo XVIII).



En el lado opuesto se encuentran una serie de retablos barrocos con las imágenes de una Virgen Dolorosa, San Miguel, San Pablo, y un Cristo atado a la columna.

Caminando hacia el crucero, encontraremos dos retablos noeclásicos, obra de Benjumeda con figuras alegóricas de San Juan de Dios y San José.